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CAPILLA NUESTRA SEÑORA DE COPACABANA

 

Aporte fotográfico de José Luis Zampini

Un charco de tierra
Rodea una capilla arruinada,
Custodiada por altas hierbas;
Dónde los días y las noches pasan
Sin oír ningún sonido humano.

Sacudida por centinelas arbóreos,
Besada por la brisa salada;
Los días y las noches pasan
En la infinita melodía del silencio.

Las ruinas vacías se funden
En el completo dominio de la Naturaleza,
Unidas con la semilla y el grano,
Así como los días y las noches pasan
Soñando con las lluvias del verano.

Lágrimas sepulcrales fueron sembradas aquí;
Ahora las tumbas también están muertas;
Inmóviles bajo incontables ramas desiertas,
Como los días y las noches pasan
Bajo el curso soñoliento de las estrellas.

Fragmento adaptado del poema

"La capilla en ruinas"

de William Allingham

 

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Aporte fotográfico de José Luis Zampini

 

La Capilla

 

El maestre de campo Don Domingo de Villamonte, propietario de la Estancia Nuestra Señora de Copacabana ubicada a doce leguas al este de Córdoba, había fallecido. Su hijo Francisco inicia los trámites sucesorios junto a otros coherederos.

El 26 de junio de 1722 el maestre de campo Don Gil Lozano Cornejo vecino feudatario y alcalde ordinario de Córdoba, comisiona al capitán Don Juan Antonio de Zeballos, Alguacil Mayor y por su impedimento a cualquier otra persona que sepa leer y escribir, para que realice el inventario de todos los bien muebles y raíces y semovientes que hubieren quedado tras la muerte de Don Domingo, acaecida en fecha aún no determinada.

 

 

Mapa de 1912 donde se individualizan las capillas de la zona y la de Villamonte en particular

 

De la lectura de este documento, de otros inventarios, escrituras y pedidos de patronato, se puede formar una idea de las características de la estancia y en especial de la Capilla que nos ocupa.

El capitán Juan de Lencinas lleva adelante la tarea dividiéndola en varias etapas a lo largo del mes de julio de 1722; siendo, éste, el documento más antiguo que se dispone.

El cuarto inventario se refiere a la capilla y la describe como sigue: "... en 5 del mes y año yo el dicho Capitán Juan de Lencinas proseguí en dicho inventario en la forma siguiente. Primeramente está en dicha estancia una capilla, su advocación Ntra. Señora de Copacabana, apartada de la vivienda del dicho difunto como 40 o 50 pasos, toda de cal y piedra con sus puertas al poniente de tableros de cedro y el largo de dicha capilla es de 24 varas y 7 de ancho con 7 tirantes de nogal y su enmaderamiento de lo mismo y quebracho, cubierta de teja, presbiterio enladrillado con tres altares y en el mayor Ntra. Señora de Copacabana de bulto de vara y ¾ encajes ordinarios”.

De modo pormenorizado, describe el alhajamiento de la Capilla asegurando que "... en dicha capilla se hallaron los cuadros de la virgen en sus bastidores en 15 cuadros de vara y tres cuartos de largo y vara y media de alto, dos cuadros al lado del altar mayor, el uno del Señor y su madre Santísima y los santos patriarcas San Francisco y Santo Domingo y del Señor San Jerónimo, 10 cuadros mas con sus bastidores de varios santos para adorno de la Capilla, 2 escaños de tablas con sus balaustres, 4 campanas 2 grandes y 2 pequeñas y la una consagrada".

Cabe consignar que la vara más usada en nuestro país era la vara castellana o de Burgos de 0,836 m.

De la lectura del inventario de bienes de fecha 17 de enero de 1839 entregado a Don Antonio Denes por Silvestre Martínez, apoderado de Estefanía Villamonte, se extractan algunos aportes significativos con respecto al inventario anterior. Habían pasado 117 años.

"... Primeramente.  La iglesia de veinte varas y media de largo, con su pórtico de dos y media varas, y de ancho la iglesia y pórtico de siete varas, la iglesia tiene siete tirantes con uno del pórtico y el techo del templo es de cañizo y teja y arriba del pórtico una cruz de hierro de más de vara de alto, la puerta de la iglesia de dos manos con aldabón y cerradura corriente y una ventana de palo al viento del Norte con aldabas, sirve esta para dar luz a la iglesia y es de alto como de vara y media y de ancho como de vara y cuarta. Está la iglesia blanqueada y enladrillada, y el altar mayor pintado al temple y con piso la iglesia del mismo modo y en el altar mayor está colocada Ntra. Señora de la Candelaria como vara y menos de cuarta de alto, es de madera y todo el vestido de lo mismo, pintado al óleo, y tiene el niño en los brazos de alto mas de cuarta.

Item.  La baranda de palo que divide el presbiterio es pintada al temple, como igualmente un púlpito de madera con su escalera de lo mismo pintado de igual modo.

Item.  La sacristía es de ancho de cinco varas, y seis de largo, techo de cañizo y teja y tiene al poniente puerta de una mano con aldaba y en la sacristía también enladrillado y con piso al temple.

