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SAN CARLOS BORROMEO

 

Los inicios

 

Mapa de Corneille Wytfliet (1598); resaltados: Córdoba, Fuerte de S. Espirito y el Río Carcarana

 

Cuando Concolorcorvo, en 1771, deja atrás Esquina de la Guardia, ingresa a la jurisdicción de Córdoba del Tucumán. De su relato volcado en 1773 bajo el título "El lazarillo de ciegos caminantes" extraemos interesantes consideraciones sobre las características del entorno que el cronista va descubriendo a lo largo de las siete leguas transitadas desde dicha Esquina hasta Cabeza de Tigre.

 

"A la salida del Carcañar o llámese de la Esquina de la Guardia, da principio a la provincia del Tucumán ... la de más extensión que acaso tiene el mundo ... que todos dividen en el pueblecito poco distante del oeste nombrado la Cruz Alta adonde no hay necesidad de entrar ... siguiendo el Camino Real de los correos por la jurisdicción de Córdoba, costeando el Río Tercero por la banda del oeste. Este río es muy caudaloso, de aguas turbias y mansas, algo salado y con bastantes peces que cogen los muchachos por mera diversión, dejándolos en las orillas, porque sus naturales, sin embargo de que la carne no está tan abundante como en los pagos de Buenos Aires, no los aprovechan, ni aún los perros lo quieren comer. Por la una y otra banda está bordeado de sauces, chañares y algarrobos. Los pastos no son tan finos como los de Buenos Aires, pero son de más fuerte alimento de los ganados. Los caballos y bueyes son fuertes y de mucho trabajo. Una y otra banda están pobladas de algunos pequeños criadores, que también cogen trigo y cebada. La fruta más común es el durazno. Muchachos, mujeres y hombres, aunque no sepan nadar, pasan este río en caballos, que son diestrísimos. Conducen forasteros de la una a la otra banda en un cuero de toro en figura de una canasta cuadrilonga, por el corto estipendio de dos reales, sin perder cuasi nada el barlovento, porque los caballos son tan diestros que siempre presentan el pecho a la corriente, y en cada viaje llevan dos hombres con su aderezo de caballos, pellones y maletas. Así como a la India Muerta y a Fraile Muerto se dice comunmente porque algún tigre mató a una india o a un fraile, se dice también que la Cabeza de Tigre es porque un hombre mató a una fiera de este nombre y clavó su cabeza en aquel sitio".

 

Josef Reseguín nació en 1742 en Tarrasa (España) y con tal solo 15 años ingresó en la Real Escuela Militar de Matemáticas establecida en Barcelona. En 1780 ubicado en Montevideo y con 38 años recibe, de manos del Virrey Juan José de Vértiz, el ascenso a Teniente Coronel de los Dragones de Buenos Aires. Un año después inicia una marcha de 20 días rumbo a La Plata en el Alto Perú para asumir el cargo de Gobernador Intendente del Puno y proceder a sojuzgar el levantamiento de Tupac Amaru y Tupac Katari. Copiando la ruta que previamente había transitado Concolorcorvo deja constancia, en varios escritos, las vivencias de dicho largo viaje. Uno de esos documentos datado con fecha 24 de julio de 1786 lleva por título "Examen de postas de las jurisdicciones de Córdova, San Tiago del Estero y San Miguel del Tucumán". De dicho material y al referirse a la Posta de Cabeza de Tigre, rescatamos que "... es una posta nutrida de suficientes caballos y reforzada por tapia y zanja para mayor seguridad". 

 

Angel García Rodríguez en su tesis "Influencias de las redes de transportes en la historia de los asentamientos humanos en la Argentina" incorpora el "Mapa Topográfico - Facsimil de la época de la formación del Virreynato" donde se detalla, con el nº 16 en la Carrera del Perú, la Posta Cabeza del Tigre ubicada a 7 leguas de la Posta de Esquina de la Guardia (nº15) y a 5 leguas de la Posta de Saladillo (nº 17).

