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SAN FRANCISCO SOLANO

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Con el de un Santo Misionero

y el de un árbol campesino

te has dado, San Francisco del Chañar, un nombre

con fragancia de monte y con rezos de indios.

Estaqueado por siete caminos,

te quedaste tendido al sol

un poco, porque eres duro y sufrido

y porque eres, otro poco, soñador ...

Pueblo Viejo: fuiste Posta

sobre la ruta al Perú.

El Padre Francisco te trajo el Evangelio

con su violín y su cruz.

Pueblo Viejo: al fundarte,

te hizo Villa Real, Sobremonte, el Marqués

por tus calles, a conquistar  fronteras,

pasó la Patria del Año Diez.

En tus paredes de adobe crudo

y en la humildad de tus techos de paja,

eras un poco de la Tierra de antes

tradicional, sencilla, campesina y brava.

Quizás no sea tierra de turismo.

Tú te contentas con tus paisajes;

y te sorprendes, como la tarde aquella,

ante los pinceles polícromos de Fader.

Tienes aires puros, honda agua de pozo,

buen pan, cuatro calles y una plaza;

y, para tu noble orgullo, tu “Catedral” que alza sus torres

como si fuera tu corazón hecho plegaria.

 

Pbro. Luis Denardi

 

 

Los primeros tiempos de Chañar

El Maestro de Campo Alonso de Alfaro, el 2 de diciembre de 1709, desde Tucumán, de manos del Caballero de la Orden de Santiago, Maestro de Campo de Infantería Española, Gobernador General de la Provincia, Don Esteban de Urizar y Arespacochaga, en nombre de su Majestad, recibe la merced de las tierras baldías y despobladas, conocidas con el nombre de Cachi, jurisdicción  de la ciudad de Córdoba, ubicadas entre las estancias de San Francisco, San Pablo y Santa Ana, al norte en dos leguas.

Seis meses después, se transfirieron los derechos sobre las tierras al capitán  Juan Pereira de Olibera. Le cupo a Francisco de Cesar Muñoz ponerlo en posesión, por lo que citó a los vecinos afincados en las proximidades de las tierras de Cachi y tomando de la mano a Pereira de Olibeira los paseó por las mismas dándole posesión de ellas “que por las partes pobladas es hasta los linderos de San Pablo y San Francisco y Santa Ana, y por la parte despoblada, que tira al norte dos leguas haciendo centro en el Ojo de agua, con todos los montes, pastos y aguadas, y todo lo demás que se contiene en dichas tierras.”

En el testamento de fecha 14 de agosto de 1778, los esposos Francisco Antonio Lezcano y María Josefa Bustamente, declaran tener una estancia que se llama “Chañar” y que les pertenece “por  posesión que de ella nos dio el sargento mayor don José Roque Farias (difunto) como Juez comisionado en virtud del decreto de amparo que a pedido de nuestra parte libró el Gobernador y Capitán General de la Provincia don Juan Manuel Campero como consta de los instrumentos que existen en nuestro poder a que nos remitimos, en caso necesario de oposición o contradicción por el derecho que nuestra parte corresponde siempre  que cualesquiera otro no mejore su derecho ante Juez competente”.

Declaran, también, que en la estancia tienen edificada una capilla con sacristía, bajo la advocación de San Francisco Solano, la que se constituye en el antecedente del actual templo.

En su interior se encontraba la efigie del santo “... de preciosa escultura con su diadema de plata y vestido correspondiente adornándole su santuario con dos docenas de pulidos lienzos colocados en sus respectivos marcos, y proveyéndoseles los utensilios necesarios y varios sagrados y ornamentos preciosos para celebrar el santo sacrificio, todo lo que había sido puesto y costeado a sus propias expensas, a excepción de una campana la que habiendo importado cincuenta y dos pesos tuvieron en su compra la ayuda de diez pesos declarándolo así para que conste.”

Más adelante, los testadores manifiestan que en el “... decurso de largos años amenazando ruina dicho santuario se reedificó dándosele más capacidad en longitud y latitud y fabricándose la nueva sacristía, barandas, confesionarios, coro y corredor a la parte sud a cuya construcción contribuyeron el Cura Excusador y Vicario Pedáneo Maestro don Juan Damasceno Santillán y a sus exhortos, algunos devotos feligreses según las posibilidades de sus bienes, no siendo menos la contribución  por Patrones y Fundadores de dicho Santuario y sin otro, que el bien común espiritual, invertimos nuestros haberes limitados en fomento de tan santa obra.”

