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SAN NICOLAS DE BARI

El hombre precerámico supo habitar estas comarcas encontrando abrigo en las incontables grutas resultantes de la erosión, por agua y viento, de las rojas areniscas de origen volcánico. La singularidad de dichas tierras fueron recorridas por cazadores de hábitos nómades y particular conformación anatómica donde predominaban las cabezas alargadas. Esta historia de más de 5000 años encuentra otro mojón hace alrededor de mil cuando entra en escena, con nitidez, el comechingón quien aporta sedentarismo, manejo de la cerámica, la agricultura y la crianza de llamas.

Encuentro de Diego de Rojas con el Cacique Principal Canamico

 

El Capitán Diego de Rojas, secundado por Felipe Gutiérrez en su carácter de Capitán General y Nicolás de Heredia como Maestre de Campo, parte en 1543 desde el Cuzco en dirección sur al mando de unos 250 soldados donde se mezclaban combatientes, mujeres y curas de la Orden de Comendadores de San Juan con negros esclavos e indios. El relato de Lizondo Borda los describe como "apercebidos de muchas armas, cauallos y gran servicio de negros, negras, yndios, yndias y muchos yndios amigos".

El encuentro entre los naturales y los españoles fue desgarrador. Los arroyos y ríos fueron testigos de la barbarie y en silencio, las cristalinas aguas se ocuparon de lavar la tierra teñida de sangre tras la cruenta y desigual batalla. De resultas de una de aquellas tantas refriegas, Diego de Rojas fallece tras ser herido en una pierna con una flecha presumiblemente envenenada. Pedro Gutiérrez de Santa Clara dirá refiriéndose a los aborígenes: "... traen con su estatura los arcos con que pelean. Las flechas que tienen ponzoña llevan que mata rabiando en ocho o diez días y desde que obrar empieza, los heridos se dan golpes y cabezadas".

Aprovechando la situación y producto de la intriga, Francisco de Mendoza que se había sumado a la expedición, pone prisionero a Felipe Gutiérrez y ubica bajo su mando a Nicolás de Heredia. Juntos ingresan en territorio comechingón atravesando ciénagas y salitrales.

Será en el actual Escobas, uno de los parajes propios de la Punilla cordobesa, donde se afianzarán los invasores. Es así como en 1545, en dicha zona, construyen el Fuerte de Escobasacat o Escoba Sacat. En él, permanece Nicolás de Heredia mientras que, Francisco de Mendoza, se orienta hacia el sur encontrándose con el Río Tercero y por éste, accede al Río Paraná. Luego de tres meses de viscisitudes, Francisco de Mendoza muere apuñalado como consecuencia de feroces disputas internas. Esta situación deviene en que la comandancia se consolida en Nicolás de Heredia.

Las contiendas con los naturales y aquellas intestinas continúan. El fuerte sufre daños y reiteradas desgracias que obligan no solo a su permanente reconstrucción sino a asignarle un nuevo nombre; ahora, más compatible con las circunstancias vividas: Fuerte Malaventura.

Este período es descripto de un modo desgarrador por Pedro Gutiérrez de Santa Clara: "... terribles trabaxos, así de hambre y frío como de asaltos inauditos, que de día y de noche les daban los indios enemigos, que les duró más de seis meses continuos que allí estuvieron contenidos muy contra su voluntad".

En 1549 con tan solo 35 años, Blas de Rosales ingresa a Tucumán acompañando a Juan Núñez de Prado al que documentos históricos lo describían como "ombre cruel, porque se le vió fazer crueldades muchas".

Don Blas participa activamente en la fundación de numerosos asentamientos siendo uno de los más significativos la población de Barco (actual Santiago del Estero) asumiendo en la novel comunidad santiagueño diversas funciones: Regidor del primer Cabildo, Juez Oficial Real de Hacienda y Alcalde de su Ayuntamiento en 1556. Concreta otras incursiones en las actuales tierras catamarqueñas que devienen en rotundos fracasos.

Años después, en 1573, acompaña a Jerónimo Luis de Cabrera en la fundación de Córdoba. Siendo, por dicho servicio, designado Alcalde de su primer Cabildo junto a Hernán Mexía Mirabal. Además se lo premia, al igual que al Capitán Luis de Luna, con la encomienda de Ongamira. Estos vastos territorios se extendían hasta los límites mismos con Santiago del Estero.

