Síntesis

La Capilla del Carrizal dedicada a la Virgen Nuestra Señora del Valle está ubicada en el Paraje El Carrizal de Charbonier, Departamento Punilla, Córdoba (Argentina)La capilla es construída en 1889 por un grupo de vecinos encabezado por Ezequiel Olmos sobre un terreno donado por la familia López Peralta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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VIRGEN NUESTRA SEÑORA DEL VALLE - CAPILLA del CARRIZAL

 

Atento que ya nos hemos extendido en abundancia sobre la histórica zona de Escoba o Escobas no amerita reiterarnos en este espacio. A quienes se muestren interesados en la misma sugerimos dirigirse al espacio reservado a Charbonier y a las vecinas Copacabana y San Marcos Sierra.

Al referirnos a la Comuna de Charbonier debemos considerar que la misma abarca varios Parajes entre los que se cuentan: Río Seco, Quebrada de Luna, Santa Inés, Santa Isabel, Escobas, Las Lajas y el sitio que aquí nos convoca: El Carrizal.

Del desaguadero del Dique de Cruz del Eje cobran nacimiento varios cursos hídricos; el principal es el Río Quilpo que vuelca sus aguas hacia el sur al igual que El Candelaria con menor caudal. Otro a considerar, es el Río de la Costa que, fluyendo hacia el este, se identifica como San Marcos al atravesar la comunidad homónima para continuar hasta consustanciarse con la voluptuosa geografía de la Quebrada de Luna. De este río, a poco de abandonar el Embalse, se desprende un pequeño brazo que adopta el nombre de Arroyo El Carrizal. Sometido a las duras condiciones de la zona y sus largos períodos de sequía, cuando alcanza el corazón de la vieja Estancia El Carrizal en proximidades de la RN38 a la altura de Escobas, lo hace con un cauce pedregoso y mayormente seco.

Distintos mapas del siglo XIX y el inicio del XX nos dan una idea precisa del espacio al que nos estamos refiriendo.

 

Mapa Martín de Moussy - 1865

 

Mapa Mariano Felipe Paz Soldán, Mariano Felipe - 1888

 

Atlas Catastral de Carlos de Chapeaurouge - 1901

 

Capilla Virgen del Carmen o Capilla del Carrizal.

 

La pequeña Capilla encuentra su origen en el impulso de Exequiel Olmos acompañado por el esfuerzo comunitario de los habitantes de la zona que verán concretado su proyecto abriendo sus puertas en 1889 bajo la advocación de la Virgen Nuestra Señora del Valle.

Sobre un espacio de terreno propiedad de la familia López Peralta, históricos habitantes del lugar, se procede a levantar el austero espacio confesional utilizando los precarios elementos que proveía la zona. No falta el adobe y el sustento de piedras tomados del vecino Arroyo El Carrizal.

 

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Con líneas elementales propias del tradicional estilo rural  del siglo XIX, el rectangular oratorio consta de una única nave con cubierta a dos aguas sobre la que descansa una cruz de hierro. Producto del deterioro, el techo original fue reemplazado por una loza que respeta la doble pendiente original. Cada una de las dos paredes laterales cuenta con un par de pequeñas ventanas de medio punto.

 

 

La puerta de ingreso coronada en un medio punto es de dos hojas de hierro y vidrios que facilitan la iluminación interior. Cada una de esas hojas de acceso lucen sendas cruces.

 

 

Tras un arco de medio punto se ubica el presbiterio que ocupa un importante porcentaje de espacio con respecto a la totalidad de la Capilla. En el mismo, sobre elevado con respecto a la nave contiene un colorido altar.

 

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LA CAJA CIEGA

Aldo H. Campana

 

 

Al abrir los ojos, los pensamientos se le astillaron impotentes contra un vidrio que, empañado, apenas dejaba apreciar penumbras y una informe mancha rojiza borroneada en el horizonte. Mientras la luna, por esas horas, estaba ocupada esparciendo niños entre gemidos de placer, él eligió sumergirse en el fondo de aquel asiento que lo había contenido y que, aún siendo incomodo, había sabido brindarle cálido cobijo a lo largo de una interminable noche cosida por olvidables e inoportunas pesadillas.