El matrimonio Lezcano, ya casi al final del testamento, decía tener formado un Patronato para la fundación de la Capilla, por el Obispo doctor don Pedro Miguel de Argandoña (1693-1775), la que fue conformada por el Gobernador y Capitán General de la Provincia de Córdoba don Joaquín de Espinosa y Dávalos (1758-1864), y que sus sucesores en el Patronato lo heredaban “para gloria y honra de Dios y veneración de sus santos y para el bien espiritual de los habitantes de este Partido.”

 

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Los fundadores de la primera Capilla, fallecieron en diciembre de 1785 Josefa Bustamante y en 1798, su esposo Francisco Antonio Lezcano. Ambos fueron sepultados en el cementerio contiguo a la Capilla San Francisco Solano.

 

Fúndase una Villa en el Curato de Río Seco

 

Rafael de Sobre Monte y Núñez del Castillo, Marqués de Sobre Monte  (1745-1827) gobernador intendente de la Provincia de Córdoba (1783-1797), el 25 de enero de 1796, manifestaba que hacía tiempo que tenía la intención de establecer una villa en la jurisdicción de este Curato, por la gran utilidad que esto proporciona a la vida cristiana y civil.

Esperando superar los inconvenientes que se suscitaban, encomendó recopilar la información que podrían brindar los Curas Vicarios y Jueces de modo de determinar, en base a ellos, el lugar más apropiado para la formación de los pueblos; privilegiando, en lo posible, la ubicación de la Parroquia y residencia del Párroco en torno a la plaza.

Tiempo después el doctor Bernabé Antonio de Aguilar Pizarro (1757-1832, Cura Vicario de Rio Seco informó en detalle al Marqués de Sobre Monte: “El sitio del Chañar es llano en todas partes. La actual población tiene ya la población en cuadro perfecto con doce familias que lo componen, fuera de varias casas dispersas pero inmediatas a esa población. El temperamento es de buen temple, sano y de ventilación. Tiene beneficio de la Posta y tránsito de toda esta carrera; por cuyo motivo son vendibles los efectos de pulpería y abastos. Asimismo las tropas de mulas que anualmente pasan por este lugar (en el que se puede establecer el Receptor de este ramo) hacen circular algún dinero. El agua corriente es escasa a tiempos pero hay beneficios de diferentes pozos que a dos varas [1,67 m] de excavación abundan en agua muy regular; no sienten escasez. Por lo que a ninguna costa podrán hacer un gran tajamar para sus majadas y el común de las haciendas. Mineros de cal buena sobran. Maderas útiles no las tiene el lugar pero en distancia de seis leguas [25,14 km] las hay de algarrobos, quebrachos, espinillos, talas. El terreno se dice pertenece a los Lezcanos y Cesares, pero estos tienen sus estancias retiradas, por lo que aunque la Villa se extienda en formación una legua, y para los ejidos y pastos comunes se señalen dos, nada perjudicará a los demás hacendados. Todas estas tierras son campiñas y de pan llevar. En cuanto a las familias que deberán reunirse por los justos motivos que hay para ello, son tantos que serán consecuentes que poco a poco se hagan trasladar cuando sea tiempo. Los pedáneos expondrán a Vuestra Señoría una minuta individual de ellos. No hay más ni en pro ni  en contra de Chañar."

Seguidamente pasa a referirse a las características de Río Seco, que son similares a las de Chañar. El Juez Pedáneo don Juan Pascual de Cabral, también envía informe sobre Rio Seco, el 25 de marzo de 1796.

El Comisionado Bartolomé de Echegoyen, el 16 de noviembre se constituye en Chañar a fin de cumplimentar el oficio de Sobre Monte, por el que se indicaba que se reunieran a los vecinos para que,  de estar de acuerdo con la formación de la Villa, efectuaran las sesiones de tierras y se labraran los documentos correspondientes.

Reunidos los vecinos residentes en el lugar, Echegoyen les leyó el superior despacho y  “... dijeron todos a una voz, ser el único medio de que su Majestad logre en este partido vasallos útiles, acarreándolos  a una vida civil que en la actualidad es muy pequeña la porción de los que están dedicados a un procedimiento regular, pues que los más,  nacidos y criados en los bosques, que el asomar aquellas pequeñas luces en la razón los sofocan con los vicios, y brutalizados de que esta suerte no sirven para otra cosa que para instruir en los mismos desordenes  a los que van sucediendo; que con la población acarreándolos a ella a los que dan mérito para arrancarlos de sus breñas, lograrán las ventajas del trato sociable, y que este pasto racional acompañado de las instrucciones del Párroco, en breve tiempo los impondrá en las Leyes Divinas y de la razón y les hará mudar de costumbre; que se extrañará el idiotismo, y que finalmente, a la vista de un Juez celoso serán desterrados el ocio y el juego, que son las alas con que  la mayor parte de la  gente vuela a los despeñaderos  de la miseria y destrucción de aquellos pocos que se dedican al trabajo. Y que por todas estas razones y motivos es digna de aplaudirse la idea de Su Señoría.” 

