SAN JOSE
Fotogramas
La
hora de la siesta inundaba de modorra el ronroneo del motor; el
polvo entraba por las ventanillas hiriendo las inevitables ganas
de respirar. El calor flotaba denso sobre el asfalto vacío y
alguna iguana aburrida, lenta, se cruzaba con un cuis veloz.
Se
observaban y se ignoraban. Ellos podían, mientras que para uno
el destino sería: nadie a cruzar, nadie a quien ignorar.
Desde Oliva son 20 kilómetros vestidos, a derecha e izquierda, con
sembradíos teñidos de verdes y ocres. En un lejano punto el
camino se hunde, linear o con suaves curvas, en la nada.
La
nada no es nada; por el contrario, el destino tenía nombre e
historia.
En
el mientras tanto, la mente gusta de estos momentos para
construir sus sueños, para que las imágenes vuelen sin control y
que, una vez liberadas a su suerte, fluyan deshilachadas
mientras, de modo arbitrario, jugamos a atraparlas de las
faldas, unirlas con precarios pegotes intentando fabricar, como
infantil juego, una película con argumento, guión y final
inesperado.
Es
así como una comunidad comechingón se materializó flotando entre
brillos de sol y tosquedad de la tierra. La foto puesta en foco
desnudó ojos temerosos e inseguros. En el centro del cuadro los
hombres dudaban sobre que hacer mientras las mujeres,
temblorosas y llorosas, abrazaban a sus críos. Algo pasaba, algo
en el aire los hacía atemorizar.
Una
noticia, una mala nueva absurda e inexplicable había llegado a
ellos. Se hablaba de seres parecidos pero no iguales, que
hablaban pero no igual, que vestían para nada igual, que podían
hacer mucho daño con nada igual a algo, por ellos, alguna vez
visto.
La
película se disfuma en otras escenas junto a un caudaloso río
donde descansan hombres sucios rodeados de caballos, mulas,
armas, cruces. Saben bien de los otros no iguales y sobre todo
saben bien que harán con ellos. Hacía meses que venían caminando
desde distintos puntos cardinales buscando ciudades tapizadas de
oro y plata, una manada de desesperados enfermos de lujuriosa
ambición.
Los
pedazos separados de celuloide, se chocan, se superponen, se
tiñen de sangre. El sonido se deforma en aullidos, las fotos se
desgarran, se parten, sucumben; la historia empieza a escribirse
de otro modo.
En
el último fotograma una mano curtida y blanca dibuja sobre un
amarillento papel, con pluma y negra tinta, la palabra "Fin".
Las
imágenes desaparecen de la mente, un puente se deja ver a unos
cientos de metros; a nuestra derecha, un desparramo de casas
bajas nos avisan que estamos en Pampayasta Norte.
Habíamos llegado.

Sobre las tierras
Los primeros
expedicionarios españoles que transitaron la zona de la actual
Pampayasta tomaron contacto con los Macaclitas como así se
definían los Comechingones que ocupaban tanto el extenso actual
Valle de Calamuchita como así también los faldeos orientales de
las sierras que oficiaban de límite occidental de dicha fértil
llanura rica en ríos caudalosos y arroyos cristalinos.

Sebastián Gaboto |
Sebastián Gaboto o
Caboto o Cabot, al momento del descubrimiento del Río de La
Plata, contaba entre su variopinta tripulación con un jóven
aventurero, portugués para algunos o español de Córdoba para
otros, conocido como Francisco César quien llevaría adelante una
expedición que, junto a un pequeño grupo, parte en noviembre de 1528 del
Fuerte de Sancti Spiritus que habían construído sobre las
márgenes del Río Paraná. No más de veinte o treinta hombres son los que
inician la expedición divididos en tres grupos. Según José
Toribio Medina: "uno que tomó por los querandíes; otra por
los curacuraes (caracaraes) y la otra por el río de la Curacuraz
(Carcarañá)". Es así que por este río ingresan a las tierras
bañadas por el Río Ctalamochita, actual Río Tercero.
En su libro
"Esbozo para una historia del descubrimiento y Conquista de
Córdoba" el Profesor Antonio Serrano asegura: "César
y sus compañeros, después de seguir el curso del Tercero, se
internan en el Valle de Calamuchita, atraviesan la sierra de los
Comechingones y llegan al valle de Conlara (actual San Luis)".
Solo la mitad logró
regresar al Río de la Plata antes de la destrucción del Fuerte y
de allí a España; llevaban dos indios esclavos y el relato de la
existencia de una ciudad que pasó a conocerse como
"de los Césares" o "Trapalanda" o
"Linlín" que, cubierta de oro y plata, se convertiría en la
meta de numerosos expedicionarios que murieron sin encontrarla
jamás.

