ESTANCIA JESUITICA DE SAN IGNACIO DE LOS EJERCICIOS
“...
Oigo con indecible consuelo de mi corazón el aumento, que
toman los Exercicios de N .P. S. Ignacio, viendose entablada
en casi todos los Colegios tan fructuosa devoción con grande
utilidad de las almas, y no menos crédito de la Compa. Su
Antecesor el P. Arteaga me avisa de dos quantiosas
donaciones, con q. la piedad de los Señores D. Alonso de
Alfaro, y D. Pedro de Echezárraga (de a quien supongo ai en
la Compa.) intenta afianzar, y fomentar tan Sto.
Ministerio…”.
En
estos términos se
expresaba
el Padre General de la Orden, desde Roma, en su última carta
de la serie anual de 1727.
Es
así que,
el aporte efectuado por estos insignes donantes, estaba
destinado y permitió la adquisición de la estancia, que
sería la sexta de los jesuitas y, en este caso, destinada a
sustentar
de un modo prioritario
esta actividad espiritual de los Ejercicios Ignacianos en
toda la Provincia Jesuítica del Paraguay.
52.000 pesos aportó Don Pedro Echezáraga y 6.000 pesos el
general Don Alonso de Alfaro, mas otras donaciones menores le
permitieron al padre Provincial Antonio Machoni S. J., adquirir
las tierras a los herederos del sargento mayor Juan Clemente
Baigorrí y Doña Gabriela Tejeda Garay en el extenso y boscoso
Valle de Calamuchita, donde habitaban varios pueblos de
aborígenes y le llamaban “Valle de los Aolactas”. |
 |
La Capilla, que miraba al naciente hacia
la Sierra Chica,
formó parte del casco de la estancia jesuítica más extensa que
poseyeron en la Provincia de Córdoba. Conoció tiempos de trabajo
y esperanzas. Oraron en ella blancos, nativos y negros. Hoy solo
queda su perímetro hasta un metro de altura, probablemente su
piso; todo bajo un gran montículo de escombros en medio de un
añoso algarrobal.
EL Padre estanciero Martín López S. J. (Ver
Biografía)
comenzó de inmediato con las tareas de levantar las
edificaciones necesarias para el funcionamiento del
establecimiento agrícolo-ganadero. Entre ellas, sin dudas,
estaba la Capilla.

Interior del
Molino |

Interior de uno
de los Hornos |

Paredes externas
del Molino |
El 3 de abril de 1734, el P. P. Jaime Aguilar S. J., en un
memorial emitido para la estancia, ordenaba: “… 3º -
Prevengase abundantes materiales de piedra, cal y ladrillos
para que hecha la planta de la Capilla y consultada y aprovada
por mi se pueda hazer con brevedad…”.
Días después, el 20, decía: “… 13 – En viniendo el Hº Andrés
Blanqui dirigira la obra de este Colegº, y
la del Colegº Convictorio, y también la de Altagracia, Jhs.
María, y Sn. Igº. de los Exºs.: de suerte que en ninguna se le
precise, a que trabaje personalmente dho. Hº. a todas, y a cada
una de ellas pa dirigirlas” .
Más adelante ordena que : “… Pídase al Hº. Blanqui la planta
de la Iglesia de la Estancia de Sn. Ignacio, y consúltese con
los Consultores Ordinarios, y ad graviora ; y si el may nº de
votos juzgase que es decente, y facil de executar, se le avisará
al P. Martín Lopez para que la empiece luego…” “… Dedíquense
luego dos muchachos de los abiles para que aprendan el ofiº. de
albañil, sacandolos, si fuese menester, de qualquiera oficina,
donde se hallen, y no se ocupen en alguna otra cosa sino q.
siempre anden con el Hº. Blanqui, acompañandole en todas partes
pa q. Nstro. Hº. , los vaia enseñando…”.
Dice el Arq. Carlos Page, que este documento refuta lo indicado
por el Padre Sobrón S.J., cuando afirma que Giovanni Andrea Blanqui
(Bianchi)
(Ver
Biografía)
no participó en esta capilla de la estancia de Calamuchita.