Echegoyen rápidamente efectúa todos los trámites para disponer de la donación de las tierras y el 26 de junio de 1797 habiendo terminado con su misión, eleva el expediente a Sobre Monte.

El 31 de agosto el Sindico Procurador General de  Córdoba, José García Piedra, toma razón del expediente y dictamina sobre la conveniencia de fundar la Villa en Chañar, cumpliendo de esta manera con uno de los proyectos que tenía Sobre Monte desde los inicios de su gobierno.

El marqués, con fecha 4 de noviembre, pasa el expediente al Cabildo para su resolución y éste reunido el 1º de diciembre informa que “no encuentran impedimento en orden a aquellas gentes se reúnan en población porque de ella siempre resultan conocidas ventajas a la Religión y al Estado. Sin embargo atendiendo este IIIº Cuerpo a otras consideraciones ...”  y comienza un rosario de argumentaciones para disuadir la fundación de la Villa, que en realidad escondían la pérdida de las contribuciones que no llegarían a la Capital. En larguísimo informe, el Síndico Procurador refuta al Cabildo en forma contundente y manifiesta que la Villa deberá ser independiente de la Capital, si Su Majestad lo tuviese por conveniente.

El Gobernador Intendente Interino de la Provincia de Córdoba, Nicolás Pérez del Viso, el 14 de diciembre de 1797 en vista del informe del Sindico Procurador, resuelve dar cuenta a su Majestad: “... con testimonio por principal y triplicado, a efecto de que siendo de su soberano agrado recaiga la real aprobación, concediendo a dicho lugar los privilegios, y excenciones que expresan las Leyes de estos Dominios, en la erección de Justicia y Ayuntamiento, su jurisdicción, escudo de Armas, título de Villa, y demás que fuere de su real agrado.”

El expediente se extravía en España y nunca volvió resolución alguna de su Majestad Carlos IV de Borbón (1748-1819); no obstante ello, para las autoridades de la Gobernación Intendencia de Córdoba, Chañar era una Villa formalmente constituida.

Pasaron cincuenta y ocho años, y el doctor Alejo del Carmen Guzmán (1815-1884) Gobernador de Córdoba (1852-1855), el 31 de mayo de 1855 decretó declarar Villa con la denominación de San Francisco Solano al antiguo pueblo de Chañar.

 

"Está bien, vamos, le acompaño ..."

Fray Zenón Bustos,  en los albores de 1897, relataba algunos pormenores fundacionales  de la “Catedral del norte cordobés”:

Entre los conspicuos evocadores de las olvidadas glorias de San Francisco Solano en nuestro país descuella la figura del distinguido canónigo de nuestro clero, don Apolinario Argañaráz [foto continua].

Sin vinculación alguna con la antigua Villa del Chañar, separado de ella por su residencia en nuestra capital [Córdoba] donde servía su canongía y por una distancia de más de sesenta leguas con posta de camino de mensajerías, su acción benefactora, perseverante y digna del mayor encomio por fundar el templo que á la población faltaba,  se hace menos explicable para las conjeturas humanas, y deja traslucir más claramente el prestigio oculto pero eficaz que el santo ejerce en la reaparición de nuestros recuerdos.

¿Qué razón había para encontrar en el señor Argañaráz al hombre mejor dispuesto á todo género de sacrificio, al agente más eficaz para realizar en esa Villa el templo monumental que se alza al apóstol argentino, cuando quizás, cuando se deseaba hacerlo, no le profesaba sus simpatías especiales.

En el año 1889 bajó el Cura del Chañar á esta Capital, procurando llevar al señor Argañaraz para que hiciera el  panegírico del Santo. Éste se negó, pareciéndole demasiado poco motivo para hacer un viaje de tantas leguas.

El señor Argañaraz indicó al Cura que viese á otro sacerdote, a quien solicitó el Cura y recibió igual negativa. Sin esperanza, tal vez vuelve el Cura a buscar y rogar al señor Argañaraz á que le acompañase en su función del Chañar. Argañaraz vuelve a negarse, y vuelve a indicarle que busque á otro sacerdote, dándole el nombre; lo hace puntualmente el Cura, y al recibir otra negativa más, vuelve a comunicar el mal resultado, y á rogar al señor Argañaraz que lo acompañe.