Será entonces Blas de Rosales quien establece estancias en dichas tierras dedicándolas, con mano de obra de aborígenes cautivos, a la producción de caña de azúcar, viñedos, frutales (mayoritariamente, higos y membrillos) y rosales. El cateo de minerales lo lleva a descubrir, además, pequeñas vetas de oro y plata así como cuarzo y manganeso, las que también procede a explotar.

Los combates continuaban siendo constantes; durante uno de estos ataques efectuados por los indios de Ongamira y los de Canumbazacate bajo la conducción del Cacique Calchaquín es muerto Blas de Rosales en 1574 conjuntamente con su yerno Diego Cáceres.

Al fallecer a los 60 años, Blas de Rosales permanecía soltero. Si bien había no menos de ocho hijos naturales consecuencia de sus relaciones con indias y mestizas éstos no podían ser considerados herederos formales. La ausencia de testamento escrito significó, por tanto, que el Tesorero de la Real Hacienda Jerónimo de Bustamante llamase a subasta pública de todos los bienes del fallecido.

En abril de 1574 se realiza el remate.

El Capitán Antón Berrú adquirirá los campos de frutales al tiempo que comienza a ocupará un lugar central en la historia ya que será el responsable de arrestar y trasladar a Jerónimo Luis de Cabrera a Santiago del Estero donde es juzgado y condenado a la muerte por garrote (concretada en agosto de 1574) en cumplimiento del mandato del nuevo Gobernador de Tucumán, Gonzalo Abreu de Figueroa; como así también, será el conductor de la matanza aborigen en Ongamira asumiendo el control de dichos territorios.

Del resto de los bienes de Blas de Rosales, Damián Osorio retendrá las propiedades urbanas (solar y cuadra para huerta, así como el mobiliario y contenidos generales) legándolos, años después y en carácter de herencia, a su hija Elvira nacida de su relación con Ana, hija de Blas de Rosales y viuda de Diego de Cáceres; por otra parte, la chacra, ubicada en la actual San Vicente, será adquirida por Francisco Sánchez.

Los aborígenes continuaban atacando y retrocediendo para encontrar, luego, un seguro refugio en lo alto del Cerro Charalqueta (Chalcaretá en lengua henen comechingona que significa "bello" o "sagrado"); sin embargo, lo escarpado del monte no fue suficiente obstáculo para la caballería española; es así que el ataque final, bajo el mando de los Capitanes Antonio (o Antón) Berrú, Tristán de Tejeda y Miguel de Ardiles, deviene en una masacre despiadada vengando, del peor de los modos, la muerte de su Capitán Blas de Rosales.

Aquel cerro sagrado para los comechingones es rebautizado por los pocos sobrevivientes como Colchiqui ("oscuridad", "muerte" o "desgracia" en lengua originaria) por asociación con el Dios de la Fatalidad conocido como Chiqui.

 

"Esa noche subieron al cerro sagrado, pero jamás supimos lo que las visiones recomendaron. Por la mañana nos despertaron los estruendos y el desgarro. Defendimos y nos defendimos. Nos persiguieron por toda la aldea y la pachamama peleó con remolinos de tierra. Vimos sangre, hermanos maniatados y las bestias caminando en dos patas sobre nuestra gente, bastones de fuego y cuchillas enormes cortando el aire. Pero lo que más me aterrorizó fue aquel hombre que, con odio en sus ojos y un adorno largo en su cabeza, extendió hacia mi dos hierros cruzados y en su intermedio, el cuerpo de un hombre agonizando." (Extracto del Libro "Hermoso Vivir Llevabas" de Pablo Rosalía, pag. 111).

 

Hacia fines del siglo XVI, el por entonces Gobernador de Tucumán Don Pedro Mercado de Peñaloza transfiere las tierras de Ongamira al Capitán Don Juan Burgos Zelis. Será éste quien acaba con toda resistencia comenchingona representada por los calamineguas y procede a afianzar los primeros asentamientos poblacionales.