Dos años tomó su construcción: 1735 y 1736. Los padres Antonio
Miranda y Ramón Huarte, el 21 de diciembre de 1736, emitieron un
importante documento que llamaron: “Lista y memoria de las
alajas y cosas, que ay en el servicio actual de la estancia de
San Ignacio , asi las pertenencias, y aplicadas a la sacristia,
y capilla, como también las que sirvan, y estan en las oficinas
de ella”. No se refiera a la edificación, solo a
pertenencias y muebles necesarios para los oficios: imágenes,
cuadros, plata, ornamentos y otros enceres. Para esta fecha,
entonces, la capilla prestaba sus servicios espirituales.
Una buena manera de acercarse a conocer como era, es leer los
trabajos de las investigadoras Benso y Signorile. El 25 de
febrero de 1769, los tasadores enviaron a Fernando Fabro el
informe de tasación encargado por la Junta de Temporalidades.
Habían pasado más de treinta años de su construcción, cuando
“ al abrir las dos pesadas manos de madera de la puerta
principal de 2,20 por
2
metros y transponer el umbral , se encuentran con la nave
sencilla pero bien ornamentada, el espacio interior de ‘
veinticuatro varas de largo y seis de ancho en claro y cinco y
tercio de alto’, aloja todas las alhajas y enseres de culto que
los padres de la Compañía utilizan en esta estancia”.

Dibujo de la Estancia de Francesc Fábregas i Pujadas

“Las paredes de adobe crudo con algunas arcadas, dan noticias a
los funcionarios de la precariedad de los materiales de
construcción, a pesar de los planes del padre Provincial Jaime
Aguilar de utilizar piedra, cal y ladrillos; las mismas apoyan
el techo ‘ de ocho tirantes con sus cañizos y tejas’ y armonizan
con el conjunto en una rústica composición”.
“Sería imposible hoy describir su fachada, pero se sabe que
sobre la portada había tres campanas, dos grandes y una chica”.
“La construcción de la capilla está a cargo de los negros que
viven en la finca, porque entre los conchabados no figuran
alarifes albañiles”.
“Debió llamarle la atención el gran cuadro de lienzo, sin marco
en el altar mayor, con la Efigie de san Ignacio y Nuestra Señora
(…) con un dosel de angaripola y su cenefa de tafetán azul y
velo de nácar. El mismo descansa sobre la coronación del
sagrario”.
“Dicho sagrario es de madera dorada, que mide: ‘tres cuarta de
alto y otras tantas de ancho, con ocho columnas y su llave
(…) contenía un copón de plata dorado con dos vasos de lo mismo,
el que e muy bien valuado por la comitiva; ‘en la freta del
sagrario una sacar con marco dorado y en el medio la Efigie de
un Santo Christo de metal chico’”…
“… En el mismo altar se halla un ‘cuadro de Nuestra Señora de
Belén adornado por la varilla con una franja de plata (…) un ara
para celebrar forrada en lienzo crudo, dos marquitos de madera
dorado en que se contiene el Evangelio de San Juan y el salmo de
Lavabo, y un atril de madera?’”.
“De ningún modo puede pasar desapercibido el altar secundario,
del lado izquierdo , en el cual ‘… se halla el ara competente
para celebrar…’ , es una efigie de Cristo crucificado ‘de
madera con encarne, de vara y media de alto..’
[1,25 metros], un respaldo de brocato (…), cinco laminitas(…)
con dos vidrios …”
“… En el cuerpo de la Iglesia dos confesionarios de madera …
también dos efigies de Nuestra señora y San José de bulto, de
unos 60 centímetros.”
“La tenue iluminación que brinda la araña de madera con cuatro
candelas o la lámpara de estaño, no es suficiente para
inventariar tantos enseres; tal vez pueden recurrir a las tres
ventanas sin puerta ‘con rejillas de alambre’, las que aunque
medianas, pueden aportar buena luz a la nave y facilitan la
escritura, otorgando una espacie de magia al recinto”.