Gestionando el Cura un panegírico del señor Argañaraz ignoraba que desempeñaba una gestión trascendental en el progreso material y religiosos de la Villa del Chañar y en el sentido de honrar la memoria olvidada de San Francisco Solano. El señor Argañaraz vacila en ese momento, y en un momento último la suerte precipita la balanza en favor de la Villa del Chañar. Tendrá ésta un momento clásico en su población, tendrá el Apóstol un propagandista eximio de su apostolado: el señor Argañaraz acepta la proposición del Cura y le dice: “Esta bien, vamos, le acompaño”.

Se fueron al día siguiente por el tren hasta Sarmiento, y desde aquí hicieron el viaje en mensajería, en dos días más, hasta el Chañar.

En vista de la iglesia tan ruinosa que desde antiguo tenía la población en medio de la plaza, todos veían la necesidad de construir otra, pero hasta ese momento toda tentativa había sido inútil. 

Desde 1890 en que el señor Argañaraz se encontró, por motivo de una misión en el Chañar, se hablaba de construir una nueva iglesia, de asegurar la cooperación de los vecinos, y, a pesar, de la buena voluntad de estos, no se había podido acordar.

Éste era el tema de sobremesa durante los días que habían transcurrido de novena, hasta que el Cura ruega al señor Argañaraz que haga versar sobre el asunto en una de sus pláticas. Hizo su plática el señor Canónico y obtuvo el más completo triunfo sobre el ánimo de los vecinos, decidiéndolos efectivamente. Les recordó que éstas eran obras de la piedad de los fieles y que, para realizarse no necesitaban de escrituración, de compromisos por actos públicos ó actos judiciales, como en una de tantas tentativas lo había hecho, sin efecto alguno. Bajó del púlpito y abrió una suscrición que excedió todas sus esperanzas de ese momento.

Él había triunfado de los vecinos, pero los vecinos triunfaron de él.

Le pidieron que él sea el presidente de la comisión que se formase para dirigir los trabajos del nuevo templo. El repuso, con extrañeza, que él  en ningún caso estaba indicado para desempeñar este puesto, por ser extraño de esa localidad, por tener sus obligaciones en la Catedral de la ciudad, y por la distancia inconveniente á que él tendría que encontrarse, sin poderle prestar su presencia al desempeño de ese encargo. Empero los vecinos ruegan e instan de la manera más comprometedora hasta que cree ineludible el compromiso el señor Argañaráz, y sin saber cómo haya de llenar los deberes de ese puesto que le imponían pesadísimas cargas por varios años, aceptó y se puso a la cabeza de la comisión del señor Cura García Colmena, [sic], Ramón Bustamante, Misael Ataide, Antolín  Argañaráz y otro señor que no recuerdo.

La fuerza que arrancó de la ciudad al señor Argañaráz , casi sin intereses de su ministerio, obra ahora psicológicamente sobre su voluntad y la determina sobre la obra de Solano. El templo se hará por un extraño a la población, lleno de obstáculos, para que más resulte el caso puesto fuera de todo lo regular que podría esperarse.

En julio del año siguiente, 1890, se colocó solamente la piedra fundamental, por el Ilmo. Señor Castellano, hoy arzobispo de Buenos Aires, en los cimientos abiertos para una iglesia de cuarenta metros de largo por quince de ancho, de tres naves: iglesia que hoy se halla casi concluida, con dos esbeltas torres, revocadas y habilitada la nave central, un hermoso altar, con todos un altar más y los reboques de lo restante, ascendiendo el costo hasta este momento a más de sesenta mil pesos, á pesar de las economías hechas á cambio de sacrificios personales del señor Argañaráz, la mayor parte colectas recogidas del vecindario.

Llega casi á coronar con el éxito la conclusión del templo, inspirado por el Apóstol argentino. San Francisco Solano hizo del señor Argañaráz, su grande amigo y devoto, y éste, en el entusiasmo, magnanimidad y perseverancia, después de innumerables viajes al Chañar y vueltas al punto de sus deberes obligados, de recorrer cuantos puntos le ofrecían esperanzas de recursos y pasar las violencias del pordiosero, llega casi al momento de poner el último toque a la magna y clásica obra.

Pero, en cambio,  será aquella una obra que inmortalice su nombre y la legue perpetuamente a la posteridad, al mismo tiempo que sirva de monumento vivo en que se refleje la inmortal memoria, en el Chañar y villas circunvecinas, del venerado Apóstol.

 

Parroquia San Francisco Solano

La vieja capilla que los esposos Lescano había erigido con antelación a 1778, prestó sus servicios durante muchos años, pero a finales del siglo XIX ya estaba en malas condiciones. La feligresía sentía la necesidad de renovarla.

