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SAN JOSE

 

Tierra moldeada por manos comechingonas. Morteros, pictografías, rastros inconfundibles de aquella lejana historia. Aleros cobijando miradas extasiadas por la libertad del horizonte. Suaves lomas, atrapantes serranías, caudalosas y cristalinas aguas fluyendo vida.

 

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Don Jerónimo Luis de Cabrera, fundador de Córdoba, cede tierras a sus ayudantes por los servicios prestados al Rey de España. En 1588, otorga merced a Don Pedro Sánchez quien se convierte en el primer propietario de estas posesiones. En los documentos, se menciona que la zona era llamada Panagal y se situaba "... donde están los indios Amboyos o Ambayos ubicados a trece leguas de Córdoba". De acuerdo a las actas realizadas en la época, los primeros habitantes registrados fueron soldados de Cabrera. Otra merced importante, en la zona, es la recibida por Don Manuel de Fonseca y Contreras, que fuera uno de los más ricos terratenientes de Calamuchita.

Eduardo E. Berberián y Beatriz Bixio en su trabajo "Etnografía de la Región", publicado en la Revista Comechingonia y a propósito de las mercedes otorgadas, aseguran que "... habiéndose perdido el libro, en el cual se asentaban todas y cada una de las encomiendas otorgadas en Córdoba, solo se cuenta con citas aisladas en las que se expresa el nombre del encomendero y de algunos pueblos (casi nunca de todos), por lo que resulta sumamente difícil determinar con precisión los pueblos y parcialidades otorgadas en cada caso. De igual manera, es imposible determinar con exactitud si estas encomiendas se transmitieron completas de un poseedor a otro". 

La Compañía de Jesús a partir de 1620, comienza a comprar dominios en el extenso y boscoso Valle de Calamuchita, al que llamaban "Valle de los Aolactas".

Misionan por toda la región y compran tierras a los herederos del sargento mayor Juan Clemente Baigorrí y Doña Gabriela Tejeda Garay, gracias a las donaciones efectuadas por Don Pedro Echezárraga y el general Don Alonso de Alfaro; fundando,  el 20 de julio de 1726, la Estancia Jesuítica de San Ignacio de los Ejercicios.

Amboy, dentro de esta extensión de campos, ya era un pequeño asentamiento de pastores que actuaba como centro de comercialización y trueque de frutos de la tierra.

Un oratorio, nacido alrededor del año 1700 era el convocante de la fe en aquel caserío que, poco a poco, se fue gestando. Ese ámbito, de muros de adobe y techo de paja, tuvo influencia en la formación del pueblo ya que el cura, en las inmediaciones de la capilla, les ofrecía una fracción de terreno a las familias de la comarca y a las que bajaban de la sierra para asistir a las fiestas patronales o a sus transacciones comerciales. Así se fueron formando las parcelas de los Torres, la de los Rivarola, la de los Verde; quedando cada una de ellas en posesión de sus descendientes. Construyeron habitaciones o viviendas rudimentarias como alojamiento para los mencionados eventos.

 

Restos de las paredes primigenias del oratorio

 

En 1749, atento a que los Curatos eran de grandes extensiones y muy desmembrados, el obispo de Córdoba del Tucumán (1745-1762), Pedro Miguel de Argandoña (1693-1775) procede a dividir el Curato de Río Cuarto creando el de Calamuchita. Dentro de éste, quedó la Capilla de Amboy la que era visitada, de vez en cuando, por el Cura y Vicario Vicente Peñaloza.

Del Curato de Calamuchita, en 1862, se escindió el de San Agustín al que pertenecen ocho capillas: Los Molinos, Los Reartes, Santa Rosa, Calmayo, Las Bajadas, Yacanto,  San Agustín como parroquia y Amboy. Se nombraron los tutelares, correspondiendo a esta última: San José y la Santísima Virgen del Carmen.

Con respecto a la tutela de la Capilla, un documento de 1764, firmado por Don Rafael Núñez, Marqués de Sobre Monte, en su carácter de presidente de la Junta Municipal de Córdoba, dice "... que ha prestado su anuencia como vice patrono real para la erección de dos capillas, una bajo advocación de San José en Amboy y la otra la de Nuestra Señora del Luján ubicada a una legua al norte de San Ignacio".