Ítem.  Un confesionario de un oído pintado al temple y una pila de agua vendita de piedra de sapo como de vara y media de alto, también pintada y una cruz de piedra sapo de más de vara de alto pintada al temple y la de hierro que está en el pórtico tiene veleta.

Item.  Tres imágenes de Ntro. Señor Jesucristo, dos pequeñas y la otra como de vara y medio de alto con su correspondiente cruz, dos de esas imágenes recién retocadas, como del mismo modo Ntra. Señora de la Candelaria con el niño.

Item.  Dos cuadros sin vidrio, uno de San Francisco como de vara, y media , y el otro de San Miguel como de tres cuartas de alto , y marco dorado solo este, y el otro no.

Item.  Dos campanas grandes están del lado Norte en dos palos, pero están [ilegible], y en el Cementerio una Cruz de palo pintada al óleo".    

En lo que respecta a la distribución interior, la configura con "... presbiterio y tres altares: uno de Nuestra señora de Copacabana, con una imagen de bulto de dicha advocación de vara y tres cuartos; otro del Señor de la Cruz, con una efigie de vara y dos tercios y otro de Nuestra Señora de Cocharcas, con su imagen de un cuadro de dos varas por una y un tercio". (AHPC- Sección Judicial. Escribanía Nº1 Leg. 262, exp.16 y leg 271. Exp. 1)

 

Aportes fotográficos de José Luis Zampini

 

Los Villamonte y la Capilla

 

Los datos genealógicos de la Familia Villamonte fueron tomados del trabajo del Dr. Prudencio Bustos Argañaraz, "Villamonte - de Bizcaya a Argentina". A continuación y de dicho material se han extraído solo los miembros que han tenido vinculación con la Capilla.

Diego de Villamonte y su esposa Francisca de Arechavala, vecinos del Valle de Gordejuela [Gordexola en Euskera], en las Estancaciones de Vizcaya, España, fueron los padres de Bartolomé de Villamonte y Arechavala, bautizado en 1619 y casado, el 20 de enero de 1645, con Gonzala de Mendieta Castañiza, que fuera bautizada el 6 de agosto de 1621. Tuvieron por hijos a: 1) Domingo de Villamonte  Mendieta, 2) Tomasa de Villamonte  Mendieta, 3) María de Villamonte Mendieta y 4) Catalina de Villamonte Mendieta”.

Uno de dichos hijos, “... Domingo de Villamonte y Mendieta, nació en el Valle de Gordejuela por 1651; pasó a Lima en donde residió un tiempo y luego se avecindó en Córdoba, desempeñándose como alcalde ordinario de segundo voto en 1687 y 1698 y de primer voto en 1708. Fue maestre de campo y un fuerte comerciante de mulas, géneros, tabacos, azúcar, polvillo (rapé), yerba y cordobanes, con lo que amasó una respetable fortuna".

Don Alonso del Pozo y Silva, décimo Obispo del Tucumán (1715-1724), lo asignó en 1715 a la construcción de la Catedral de Córdoba "... para la dirección y administración de los trabajos conjuntamente con fray Juan de Araeta, ex provincial de San Francisco, en reemplazo del fallecido José González Merguete. Ninguno de los dos eran conocedores del oficio. Como resultado de su impericia parte de lo construido se derrumbó en 1723”.

“Su casa en la ciudad de Córdoba tenía frente a dos calles, las actuales San Jerónimo y Chacabuco, rodeando la esquina noreste. El 11 de noviembre de 1771 recibió del gobernador Esteban de Urizar y Arescochaga (1707-1724) una suerte de tierras a la banda del sur del Suquía abajo, a unas 12 leguas de la ciudad que habían pertenecido a un pueblo de indios de don Juan de Ávila y Zárate cuya última habitante, una india llamada Paula, había muerto sin sucesión. Levantó allí una importante estancia llamada Nuestra Señora de Copacabana con capilla, dos atahonas, huertas y lagunas. En su sucesorio se cuentan 46 esclavos. Testó el 5 de noviembre de 1683, declarando ser casado con doña María Galíndez quien dio poder para testar a su marido el 23 de julio de 1710, y de la cordobesa doña María Ordoñez, nieta paterna de Juan Galindez de Beópez y Mariana de Labayén y Guerra y nieta materna del capitán Luis Ordoñez e Inclán asturiano que testó en Córdoba el 11 de octubre de 1686 y doña Teresa de Vera Mujica y Bustamante que murió bajo poder para testar del 26 de septiembre de 1660. Fueron hijos suyos: 1) Fray Martín de Villamonte, 2) Doña María Teresa de Villamonte, 3) Don Francisco de Villamonte, 4) Doña María Sabina de Villamonte y 5) Don Andrés Domingo de Villamonte”.

