A propósito del algarrobo de Candelaria
Ese árbol solitario que medita
parece un religioso que recita
su oración.
Solo Dios puede oírla.
Yo, para repetirla
tendré que hacer silencio en mi razón
y saturar de soledad el corazón:
“Yo he visto la soledad por
dentro
la tenía en mi savia,
me la entregó la tierra.
La soledad oscura y silenciosa
que aprendí de la piedra.
La soledad que nadie
puede medir ni comprender,
porque es vegetal como el color
que no se traduce en palabras
y hace grietas tortuosas en mis ramas
y me ha privado del diálogo
negándome el consuelo de la flor…
La soledad!
desde siempre.
Gracias a ella mi fruto
es dulce y fuerte y agrio
como la sangre, el vino y el dolor
que adquiere majestad cuando está solo
y esta signado por dos brazos lacerados y extendidos
hebras de luz y amor.
La soledad que es silencio.
La soledad que es bienaventuranza
que es lejanía y distancia
y es un poco de recuerdo,
eco de toda tumba, fugacidad de ensueño…
Maestra de los pocos que aciertan el misterio:
de los labios sellados
y los ojos abiertos!...
Soledad milagrosa que tiene
raíces de esperanzas
y colores de tiempos
que traducen los signos del que ES para siempre …
La soledad que vive fuerte como
la muerte,
inmutable como la verdad,
es presagio y es signo
de lo que ella trasciende.
En este mundo inmóvil, ella engendra la paz.”
Se calló el algarrobo:
Yo me quedé mirando el vacío. Y
nada más.
Autor anónimo

"El algarrobo de la Candelaria" -
Luis de Aquino
Oleo sobre
taba - 79x90 - 1941
Colección Zubarán |