Diego de Rojas parlamentando con los naturales
Uno de
ellos sería Diego de Rojas quien, en 1539, había probado llevar
a la práctica la dura empresa de llegar, desde el norte, al Río
de la Plata.
Su ruta
implicaba ingresar a través del actual Chaco argentino
pero la intentona devino en inviable y terminó en un total
fracaso.
En 1543, por
decisión del Gobernador del Perú Don Cristóbal Vaca de
Castro, Diego de Rojas tuvo su segunda oportunidad. En esta
nueva experiencia alcanza los
hoy territorios de Tucumán y Santiago del Estero.
Serán
Francisco de Mendoza y Nicolás de Heredia quienes, producto de la muerte
de su jefe herido por una flecha envenenada que le
arrojaron los juríes en Maquijaca (actual Santiago del Estero), se harán cargo de
continuar con el proyecto. |

Diego de Rojas |
Según
Levillier los aventureros decidieron permanecer "...
en la dicha provincia de soconcho ..."; de donde,
tras nuevos cruentos ataques, se trasladan a "... la
provincia de yugitas [diaguitas santiagueños] ...
adonde hallamos mucha comida de maíz y algarroba e
chanar e muchas ovejas, donde estuvo asentado dicho real
casi un año."
Con la
colaboración de un natural, en 1545 Francisco de Mendoza
parte de Salavina sobre el Río Dulce en dirección
sudeste iniciando, así, la búsqueda de una ruta hacia el
Fuerte de Gaboto. Las lluvias le complican el avance
atento que el Río Dulce inferior ingresaba con un
elevado caudal en una geografía donde las salinas, los
bañados y pantanos
lo obligan a replantear su camino. Si bien el tiempo
probaría que la dirección hacia el Paraná era la
correcta, el expedicionario creyó haber
sido engañado por el guía a quien mata y retorna a la zona de los yugitas.
Reorganiza su gente y toma
la decisión de dirigirse hacia el sur bordeando las Sierras de Sumampa, supera la actual Ojo
de Agua y accede a Cerro Colorado. Documentos
referenciados hacia 1566 dan cuenta de la existencia en
este sitio, rico en pictografías indias, de un pueblo
comechingón identificado como "de Nicolás Diaz"
que, según el texto del Prof. Antonio Serrano, se
hallaba "... a catorce leguas de
Sumampa y a diez de Ansenusa. Este lugar debió quedar en
el actual departamento de Río Seco, hacia la cuenca del
Dulce."
El nombre
de este pueblo
haría suponer, con sensatez, que un miembro de la
expedición de Mendoza optó por abandonar la aventura y
radicarse en dicho sitio.
La traza
seguida por los expedicionarios los llevaría hacia la zona de Quilino donde se
encuentran con una gran comunidad comechingón y de allí
continuaron hacia el sur por la zona de Toco Toco
(actual Cruz del Eje) generando otro mojón con la
construcción, en la actual Escobas, de un Fuerte que,
por las historias posteriores vividas, devino en adoptar
el nombre de Fuerte Malaventura. Aquí, con parte de los
hombres, permanece Nicolás de Heredia.
Mendoza
continúa la marcha y lo ubicamos, con razonable grado de
certeza, en lo que hoy conocemos como traslasierra, tal
vez más allá de la zona de la Sierras de Pocho o las de
Guasapampa, al oeste de Minas y en procura de la zona de
Panaholma. Más al sur y desde el Valle de Conlara inicia su camino
hacia el este que lo lleva a encontrarse con el Río Ctalamochita (Tercero) para luego, recorriendo sus márgenes, acceder al Carcarañá
y finalmente al Paraná; llegando, así, hasta el destruído
Fuerte Sancti Spiritu.
Propone subir por el Paraná con
destino a Asunción pero sus hombres se revelan y lo
convencen de volver.
De regreso
en la "provincia de los yugitas" y de resultas de
una conjura alentada por Nicolás de Heredia, Francisco
de Mendoza termina siendo asesinado. El grupo
sobreviviente decide regresar al Perú.
El
historiador español Diego Fernández de Palencia
(1520-1581) dirá a propósito de los expedicionarios que
son "... de la mejor gente y más famosa de todas las
Indias, soldados de gran pundonor y valientes y ha
durado hasto hoy día tanto su fama en el Perú, que
puesto que ha habido otras muchas conquistas y entradas,
con ninguna se tiene la cuenta que con esta y con los
que a ella fueron."
Comenzaba
la segunda mitad del siglo XVI, el Gobernador de Charcas
propone a Juan Núñez de Prado descripto como "hombre
bueno y de buen trato" para algunos y
"ombre
cruel, porque se
le vió fazer crueldades muchas"
para otros, para que lleve adelante la misión de radicar
una población en el Tucumán. Será Núñez de Prado quien
en 1550 fundará en la Quebrada de los Andes del Tucumán
la Ciudad del Barco. Este será su primer asentamiento.
Las pujas por la posesión de la región del Tucumán
pusieron en disputa al Gobernador de Chile Pedro de
Valdivia y a las autoridades del Alto Perú. El litigio
significará la re-localización del Pueblo en Barco II
(1551, en la actual Salta) y Barco III (1552, sobre el
Río Dulce en la actual Santiago del Estero). Finalmente, el puesto de Gobernador del Tucumán, en
nombre de Valdivia, será asumido por Francisco de
Aguirre, Alcalde del primer Cabildo de Chile, quien
fundará la ciudad de Santiago del Estero en 1553.