Escasa documentación se refiere al viejo Oratorio o Capilla; en un inventario del 31 de agosto de 1885, con la firma del Cura y Vicario Casimiro Méndez, se mencionan, entre otras cosas, "... tres crucifijos que dejaron los padres Jesuítas, de recuerdo en la misión de 1878".  Se estima que la construcción de la primera capilla fue iniciativa de los jesuitas que misionaban en la zona.

En abril se 1813, tres años después de la Revolución de Mayo de 1810, el rey de España, Fernando VII, nombra a Don Tomás de Zarazaga, subteniente de las Reales Fuerzas de España, como Capitán de Tierras de Amboy. Los lugareños aceptaron sin inconvenientes el hecho, prescindiendo del pronunciamiento de Mayo y la familia Zarazaga se integró plenamente a la vida amboyense.

Alrededor de 1880, los vecinos de la villa sintieron la necesidad de tener una nueva capilla, ya que la que disponían muy simple de planta rectangular con piso de ladrillones coloniales y techo con cabreadas de madera, quincha, barro y paja; era muy pequeña y deteriorada. Comenzaron a movilizarse para conseguir los fondos para concretar la obra. El párroco de San Agustín, se encargó de traer al constructor.

En su trabajo "Amboy: tierra histórica con encanto natural", Armida Tagliasachi consigna que, "... un día, allá por el año 1885, hubo corridas y comentarios en el pueblo; una persona recién llegada, casi nada traía consigo, tan solo el enorme deseo de trabajar y una voluntad inquebrantable con temperamento de granito". Era Samuel Isidro Sánchez.

Contiguo a los restos de aquel Oratorio, el maestro mayor de obras Sánchez, con la ayuda de un solo peón, inicia en 1885, la obra de construcción del actual Templo de San José, que finalmente concreta con su inauguración en 1900, bendiciéndose en marzo de aquel año. La leyenda popular atribuye a que el constructor cumplía con el rito de rezar un Padrenuestro cada vez que un ladrillo era colocado.

Por nota firmada por el Dr. Filemón Castellano, fechada en San Agustín el 6 de mayo de 1901, se declara que "... la capilla de Amboy ha sido edificada y paramentada convenientemente y se presenta en perfecto estado de aseo y ornamentación". Felicita, además, al cura Juan B. Martínez por su servicio personal.

 

La capilla San José

 

 

Orientada al nor-noreste, la fachada de la capilla está retirada de la línea municipal, generando un reducido atrio. En estilo neoclásico, se desarrolla en tres estratos bien definidos, separados por sendas cornisas.

En el inferior, tres vanos indican el ingreso al templo. El del centro es de mayor ancho y culmina con arco rebajado, mientras que los otros dos lo hacen con arcos de medio punto, comenzando todos en pequeñas impostas. Pilastras dobles en los costados y simples entre vanos los enmarcan. El conjunto se asienta en un zócalo bajo, remarcado por su fuerte color ladrillo. En el segundo nivel se repiten los componentes formales con diferenciaciones: los vanos laterales son ciegos y en el central se incorpora la ventana coral de gran dimensión.

 

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Una cornisa de iguales características que la inferior, da cierre superior al nivel medio y es base del tercer nivel, donde se desarrollan dos torres campanario, de sección cuadrada con un vano, terminado en arco de medio punto, en cada cara. Esta sección termina con una losa, con cornisa de igual dimensión que las anteriores, sobre la que se asienta un tambor y cono circular; culminando todo con cruz de hierro forjado.

 

 

 

 

Video - Año 2007

 

 

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Al templo de una sola nave, se ingresa por los vanos descriptos, atravesando el nártex ubicado en el sotocoro. El ingreso se hace por una puerta doble de cedro a un sagrado recinto que tiene 22,50 m de largo por 7,50 m de ancho, con sacristía y contra sacristía. A los pies de la nave está el coro alto, al cual se accede por una escalera exterior del lado de la epístola, cuyo frente es parte de la fachada. Las paredes, que son de ladrillo cocido, tienen un espesor de 1,00 m de la base y 45 cm en lo alto.