 

En 1784, el astrónomo francés José Sourryère de Souillac partió de Buenos Aires con destino a Santa Cruz de la Sierra y dejó precariamente e inconcluso el relato del camino recorrido que, en 1838, es publicado bajo el título "Itinerario de Buenos Aires a Córdoba". Extraemos de su texto los siguientes párrafos:

 

"De los Desmochados a la Guardia de la Esquina hay 10 leguas cortas ... esta guardia divide las jurisdicciones de Santa Fe, de la Vera Cruz, y de Córdoba del Tucumán. De la Guardia de la Esquina a la posta del difunto Gutiérrez, hay 10 leguas: a las 3 leguas se llega a un pantano hoy transitable, (que llaman el Saladillo) e inmediatamente a un lugar que llaman la Cruz Alta; a las 7 leguas se hallan varios ranchos de estancias y chacras, que denominan la Cabeza del Tigre. Desde este paraje el terreno es arenisco (pero no llega a guadales) y poblado de bosques y árboles de todos tamaños; cuando desde Buenos Aires apenas se ven algunos duraznos en las inmediaciones de los ranchos: siendo hasta aquí todo el terreno gredoso, y la capa de la tierra negra, cosa de uno a dos pies; más adelante la superficie es de arena, y lo interior, tierra negra. A las 4 leguas di con un grande arroyo, llamado el Saladillo (bien que algunos me persuadieron que era el Río Cuarto, que entra en el Tercero) y como manifestaba traer mucha agua, me paré por ser tarde: la noche muy obscura y dicho río pantanoso".

 

El historiador José Ignacio Avellaneda rescata el documento que, bajo el título "Descripción de los caminos, pueblos, lugares que hay desde la Ciudad de Buenos Ayres a la de Mendoza, en el mismo reino", fue escrito por el Comandante de Frontera y de las Armas del Partido de Cuyo José Francisco de Amigorena y fechado en Mendoza el 6 de febrero de 1787. El mismo es un relato pormenorizado del camino transitado por el expedicionario donde se da cuenta, no solo de las características de la ruta, los caminos secundarios y las distancias, sino que también aporta una importante y valiosa información sobre la geografía en general, los asentamientos poblacionales y sus recursos de subsistencia. De dicho diario de viaje extraemos un fragmento donde se consigna que, una vez dejada atrás la Posta de Esquina de la Guardia pasan en cercanías de Cruz Alta mientras ponen rumbo a la siguiente Posta:

 

"A la Posta de la Caveza del tigre (se pagan 7 leguas): Una Milla de la Posta se halla el Puente que llaman de la Esquina en un Estado bien fatal, sin Puente levadiza ni Puertas, el foso cegado, o casi, parejo con lo demás. La muralla que de tapia ya se viene al suelo, como también las Paredes (que es lo que queda) de un edificio interior destinado para cuartel de la Guarnición: Esta se compone de 6 Infantes Veteranos mandados de Buenos Ayres cuyo Cavo hace de Comandante, y están con tal incomodidad, por el mal estado del Cuartel que cuando llueve apenas hay sitios dentro de el donde poder colocarse los fusiles de modo que no se mojen: Nos parece que un solo Cañonazo disparado dentro del fuerte será bastante para que parte de el se venga á dar a tierra. Solo un pedrero havia montado cuando pasamos. Al amparo de este Fuerte viven 30 o 40 personas mui pobres repartidas en siete Ranchitos, las quales se mantenían de la Cria de algunos Animales, pero ahora que los Indios se los han llevado, se verán precisados a mendigar, avandonando estos parajes para salvar las vidas. Aquí acaba la Jurisdicion de Santa Feé, y principia la de Cordova [dato incorrecto ya que el límite se ubica en la Posta anterior de Esquina de la Guardia]. Una legua delante se vé al Sur el Camino de la Casa que llaman del difunto Tamie que solia tener mucha Hacienda pero yá los Indios llevaron este mes de Octubre ultimo toda la que havia, matando, y cautivando al mismo tiempo cuantos pudieron de los Dueños. Otra legua larga mas adelante entre el Rio, y el camino está el pueblo llamado de la Cruz Alta; ... cuatro leguas ay hasta la Posta y no se encuentra en ella Poblado alguno ni Animales. Consta aquella de un Rancho, y su Cocina cercado todo últimamente de una Muralla de Adoves aunque sin puertas ni Armas para su defensa. Havia aqui tres o cuatros Ranchos cuyos dueños se mantenían con la Cria de Animales, pero como ahora arrasaron todo los Pampas, tratan de reparar el Rio, y mudarse al Norte. El Mro de Posta salvo (con) la fuga de la vida y con una cortísima porción de caballos que se les huyeron a los Indios, y volvieron a la querencia, sigue sirviendo la Posta; pero cesara sin duda al primer rumor de otra imbasion".