Francisco de Aguirre |
Roberto Levellier, en
"Nueva crónica de la conquista de
Tucumán", recopila que Aguirre, "... no obstante
sus fallas, era derecho, abierto, recio y de claro obrar
con unos y otros". Sobre su relación con los
naturales, el escritor aseguraba que "le amaban ...
porque les hablaba y trataba con verdad".
Convencido de la necesidad de erigir una ciudad en el
camino entre Santiago del Estero y el Fuerte de Gaboto
inició una exploración por las tierras de los
Sanavirones para lo cual
recorrió el Río Bermejo en dirección al Paraná y por
éste hasta la confluencia con el Carcarañá para luego
remontar, en el actual territorio cordobés, por el
Ctalamochita; para, finalmente, regresar a la novel
ciudad fundada junto al Río Dulce. |

|
José Toribio Medina en su
"Colección de documentos para la historia de Chile" da cuenta
que en 1556 se testimonia que Francisco de Aguirre desde su
cargo de Gobernador de Tucumán tiene por intención extender la
fundación de poblaciones hacia las lejanas fronteras y que
"algunos de los tales pueblos tendrían contratación con la
Fortaleza de Gaboto, que es en el Río de la Plata, cerca de la
Mar del Norte (Océano Atlántico), señaladamente un pueblo
que está visto se puede poblar en la provincia de los
Comechingones, que estará a distancia de ochenta o cien leguas
de la dicha mar y puerto de Buenos Aires, donde llegan los
navíos de Castilla, e de allí se puede proveer esta tierra de
todo lo necesario, sin que los naturales reciban ningún trabajo,
trayéndole en carreta, porque está visto el camino ser llano y
aparejado para ello".
En sus cartas, Aguirre
aseguraba que la nueva ciudad estaría en una zona
que eran "la mejor y más rica de cuanto yo he
visto". Con esta motivación el Gobernador emprendió
la marcha el 13 de mayo de 1566 "... en seguimiento
de una tierra que se dice Anzenusa, valle de muchos
indios que se llaman Comechingones", según el texto
que vuelca el Licenciado Juan Matienzo en su libro
"Gobierno del Perú".
El Licenciado Juan de Matienzo en "Gobierno del Perú"
de 1567 asegura que Aguirre "... quería
hacer un pueblo en una isla entre dos ríos, uno de el
Estero y otro del Río Salado que se juntan allí en
hansenusa y curunera."
Será el mismo Juan de Matienzo quien describe el camino
seguido por el conquistador: "La primera jornada es
un lugar de indios que se dice Manogasta, que cae a
cuatro leguas de Santiago. Desde Manogasta a
Ayachiquiligasta ay tres leguas. De allí a Aya-ambatagasta,
dos leguas. De allí a Mocana a cinco leguas. De Mocana a
Tantigasta, tres leguas. De allí a Guacalagasta, dos
leguas. De allí a Zamisque quatro leguas. De allí a
Homamax otras quatro leguas. De allí a Pasao, cinco
leguas. De allí a la Capiña, quatro leguas. De allí a
Ungagasta, tres leguas. De allí a Chapisgasta, cinco
leguas. De allí a Zumampa, cinco leguas. De Zumampa a
una ciénaga, quatro leguas. De la ciénaga a un arroyo
despoblaro, cinco leguas. De allí a un pueblo de Nicolás
Díaz, cinco leguas".
Será en este pueblo donde una rebelión deja a Aguirre
sin proyecto y lo devuelve preso a la capital de la
Gobernación.
El relato de Matienzo continúa dejando muy claro el
conocimiento que existía del camino que les permitía
llegar al Fuerte de Sancti Spiritu: "De este pueblo,
a donde fue la prisión, a la fortaleza de Gaboto, según