Respecto al tercer hijo, Don Francisco de Villamonte Galíndez, extraemos que "... fue bautizado de 14 días el 18 de octubre de 1689, fue maestre de campo general, alcalde ordinario de primer voto en 1726, procurador general en 1727 y gobernador de Armas en 1728 y 1729. En este último año se llamó a sí mismo: 'maestre de campo de primer socorro para cuando lo necesite la real guarnición del puerto de Buenos Aires'. Fue dueño de las estancias de Nuestra Señora de Copacabana y el Sauce a dos leguas al sur de aquella 'a la parte de Caroya' y se casó en 1727 con Doña María de Arrascaeta y Ferreyra. Testó el 15 de octubre de 1751 y murió dos días más tarde a las ocho de la noche, dejando bienes por valor de 40.915 pesos con cuatro reales. Tuvieron cuatro hijas: 1) Doña Estefanía de Villamonte Arrascaeta, 2) Doña María de las Mercedes Villamonte Arrascaeta, 3) Doña Bernardina Antonia de Villamonte Arrascaeta y 4)Doña Teodora Josefa de Villamonte Arrascaeta”.

Dentro de las iglesias hubo lugares que habían sido comprados a las ordenes regulares para sepultura familiar, lógicamente, por aquellos que podían costearlo. De este modo, Francisco de Villamonte solicitó ser enterrado en la capilla del Santo Cristo de la iglesia de San Francisco donde sus antepasados tenían sepultura. [AHPC, Registro 1, 1751, F.341]

"Doña Teodora Josefa de Villamonte Arrascaeta nació en febrero de 1740 y fue bautizada el 11 de septiembre de 1741. Se casó con Pedro Manuel Argüello, hijo legítimo de don Pedro de Argüello y doña María Josefa de Molina Navarrete; nieto paterno del capitán don Luis de Molina Navarrete y Tejeda y doña Isabel de Garay y Peralta. Ella fue dotada por su madre el 13 de septiembre de 1759 con la estancia El Sauce valuada en 200 pesos y el 24 de abril de 1787 compraron al convento de San Francisco la estancia de Nuestra Señora de Copacabana, que había pertenecido al padre de ella, al precio de 300 pesos que incluía el patronato de la capilla. El 9 de septiembre de 1788 se la donaron a su hija Toribia. Doña Toribia pidió en 1798 la reapertura del sucesorio de sus abuelos maternos. Tuvieron al menos estos dos hijos: 1) Doña Toribia Manuela de Argüello Villamonte y 2) Don Fulano de Argüello Villamonte, arcediano”.

Dice María Inés Ferreyra que en 1793, doña Teodora Josefa, a la edad de 52 años (muy inusual para la época), casó con Don Juan José Ciriaco Castellanos de 47 años oriundo de Río Segundo y viudo de Doña María de la Cruz Ferreyra, con sucesión en cinco hijos. 

 

Fue en el verano del 39

 

La Capilla de Copacabana, como parte de una estancia colonial fue una capilla rural privada, aunque librada al culto público. A principios del siglo XVIII, la importante actividad económica de la estancia, perteneciente a una acaudalada familia de Córdoba y la actividad religiosa que se desarrollaba en la Capilla, indicaba que se había establecido definitivamente en la región del Río Primero como un lugar de suma significación para los habitantes de una extensa región pampeana con muy baja densidad poblacional, denominada Frontera del Chaco en el este cordobés.

En un meduloso trabajo de investigación debidamente documentado, Mónica Ghirardi, analiza varios casos judiciales. De uno de ellos, vinculado a la familia de los Villamonte y su capilla, titulado "Enfrentamiento suscitado entre las familias Deza y Arrascaeta por las derivaciones de la relación pasional entre sus jóvenes doña Ana y el capitán don José", describe la causa iniciada por doña Rosa de Carranza y Luna madre de la damnificada, el 23 de julio de 1739. De este trabajo podemos extraer lo siguiente: 

"Declaraciones de testigos de ambas partes concordaban en que Ana frecuentaba con cierta asiduidad el hogar de José –'casa de mucho exemplo', para visitar a la madre de éste, doña Micaela Ferreyra, y a sus hermanas. La intimidad de la comunicación con estas mujeres le habría valido a la joven Deza un trato de cierta familiaridad que las mismas le prodigaban. La madre de Ana, doña Rosa Carranza, afirmaba en los escritos de su parte que consideraba la casa de las Arrascaeta como de intachable moral y 'tan segura como un convento de monjas'. Esa confianza le habría llevado, según los dichos de su defensa, a autorizar a su hija a acompañar a las nombradas de visita unos días a la estancia del maestre de campo general Villamonte en el tiempo de las frutas, al final del verano de 1739. Habría sido allí donde un atardecer, llegado José a dicha propiedad movido por noticias de enemigos que asolaban el lugar -según su declaración- que conseguiría apartar a la jovencita de la gente a la hora del rosario, echándola por tierra detrás de la capilla. Rasgándole las ropas, presumiblemente habría intentado vencer su voluntad para ejecutar el acceso carnal ofreciéndole matrimonio. La imprevista llegada de Mariana, una hermana del joven, y su manifiesto desagrado ante la escena, habría impedido la consumación del acto carnal en la pareja. Ya de regreso a la ciudad - según las declaraciones testimoniales de la parte damnificada - el joven continuaría rondando el hogar de Ana tanto de día como de noche, frecuentándola en la sala, en su ventana, y finalmente en su habitación. ... Resultado de estas relaciones sería el embarazo y posterior parto de la muchacha, ante la pertinaz negativa de José a reparar el daño causado en el honor de la joven y su familia a través del casamiento, incurriendo por ende en el pecado/delito de perjurio, ante el incumplimiento de los esponsales. ... Cumplida la primera ronda de declaraciones de la defensa de la parte damnificada, casi a un mes de iniciado el pleito, el obispo efectuaría mandamiento de prisión del capitán Jose de Arrascaeta, en la cárcel real de las casas del Cabildo, el 14 de agosto de 1739, ordenando al fiscal de la Audiencia Episcopal, don Lorenzo Félix de Gigena Santisteban, librase orden de prenderlo con ayuda del brazo seglar de la justicia".