El Provisor Vicario Capitular y Gobernador del Obispado en sede vacante, doctor don Eduardo Ramírez de Arellano el 18 de noviembre de 1858,  al dividirse el Curato de Río Seco en dos secciones, nombró primer cura párroco de Chañar, al Pbro. Pedro Martín Valdés, quien estuvo al frente de la Parroquia hasta julio de 1860.

El Canónico Magistral Licenciado Apolinario Argañaráz, el 19 de julio de 1886,  siendo párroco el  R. P. Juan B. Correa, reunió en la antigua casa parroquial al Jefe político del Departamento Sobremonte Claudio Argañaráz, Ramón Bustamante, Mario Gómez y Pedro Oliva, para anunciarles que se había decidido formar la Comisión pro-templo nuevo y que había que constituirla a la brevedad ya que la capilla “que se hacía uso para el culto amenazaba ruina, y que sería un gasto perdido el que se hiciera para recomponerla, porque su mala construcción de barro crudo apenas le permitiría unos años mas sin entrar en nuevos gastos de reparaciones, si no se caía del todo”.

Se formó la comisión presidida por el Padre Correa y se le solicitó al Obispo Diocesano doctor Juan C. Tissera el nombramiento oficial de la misma, llegando la autorización en el mes de septiembre. Comenzaron a ingresar las primeras donaciones, entre  las  cuales estaba la acordada por el Gobernador Ambrosio Olmos que otorgaba una subvención de cincuenta pesos mensuales para la construcción del templo. 

El canónico Apolinario Argañaráz procedió a adquirir el terreno y casa donde se construiría el futuro templo. Esteban Sabaini era el vendedor y le aclaraba al cura párroco, que si bien “... aparecía como comprado por la señora Carmen E. de Olmos y donado por esta a la Iglesia lo cierto es que dicha señora solo había contribuido con cincuenta pesos, y los trescientos más que importaba eran de otras limosnas de otras personas ...”

La escritura pública se labró el 17 de octubre de 1887, y en ella se hacía constar que tenía una extensión de “... diez metros seiscientos dos milímetros de frente  a la plaza de la Villa y en la manzana oeste, y por sesenta y nueve metros doscientos ochenta milímetros hacia el oeste hasta dar con la calle pública en la cual solo tiene nueve metros quinientos veinte y seis milímetros de frente formando  una superficie de ochocientos cinco metros treinta y ocho centímetros cuadrados.”

Trescientos cincuenta pesos fue el valor de la venta.

Este terreno se adosaría al que con fecha 28 de julio de 1889, la Comisión compró al ex cura párroco Juan Correa, en el cual había “... edificada una pieza con que se había ensanchado el oratorio que servía para el culto público desde que se derrumbó el templo antiguo.”

El canónigo licenciado Apolinario Argañaraz , el 1º de febrero de 1889, es designado por el Obispo Fray Reginaldo Toro (1888-1904), como Director General de la obra, “... para que como tal y de acuerdo con la Comisión proceda a contratar su construcción y arbitrar los recursos necesarios para su terminación debiendo antes presentar los correspondientes planos y presupuestos.”

Manos a la obra: el 20 de noviembre de 1889 el canónico Argañaraz se trasladó a San Francisco de Chañar y procedió a la distribución de tareas entre los vecinos para que la obra del nuevo templo se pusiera en marcha. Él fue el encargado de hacer realizar los planos, buscar al arquitecto proyectista y recolectar los recursos; Misael Ataide debía encargarse de hacer quemar la cal y el acopio de arena “... y de todo lo  demás que él pudiera dirigir y encaminar al objeto indicado”; Ramón Bustamante sería el encargado de contratarle a Francisco Murillo “... todo el material cocido para la obra, según bases dadas, su acopio y recibimiento al pie de obra.”

Al año siguiente,  el 3 de julio, se firmó el contrato entre los miembros de la Comisión Directiva Pro-templo y Antonio Previatto como constructor; este se comprometía a construir el templo de “... tres naves, con dos sacristías y dos portadas colaterales a las naves externas, y dos torres con sujeción a los planos presentados y aprobados en su oportunidad.”

Se determinaba que el templo debería tener un largo de cuarenta metros por diecinueve de ancho, siendo el alto de las paredes de la nave del medio de doce metros y nueve el  de las naves laterales. Se determinó que los cimientos fueran de un metro de profundidad. Los muros del templo en su parte más débil debían ser de 0,65 m y en las principales de 1,20 m. Y las columnas redondas del centro de 0,80 m en su base inferior y 0.70 m en la superior. Las torres debían tener 22 m desde la base hasta las cruces. El interior del templo, sacristía, frente y demás accesorios serían revocados con buena mezcla de cal, arena y polvo de ladrillos.     