se treno la noticia de los indios, avía treynta leguas,
y quedaba Gaboto a la mano izquierda. El gobernador iba
en seguimiento de una tierra que se dice Ansenuza, valle
de muchos indios que llaman Comechingones, que estava de
aquel pueblo de la prisión diez leguas."
Alonso Abad dirá, casi 20 años después, que Aguirre
"... hizo gente de más de ciento e setenta ombres e les
llevó a descubrir la noticia de conlarae comechingones."
En 1572, Don Gerónimo Luis de Cabrera quien sería el
futuro fundador de la Ciudad de Córdoba, encomienda a
uno de sus parientes, Alferez General Don Lorenzo Suárez de Figueroa,
"... el descubrimiento de las provincias de los
comechingones y canavirones y río de la plata."
En los documentos recogidos por Roberto Levillier se da
cuenta que "... en el dicho descubrimiento y jornada
puso tanta diligencia y cuidado el dicho Don Lorenzo en
el empadronamiento de los pueblos de yndios por do
pasava y comarca dellos por causa de las muchas y
diferentes lenguas y que ay en aquellas provincias ..."
y que la tierra era "... muy fertil y buena y
para todo género de ganado y sementeras."
El camino de Suárez de Figueroa se lo reconstruye
ubicándolo en el Valle de Quilino y el de la Punilla.
Documentos de la época concluyen que "... se caminó
cincuenta leguas por tierra de serranía que es la
cordillera que divide esta tierra de Chile."
En los límites del territorio comechingón accede al
Ctalamochita y por éste al Paraná. Esta ruta o
"camino real" es seguramente la misma que usaría
poco después Gerónimo Luis de Cabrera.
Luego de la fundación de la ciudad de Córdoba, a fines
de 1573 y principios de 1574 será Mejía Miraval quien
complete el reconocimiento realizado por Lorenzo
Suárez de Figueroa recorriendo los actuales Quilino,
Cruz del Eje y Soto. Su misión incluía "... pasar la
sierra desta otra parte hacia la mar del norte por la
parte más comoda que oviere vaxando al valle de
ctalamochita empadronando pueblos por la falda de las
sierras." En los documentos recopilados por
José Toribio Medina se puede extraer que "...
al
dicho capitán Hernán Mejía Mirabal, ... el dicho
gobernador Don Jerónimo ... le envió con cincuenta
hombres de guerra y trescientos caballos á descubrir la
que llaman de César, donde fué con los dichos cincuenta
hombres por capitán, y descubrió mucha tierra é
naturales, y los empadronó para que fuese hecho el
repartimiento en los españoles para el sustento de la
dicha ciudad, en todo lo cual sirvió mucho á Su
Majestad.” Mejía Miraval completa el ya usual
recorrido hasta el Paraná fundando el Fuerte San Luis.
En 1579, de la expedición de Gonzalo de Abreu, se
documenta su paso por la actual La Dormida y luego de
sortear el Río Tercero, por Soco Soco (actual Tegua).
El Río Ctalamochita o de Nuestra Señora o Tercero había
sido explorado en varias oportunidades; de resultas de
lo cual, las tierras de Pampayasta, son reconocidas en
plenitud.
El historiador Raymundo Chaulot expresa:
“El puerto de Buenos Aires, centro de las comunicaciones
marítimas con España, determina el abandono definitivo del
puerto de San Luis y la comunicación terrestre con el camino de
la costa del río Tercero que, a su vez, se ramifica para Chile,
Córdoba y Tucumán y sobre el que en 1628,
se estableció
la aduana seca de Córdoba sobre el paso Coronado en Pampayasta”.

