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SAN ANTONIO

... Declaro que esta capilla dedicada a San Antonio la erigimos con el finado mi esposo y mi cuñado Francisco Arias …".  Así lo señalaba en su testamento, Doña Magdalena Cabrera esposa de Don Santiago Arias de Cabrera. Los hermanos Francisco y Santiago, eran sucesores del Sargento Mayor Juan Arias de Cabrera y Tovar, quien en 1671, había recibido de su padre “una estancia y tierras nombradas San Francisco de la Buena Vista de El Cano”.

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La fecha probable de su construcción tiene que ser anterior a 1759, ya que en el Archivo Parroquial se encuentra la partida de matrimonio de Magdalena y Santiago datada con ese año “en la Capilla de El Cano”.

En los confines del antiguo Curato del Río Cuarto, a espaldas y al pié de las sierras grandes, hallamos esta reliquia del siglo XVIII y testimonio de la fe cristiana de los primeros pobladores de la región que es la Capilla de San Antonio de El Cano”, dice el historiador Carlos Mayor Laferrere.  Al fijarse los límites de los Curatos a mediados del siglo XVIII, la Capilla pasó a la jurisdicción del de Calamuchita.

El templo esta tristemente solitario en medio de un monte achaparrado, dentro de un campo privado. Su vecino más próximo es el cementerio de la zona, a cuyo lado se pasa después de franquear alambrados para llegar a ella.

La Capilla de El Cano que ha llegado a nuestros días, es de una nave de 11,35 m de largo por 4,60 m de ancho. Tiene sacristía del lado del evangelio de 7,10 m de largo por 3,55 m de ancho.

Sus paredes son de piedra de 0,98 m de espesor en la base y hasta media altura, desde donde fue completada con muros de ladrillos comunes, en un espesor menor, hasta el nivel de techo y su correspondiente mojinete. En las caras norte y oeste, el basamento original se perfiló en una combinación de líneas rectas y curvas.

La fachada orientada al este, es muy simple ya que solo cuenta con la puerta de ingreso de dos hojas en madera, que no es la original.

A su dos costados, restos del muro de piedra hasta la altura del dintel, con un borde superior inclinado, bajando hacia ambas fachadas laterales. Un friso plano se extiende hasta la cornisa que se encuentra a la altura del techo y por debajo del mojinete. La culminación se da con un esbozo de tímpano que remata en una cruz de hierro forjado.

La reconstrucción, que se estima comenzó en 1924, se realizó a partir de cómo estaban al momento de iniciar las tareas.

En tiempos de la luchas por la organización nacional, con  el despoblamiento que paulatinamente se fue produciendo en la zona, la capilla se abandonó por mucho tiempo; período en el cual se deterioró en demasía.  

La torre se desplomó. Se rellenó su basamento y se selló. A la derecha del ingreso, se construyó una espadaña para alojar a dos pequeñas y añosas campanas. La espadaña, consiste en un pórtico cerrado con un arco de medio punto, con un barral para sostener dichas campanas. Se accede a ellas por una escalera exterior adosada al muro de piedra.

El interior carece de iluminación natural. Sus paredes lisas, sin ornamentos solo tienen una hornacina en cada lateral como para el alojamiento de un imagen y el vano sin puerta que comunica la nave con la sacristía.  En una pequeña cornisa se apoya el cielorraso, que oculta la cubierta de chapas de zinc con estructura de tirantes de madera, con libre caída a un agua.

El piso es de mosaicos calcáreos colocados en damero en blanco y negro. El área del presbiterio se encuentra sobre elevada en tres escalones. El antiguo retablo de madera policromada, ha sido erróneamente eliminado con el advenimiento de la liturgia post conciliar, preservándose solo el sagrario.  Lo acompañan dos imágenes antiguas, el Santo Patrono San Antonio y la de la  Virgen María y un pequeño crucifijo de madera de bella factura.

La sacristía que también carece de luz natural, conserva una puerta original con grueso dintel de algarrobo, que la comunica con el sector posterior de la capilla, donde también se encuentran otras dependencias accesorias que oficiaron de casa parroquial.

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Al igual que la Capilla de La Cruz, ésta tenía su cementerio con sección de disidentes y de todos los que por cánones no pueden ser enterrados en lugar sagrado. De acuerdo a documentos que se conservan, se puede afirmar que en los memoriales testamentarios se dejaban expresas instrucciones acerca de las exequias que se realizarían al morir.