Según el relato, el Capitán José de Arrascaeta será sentenciado a cumplir cárcel, pagar una multa, casarse con Ana, cosa que nunca consumó y se hizo pasible de excomunión mayor. El juicio continuaría por muchos años.

 

De paso por el lugar

 

Fray Pedro José Parras, partió de España en 1749 con destino a Indias en misión evangélica.  Fue hasta Paraguay cumpliendo su tarea.  De retorno en el tramo Santa Fe - Córdoba, anotaba en su diario:

”... El día siguiente, que fue el 28 [28-10-1751] al amanecer  llegaron veinte soldados que el maestre de campo de Córdoba dispuso saliesen a encontrarnos, porque ya tenían noticia de que habíamos salido de Santa fe y quiso hacernos este obsequio, y después de haber almorzado muy bien, anduvimos cuatro leguas hasta medio día y paramos en Las Víboras, donde comimos y descansamos toda la siesta y por la tarde llegamos a un presidio llamado el Tío, de donde salió a recibirnos el maestro de campo con todos los demás soldados que allí había, que serían por todos unos cuarenta. Nos hospedamos en el mismo fuerte, que está construido con muy buena idea y foso, que aunque todo él es de tapia, pero es competente para la defensa de los indios, cuyas armas no son proporcionadas para batir ningún género de muralla por débil que sea. Pasa por inmediato a la fortaleza el Río de Córdoba [Río Suquia] que juntándose poco más abajo con el de Santiago [Dulce], se suman ambos en un arenal componiendo un gran pantano que llaman Mar Chiquita. Habiendo pues descansado a satisfacción, ya sin recelo ni cuidado de indios, continuamos la marcha por la mañana y anduvimos seis leguas, hasta mediodía, pasando a comer en la margen de un pequeño arroyo de cuyo nombre no me acuerdo, y por la tarde fuimos en compañía al Rio Segundo que tiene una de las mejores aguas que he bebido en mi vida. El día 30 por la mañana fuimos a la Plaza de Armas, distante nueve leguas de dicha estancia, donde el maestro de campo tiene su ordinaria habitación. Descansamos aquí todo el día y el 31; hallamos por la mañana un coche que venía a encontrarnos y con él fuimos a una bellísima estancia de un vecino de Córdoba llamado Villamonte, con muchos cuartos y preciosa capilla y nos detuvimos en ella hasta después de haber dicho misa el día de finados, que luego salimos para Córdoba donde entramos el día 3 [03-11-1751] por la mañana".

 

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Patronato laical

 

Para la erección de un oratorio o capilla era menester que el interesado solicitara al obispado o al provisor en sede vacante y menos frecuentemente, al párroco u otras autoridades, como el Comisario de Cruzada, para iniciar la construcción del oratorio o capilla y obtener el reconocimiento del derecho de patronato para el fundador y sus descendientes.

La expresión proviene de pater-oneris, es decir quien debe sostener las cargas de la Iglesia en razón de los honores recibidos. Según Nelson Dellaferrerra, ”... patronazgo es derecho o poder, que ganan en la iglesia, por bienes que hacen los que son patronos de ella. Este derecho se gana por tres cosas: la una por el sueldo que da a la iglesia en la que la hacen; la segunda porque la hacen, la tercera por heredamiento que la dan, a que dicen dote”. Sugerimos ampliar estos conceptos, en la consulta del trabajo de Roberto Di Stefano, “La iglesia propia. Patronatos laicales del obispado de Córdoba en los siglos XVIII y XIX”. (Acceda al material haciendo clich aquí)

En el caso de la Capilla de Villamonte, al desconocerse la existencia de este documento, no es posible aseverar quien ha sido el fundador y la fecha en que ha ocurrido; esta incertidumbre también incluye no saber si se ha establecido capellanía. 

Pedro M. A. Santucho en su libro Historia del Pueblo de Río Primero dice que en el detalle de las propiedades del inventario de bienes del capitán Luis Ordoñez, fallecido el 13 de marzo de 1691, se omitió mencionar la capilla a la que se refiere Agustín González. en 1668, "... mando mi cuerpo sea sepultado en la Capilla de Nuestra Señora de Copacabana, que es de Don Francisco Porras”.