 

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El techo es una bóveda de cañón muy original, de bella factura. En gruesos arcos fajones cuya generatriz es un arco de medio punto, se asientan, en el trasdós, tirantes de madera de álamo, achuelados, dando una rústica sección cuadrada, con una separación aproximada de 20 cm, formando la bóveda. Sobre ellos se colocó la capa de bovedillas a la vista y luego la capa de compresión de concreto.

Se desarrolla en seis tramos. Cada arco se complementa con los contrafuertes, en ambas fachadas laterales, que absorben los esfuerzos estructurales, formando un pórtico, cuyo cierre superior genera sendas costillas sobre la bóveda.

El 1940 esta bella estructura fue cubierta con un cielorraso que, criteriosamente fue retirado en el año 2000, dentro de las tareas de restauración con motivo del Centenario de la Capilla.

En los muros laterales, en correspondencia con los contrafuertes exteriores, hay pilastras con basa y capitel. Sobre ellas se desarrolla una pronunciada imposta desde el coro alto hasta el altar mayor.

 

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Sobre la imposta, en los tramos tres, cuatro y cinco, seis ventanas cuadradas, dan buena iluminación al templo. El intradós de los arcos fajones comienza sobre la imposta y las bovedillas sobre el dintel de las ventanas.

En el primer tramo de los muros laterales, se desarrolla el presbiterio demarcado por un desnivel de piso y una reja de hierro forjado. A ambos lados, se ingresa a las sacristías por vanos con arcos de medio punto, bellamente enrejados.

En el segundo tramo, sobre peana, San Cayetano y a su lado el púlpito. Del lado de la epístola, un Cristo Crucificado. En el tercer tramo, lado izquierdo, altar dedicado a la Virgen del Perpetuo Socorro y al frente, altar dedicado al Sagrado Corazón.

 

 

El altar mayor está compuesto por tres calles marcadas por columnas circulares lisas con basa y capitel corintio. En la calle central, que llega hasta la bóveda, culminando con arquitrabe y sobre él, tímpano curvo truncado; en la hornacina del centro está la imagen de San José, el Santo Patrono; acompañado en la calle lateral izquierda, por la imagen de la Santísima Virgen del Carmen y a la derecha, por la imagen de San Roque.

 

 

 

Samuel Isidro Sánchez (1864-1938)

 

Armida Tagliasachi en su obra "Amboy: tierra histórica con encanto natural" proveé una necesaria herramienta cuando se desea reconstruir la biografía del constructor Samuel Isidro Sánchez quien nace en Villa del Totoral, Dto. Río Primero, el 15 de mayo de 1864.

Con jóvenes 21 años y proveniente de Calmayo, llega a Amboy en 1885; lo moviliza el propósito de construir una nueva capilla, objetivo que cumplirá tal como lo había soñado.

En esos tiempos, sus medios eran muy precarios. Comenzó por instalar un horno de ladrillos en el campo de don José Sánchez, cercano al viejo y conocido ombú. El resto de los materiales llegaba en carretas.

Fueron cinco años de continua labor desempeñándose como albañil, capataz, arquitecto y administrador de recursos. A comienzos de 1900 la obra había concluido.

Samuel no regresó al lugar de donde había provenido. El 12 de noviembre de 1901, una vez terminada su tarea y en la flamante capilla que acababa de construir, se casó con doña Raquel Ramos, una mujer fuerte, de carácter afectuoso, seria y muy religiosa. Fruto de esa unión, María Miranda, Samuel Félix, María Raquel, José Carlos y Jesús Rudecindo fueron los cinco hijos gestados.

Este gran constructor que con tanta pasión había encarado la obra, no solo puso su trabajo, sino que, además aportó dinero, lo que lo llevó a la quiebra. A los 36 años de edad debió cambiar de profesión. Se dedicó a la agricultura en el campo que le regalara Don José Sánchez, tío de la esposa. Tagliasachi describe que, en esas tierras, "... trabajaba con el júbilo de la gente sencilla, el júbilo simple y bueno, que nace de las cosas pequeñas y humanas".

Samuel Isidro Sánchez, el constructor, falleció en Amboy, el 5 de septiembre de 1938.