Inesperada, una mano se apoyó sobre su hombro advirtiéndole, sin posibilidad de retorno, que su destino estaba próximo.

Revisó las pocas cosas que llevaba y con especial cuidado, se detuvo en una pequeña caja rectangular hecha de madera rústica, con esquinas apenas redondeadas y burdo barnizado. La tomó entre sus manos y la rodeó con un paño desteñido cuidando que la cara superior dejara visible una cruz tallada con cortes desprolijos e imprudentes. Quien se la había dado le ocultó su contenido y para evitar cualquier posible debilidad, había asegurado el cierre de su tapa con ocho clavos cortos y gruesos, oxidados, dos por cada lado.

Mientras cerraba el bolso preparándose para descender, recapacitó que ese viaje le servía para probarse cuanto debía significar ser valorado como alguien confiable, leal a la amistad, garante de cumplir con lo comprometido. Había dudado que él pudiese ser todo eso; pero, aún así, había aceptado la obligación.

El refugio que lo recibió estaba vestido de colores que se desdibujaron apenas el ómnibus tomó distancia dejándolo sumido en oscuridad, niebla, frío y un silencio incomodado por grillos insolentes. Entendió que el mandato de no llevar reloj lo sumía a no tener conciencia del paso del tiempo; tal vez, fueron unos cuantos angustiantes minutos; quizás, horas que se contaban como piedras de filosas aristas que le asedian aguijoneando su espalda.

Una brisa fría desgarró el aire e indolente, se entretuvo lastimando sus manos desnudas y clavando agujas en su cara.

A la distancia, un par de luces que se acercaban lo enceguecieron; un escalofrío transitó su cuerpo en el deseo que fuese quien estaba esperando. El vehículo se detuvo junto a él; con el motor en marcha, una mano de mujer se asomó por la ventanilla; sin intercambiar palabras, él depositó la caja entre esos dedos largos, estrechos, con uñas teñidas por un rojo pálido y sin vida. El estuche y esa mano sin cuerpo se perdieron detrás de un vidrio que se cerró frente a él, sin sonido alguno.

Cruzó el asfalto y avanzó hacia el interior del monte, entre vegetación espinosa y baja, pisando tierra seca y árida mientras que, a su espalda, el automóvil tomaba distancia y sin que lo percibiese, en un vórtice descontrolado cobraba altura hasta diluirse en la noche y en la cuenca de un cielo que, a su paso, devenía en viscoso caleidoscopio de luz.

Con el avance del amanecer tomó conciencia que a un centenar de metros asomaba una tranquera; tras ella, una pequeña capilla. Simple rectángulo de paredes sostenidas en piedras rodadas en algún arroyo cercano que, por esos días, no sería capaz de saciar su sed o lavar sus humanas deudas. Un elemental techo a dos vertientes le da la oportunidad de descanso a una cruz blanca que, desde lo alto, custodia una puerta que lo atrae, que le provoca el deseo de invadir el recinto y cual vil intruso, descubrir y robar los pecados terrenales allí confesados.

Se contuvo y sentado sobre un tronco, dejó que sus oídos se entretuvieran con el sonido de un cartel metálico que, oscilando oxidado bajo la figura de un ángel, le ponía nombre a la capilla. A ese conjunto ocupado por la sola queja del chapón balanceándose, le sumó su propio silencio y el deseo infantil de cerrar los ojos abrazándose en el lejano regazo materno.

Porque tenía la certeza que había sido capaz de cumplir con su compromiso, concluyó que se merecía esa serenidad y la purificadora sensación que brinda el ensueño.

Se deslizó lento y durmiéndose sobre la hierba, decidió agonizar así por el resto de su vida.

 

 

 

Ubicación

30º 73’ 06.12”  latitud sur

64º 59’ 88.62”  longitud oeste

 

 

Fuentes de consulta:

  • Se agradece a Silvana Petruccelli y Sara Molina Ortiz por su valioso aporte fotográfico y de contenido.

 

 

 

1: Capilla Nuestra Señora del Valle. 2: Centro de Salud "Ferdinando Casini". 3: Escuela "Antonio Luis Berutti". 4: Refugio sobre la RN38

 

 

 

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