Se infiere de este dicho que el capitán Luis Ordoñez le compró su propiedad a Don Francisco Porras, que luego heredará su nieta Doña María Galíndez y Ordoñez, esposa de Don Domingo Villamonte.

De confirmarse esta información la colonial Capilla de Copacabana, en 1668, ya estaba habilitada.

 

El documento más antiguo que se conserva a la fecha en el Archivo del Arzobispado de Córdoba, Libro de Bautismos del Curato de Villa del Rosario, folio 1º, corresponde al Acta de Bautismo de Simón Joseph, de madre mestiza y padre desconocido, fechada "... en cinco de octubre de mil setecientos y quatro en esta capilla de Domingo Billamonte".

 

 

 

El primer patrono fue siempre el fundador y luego, efectuaba la sucesión, de acuerdo como lo estableciera la familia propietaria, hecho éste que debía ser comunicado al Obispado.

 

Traspaso de Patronato de Doña Estefanía de Villamonte a Don Gregorio Denes

 

"En la ciudad de Córdoba en veinte y siete días del mes de agosto de mil ochocientos diez y seis años: ante mi el Escribano y testigos que en adelante se nombrarán, Doña Estefania de Villamonte, oriunda de esta dicha Ciudad, poseedora del Patronato, que por fallecimiento de sus Asendientes recallo en ella, de la Capilla de Nuestra Señora de la candelaria, ubicada en este Río de Córdoba abajo, conocida por C. Villamonte, dixe que hallándose sumamente enferma y abansada de años, y por ese motivo imposibilitada de poder continuar con ese encargo: usando de las facultades que tiene, ha deliberado nombrar otro que desempeñe ese encargo; y que concurriendo todas las qualidades que son necesarias para ello en la persona de Don Gregorio Denes, vecino de esta; en la forma que mas haya lugar en Derecho: otorga que nombra por Patrón de dicha Capilla, al enunciado Don Gregorio Denes, sin perjuicio de quien acreditase  el mejor derecho por su fundación para que lo obtenga, exersa y cumpla desde esta fecha con los deberes de este encargo, con sugecion á los Prelados ecleciasticos, en lo relativo á dicha Iglesias, obligándose por su parte á no revocarle este nombramiento, salvo que el Eclesiastico  tenga algunos motivos legítimos para impedírselo, que en tal caso se reserva la otorgante el nombrar otro, luego que se le haga saber; confiriéndole facultad al nombrado, para que en su lugar pueda nombrar otro, con el objeto de que haya quien conserve en buen pie dicha Capilla, y con el aseo que le es mui debido. En cuyo testimonio así lo dixo, otorgo y no firmo porque dixo no saberlo hacer, y rogó á Don Silvestre Martinez lo hiciese por ella, siendo testigos Don Juan Gualberto Rodrigues, Don Manuel Videla, y don Pedro Tornes, todos vecinos de que doy fee =  A ruego de la Otorgante, Silvestre Martínez = Ante mi, Bartolomé Matos de Azevedo, Escribano del estado, público del Cabildo é hipotecas. Pasó ante mi, y en mi Registro de escrituras y contratos públicos, á que me refiero y en fee de ellos y en pedimento del interesado, doy la presente en Córdoba, fecha ut supra. En testimonio de verdad. Hay firma del escribano".   

Como ocurría en las cuestiones sucesorias de los bienes de familia, también, en los traspasos del patronato, se producían pleitos de larguísima resolución. Recuperamos aquí el reclamo de Doña Toribia Argüello de Villamonte:

"Señor Provisor y Gobernador del Obispado, Don José Felipe Marin a nombre de mi señora Doña Toribia Arguello de Villamonte ante su Señoría digo que sabiendo como única heredera al patronato de la Iglesia de mis antepasados los Villamonte  titulada de Ntra. Sra. de Copacabana y con el nombre bulgarmente llamada Cap. de Villamonte la qual iglesia corre  actualmente al cargo de uno que a más de no ser de los de la familia de los Villamontes, tengo noticias que este Patrón ha bendido varias piezas de plata de las del servicio de nuestra Iglesia y deceando cumplir con lo ordenado por el fundador que no pueda ser Patrón el que no sea de los de su familia o herederos, es que pido a Su señoría se digne con justicia mandar a que  dicho Gregorio  Denes, rinda cuenta exacta de los útiles de plata, y hornamentos que recivio junto con el Patronato. Por tanto, a V.S. pido y suplico se digne ordenar como lo solicito por ser justicia que imploro".

Don Gregorio Denes había obtenido el patronato por cesión de Estefanía Villamonte, aun no siendo familiar de ella, lo cual fue aprobado por el Obispado el 26 de noviembre de 1836.

 

Advocación de la "Santísima Virgen de la Candelaria, Nuestra Señora de Copacabana"

 

En la diócesis del Tucumán a partir del siglo XVII proliferaron capillas y estancias relacionadas con el nombre de Copacabana. En la Provincia de Córdoba, fueron tres las más conocidas: la de los Martínez Betancur en Los Molinos de Calamuchita (se trata de Nuestra Señora del Pilar que nació como Estancia de Copacabana en 1650); la de los Cabrera cerca de Ischilín (Nuestra Señora de Copacabana) y la de los Villamonte en Río Primero.