“Recorriendo la nave encuentran la sacristía que es un cuarto
con ‘… paredes con dos estribos de piedra y barro con el reboque
de cal correspondiente (…) de ocho varas de largo, cuatro de
ancho y de tres vigas y sus costaneras, de cañizo y tejas’, cuya
puerta de una mano con su cerradura permite salir al patio de la
casa ... donde el reloj de sol cerca de los fragantes
naranjos, les indicaría a qué hora habrían terminado la jornada,
mientras tañen las campanas".
Llegó 1767 y después la Junta de Temporalidades. Los expulsos
ya estaban lejos y en la capilla hubo bautismos, catequesis y
matrimonios.
José Antonio Ortiz del Valle, el 29 de octubre de 1773, firma la
escritura de compra de la Estancia de San Ignacio
que incluía por
$32.366,
una superficie de
120 leguas cuadradas de tierras con todo lo clavado y plantado,
que se tomará su tiempo para pagar.
El obispo Moscoso le concede al nuevo propietario, el patronazgo
de la Capilla, a él y a sus descendientes, con la obligación de
hacerse cargo del mantenimiento de todos los componentes de la
misma. Este oratorio, tras un juicio del vicario de Calamuchita,
pasa a ser una capilla pública.
Buenos Aires logra
ser reconquistada derrotando a los invasores ingleses en su
primera incursión en el Río de la Plata durante 1806. Las
tropas rendidas son alojadas a 120 km de la ciudad, en el paraje
de San Antonio de Areco. El 30 de marzo de 1807 son movilizados
hacia el interior; en el contingente del Regimiento 71 marchaba
el Capitán Alexander Gillespie con destino a San Ignacio en el
Valle de Calamuchita. De su pluma, nace un diario de viaje
donde el oficial se ocupará de describir la naturaleza y geografía de
nuestro interior así como
los hábitos, costumbres, miedos y sueños de los habitantes
locales. Esa mirada particular y subjetiva se convertirá en un
libro que será publicado en Londres en 1818 con el nombre
"Buenos Aires y el interior".
Del mismo extraemos que "... poco después del alba del 3 de
mayo, nuestro descenso era lento, pero perceptible en las bastas
llanuras de Calamuchita entre los estupendos cerros de Los
Cóndores y las altas sierras de Córdoba, hasta que llegamos al
Río Grande, que nace continuo a las últimas y corre por este
valle juntándosele en su camino algunos arroyos entre ellos el
de San Ignacio cuya fuente está en la parte oriental de la
sierra. El Valle de Calamuchita, que se nos había destinado para
residencia está casi de norte a sur y limitado por aquellas
grandes extremidades que se expanden un poco al Sur Sureste
hasta tocar los confines de los indios pamperos. San Ignacio
está casi rodeado por montes y huertas teniendo un río playo a
menos de una milla del edificio. Al este y frente al colegio se
levanta una prolongación de las sierras descriptas al entrar en
el valle, no efectivamente notables por su altura, sino por
estar cubierta de árboles de la base a la cumbre. Don Ortiz,
nuestro propietario cultivaba una gran huerta con gusto y
economía. Fue la única que vi en la América del Sur conteniendo
con perfección todas las legumbres culinarias de nuestra isla o
donde crecían con algún plan ordenado. Manzanos, perales,
durazneros, nogales, membrilleros y olivos abundaban en orden
regular, y cebollas, nabos, zanahorias y repollos estaban
dispuestos según nuestra manera". [Acceda al relato completo del viaje
por territorio cordobés, haciendo
Click Aquí]


Ruinas
de la Estancia (circa 1950)


Fotografías de las ruinas publicadas en un folleto de promoción
del loteo "Villa de Sierras de San Ignacio"
(circa 1958)
Datos complementarios:
Aparecen nuevos datos sobre la estancia jesuítica de San Ignacio
Una investigación científica aporta más elementos. Y actualiza
el debate para una posible recuperación de las ruinas.
Por Carina Mongi – La Voz del Interior -22/08/2007
Santa Rosa de Calamuchita.