Sobre los Comechingones
En un documento de 1573 elevado al Rey de España Felipe II, por el
fundador de Córdoba de la Nueva Andalucía (existen distintas
versiones sobre el autor del mismo), bajo el título "Relación
en suma y de la tierra y poblaciones que Don Jerónimo Luís de
Cabrera Governador de estas provincias de los juries, a
descubierto donde poblar en nombre de su magestad una ciudad.",
se le expone un detalle de las características de los habitantes
del lugar conocidos como Comechingones. Este documento es
publicado en 1585, por Don Marcos Jiménez de la Espada.
"Las poblaciones tienen
muy cercanas unas de otras que por la mayor parte a legua y a
media legua y a quarto y a tiro de arcabuz y a vista unas de
otras están todas. Son los pueblos chicos que el mayor no terna
hasta quarenta casas y a muchos de a treinta y a veinte y a
quince y a diez y a menos porque cada pueblo de estos no es más
de una parcialidad o parentela. Y así está cada uno por sí,
tienen los pueblos puestos en redondo y cercados con cardones y
otras arboledas espinosas que sirven de fuerza y esto por las
guerras que entre ellos tienen. Biven en cada casa a quatro y a
cinco yndios casados y algunos a mas. Son las casas por la mayor
parte grandes que en una dellas se halló caber diez hombres con
sus caballos armados que se metieron allí para una emboscada que
se hizo. Son bajas las casas que la mitad de la altura que
tienen está debajo de tierra y entran a ellas como a sotanos y
esto hacenlo para el abrigo por el tiempo frío y por falta de
madera que en algunos lugares por allí tienen. Gente toda de la
más vestida dellos con lana y dellos con queros labrados con
pulicia a manera de los guadamecis de España. Traen todos los
más en las tocas de las cabezas y tocados que de lana hacen por
gala muchas varillas largas de metales y al cabo dellas como
cucharas, todos los más con un cuchillo colgado con un fiador de
la mano derecha que se proveen lo más dello y otras cosas que de
hierro tienen de rescates. Las camisetas que traen vestidas son
hechas de lana y tejidas primeramente con chaquira a manera de
malla menuda de muchas labores en las aberturas y ruedo y
bocamancas. Crían mucho ganado de la tierra y danse por ello por
las lanas de que se aprovechan. Son grandes labradores que en
ningún cabo hay agua o tierra bañada que no la siembren por
gozar de las sementeras de todos tiempos. Es gente que no se
embriaga ni se dan por esto del beber como otras naciones de
yndios ni se les hallaron vasijas que para esto suelen tener. Es
tierra que se hallaron en ella siete ríos caudales y más de
setenta o ochenta arroyos y manantiales todos de muy lindas
aguas. Hay grandes pastos y muy buenos asientos para poderse
criar ganados en gran número de todos los que en España se crían
y hacer molinos y otras haciendas con que puedan vivir prósperos
los que allí vivieren. Tienen arte y parecer de tierra muy sana
porque los temples son muy buenos y sus tiempos de invierno y
verano como en España."