Llegó de la mano del comercio de mulas con el Alto Perú y de los aborígenes de servicio que de allá traían los españoles. Rápidamente se difundió entre los nativos. En el caso de Villamonte, además, don Domingo trabajó un tiempo en la construcción de la Iglesia Mayor de Córdoba, que había nacido con la advocación de la Virgen de la Peña de Francia, pero que desde el primer tercio del siglo XVII había cambiado por la de la Virgen de Copacabana, hasta finales del XVIII.

Copacabana en lengua aimara: Qutaqhanaña ; quta = lago y qhawaña = observa. Los españoles interpretaron quta = copa, con lo que Qutaqhawaña se convierte en Copacabana.

Volviendo la mirada, hacia comienzos del siglo XVI desde la conquista del Callao por los hermanos Pizarro, el evangelio comienza a predicarse en estas tierras de América.  

En el filo mismo de la leyenda y la historia, en uno de los centros de civilización más antiguos, en las cercanías del lago navegable más alto del mundo y donde por siglos recibieron especial culto las deidades de los collas, dícese que la Virgen María quiso establecer su trono de amor y misericordia. Se le atribuye a la Divina Providencia haber inspirado a un indio de sangre real el haber tallado la imagen de la Virgen María.

Francisco Tito Yupanqui, nieto de Huayna Cápac e hijo de Cristóbal Vaca Túpac Inca, nació en la península de Copacabana, en el lago Titicaca, a mediados del siglo XVI.

Desde muy pequeño asistió regularmente a las misas dominicales y al catecismo impartido por los frailes dominicos, generando en él una profunda devoción por la Virgen, que lo lleva cuando adulto, a decidir modelar una imagen de Ella para su pueblo.

Inicia un largo camino de fracasos ya su que su habilidad para el tallado era deficiente. Después de varios intentos reprobados, sumamente apenado por no alcanzar su propósito, decidió trasladarse a Potosí donde aprendió las técnicas del tallado y pintura con el maestro Diego de Ortiz.

En la Villa Imperial tomó como modelo una imagen de la Candelaria, originaria de la Islas Canarias, venerada en el Templo de Santo Domingo, iniciando el 4 de junio de 1582 el modelado de la imagen de la Virgen. Después de unos meses no siendo exitoso en su trabajo pidió ayuda para el policromado al maestro retablista español Vargas de la ciudad de La Paz.

Una vez terminada la imagen, comentarios de la misma llegan al Corregidor Gerónimo de Marañón a quien le encantó y ordenó su inmediato traslado al pueblo con el gran beneplácito de Tito Yupanqui

El 2 de febrero de de 1583, en la festividad de la Purificación o Candelaria, la Virgen fue entronizada.

 

Los curatos

 

En 1598 el Obispo del Tucumán, Fray Fernando Trejo y Sanabria, creó el Curato de Rio Segundo que abarcada una gran extensión correspondiente a los actuales departamentos de Río Primero, Río Segundo, San Justo, parte de Santa María y una facción menor de Tercero Arriba, Gral. San Martín y Unión.

En 1779, del Curato de Río Segundo se escinde el de Santa Rosa de Río Primero que abracaba la superficie correspondiente al actual departamento Río Primero

En 1810, este Curato contaba con dos ayudantías: la de Santa Rosa y la de Remedios. En 1860, otra división se produjo en el Curato de Rio Segundo al crearse la Parroquia de San Justo. 

Al fundarse la Capilla de Obispo Trejo, el 31 de mayo de 1871, se produjo la primera escisión del Curato de Santa Rosa; la segunda fue en 1882 al crearse el Curato de Remedios cuya sede parroquial era la Capilla de Remedios con una jurisdicción que abarcaba las Pedanías de Remedios, Villamonte y parte de Yegua Muerta. Dependían de esta parroquia: la Iglesia de Río Primero, Capilla de Villamonte, Capilla de Las Heras, Capilla de Media Luna e Iglesia de Monte Cristo.

El 30 de junio de 1888, se crea el Curato Central de Río Segundo integrado por las Pedanías Pilar y San José, siendo sede parroquial la Iglesia Nuestra Señora de Lourdes de Río Segundo. 

Está documentado que la Capilla de Villamonte fue vice-parroquia de Río Segundo en 1704, perteneciendo al Curato de Río Segundo o Villa del Rosario desde esa fecha hasta 1800.

De 1800 a 1882 perteneció a Santa Rosa; desde 1882 a 1936, a Remedios y finalmente desde este último año a Río Primero.

 

Foto de Héctor Isuardi

 

El camino al ocaso

 

"... A la banda sur del río de Córdoba abajo a doce leguas de esta ...", cercano al Camino Real de Córdoba a Santa Fe, en torno a la Capilla de Nuestra Señora de Copacabana y el casco de la estancia colonial del mismo nombre, se fue gestando un caserío con aspiración a pueblo.