Un trabajo de investigación arqueológica sobre lo poco que queda
de la que fue la estancia jesuítica de San Ignacio de los
Ejercicios, en Calamuchita, efectuada a lo largo de los últimos
cuatro años con un avanzado método, reveló datos hasta ahora
desconocidos.
La principal conclusión se refiere a la capacidad potencial de
producción agrícola en alta escala que los jesuitas tenían en la
única estancia que tuvieron en Calamuchita hace 250 años y la
única que no quedó en pie.
El trabajo interdisciplinario efectuado por iniciativa del
Laboratorio de Sistemas de Información Geográfica de la Facultad
de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC)
fue ejecutado por profesionales de distintas áreas: un
arqueólogo, un geólogo, un ingeniero civil y un biólogo.
El trabajo es parte de un proyecto integral para el desarrollo
de nueva metodología, que combina la "arqueología aérea" con los
"sistemas de información geográfica". Estos métodos, por su
complejidad, son pocos usuales hasta ahora en Córdoba y
Argentina.
"Ninguna estancia de la provincia de Córdoba, ni las que han
sido declaradas Patrimonio de la Humanidad, ha sido estudiada
con esta metodología. La de San Ignacio es la más analizada
espacialmente", apuntó el arqueólogo Enrique Rossetto,
investigador del proyecto y docente de la UNC.
El método, basado en imágenes satelitales y aéreas, suma
elementos a través de otras vertientes a la documentación
encontrada hasta el momento. "A partir de la reconstrucción de
la historia desde el registro material uno puede tener precisión
y contrastar con los documentos. Sobre la Estancia de San
Ignacio, existían trabajos de investigación histórica basados en
fuentes documentales, pero a partir de las imágenes aéreas y
satelitales y de este proceso de interpretación de esas imágenes
con los sistemas de información geográfica, es decir, con
software especiales, se puede llegar a inferir una nueva serie
de elementos históricos", manifestó Rosetto a este diario.
El arqueólogo precisó que pudieron determinar la capacidad
agrícola que tuvo esta estancia de enorme extensión que usaron
los jesuitas hace unos 250 años.
"Por ejemplo, utilizamos fuentes de los inventarios que se
realizaron en momento de la expropiación de todas las estancias
por parte de la Corona Española, en 1767, que indicaban una
cifra baja de actividad, por eso muchos historiadores han
supuesto que esta estancia era sólo para producción de
ganadería", acotó Rosetto.
Para Rossetto, por el conocimiento integral del sistema de
canalización hidráulica de aquella estancia, la distribución de
los espacios y la ubicación de diferentes obras civiles, entre
otras variables, pudieron establecer las áreas de cultivo, lo
que arrojó una cifra potencial de producción agropecuaria mucho
más elevado con respecto a la que hasta ahora se suponía.
“Hemos determinado cuál era la intención, la capacidad cuando
los jesuitas planificaron la estancia, en su máxima expresión, y
determinamos que la cifra era altísima, de 250 a 260 toneladas
de maíz o trigo anual. Pero los documentos indicaban una
tonelada y media”.
El arqueólogo dijo que la hipótesis se apoya, entre otros
elementos, en las dimensiones del perchel o depósito de granos,
que se corresponde con esta cifra.
El impresionante despliegue del sistema de acequias para riego,
es otro de los factores que sustenta esa teoría. “Semejante
caudal sólo se justificaría por una distribución espacial de
esta superficie”, acotó. Tres de los ramales centrales de
irrigación (acequias) se encuentran en el ejido de Santa Rosa.
Algunos vestigios (apenas ruinas no muy cuidadas) quedan aún en
pie.
El casco central de la estancia estaba entre las actuales
Santa
Rosa y Amboy. También queda muy poco de ella. La superficie de
la estancia comprendía miles de hectáreas (más de 3.500
kilómetros cuadrados) y el área productora de cereales era de
unas 800 hectáreas, en torno al casco. “La fuerza laboral
disponible, de 239 esclavos, era una buena cantidad de mano de
obra”, añadió el arqueólogo.