Durante las primeras décadas de 1600 el nuevo Gobernador Don Luis Quiñones Osorio entregó Mercedes Reales a partir de las preexistentes encomiendas. Es así que la zona de Quebrada de Luna derivó a las manos del Capitán Don Juan Gallegos. Este proceso continúo a lo largo del siglo XVII viéndose también favorecida, en este reparto, la iglesia. De hecho, Ongamira recayó bajo la tutela de Santa Catalina hacia principios del 1700.

De manos jesuíticas y como resultado de su expulsión a finales del siglo XVIII, estas tierras pasan a la posesión de Don Manuel José Fernández de Valdivieso para luego ser incorporadas por Don Francisco A. Díaz a sus otras propiedades de Escoba, Santa Catalina y de Todos los Santos.

La multiplicación de divisiones y propietarios atraviesa todo el siglo XIX y XX aglutinándose, de un modo progresivo, aquellos pequeños asentamientos hasta conformar la realidad actual.

Al pie del Cerro Pajarillo y bajo la mirada atenta del Uritorco, entre verdes valles y areniscas de color rojo misterioso y profundo fruto de una tierra volcánica que a fuerza de erosión va cobrando indescriptibles imágenes y formas, cobra vida, hacia 1770, una nueva comunidad.

Aquellos primeros vecinos impulsarán la construcción de la Capilla que, bajo la advocación de San Nicolás de Bari, será realidad en 1777.

El primer nombre será Carreras de Pum Pum. Poco a poco se van integrando los distintos parajes: aquel de Escobas se funde con la Quebrada de Luna (por el encomendero español Luis de Luna radicado en el lugar hacia finales de 1573) y con Ongamira

La riqueza y fertilidad del valle se nutre con las aguas del Río Seco, del Pum Pum y de Los Morteros. Aromas a hierbas medicinales se funden con los molles y talas, los algarrobos, los quebrachos colorados y las palmeras caranday vistiendo la geografía rica en minerales donde el cuarzo y sus canteras delinearon parte de su historia.

 

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En el interior de la capilla aún se conserva una valiosa pintura de Fidel Pelliza, un destacado artista natural de Charbonier (1856-1920) cuya infancia fue signada por la más profunda de las pobrezas y necesidades. Se trata de una reproducción que el pintor realizó en 1915 a partir del "San Francisco abraza a Cristo en la Cruz" que Bartolomé Esteban Murillo realizó en 1668. La obra que había sufrido un profundo deterioro fue restaurada en 2007 por H. M. Bizzoto.

Las obras de Pelliza no solo lucen y enriquecen su pueblo sino que pueden ser encontrados en sitios representativos de Córdoba Capital. Es así que, por ejemplo, el emblemático retrato del portero Rogelio Rodríguez del Colegio Nacional Monserrat continúa, con las llaves en sus manos, vigilando desde una de las paredes, el ingreso a dicha Institución. La obra es producto de la mano del artista. El historiador Efraín Bischoff sintetizará la memoria de Fidel Pelliza con el siguiente pensamiento: "Al pintor Fidel Pelliza lo acompañó siempre el recuerdo de su niñez, con su pobreza, con el silencio que empapaba la visión campesina, mientras seguía avanzando con sus triunfos por el camino artístico".

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Datos complementarios:

Ubicada a 120 km de Córdoba Capital, Charbonier celebra el 25 de mayo las Fiestas Patronales en honor a San Nicolás de Bari.

El nombre del pueblo es asociado al Ingeniero francés Charles Charbonnier quien trabajaba para el Ferrocarril Córdoba and North Western y como tal es el artífice de la Estación que data de 1891.

 

 

 

Fuentes de consulta:

  • ROSALIA, Pablo, "Hermoso vivir llevabas", Ed. del Boulevard, 2010

 

 

 

 

 

 

 

 

Don Diego de Rojas

en un día así,

cuatrocientos años ha,
cruzó este

ventoso, quebrado país.

Sonaron pedradas
zumbaron hondazos,

tin-tin...
pasaron los siglos,
y de aquel trajín
de los castellanos
y del calchaquí,
sólo queda el eco

perdido ...

tin-tin.

Fragmento

J. C. Dávalos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde tu valle intenso

maduré en las estrellas

Pasé la prueba máxima: caminé sin distancias.

Caminé por las brasas rojizas de tu tierra.

"Ongamira"

Julio Requena

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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