Mapa de Acarete du Biscay (1698)

Sobre la Merced
Con las Mercedes se inicia un proceso de radicación
poblacional en las regiones aledañas al Ctalamochita. El río
y sus vínculos con el Carcarañá, el Paraná y el Plata lo
hacían la más apropiada ruta de tránsito de contingentes
y mercancías. Su derrotero geográfico lo convertían en
estratégico al permitir una adecuada y simple
vinculación de Asunción, el Plata y la salida al oeste
hacia Chile con la obvia ruta al norte del Perú. La
fertilidad de las tierras y la riqueza de su fauna
propiciaron el asentamiento y la multiplicación de
pequeñas comunidades en las márgenes del caudaloso río.
El 24 de diciembre de 1574 el Gobernador Juan de Burgos le concede, en carácter de
Merced a Don Lorenzo Suárez de Figueroa una superficie
de tierra que se extiende del Río Segundo al Tercero;
mientras que, el 5 de mayo de 1585, otro territorio a
compartir con Antonio Suárez Mexía. Este último sería
subdividido 15 años después; de hecho, el 12 de octubre
de 1600, Lorenzo Suárez de Figueroa retiene una
superficie de unas cinco leguas de largo con un ancho de
poco más de dos leguas sobre ambos
márgenes del Río Tercero y con límites entre La
Herradura y la zona que, por entonces, se conocía como Lacla (que no es otra que la actual Pampayasta). Por su
parte, Suárez Mexía tomaría unas cuatro leguas hacia el
oeste a partir de Lacla. Los nuevos propietarios se
convierten, así, en encomenderos de los
indios residentes en la región.
Roberto Levillier, biógrafo de Lorenzo Suarez de
Figueroa lo describe como nacido "... en Llerena por
1530. Era hijo de Lucas Ponce de León y de Catalina de
Cabrera ... llegó a las Indias en 1562 ... jamás fue
casado y dejó una hija natural, Catalina de
Cabrera y Figueroa [la madre sería Ana Díaz
Caballero y Agore] quien se casa en Potosí con el
Capitán Juan de Avila y Zárate."
La dote que recibe Catalina, al momento de su
casamiento, es la cesión por parte del Encomendero Don
Lorenzo de todos los bienes que éste había recibido en
la actual provincia de Córdoba.
Catalina enviuda en 1616, con nueve hijos: Gonzalo, Lorenzo, Juan, Martín, Alonso, Pedro, Antonia, Lorenza y
María.
Ilda Susana Ughetto de Giraudo en su texto
dentro del libro
"Civitatis
Mariae" vuelca importante información aportada por las
investigaciones de las Profesoras Ana María Defílippi de
Pautasso y Sandra Cecilia Zili basadas en un documento
identificado como
"Año 1692 -
Escribanía II - Legajo 9 - Expediente 5" a más de un
plano perteneciente al Archivo Histórico. Sugerimos que el
lector se dirija a la página 362 de la citada
publicación para tomar acceso a la rica información
donde queda constancia de como los herederos de Catalina
asumen la propiedad, ahora divisa, de las tierras
asignadas a Don
Lorenzo. Del mencionado libro se extrae que "... para
Gonzalo, Juan y Lorenzo, desde Lacla [Pampayasta]
dos leguas y media al este; para Antonia, religiosa de
Santa Catalina, la legua contigua [en el plano esta
fracción está identificada como Pampallasta]; para
Lorenza y su esposo Juan Fiusa, dos leguas y media en la
zona llamada Masangano [Pampayasta] además de la
región de Yuca de cuatro leguas;
para Lorenzo,
religioso dominico, una legua, y para Alonso y
Martín otra legua hasta llegar al lindero de la
Herradura
[Ver
Capilla Histórica de Yucat, territorio que se
extiende desde Masangano a Herradura, nombre asociable a
la india del lugar Quillovit que significa Luna Nueva o
Herradura]".
La agresiva integración de las poblaciones originarias
dentro de regímenes feudales junto con la forzada
evangelización, potenciaron distintos
grados de resistencia, algunas de tal nivel de
virulencia que obligaron a la construcción de fuertes
que, en
su mayoría precarios, debían ser cambiados de lugar o reconstruídos periódicamente frente a los ataques de los
naturales. Uno de ellos fue el de Masangano o Mazangano
de cuya ubicación, si bien no se tiene una certeza
exacta, estaría ubicado sobre el Río de Nuestra Señora
en algún punto dentro del espacio que se extiende desde
las actuales San Antonio de Yucat y Pampayasta.
El Padre
Pablo Cabrera en su trabajo historiográfico "Tiempos
y Campos Heroicos" consigna que un viajero, en 1750,
reduce al fuerte a "... una empalizada o pequeño
recinto de palos gruesos hincados en tierra, en medio de
la cual estacada se levantaba una viga en cuya cima -
adonde se subía por una escala de mano - había una
especie de jaula de madera, a la que honraremos con el
nombre de garita o atalaya y que allí llaman 'mangrullo,
para descubrir la campaña y estar alerta contra los
enemigos. Allí había unos 10 o 12 hombres de campo,
graduados con el nombre de soldados, de la guarnición o
de la tropa. No usaban traje militar, sino que sobre su
jubón y calzones se cubrían de un poncho. No faltaba la
armería en este fuerte, porque en el medio del corral de
palos, al pie del mangrullo, había un aposentillo, las
paredes de paja y el techo de cueros de toro o de
caballo, donde se veían 10 o 12 chuzos o lanzas y otras
tantas escopetas con un poco de pólvora en un vaso de
madera".
A propósito del Fuerte de Masangano, Ilda Susana Ughetto de Giraudo en su texto
incorporado a
"Civitatis
Mariae" da cuenta que "... el censo poblacional
organizado por el Arzobispado de Córdoba para su curato
del Río Tercero Arriba en 1796 lo incluye en las
proximidades de 'Pampallasta', el 'Oratorio' y el 'Monte
de San Luis'".