“Hemos determinado que había unos 35 kilómetros de canalización,
que convierte a la San Ignacio en la más importante de todas las
que había en Córdoba en sistema de riego, fundamentalmente
pensado por el escaso nivel de precipitaciones. Algún detractor
puede expresar que los indios también cultivaban maíz, pero el
riego era necesario para lograr un rendimiento rentable. Muchos
autores sostienen que la posición de los jesuitas era
simplemente autosostenimiento, pero a partir de esta capacidad
instalada se puede pensar que había algún proyecto de excedente
hacia el futuro”, comentó.
El trabajo de investigación en marcha fue divulgado, hasta el
momento, sólo en ámbitos académicos universitarios. Sus autores
hasta brindaron una conferencia tiempo atrás en una universidad
de Torino, Italia.
Reflexión final:
La Capilla sigue esperando pacientemente, para que en algún
momento, se le devuelta la forma que el tiempo y las
circunstancias le arrebataron.
Se han hecho estudios
y
se siguen haciendo.
Muy ilustrativos son los trabajos realizados por los arquitectos
Daniel Stevenzon y Carlos Page con respecto a esta Estancia:
"Francesc Fábregas i Pujadas autor del primer relevamiento
de la Estancia Jesuítica de San Ignacio de Calamuchita en
Córdoba" - Comechingonia Virtual
"La formación de una ruina histórica: o como la Estancia
Jesuítica de San Ignacio pasó a ser arqueológica (Córdoba,
Argentina)" - Centro de Investigaciones Precolombinas
- ANTI 10
Hubo intentos de reconstrucción a mediados del siglo pasado,
hubo comisiones que volvieron a encarar el tema con motivo de
los 400 años de los Jesuitas en Córdoba. La sexta estancia sigue
esperando. Por lo hecho por Carlos III y sus súbditos locales, más
el Papa Clemente XIV, podrían darse la mano la realeza española
y el Vaticano y aportar los fondos necesarios para reavivar el
viejo casco de una empresa tronchada.

Fuentes de consulta:
-
ESCUDERO, Carlos María – Patrimonio Cultural Santa Mónica
– CD – Santa Rosa de Calamuchita, 04/03/2007.
-
BENSO, Griselda de las Mercedes y SIGNORILE Analía María –
La Estancia Jesuítica de San Ignacio de Calamuchita
– Ediciones del Boulevard, Córdoba, 2004.
-
FOGLIATI, Cecilia – La sexta estancia perdida - Revista
Propuesta Urbana Nº 37 – Abril 2002 - Córdoba.
-
GRACIA, Joaquín, S. J. - Los Jesuitas en Córdoba –
Editorial Universitaria Católica Córdoba. EDUCC – Córdoba,
2006
-
MONGUI, Carina –
Aparecen nuevos datos sobre la estancia de San Ignacio
- Diario La voz del Interior, 22 agosto 2007, Córdoba.
-
MÖRNER, Magnus – Actividades Políticas y Económicas de los
Jesuitas en el Río de la Plata – Ediciones Libertador-
Buenos Aires, 2008.
-
PAGE, Carlos A. –
La Estancia Jesuítica de San Ignacio de los Ejercicios
Calamuchita Córdoba
- Junta Provincial de Historia de Córdoba - Córdoba, 1998.
-
SCHAVELZON, Daniel y PAGE, Carlos -
"Francesc Fábregas i
Pujadas autor del primer relevamiento de la Estancia
Jesuítica de San Ignacio de Calamuchita en Córdoba"
- Comechingonia Virtual
y
"La formación de una ruina histórica: o como la Estancia
Jesuítica de San Ignacio pasó a ser arqueológica (Córdoba,
Argentina)" - Centro de Investigaciones
Precolombinas - ANTI 10
-
GILLESPIE, Alexander: "Buenos Aires y el interior" -
Biblioteca Argentina de Historia y Política - Hyspamérica -
Buenos Aires, 1986
-
Las ilustraciones fueron tomadas de las fuentes que se
mencionan.
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