A modo de ejemplo de lo que ocurría en la época veamos como testaba en 1771, de propio puño y con todos los detalles, Don Antonio de Sossa Monsalve residente en Río de los Sauces:

“… sepan quantos esta carta de mi testamento y última voluntad vieren como yo Jerónimo Antonio de Sossa vecino de la ciudad de Córdoba Provincia del Tucumán y recidente en el paraje de Río de los Sauces del Partido de Calamuchita . Hallándome en mi sano juicio y entero conocimiento de memoria y entendimiento natural tan cumplido cual la Divina Misericordia fue servido dármelo, aunque enfermo del cuerpo, con achaque natural, temeroso de Muerte como cosa tan cierta a todo viviente, aunque dudosa la hora y deseando morir con las disposiciones que son derivadas a todo Católico Christiano: creendo como creo en el Ministerio de la Encarnación del Divino Verbo en las Entrañas Purísimas de María Santísima a Nuestra Reina y Señora Madre concebida con gracia sin Pecado original desde el instante primero de su concepción Divina en el de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo tres personas distintas y un solo Dios verdadero, y en todos los demás misterios que tiene, confiesa , cree y nos manda creer  Nuestra Santa Madre Iglesia Católica Romana en cuia fe he vivido, espero vivir y morir tomando por mis abogados a la misma Reina de los Ángeles, al Señor San Joseph su castísimo Esposo , a los Santos de mi nombre, y Ángel de mi Guarda: hago y ordeno mi testamento en la forma siguiente:

Primeramente hago entrega a Dios de mi Alma que la crió y redimió con su Santísima sangre y el cuerpo a la tierra de la que fui formado, el qual quiero ser sepultado en la Iglesia o Santuario de Nuestro San Antonio Capilla del Cano con Misa de cuerpo presente con su vigilia si fuera hora y no siéndola, se cantará con su vigilia al día siguiente y se me seguirá un Abbenario de misas todas en la misma capilla en la que así mismo se me harán las honrras y cabo de año acostumbradas Missas de vigilia cantadas: ya todo mi cuerpo … con el ávito del Señor San Francisco, acompañado por Cura y Sacristán  con Cruz vaja y rosas que mis albaceas pareciere. Mando se de a las … personas dos reales de plata sellada cada una, con lo que las separo de mis vienes”.

Es muy probable que, llegado el momento, en compañía de familiares, amigos y conocidos, la voluntad del muerto se haya cumplido en la Capilla de El Cano.

 

 

Los primeros tiempos de la Estancia de San Francisco de la Buena Vista:

Pertenecía a la familia de los Cabrera, descendientes directos del fundador de Córdoba de la Nueva Andalucía Don Jerónimo Luis de Cabrera Zúñiga y Toledo (1520-1574) quien se casó con la panameña Luisa Martel de Los Rios y Mendoza (1535-15??). Cinco fueron sus hijos, siendo el primogénito Gonzalo Martel de Cabrera (1569-1662) quien a fines del siglo XVI, recibe una merced de tierras denominadas LICTIN (Rio de los Sauces) y otras tierras en Río Cuarto.

Jerónimo Luis de Cabrera y Garay (1586-1662), hijo de Gonzalo Martel de Cabrera y María de Garay y Becerra (1559-1593), es quien recibe en herencia la merced señalada, un extenso latifundio que comenzaba en el Valle de La Cruz y se extendía hacia el sur por las Sierras de los Comechingones. Estaba casado con Isabel de Becerra y Saavedra. En 1633, tomó posesión de la ampliación de la merced en la Estancia San Lorenzo de Lictin.

Este latifundio es heredado por Jerónimo Luis III de Cabrera y Saavedra, apodado “el general”, quien se casó con Antonia Carbajal y Velazco y tuvieron cuatro hijos.

A su hija legítima María Rosa Cabrera casada con Juan de Echenique y Echenique, le deja como herencia la estancia de San Lorenzo. (Río de Los Sauces).

A su hijo natural, con Esperanza Tovar, llamado Juan Arias de Cabrera y Tovar, en 1686,  le dotó con tierras y estancias “por el mucho amor que le tenía y para que tenga con que sustentar conforme a su calidad de persona”. El 21 de enero de 1671, en Córdoba, se escrituró a su nombre, la Estancia San Francisco de la Buena Vista de El Cano, perteneciente a la jurisdicción del Río Cuarto.

En 1677, Juan Arias de Cabrera y Tovar se casó con Antonia Díaz Quiñones y tuvieron cuatro hijos, de los cuales Francisco y Santiago Arias de Cabrera erigieron la Capilla en honor a San Antonio.

 

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Algunas referencias:

En el Archivo del Arzobispado de Córdoba, se encuentra un bagaje  epistolar importante del que se puede colegir algunas referencias a la vida de la Capilla:

6 de abril de 1885: El párroco Alejo Torres informa que ... en la Capilla de El Cano está el cementerio en el atrio y no obstante se daba allí sepultura. Ya se ha formado una comisión para la construcción de uno nuevo y hay para ello los fondos necesarios.”

8 de mayo de 1908: El Párroco Alejo Torres responde al cuestionario enviado por el Obispado, en relación a la Capilla de San Antonio: “El curato termina al sur con el Arroyo del Canon que los separa del Departamento y Curato de Río 4º … que tiene ornamentos suficientes para celebrar … tiene casa parroquial ... en El Cano hay cementerio para disidentes.”