Mapa de John Dower (1832)
Volviendo al plano
recuperado del Archivo Histórico por las Profesoras
Defílippi de
Pautasso y Zili y según consta en "Civitatis
Mariae" accedemos a que en él consta la secuencia
hereditaria del predio que recibieron los hermanos
Gonzalo, Juan y Lorenzo;
quedando claro que "... estas dos leguas y media
inmediatas al lindero de Lacla, ... Francisca Correa de
Lermo, mujer de D. Alonso Díaz Caballero, las hubo en
contradictorio juicio [contra los hijos de Catalina
Suárez de Figueroa]." Para luego, ser
transferidas por ésta a manos de Manuel y Pedro Ferreira
Aguiar y de éstos a sus herederos.
Las construcciones
religiosas
Serán los herederos de
los Ferreira Aguiar quienes un 10 de setiembre de 1757,
dentro de sus propiedades, impulsarán la construcción de
la primera capilla formal la que tomaría el nombre de
"La Purísima" quedando ubicada sobre la margen sur
del Río Ctalamochita. Alrededor de la misma comienza a
gestarse el asentamiento poblacional que dará vida, a
cada lado del río, a las actuales Pampayasta Norte y
Pampayasta Sur.
Sobre la margen sur del
Río Ctalamochita, además de La Purísima, nace la
Capilla del Monte de San Luis (hoy desaparecida)
mientras que sobre la costa norte la convocatoria
religiosa se centró en dos Oratorios: uno (actualmente
inexistente), dedicado a la Virgen de la Merced que se
hallaba ubicado en el mismo sitio o en proximidades de
la actual Capilla de la Merced erigida en 1880 y
otro, de paredes de adobe y vigas de madera talladas a
hacha, que aún se encuentra precariamente conservado en
las afueras del pueblo, el Oratorio del Señor San José
de 1875 al que se da como "Habilitado" en el Libro de
Bautismos (1860-1884) bajo licencia del Sr. Provisor.
En relación a este
último Oratorio, el Cura y Vicario del Curato de Tercero
Arriba Fray Isidoro Anselmi da cuenta que "... en
este Oratorio de San José de Pampayasta a los treinta y
un días del mes de marzo de 1875, yo el cura puse óleo y
crisma a Rosa Machado, hija natural de María Machado de
edad de cuatro años ..." y "... en el Oratorio de
Pampayasta del Señor San José a los siete días del mes
de abril de 1875 yo el cura casé ... a Don Vicente
Olivas con Guadalupe Ponce."
Probablemente este sea
el mismo sitio en donde, previo a Anselmi, supo asistir
con sus servicios un legendario personaje del lugar: el
Padre José Dolores Ferreyra. Numerosos relatos
conservados al día de hoy lo describen, aún siendo muy
anciano, con una permanente predisposición hacia los
enfermos y necesitados a quienes llegaba acompañado de
su viejo sulky.
Retornando unos pasos
atrás en la historia, circa 1800, el matrimonio español
compuesto por José de la Paz Mayorga y Manuela
Maldonado, se radican en la zona de Pampayasta sobre la
margen norte del Ctalamochita. Descendiente de dicha
familia, en 1881, el Sr. Saturnino Mayorga junto a su
esposa Ana Padilla Mayorga deciden hacer una donación de
parte de sus tierras para que sean aprovechadas en la
construcción de una Capilla que rinda homenaje a San
José. Serán entonces quienes se presenten,
por escrito, ante el Sr. Provisor y Vicario General
exponiendo el deseo de "... edificar en el lugar de
mi residencia una capilla pública que tenga veinte varas
de largo por siete de ancho y siete de alto, bajo la
advocación del Señor San José y los vecinos más
acomodados del vecindario, quienes han aplaudido mi
loable propósito proponiendo su cooperación en vista de
la sentida necesidad por la larga distancia a que se
hallan las demás capillas, vengo a solicitar a su Sria.
la correspondiente licencia, previa la donación que hago
de dos cuadras de mi propiedad, como consta de la
escritura que en debida forma acompaño. Por tanto a S. Sria.
suplico que teniéndose por presentado se sirva
acceder a mi solicitud; es gracia."
La respuesta de las
autoridades, a través de Aquilino Ferreira, se hace
efectiva el 17 de diciembre de 1881 concediendo "...
el permiso necesario en derecho para la construcción de
la Capilla pública en el lugar denominado Pampayasta,
comprensión del mismo Curato del Tercero Arriba, la cual
será dedicada al Patriarca Sor. San José; y debiéndose
proceder a la recolección de limosnas para la
construcción de dicha Capilla, concedemos por nuestra
parte la licencia necesaria para pedir dicha limosna en
toda la Provincia y nombramos una comisión de sujetos
respetables para que corran con los fondos que se
recolecten y construcción de la Capilla, compuesta del
modo siguiente: Presidente, Benicio Orellano; Vice
Presidente, Juan Delgado; Tesorero, Saturnino Mayorga;
Secretario, Ramón López y Vocales, Roque Ruiz, Manuel
Padilla, Gelanor Ortiz y Eduardo Mayorga; aceptando por
nuestra parte por facultad especial del Obispo de la
Diócesis como representante de los derechos de la
Iglesia, la mencionada donación."
El acta de la donación
del 17 de diciembre de 1881 rubricada por el Escribano
Público de Número y Hacienda y los obligados testigos da
cuenta que comparece "... Don Saturnino Mayorga,
vecino de Pampallasta, Departamento Tercero Arriba de la
Provincia, de estado casado, mayor de edad ... y me
presentó un boleto del tenor siguiente: Sr. Escribano
de Hacienda. Sírvase entender en su registro de
escritura pública, una por la que conste que con el
objeto de llevar a cabo la construcción de una Capilla
dedicada a San José, en la Pedanía de Pampallasta ... he
decidido en propiedad y gratuitamente para que se
edifique en él y demás usos necesarios, una superficie
de terreno de mi propiedad ubicada en la localidad
expresada y en el punto mismo donde se está construyendo
la obra, siendo su extensión de dos cuadras cuadradas,
que lindan por todos lados con terrenos de mi
propiedad."
Si bien no hay certezas,
la frase "... donde se está construyendo la obra ..."
haría suponer que los trabajos estaban en marcha con
antelación a la aprobación de la solicitud respectiva.