Se establecía, además, que la iglesia tendría cinco puertas: una al costado de cada una de las naves laterales y “... tres al frente de la plaza  y de estas la mayor sería de quicio y tendría cuatro metros de alto.”

Desde el punto de vista económico se pudo indagar en los archivos que al arquitecto Previatto, la Comisión debía adelantar la suma de quinientos pesos tan luego este hiciera el replanteo del templo y comenzara con la excavación de cimientos y “... asi se principien a llenar los mismos, se deberían dar por el término de seis meses, 400,00 $ mensuales a contarse desde el primero de agosto del corriente  año [1890] según los trabajadores que emplee: esto importa que si esta cantidad es mucha para los obreros, se le dará menos, y pasado ese tiempo de los seis meses, se le dará solo la suma de doscientos pesos a lo más mensualmente, si la comisión no cree necesario continuar con el mismo personal, lo que se le avisará con un mes de anticipación.”

Las obras se realizaron sin mayores inconvenientes, salvo el accidente del obrero Cesar Astolfo quien en 1893,  cayó desde la torre y perdió su vida, produciendo una gran consternación en el pueblo. El canónico Argañaráz, en carta, cargada de convicciones, le decía a su amigo Bustamante, que “... el accidente le era inexplicable y Satanás estará muy humano creyendo triunfar  cada vez que suscita dificultades o pone obstáculo a la marcha regular de la obra; se engaña el perverso, Dios puede más que él, la obra seguirá. El culto divino a la Sagrada escritura se engrandecerá, la Santísima Virgen con el glorioso San José y el patrón Solano quebrantarán mil veces más su cabeza infernal, y la generación presente y las venideras irán a ese templo y todos dirán: GLORIE TIBI DOMINE, a ti Señor la Gloria de alabanza que te es debida.”

Están registrados pormenorizadamente todos los gastos que se efectuaron a lo largo de la obra, llevando la misma al costo total de 47.071,85 $ m/n c/l. La mano de obra correspondió al 67,14 % y el material comprado fue del 32,86 %.

El 16 de julio de 1894, habiéndose concluído la construcción de “... la bóveda, puesto un piso de material de obra, hecho el altar provisional de cal y ladrillo, a las ocho de la mañana de ese día se celebró la primera Misa.”

De la misma participó una gran cantidad de feligreses,  “... en acción de gracias, por tan señalado beneficio, quedando todos alegres y reconocidísimos a la infinita Bondad Divina por haber alcanzado lo que por tantos años habían deseado y pedido tener un templo digno en la tierra de su Divina Magestad.”

 

Catedral del norte cordobés

Desde el entorno rural, junto a las palmeras caranday, se destaca la presencia monumental de la iglesia, y desde la planta urbana sobresale como el más imponente edificio, el que observado en su configuración volumétrica impacta por su riqueza y por la delicadeza de sus detalles.

Una reja de hierro forjado, separa el predio,  de la calle San Martín, hoy devenida en peatonal y con solado empedrado.

 

Orientada al este, al estar retirada de la línea municipal genera un espacio a modo de atrio desde el cual se ingresa al pórtico que con un frente de 9,49 m, avanza 7,00 m con respecto al plano principal de la fachada.

 

La planta es de tipo basilical, con influencia románica, de tres naves, con 16,30 m de ancho por 31,00 m de largo.

 

La nave central de gran altura, está flanqueada por tres tramos de columnas dobles, de orden jónico con fuste de sección circular, lisas y con un ligero éntasis. Las columnas están asentadas en un basamento unificado y sobre ellas se desarrollan los tres arcos formeros, que sostienen la imposta, volumetricamente muy trabajada, base de la bóveda de cañón corrido con generatriz de arco de medio punto que cubre la nave central.

 

En la línea del presbiterio se marcan los dobles arcos triunfales asentados sobre pilastras que impactan en el desarrollo de la imposta.

En la bóveda, en correspondencia con los ejes de los arcos formeros unas ventanas ovales con vidrios multicolores y en el presbiterio las tres rectangulares y de mayor dimensión,  otorgan una cálida iluminación al sagrado recinto.

 

En el testero se desarrolla el ábside del presbiterio, el cual está sobre elevado dos escalones sobre el piso de la nave. Dos puertas colocadas a sendos lados conectan con la sacristía y con la contra sacristía. Cada una mide 6,10 m. por 7,10 m. y la sacristía está techada con una muy alta bóveda de rincón de claustro, nervada exteriormente. Tienen conexión con el exterior con puerta de doble batiente.