20 de febrero de 1909: El Padre Alejo Torres expresa: “… Por lo que hace a la Capilla del Cano debe renovarse prontamente para lo cual hace tiempo que la mayor parte de los útiles están acopiados.“

16 de febrero de 1913: Nota del Sr. Federico  López, en su carácter de Director Nacional Nº 16, solicitando al Sr. Obispo Diocesano de Córdoba Monseñor P. Bustos que ... sea nombrado cura Párroco de La Cruz, Dpto. Calamuchita al Presbítero Antonio D. Quiroga, esto sería en caso que fuera trasladado nuestro buen cura Sr. Magnoni.”

1923: El Párroco Gerardo Centurión informa al secretario Vicente S. Álvarez: “... la distancia de la Cruz a la Capilla de El Cano es de diez leguas ... son de muy poco movimiento El Cano y el Quebracho.”

1924: El día 26 de agosto, el Párroco Mascone comunica a Monseñor Dr. José A. Luque, Vicario General y Gobernador de la Diócesis de Córdoba acerca del gran deterioro de la capilla: “Por encargo de los vecinos del Cano le manifiesto a Su Señoría que se tiene en depósito unos tres mil pesos para reedificar la capilla del Cano que fue volteada hace más de seis años, y hasta la fecha nadie inicia el trabajo, que una vez que se principiara el trabajo todo el vecindario ayuda, a si me lo han manifestado, no esperamos que se inicie el dicho trabajo una vez que fuera trasladado el Sr. Magnoni, le pido en el nombre de la Santísima Virgen que nos mande el cura que pido en nombre de todo el vecindario”.

El Padre Juan J. Fassi, en nota del año 1935, en “El Heraldo de Reducción”, manifiesta que: “… A fines de 1749, el Dr. Pedro Miguel de Argandoña, Obispo de Córdoba del Tucumán, dispuso la división de los Curatos a través de una línea trazada desde la jurisdicción de la Punta (La Cruz de José Antonio) que debía pasar por San Antonio de El Cano hasta la Dormida del Avestruz. Desde allí, otra línea al S.E. debía pasar por el paraje del zanjón hasta el Saladillo, en el deslinde con Rio Tercero. Y otra línea determinaría el límite oriental, a ocho leguas al E. de Loreto en el deslinde de Santa Fe. Quedando para el Curato de Calamuchita, la siguiente distribución: Sede Parroquial: Capilla del Rosario de Soconcho; Capillas: San Javier de Calamuchita, San Ignacio de Ejercicios, San Agustín, Los Reartes, Santa Rosa, Río de los Sauces y San Antonio de El Cano.

 

Monumento Histórico de Interés Municipal:

A solicitud del “Grupo de Historia” de la localidad de Río de los Sauces, el Honorable Concejo Deliberante, a través de la Ordenanza Municipal  Nº 204/99, declara a la Iglesia de San Antonio del paraje  El Cano, MONUMENTO HISTÓRICO  DE INTERÉS MUNICIPAL, el día 2 de noviembre de 1999.

En los considerandos de dicha Ordenanza se lee:

“Que esta antiquísima construcción colonial que era de piedra, con paredes de 0,90 cm. de espesor y su planta de 14 m de largo por 5,50 m de ancho y al costado izquierdo tenía sacristía comunicada con el templo por una abertura sin puerta.

Que el techo pudo ser de dos aguas, recubierto con paja o caña sostenido por tres cabriadas de madera dura. Al frente y contiguo a la capilla estaba el cementerio.

Que el tiempo y el descuido la desmoronaron en parte, siendo refaccionado en 1924, con el agregado de elementos nuevos. Se agregó la espadaña que alberga dos añosas campanas, se cambió la puerta original. Más tarde perdió el valioso altar de madera, dos vinagreras de plata y un misal del siglo XVIII.

Que por constituir un legado espiritual único, este bien patrimonial debe ser conservado y venerado, no solo para los lugareños sino para toda la provincia.

 

Datos complementarios:

La celebración del día de San Antonio se lleva a cabo los 13 de junio de cada año.

Ubicación geográfica:

Latitud: 32º  37’  15.65’’  S

Longitud: 64º  37’  34.71’’  O

Elevación: 762 msnm

 

 

Fuentes de consulta:

  • BRINGAS DE BOARINI, Lucía: Capilla de “San Antonio” del Cano. Civitatis Mariae. Historia de la Diócesis de Villa María. Galeón Editorial. Córdoba, Noviembre de 2008.

  • Google Earth

 

 

 

 

 

Dice el Profesor Carlos Mayol Lafferrere:

En suma, la Capilla de San Antonio de El Cano, rodeada de silencio y soledad, cuidaba con unción por los lugareños, nos transmite un mensaje del pasado y nos compromete con el futuro. Constituye un legado espiritual único. Como tal debemos venerarla y a toda costa conservarla, pues forma parte del patrimonio cultural cordobés”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El historiador Víctor Barrionuevo Imposti, en el tomo I de su Historia de Río Cuarto señala que:

 “… a la docencia evangélica del Párroco, se agregaba la de los misioneros jesuitas, a partir de su sede de San Ignacio de los Ejercicios” ... uno de ellos el P. Pedro Martínez fue encomendado para visitar la frontera sur en 1747, recorriendo entre otros lugares, San Francisco de El Cano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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