 

Samuel Isodoro Sánchez y Raquel Ramos

 

Fundación Oficial

 

Amboy es un pueblo que se ha formado de modo espontáneo a lo largo de muchos años, habiéndose tomado como fecha de fundación oficial el 23 de julio de 1896, cuando se aprueban en Catastro de la Provincia los planos de la villa. En los últimos años del siglo XIX, se cumple en Córdoba un proceso de creación de los juzgados de paz, los registros civiles y se hacen las primeras mediciones de catastro.

 

 

El Codificador

Dámaso Simón Dalmacio Vélez Sarsfield (1800-1875)

 

"La figura original de nuestro sabio Codificador no volverá a repetirse, las generaciones nuevas han hecho su pleno advenimiento y el molde singular en que fue vaciado, ha sido roto".

"La gratitud nacional debía tener un intérprete en esta ocasión, e inclinándome con respeto profundo dejo caer de mis manos sobre los restos mortales del Dr. Vélez Sarsfield el puñado de polvo que separa por la eternidad a los muertos de los vivos"

Nicolás Avellaneda

 

“La tradición familiar indica que Vélez Sarsfield nació en Amboy, sin embargo, ninguno de sus biógrafos ha encontrado documentos oficiales que lo acrediten”, manifiesta Florentino Izquierdo en su libro "Vélez Sarsfield: Vida y Obra Codificadora".

Enrique Martinez Paz, uno de sus principales biógrafos, dice que no hay dudas que su nacimiento fue en Amboy. Según este autor será la hija del codificador, Aurelia Vélez, quien señale que,”  …doña Rosa Sarsfield, estando en camino, se sintió enferma al llegar a uno de esos pueblitos que jalonan el valle, Amboy, y dio a luz al último de sus hijos ... la abuela iba camino a Calamuchita cuando el tiempo del parto le llegó en Amboy, el 18 de febrero de 1800, tenía los nombres de Dalmasio Simón". 

Para Florentino Izquierdo "... partiendo del hecho que el original de la partida de óleo y crisma, se mantiene sin modificaciones, no quedan dudas de que, formalmente, el codificador se ha llamado Dámaso Simón".

La historia oficial señala, entonces, que Dalmacio Simón Vélez Sarsfield nació en Amboy, el 18 de febrero de 1800. Fueron sus progenitores, Dalmacio Vélez Baigorri y Rosa Sarsfield Palacios casados, en 1775, en la Capilla de San Ignacio. Del trabajo realizado por Luis Moisset de Espanés titulado "Dalmacio Vélez Sarsfield" podemos acceder a la información que Dalmacio, siendo el menor de todos, tenía diez medio hermanos y seis hermanos y que el padre deja, al fallecer el 19 de junio del mismo año, nombrado como albacea de sus bienes a uno de los hermanos mayores con el mandato de la venta de una suerte de tierras para saldar las muchas deudas que poseían. El autor amplía al respecto diciendo que "... pese a la enorme estrechez económica, la viuda se esforzará por brindar educación a sus hijos".

Con tal objetivo se traslada a Córdoba donde Dalmacio estudió en el Colegio del Convento de San Francisco, luego en el Colegio Monserrat, pasando de allí a la Facultad de Artes y a los 18 años, está en condiciones de matricularse en primer curso de leyes, cursándolo en los años 1818 y 1819.

En marzo de 1820 comienza su práctica en el despacho de Dámaso Gigena, de quien recibe certificados muy elogiosos, por su capacidad y constricción al trabajo. Luis Moisset de Espanés es concluyente al asegurar que "... Vélez era ya un lector insaciable, característica saliente de su personalidad, que conservó durante toda su vida".

Aprobó todos los exámenes necesarios y comenzó de inmediato su actividad profesional, solicitando al mismo tiempo su admisión en el foro de Buenos Aires.

Moisset de Espanés lo ubica en 1823 en Buenos Aires, más precisamente en "... la casa de su primo, Manuel Jesús Piñeiro, con cuya hija Paula, contrajo matrimonio poco tiempo después. Su primera esposa fallece en 1831, habiendo tenido con ella a su hija Vicenta. En 1834, contrae matrimonio en segundas nupcias con Manuela Velázquez, con quien tendrá cuatro hijos: Constantino, Bernardo, Rosario y Aurelia".

Será esta última, Aurelia, quien documentará en numerosas misivas distintos y especiales momentos de la vida y vivencias de su padre.