 

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Es de destacar el altar de mármol y el retablo finamente trabajado. En el eje del altar sobre el Sagrario, esta la Cruz en un baldaquín, sobre el cual,  en una hornacina la imagen del Sagrado Corazón. Flanqueado en sendas peanas por la Virgen María Auxiliadora del lado izquierdo y por la Virgen Inmaculada del lado derecho.

 

En la línea de comienzo del presbiterio, del lado del evangelio, está el púlpito y en  correspondencia,  del lado de la epístola, la figura convocante de San Francisco Solano con la cruz en su derecha y el violín en la izquierda.

En los pies de la nave central,  sobre la puerta cancel de cedro, se desarrollan el coro alto y sobre él,  un segundo coro, ambos con sus correspondientes ventanas corales. Esta concepción coral es única en la Provincia de Córdoba.

 

 

Las naves laterales, de reducido ancho, se extienden hasta la línea del presbiterio,  culminado con sendos altares, detrás de los cuales están las sacristías.

En correspondencia con las columnas y arcos de la nave principal, en los muros externos, están materializadas las pilastras pareadas y los correspondientes arcos ciegos, con sendos altares en el paño central. En el eje de cada espacio, a la altura de los capiteles de las pilastras, ventanas con forma de cuadrifolio y vidrios multicolores colaboran con la iluminación otorgando una marcada calidad ambiental al conjunto. 

Las naves laterales están techadas con losas formadas por perfiles metálicos y bóvedas aplanadas, ubicadas levemente por arriba de la culminación de los arcos.

La fachada de marcado carácter monumental, de perfecta simetría, se desarrolla con una base de treinta metros.

El pórtico dístilo en primer plano, con un conjunto de cinco  columnas y una pilastra en los ángulos anteriores, soportan un friso con el arco de medio punto, la imposta y el tímpano con pináculos en el inicio y una gran cruz de hierro forjado en la culminación.

 

 

En el plano principal de la fachada se destacan las tres puertas, ingreso a cada nave. La principal, ingresando por el pórtico, esta coronada por una leyenda:

A SOLO DIOS

REI INMORTAL  DE LOS SIGLOS HONOR Y GLORIA

1900

Indicando la fecha que corresponde a la terminación del templo.

Majestuosas son las dos torres caladas que culminan con cupulines y linterna, siendo la norte la que contiene las campanas.  El espacio entre ambas torres es cerrado por un ático engalanado con molduras y merlones que también rodean a ambas torres por debajo de las aberturas caladas. Coronando en el centro,  un gran cáliz con la representación de la hostia en hierro forjado  que lleva calado el monograma IHS.

 

En los extremos de la fachada,  cuerpos separados por una abertura techada con bóveda de cañón contienen las escaleras para conectase con los dos coros altos y el campanario. Un muro cuyo coronamiento tiene una pendiente igual al tímpano del pórtico hace de cierre teniendo su comienzo en la imposta de la torre y su culminación en la linterna.

 

 

Todo el frente esta tratado con revoque símil piedra, resuelto con una gran riqueza de relieves produciendo profundos claroscuros entre llenos y vacios, arcos y dobles columnas, las torres caladas con sus cúpulas ornamentadas y el “bordado” de sus remates.   

El tratamiento textural exterior de ladrillo finamente trabajado en el volumen del cuerpo posterior y ábside, se vuelve casi una obra maestra en sus ornamentos y remates superiores.

El 10 de mayo de 2010, el gobierno de Córdoba, inauguró las obras de restauración de la “Catedral del Norte” y plaza de San Francisco del Chañar. Buena falta le hacía al templo una puesta en valor, pero lamentablemente, no se hizo con la profundidad  necesaria. A seis años de la tarea, se puede constatar el gran deterioro ocasionado  por las filtraciones de las cubiertas. Clama una nueva intervención.

 

Canónico Apolinario Argañaráz (1854-1904)

 

Cuando la Catedral del Norte cordobés estaba terminada, en un diario de Córdoba se pudo leer:

† Ayer en esta

A una avanzada edad rindió ayer [7 de junio de 1904] su vida al Creador el benemérito sacerdote con cuyo nombre encabezamos estas líneas. La muerte ha sido repentina causada por un sincope cardíaco, en momentos que se preparaba para predicar el sermón que hemos anunciado en la Catedral.

El señor canónico Argañaraz tenía grandes méritos adquiridos en su larga carrera sacerdotal. Nacido en Villa del Rosario fue ordenado sacerdote en 1859.

Por muchos años ha sido profesor del Seminario, y del Colegio Nacional Monserrat; y después cura rector de la Catedral por ocho años. En se tiempo edificó la hermosa capilla del Cementerio San Jerónimo.