El 2 de noviembre de 1885, el gobernador de la Provincia de Córdoba, Gregorio Ignacio Gavier (1838-1886), es autorizado por las Cámaras a formular contrato con Santiago Temple, para la construcción de un ferrocarril que, partiendo de la ciudad de Córdoba, llegue hasta el límite de la Provincia pasando por Villa Santa Rosa y se aproxime a Villa de Concepción para, siempre en dirección este, llegar al límite con Santa Fe.

Por razones de costo y terrenos inadecuados para la traza proyectada, desde Piquillín se propuso un cambio en dirección sud-este materializándose la traza actual.

El 25 de septiembre de 1888 se inauguró oficialmente la estación Río 1º del F.C.C.C. liberándose el ferrocarril al uso público, el 13 de octubre.

Este fue el comienzo del camino del ocaso del pueblo de Villamonte y el nacimiento del de Río 1º. El ferrocarril, motor de progreso, al pasar a 3 km de Villamonte traccionó a la gente a una nueva radicación.

En consecuencia, la Capilla Nuestra Señora de Copacabana, también sufrió los efectos del éxodo.

A fines del siglo XIX, hacia 1890, había algunos comercios, juzgado de paz, sub comisaría y una escuela infantil mixta.

En 1903, el 14 de mayo, el cura Manuel López, comunica al Obispado, desde Remedios, que "... la Vice- Parroquia de Villamonte tiene dos cuartos parroquiales de material, techo de paja, contiguos a la iglesia, situado todo en terrenos del señor Ramón Maldonado; según él, compró esta estancia sin exceptuar nada".

Dos años después, el cura Ramón Varas y el ex cura Manuel N. López, presentan al Obispado un informe sobre la capilla de la Candelaria de Villamonte que, fechado el 18 de febrero de 1905, decía: ”... 1º) La capilla mide 17 m. de largo por 6 m. de ancho y tiene una sacristía de 5m. de largo por 4 m. de ancho, todo el edificio de cal y piedra; techada de material cocido. 2º) Una imagen de la Santísima Virgen de la Candelaria, tallada con Niño Dios en el brazo. 3º) Una imagen de la Santísima Virgen del Rosario de linterna para vestir, con niño. 4º) Una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, tallado, una escalera de madera para subir a la torre… Una pila bautismal ... 84º) Dos piezas con techo pajizo, un cuarto pequeño y cocina. 85º) El cementerio cercado con material cocido, en buen estado de conservación, el cual mide 60 m de Sur a Norte por 30 m. de Naciente a Poniente”.

 

Aportes fotográficos de José Luis Zampini

 

Al año siguiente, en el mes de enero, el cura Vicario de Rio 1º, Ramón F. Varas, se dirige a S. Ilma. Zenón Bustos, diciéndole que ”... esta nota tiene por objeto dos cosas 1º) Habiéndome sido entregado por el cura Sr. López en la Iglesia Parroquial para recibir en ella mayor culto y no pudiendo retenerlo sin indulto apostólico o sin licencia de su V.S. Ilma., ruégale se digne conceder la retención de dicha imagen en la expresada iglesia parroquial, alegando como causa de mejor culto, como queda dicho , y que la Capilla de Villamonte, con el tiempo no podrá subsistir, por las dificultades de circunstancias que obstaculizan a los fieles el acceso a esa Capilla. Como a treinta cuadras de la Estación Río 1º, la población concentrada en éste, y con el río de por medio, es escasísima la asistencia a dicha capilla, en la cual propiamente no encuentran ni agua para las necesidades más urgentes.”

Algunos meses después el Cura Ramón Varas, decía al Obispo: "Remedios, agosto 2 de 1906, Al Ilmo. Sr. Obispo. Sobre el encargo verbal de V.S. Ilma. de pasar nota escrita a cerca del mal estado de la Capilla de Villamonte, desearía que Ud. mandara un visitador de Parroquias para que él informe de visu, sobre la necesidad de cerrar la capilla que sobre estar en mal estado, no ofrece seguridad alguna".

El 23 de junio de 1908 el padre Varas informaba del mal estado del techo de la Capilla. Mas tarde se dirigía al obispo Diocesano, expresándole: "Remedios, agosto 21 de 1908, Al Sr. Obispo Diocesano: … También hago presente a V. S. Ilma. que el terreno de la Capilla de Villamonte y el terreno del cementerio del mismo lugar, han sido repartidos entre menores por no haber título válido de donación ... Finalmente, repito que conviene cerrar la capilla de Villamonte y trasladar los ornamentos a Río 1º, pues dicha capilla está abandonada por los fieles, no ofrece seguridad y está en estado lamentable. Hacerle reparaciones sería un gasto inútil y sería necesario fuerte cantidad".

Al año siguiente, el 19 de septiembre de 1909, el padre Varas informa al Obispo que ha procedido al traslado de todos los bienes de la Capilla de Villamonte a Río 1º.