Es en 1824 cuando se convoca al Congreso Constituyente (1824-1826); inicia, así, su actividad política adhiriendo a las ideas del grupo unitario que lidera Rivadavia. Seis años después, al ser desplazado Rivadavia de la presidencia, Vélez cae en desgracia.

Alejandro Jasisnski en un pequeño texto dedicado a Vélez Sarsfield en elhistoriador.com.ar describe que "... la asunción al gobierno de Juan Manuel de Rosas trajo tensiones en sus proyectos. Con él mantuvo una relación tirante que lo hizo regresar a Córdoba y finalmente exiliarse en Montevideo.

En 1831, obtiene autorización para volver a San Nicolás, donde fallece su esposa Paula, siguiendo luego su rumbo hacia Buenos Aires.

Araceli Bellota en su libro "Aurelia Vélez. La mujer que amó a Sarmiento" da cuenta que la hija de Dalmacio escribe que, al lograr regresar a Buenos Aires en 1846, su padre encuentra que su "... casa estaba a fuer de salvaje, embargada, habitada por extraños; sus muebles y preciosa biblioteca, rica en obras de Derecho y de manuscritos históricos, había sido desparpajada por el martillo del rematador. Su quinta había sido partida en dos ... los techos, las ventanas, las puertas ... sacadas por el juez de paz para su uso personal; y en la estancia de Arrecifes que dejó poblada con 16000 cabezas de ganado ... una mancha blanca sin pastos y algunos montones de escombros y basuras que señalaban al pasante el lugar donde había habido casas, establos y galpones".   

Moisset de Espanés consigna en su estudio sobre la vida de Vélez Sarsfield que, su prestigio intelectual, hace que el mismo Rosas lo consulte en dos temas centrales como "... la cuestión de límites con Chile y el régimen del patronato para la provisión de sedes episcopales". Será este último el que lo llevó a redactar su obra sobre Derecho Público Eclesiástico.

De esta etapa, Araceli Bellota describe como Aurelia "... debió asistir perpleja al cambio de Dalmacio, que de perseguido político se convirtió en asiduo asistente a las tertulias de Palermo donde entabló amistad con Manuelita Rosas". Es tan significativo el cambio que la autora resalta como Lucio V. Mansilla al visitar la casa de Rosas opta por utilizar una excusa para poder retirarse y, así, evitar ocupar "... un asiento en la mesa, al lado del Doctor Vélez Sarsfield".

Según la autora, Dalmacio "... no cambió su pensamiento político, no tuvo problemas en mimetizarse con el régimen, lo que le permitió garantizar la tranquilidad de su familia". Guardando esas pautas se hacía acompañar por Aurelia "... adornada con los reglamentarios distintivos federales ... al besamanos sin protocolos que una vez por semana la hija del Gobernador celebraba junto a los amigos más cercanos".

Al ser derrotado Rosas por Urquiza, en 1852, Vélez no paga ningún precio pos su ambigüedad, por el contrario es elegido diputado ante la Legislatura de Buenos Aires, Ministro de Gobierno de Obligado (1857), miembro de la Convención Provincial Constituyente de 1860 y luego de la Convención Nacional del mismo año, Senador por Córdoba al Congreso Nacional en 1862, Ministro de Hacienda del presidente Mitre (1863-1863) y ministro del Interior del presidente Sarmiento (1868-1872).

Moisset de Espanés asegura que "... en todas esas tareas puso dedicación completa e inteligencia para contribuir al proyecto de engrandecimiento del país. Su paso por la cátedra de Economía Política dejó en él, una marcada atracción por esa ciencia nueva y dedicó largas horas a su estudio".

La obra jurídica más importante de Dalmacio Velez Sarsfield, es la tarea que cumplió en la redacción de los dos marcos regulatorios y legales del derecho privado argentino; los que, asumirían los nombres de "Código de Comercio" y "Código Civil".

En el caso del primero siendo, en 1857, Ministro de Obligado encargó al jurista uruguayo Eduardo Acevedo el proyecto del Código de Comercio para la provincia de Buenos Aires. Vélez aportó más de 400 artículos, de puño y letra, y su opinión fue fundamental en materia de letras de cambio. El proyecto fue aprobado en 1859 y el Congreso lo adoptó como Código para toda la Nación en 1862.