Pintura de principios del siglo XX con la
imagen original de la Capilla
Arquitectura de la
Capilla
El diseño es simple, es
obvio que las magras disponibilidades económicas que se
contaban no permitían grado alguno de ostentación.

De hecho la obra se
sintetizó en un rectángulo de unos 18 m de largo, un
ancho de unos 6 m y un alto próximo, también, a los 6 m.
El edificio concluía con un techo a dos aguas de chapas
de cinc.

El paso de los años
trajo aparejado algunos cambios sin que ésto altere de
modo sustancial sus características generales. El más
significativo tuvo que ver con su campanario; de hecho,
el original de significativo tamaño con dos campanas
estaba ubicado sobre el lado derecho del frente
luciendo, en su parte inferior, un arco de acceso. Años
más tarde, dicho arco fue tapiado y sobre él se colocó
una cruz de madera.


La vida de ese
campanario tuvo un destino trágico ya que fue
parcialmente destruído por un rayo hacia comienzos de la
década del 20 del pasado siglo; ésto obligó primero a su
restauración y unas décadas después, de manos de los
hermanos Del Bel en 1950, a replantear un nuevo diseño
que llevó las campanas a su posición actual en
torrecillas ubicadas en la parte superior del frontis
coronándose con una cruz de hierro.


Dos cruces de menor
tamaño se ubican a derecha e izquierda en lo alto del
frontis.
Vista de frente, la
Capilla se ve complementada con una construcción que se
expande perpendicular a ésta hacia la derecha; ambos
cuerpos se comunican con un arco a la altura del altar.
Dicha construcción incluye la Sacristía y la Casa
Parroquial.


El conjunto supo tener
un edificio adyacente de adobe que funcionaba como
escuela del que quedan, en la actualidad, solo restos de
paredes en pie.
El interior expone la
simplicidad que el exterior anticipa.
Un altar colorido
construído por el Sr. Juan Chacón, inaugurado el 1º de
julio de 1934 y de características barrocas es descripto
en el trabajo de
Nevi Lucía Chiappero de Guillén,
Mirta Mosquera de Lubatti y Teresita Grosso de Lubatti
con motivo del Centenario de la Capilla teniendo "...
columnas con fuste entorchado, volutas, ornamentos
curvos, gran profusión de imágenes y colores. En general
hay un predominio de líneas curvas en la parte superior
y rectas en la inferior. Las imágenes veneradas son
seis: San José [aporte del Padre José R. Benard,
Inmaculada
Concepcion de Villa Ascasubi] la Virgen del
Carmen y San Roque, en tamaño grande; un Corazón de
Jesús mediano y San Antonio y un Niño Dios crucificado
en dimensiones pequeñas. Otras esculturas y cuadros
menores, un via crucis en estampas con marcos dorados y
un Cristo lateral de regular tamaño, completan la
ornamentación interior.




El
conjunto se completa con un coro por sobre la puerta de
ingreso iluminado con una ventana circular, vestido con
una reja de hierro accesible desde el interior de la
Capilla; confesionario y bancos con interesante diseño
en trabajada madera.

Según el
estudio de Chiappero de Guillén, Mosquera de Lubatti y Grosso de Lubatti
en el pasillo central descansan los restos de "...
Doña Angela Mayorga de Martínez, hija de Don Saturnino
Mayorga ... 7 de setiembre de 1914 ..." y debajo del
altar "... yacería el Padre Juan Dolores Ferreyra,
aunque no hay placa o inscripción que denuncie tal
sepultura."
Datos complementarios
Fiesta Patronal: 19 de
marzo

Coordenadas:
Latitud: 32º 14’ 26,25" S
Longitud:
63º 38’ 39,50"
O

Fuentes de consulta:
-
Se agradece la especial colaboración del Sr. Aldo Lubatti
-
Chiappero de Guillén,
Nevi Lucía; Mosquera de Lubatti, Mirta N.; Grosso de Lubatti,
Teresita - "Centenario Capilla San José" -
1981

-
Prof. Serrano, Antonio - "Esbozo para una historia del descubrimiento y
Conquista de Córdoba" - 1943
-
Medina, José Toribio: "El Veneciano Sebastián Caboto al servicio de
España y especialmente de su proyectado viaje a las Molucas
por el Estrecho de Magallanes y al reconocimiento de la
costa del continente hasta la gobernación de Pedrarías
Dávila" - Memoria presentada en la Universidad de Chile
en respuesta a lo dispuesto por la Ley del 09 de enero de
1879 sobre instrucción secundaria y superior.
-
Medina, José
Toribio - "Colección de documentos inéditos para la
historia de Chile" - 1888
-
Presbítero
Cabrera, Pablo - "Córdoba de la Nueva Andalucía - Noticias etno-geográficas
e históricas acerca de su fundación" - Revista de la UNC
- Instituto de Estudios Americanistas - 1917
-
Cabrera, Pablo:
"Tiempos y campos heroicos" - Revista
de la Universidad de Córdoba - Año 14 N° 3 y 4 - Mayo/Junio
1927.
-
Montes, Aníbal -
"Caminos que encontró en Córdoba el Conquistador español"
- 1954
-
Ughetto de Giraudo, Ilda Susana -
"Parroquia “Sagrado Corazón de Jesús” Oliva - Civitatis
Mariae - La ciudad de María - Historia de la Diócesis de
Villa María"
-
Chaulot,
Raymundo
-
“Capilla
de Rodríguez es un símbolo de fe y muestra de la acción de los
conquistadores”
-
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