De espíritu verdaderamente sacerdotal, toda su vida la dedicó al servicio de la Iglesia, siendo muy edificante su celo cada vez que tuvo que acompañar á los misioneros ó á los curas de campaña en la predicación y administración de los Sacramentos. De carácter sencillo y franco, inspiraba confianza á los fieles y sabía hacerse estimar de todos.

A pesar de su avanzada edad era laborioso y tenaz en sus empresas. El hermoso templo de San Francisco Solano en Chañar se debe sobre todo á su iniciativa y á sus trabajos.  La muerte le ha sorprendido en la construcción de un gran colegio para niñas en Chañar.

Cuando la ley de matrimonio civil vino á cohibir las conciencias católicas, el fue uno de los abnegados sacerdotes que quisieron demostrar con los hechos la violencia que con ella se hacía á las conciencias. Fue conducido preso á esta ciudad [Córdoba] desde La Rioja donde se encontraba, motivando este hecho una enérgica protesta del Ilustrísimo Señor Toro.

Por sus méritos y largos servicios fue ascendido a la dignidad de Canónigo, y ocupaba actualmente la silla de Chantre del Cabildo Diocesano. Así mismo ha desempeñado el cargo de secretario del obispado en tiempo de Mons. Arellano, y del vicario capitular doctor Emiliano Clara; y últimamente por ausencia del Obispo y vicario general ha quedado varias veces á cargo del Gobierno de la diócesis.

LOS PRINCIPIOS tiene motivos de especial gratitud para el ilustrado sacerdote que muchas veces ha honrado hasta estos últimos tiempos sus columnas con producciones impregnadas de altos sentimientos de fé y llenas de bien atinadas observaciones.  

Paz en la tumba del distinguido sacerdote y cristiana resignación a sus deudos.

 

Por el lugar

 

Antes de la presencia de la popularmente llamada “Catedral del Norte Cordobés” pasaron por el lugar varias personalidades de la historia de nuestro país: Belgrano, Lamadrid, Lavalle, Facundo. En las inmediaciones, Liniers tenía su estancia de Pozo del Tigre. 

El Supremo Entrerriano Francisco “Pancho” Ramírez (1786-1821) se encontró con la muerte, a corta distancia, sobre el camino real; el historiador Hernán Brienza, en su libro "Valientes" y bajo el título "Hermoso viento", recreará con atrapante prosa, el asesinato del caudillo en el invierno de 1821 y la historia de vida de su amada María Delfina.

Los pagos de San Francisco del Chañar cobijaron al político de sotana Eleodoro Fierro (1840-1911), conocido como el “Cura Fierro”. En 2005, Tribuna Digital de Río Tercero describe en una nota, la fructífera y multifacética vida del sacerdote. (Click aquí).

Fue cuna del gobernador Ramón J. Cárcano (1860-1946).

En 1959, más cercano a nuestros días, el líder político latinoamericano y revolucionario Ernesto “Che” Guevara (1928-1967), en pleno iniciático viaje con una bicicleta a motor, frecuentó el Leprosario del lugar dejando una anécdota que fue recuperada por Jon Lee Anderson en su libro "Che Guevara, una vida revolucionaria". (Click aquí).

 

Monumento Histórico Provincial

La iglesia San Francisco Solano  de San Francisco del Chañar, Departamento Sobremonte, por Decreto Nº 1711 del 22 de julio de 1993, ingresó a la Nómina de Bienes Históricos Culturales con Declaración Protectora Provincial (Ley de Protección de Patrimonio Cultural Provincial Nº 5543) -  Agencia Córdoba DAC y T. Dirección de Cultura. Subgerencia de Patrimonio Cultural y Museos.

 

Fuentes de consulta:

  • ARCHIVO HISTÓRICO DE LA PROVINCIA DE CÓRDOBA. Escribanía Nº 2 – Legajo 112- Expediente Nº 8

  • ARCHIVO PARROQUIAL de San Francisco del Chañar.

  • BISCHOFF, Efrain U. – NORTE, NORTE, NORTE...Su leyenda y su historia. Marcos Lerner Editora. Córdoba, 1991.

  • FOGLIA, María Elena y GOYTÍA, Noemí – Los Poblados del Norte Cordobés-Edición de la Secretaría de Turismo de la Provincia de Córdoba. Córdoba, 1993. 

  • LOS PRINCIPIOS, 11 de marzo de 1897 - San Francisco Solano por Fray Zenón Bustos.

  • NUÑEZ, Marta  - San Francisco del Chañar. Dos siglos de Vida -  1978

  • JON LEE ANDERSON - Che Guevara, una vida revolucionaria (pag. 67 a 69)

  • Agradecemos al Diácono Héctor Luis Muiño por su deferente atención.

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