Aporte fotográfico de

José Luis Zampini

  

Las ruinas del templo

 

Hace treinta años, de la mano de Pedro Manuel Atilio Santucho, apareció el libro "Historia del pueblo de Río Primero" que contiene valiosa información de la Capilla. Un detallado relevamiento, una visión personal de su posible arquitectura y antecedentes históricos, constituyen una punta de lanza para los estudios necesarios atinentes a la reconstrucción de este antiguo e importante monumento colonial.

 

Fachada (Pedro M. A. Santucho)

Planta (Pedro M. A. Santucho)

Dibujo de la Capilla (Pedro M. A. Santucho)

 

El Centro de Estudios Históricos de Río Primero (CEDEH) y la Asociación Civil Amigos del Patrimonio Histórico de Ansenusa, Suquía y Xanaes (A.P.H.A.) aúnan esfuerzos para posibilitar la conservación de este preciado bien patrimonial.

La Municipalidad de Río Primero, por su parte, el 29 de diciembre de 1987, por decreto Nº 0071/87, declaró de Interés Histórico Municipal a la Capilla de Villamonte y realizó los trámites ante el Gobierno de la Provincia para lograr la Declaratoria de Monumento Histórico Provincial. La gestión no prosperó hasta la fecha. 

Dice el Arq. Mgter. Sergio A.  Marchetti: "... desde el punto de vista histórico, arquitectónico y arqueológico, no sólo hay que considerar de valor al templo, sino también a otros sitios y edificaciones que nos muestran la evolución económica y arquitectónica de la estancia. El antiguo cementerio contiguo a la capilla; las ruinas de la casa de la época de la familia Villamonte; el cementerio posterior y el casco de la estancia del siglo XIX, requerirán de puntuales investigaciones y acciones de conservación".

Al día de hoy (agosto de 2018) las ruinas de la Capilla están inmersas en una exuberante vegetación, casi, “protegiéndola”.

 

 

Arqueólogos, arquitectos, historiadores, asociaciones culturales, organismos gubernamentales competentes, empresas comprometidas, comunidad toda de Río Primero, el mensaje de los muros de la Capilla de Ntra. Sra. de Copacabana es claro y contundente:  unan fuerzas y actúen a la brevedad, el tiempo apremia.

 

 

 

Datos complementarios:

Latitud: 31º 21’ 41.44” Sur

Longitud: 63º 38’ 18.62” Oeste

 

 

 

Fuentes de consulta:

  • A.A.C.: "Fundación de Capillas y Oratorios -1727 a 1905 en la diócesis, cementerios e inventarios" - Volumen II. Carpeta 6.

  • BRUNO, Cayetano: "Historia de la Iglesia en la Argentina - Tomo IV" – Editorial Don Bosco. Buenos Aires - 1968

  • "Gobernadores Beneméritos de la Evangelización en el Río de La Plata y el Tucumán - Epoca Española" - Ediciones “Didascalia” - Rosario -1993.

  • BUSTOS ARGAÑARAZ, Prudencio: "Villamonte, de Bizkaia a Argentina" - (21-09-2015)

  • DI STEFANO, Roberto: "La iglesia propia. Patronatos laicales del obispado de Córdoba en los siglos XVIII y XIX" - Itinerantes, Revista de Historia y Religión - 2013

  • EDICIONES POPULARES CORDOBESAS: "Río Primero, su gente y su historia" - Córdoba - 2006

  • GHIRARDI, M. Mónica: "Iglesia, sexualidades y estrategias familiares de selección matrimonial en Córdoba del siglo XVIII. Cuestiones de familia a través de las fuentes" - Córdoba, 2006

  • LIENDO, Ramón Amado, Pbro.: "PAROQUIAS DE CÓRDOBA" - Tomo I - A.A.C

  • LUQUE COLOMBRES, Carlos: "CUARTO CENTENARIO DE CÓRDOBA. Significado de la Fundación y otros escritos" - Junta Provincial de Historia de Córdoba - Córdoba - 1977

  • MARTINEZ de SANCHEZ, Ana María: “La resurrección de los muertos, significado del espacio sepulcral" - U.N.C. Conicet. - Hispania Sacra, Vol. 57, Nº115

  • MARCHETTI, Sergio. Arq.: "LA CAPILLA DE VILLAMONTE. Un testimonio colonial del Rio Primero a recuperar"

  • PARRAS, Pedro José, Fray: "Diario y derrotero de sus viajes España, Rio de la Plata, Córdoba, Paraguay 1749-1753" – Ediciones argentinas Solar – Buenos Aires - 1943

  • SANTUCHO, Pedro Manuel Atilio: "Historia del Pueblo de Río Primero" - Artesol Taller Editor - Córdoba - 1987

  • FURLONG CARDIFF, Guillermo, S.J.: "Arquitectos Argentinos durante la dominación hispánica" - Editorial Huarpes S.A. - Buenos Aires - 1945

  • GOOGLE EARTH PRO

  • Agradecemos a José Luis Zampini y al Arq. Mg. Sergio Marchetti por la colaboración brindada

 

 

       

Aporte fotográfico de José Luis Zampini

 

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