 

Si su interés es acceder al relato específico que abarca el trayecto transitado dentro del territorio cordobés, haga click aquí.

Por el contrario, si su deseo es tomar contacto con la integralidad del documento y por ende, de todo el viaje, haga click aquí.

 

Integrando un equipo de especialistas y financiados por el estado español, el geológo y minero alemán Anton Zachariah Helms viajó entre 1788 y 1789 a Sudamérica con el objetivo de optimizar, con novedosas tecnologías de la época, la explotación de los ricos recursos en plata descubiertos en nuestras tierras. Durante su viaje vuelca sus experiencias las que serán publicadas en un libro bajo el título "Viaje desde Buenos Aires a Lima por Potosí"; en el mismo deja consignado que "... desde Esquina de la Guardia a Cabeza del Tiguere [así consta en el original] hay veintiun millas. Cabeza del Tiguere está junto al Río Tercera [así consta en el original] cuyo lecho es de granito molido. Desde Cabeza del Tiguere hasta Saladillo hay veinticuatro millas. La mayoría de las estribaciones de la zona están totalmente cubiertas de salitre natural como si fuese escarcha".

 

Portada y fragmento del libro de Anton Zachariah Helms

 

Walter B. L. Bose en su artículo "Córdoba, centro de las comunicaciones postales en las Provincias Unidas del Río de La Plata" consigna que viniendo de Córdoba hacia Buenos Aires, a cinco leguas de la Esquina de Lobatón "... sobre el lado Sud del Río Carcarañá, estaba la Posta Cabeza de Tigre cuyo Maestro de Postas era Don Laureano Maldonado a quien el 26 de junio de 1797 reemplazó Don José Ramón Rivarola. Este fue 'apeado de su empleo por faltas en el cumplimiento de su deber' el 3 de enero de 1805; siguiéndole Venancia Galbán quien también fue 'apeado de su empleo por un robo de ganados' en 1808 siendo reemplazado por Matías de León el 1 de abril de ese año".

Las postas funcionaban como aceitado sistema de auxilio de los viajantes suministrando refugio para el descanso, alimentación y apoyo logístico en lo que concierne a la provisión de animales de refresco. Todo el servicio tenía determinados costos preestablecidos. En este tenor es interesante un documento que extraemos de los "Apuntes históricos de Salta" donde, bajo el título "Expediente de la Intendencia de Córdoba sobre gastos causados por los milicianos de Salta", se consigna un "... recibo otorgado al Maestro de Posta por orden del Comandante Don Eufrasio Agüero, 88 p. por caballos de silla y seis que ocupan los carruajes. En la posta Cabeza del Tigre, 18 de junio de 1807. Auxilios dados por el vecindario. Dos reses, a tres pesos cada una".

A lo largo del lustro 1819/1824, el botánico e ingeniero inglés John Miers, realiza varias expediciones a Sudamérica interesado por motivaciones científicas. De resultas de sus relevamientos nacen dos volúmenes que fueron publicados en Londres en 1826 bajo el título "Travels in Chile and La Plata - 1819/1824". Al recorrer sus páginas nos encontramos con apostillas sobre su paso por la Posta Cabeza de Tigre.

 

"A cuatro leguas de Cruz Alto [así consta en el original] está la Posta de Cabeza del Tigre, una choza miserable, ubicada en medio de una cerca de cactus; junto a ella hay varias chozas miserables dispersas, el Maestro de Posta cuenta con un recinto cuadrado de buen tamaño, una pared de ladrillos secados al sol de unos ocho pies de altura constituyen la construcción de la pequeña vivienda dentro de la cual se refugian los habitantes buscando protección cuando los indios asedian. Unos meses antes de mi llegada, un grupo de indios montados aparecieron al amanecer, a la distancia de un cuarto de milla. Ante la primer alarma toda la gente se refugió en este lugar cerrado luego que la mayor cantidad de ganado, como se pudo, fuese recogida y conducida a una zona vecina segura. Los indios, a medida que se acercaban y conforme no podían sortear el cerco con los caballos se contentaron con tomar cuantos caballos y mulas pudiesen. Las vacas destinadas al ordeñe no se dejan que vaguen por miedo a la depredación india y así se logran conservar mientras que la carne de mula la asumen como excelente para alimentarse. El alojamiento aquí es bastante miserable; el viajero que pasa por este sitio debe familiarizarse con lo sucio y repugnante del lugar y su gente; tenga la certeza que se ha superado el límite de la miseria y la barbarie y que tanto el alojamiento como su tarifa no pueden ser peores".