En cuanto al Código Civil, fue el presidente Mitre quien, en 1862, le encargó la redacción de dicho Proyecto. Tres años después, tras una ardua tarea, comenzó a remitir los proyectos de los distintos libros, al Poder Ejecutivo.

El biógrafo Luis Moisset de Espanés sintetiza que "... el Código tiene el mérito de haber sabido conjugar armoniosamente la tradición jurídica hispana, las costumbres del país y la más moderna doctrina civilista, por la lectura de los más destacados comentaristas del Código Napoleón. También consultó la legislación comparada de la época, principalmente a través de la obra de Saint-Joseph".

El presidente Sarmiento remitió el proyecto al Congreso, el 25 de agosto de 1869. Es aprobado el 25 de septiembre (Ley 340) determinando que el Código Civil, redactado por Dalmacio Vélez Sarsfield se tendría como ley de la República Argentina desde el 1º de enero de 1871.

El 1° de mayo de 1871, al abrirse las sesiones del Congreso, el Presidente Sarmiento hizo en su mensaje un acabado elogio de su ex Ministro Vélez: "... me hago un deber en expresar ante el país un sentimiento por la reciente separación del Ministerio del Interior, que deja como actos suyos en la vida nacional, los Códigos Civil y Mercantil, el primer Censo de la República y la red de telégrafos. El Doctor Vélez Sarsfield al dejar, por su edad avanzada, el Ministerio, se retira igualmente de la vida política y he creído que esta circunstancia excepcional y sus prolongados servicios me autorizan para consignar estas palabras en su honor".

En su retiro, el insigne amboyense, no renunció a sus afanes intelectuales hasta que el final de su vida llega el 30 de mayo de 1875.

Araceli Bellota, en su libro, muestra a Aurelia Vélez absorta frente a los "... cinco cañonazos disparados por la Batería Once de Setiembre cuando pasaron por la Plaza del Retiro", a las inesperadas presencias en primeras filas, a los contenidos de los discursos que, en carácter de homenaje, le tributaban a su padre recién fallecido. La autora concluye que, quizás, un solo texto hubiese satisfecho a Dalmacio en plenitud, el de su único y sincero amigo Sarmiento al decir "... que descansen en paz las cenizas de mi amigo, y del gran servidor de su país. Con ellas desaparece todo lo que a la fragilidad humana pertenece. Quedan con nosotros, y las sentirán las generaciones futuras, las fuertes emanaciones de su alma, hechas carne en el desarrollo comercial, en el bienestar que difunde el crédito, en la justicia que extirpa el mal por la aplicación práctica de las leyes ... adiós, viejo Vélez".

 

 

 

Datos complementarios

 

Coordenadas geográficas:

Latitud: 32° 10' 28,24" Sur

Longitud: 64° 34' 23,64" Oeste

Altitud: 602 msnm

 

San José le da cobijo a los horneros y su Propiedad Horizontal

Imagen de Agencia Córdoba Turismo

 

 

 

Fuentes de consulta:

  • Jasinski, Alejandro: "Dalmacio Vélez Sarsfield" - www.elhistoriador.com.ar

  • Moisset de Espanés, Luis: "Dalmacio Vélez Sarsfield" - www.acaderc.org.ar

  • Pérez, Tristán: "Amboy, en el silencio de las sierras de Córdoba un pueblo con historia" - Departamento de Prensa - UNRC.

  • Tagliasachi, Armida: "Amboy: tierra histórica con encanto natural" - Editor, Ministerio de Gobierno, Coordinación y Políticas Regionales - Córdoba, 2005.

  • Izquierdo, Florentino Valerio y otros: "Vélez Sarsfield: vida y obra codificadora" - Premio "Ministerio de Justicia de la Provincia de Córdoba, Año 2000" - Ediciones de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba.

  • Martínez Paz, Enrique: "Dalmacio Vélez Sarsfield y el Código Civil Argentino" - Ediciones de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba, 2000.

  • Berberián, Eduardo E. y Bixio, Beatriz: "Etnografía de la región" - Revista Comenchingonia - Volumen 6 - UNC, 1988.

  • Bellota, Araceli: "Aurelia Vélez. La mujer que amó a Sarmiento" - Ediciones B Argentina SA para el Sello Zeta Bolsillo, 2011.

 

 

 

 

 

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