John Miers y fragmento de su obra

 

En el libro "Viajes por América del Sur" editado en Londres en 1825, el viajero inglés Alexander Caldcleugh Beatson (nacido en Londres, Inglaterra en 1795 y fallecido en Valparaiso, Chile en 1858) vuelca con minuciosidad de detalles su experiencia; recorriendo sus páginas nos encontramos que, siendo el 1º de marzo de 1821 y una vez dejado atrás el pequeño conglomerado de Cruz Alta, se dirige hacia Cabeza de Tigre distante cuatro leguas, apuntando que "... perdimos el camino al oscurecer y a las nueve de la noche llegamos a una de las mejores postas del camino; no tenía pulgas y la patrona era una mujer de muy buenos modales. Había muchas plantas de tunas, de doce pies de altura, más o menos, que daban una flor blanca. Rodeaban la casa algunos árboles pequeños y en los alrededores el campo estaba cubierto de matorrales; el agua era muy buena. Durante estos últimos días habíamos podido comer zapallos, que se consumen mucho y me resultaron muy agradables porque ya se me hacía difícil alimentarme únicamente de carne. Los gastos hechos en los distintos lugares donde había pasado la noche, fueron insignificantes; la remuneración más apropiada consistía en un poco de yerba para la patrona de la casa que me la retribuía siempre ofreciéndome lo mejor que podía disponer".

 

 

En 1823, el escritor inglés Robert Proctor llega al país con el objetivo de cruzarlo en procura de Chile y de allí, al Perú. Al regresar a su país, todas las notas acumuladas a lo largo del viaje se incorporan a un libro al que títuló "Narraciones del viaje por la Cordillera de los Andes".

 

Del mismo, extraemos lo siguiente: "Salimos por la mañana muy temprano, y trasponiendo el terreno alto donde está el villorrio de Cruz Alta, llegamos por la tarde al Saladillo, en cuyas márgenes está 'Cabezo del Tigre' [en "castellano" en la versión inglesa del libro]. Las orillas del río estaban bellamente adornadas con sauces, que, después de larga y total ausencia de arbustos, daban al paisaje aspecto interesante. La corriente era regularmente ancha y profunda, barrosa y salobre como lo indica su nombre; nace en una de las grandes lagunas saladas que abundan en el país. Las orillas son muy altas y como el agua era demasiado honda para pasar en el punto donde alcanzamos el río, nos vimos obligados a costearlo algunas leguas hasta llegar a vado; allí los pasamos sin gran dificultad y subiendo a terreno alto, llegamos al villorrio Saladillo compuesto de pocos ranchos muy diseminados en una especia de campo comunal; allí había otra guardia contra invasiones de indios".

 

A principios de la segunda década del siglo XIX, el comerciante Samuel Haigh reitera un viaje por nuestras tierras, de los mismos hay dos trabajos publicados en los años siguientes, uno es "Bosquejos de Buenos Aires, Chile" editado en 1829 mientras que el segundo, "Bosquejos de Buenos Aires, Chile y Perú", corresponde a 1831. Del primero de ellos extraemos una reseña que tiene que ver con la zona de Cabeza de Tigre; el autor apunta que "... de la Arroya del Medio [así se consigna en el original] a la Esqueno de Balesteros [así se consigna en el original], las postas son muy miserables a lo largo de todo el camino. Este es el territorio en disputa entre los indios salvajes de las Pampas y los Gauchos; por esa razón las postas de Tigre, Cabeza del [así se consigna en el original] Cruz Alta, Saladillo, Fraile Muerto están todas fortificadas para resistir los sanguinarios ataques de los indios. El modo de fortificación merece un comentario sobre su singularidad. Higueras tunas, que crecen a la altura de veinticinco a treinta pies, son plantados muy juntas, en forma circular, y dentro de este recinto los habitantes de la aldea encuentran refugio; a veces hay una zanja alrededor de estas defensas. Como los indios solo están armados con arcos, flechas y largas lanzas no pueden causar ninguna preocupación. los gauchos suelen tener mosquetes y con ellos disparar desde detrás de sus fortalezas vegetales gracias a que caballos y hombres no pueden sortear este obstáculo".

Fragmento del libro "Sketches of Buenos Ayres and Chile" de Samuel Haigh

 

Haigh se extiende sobre la cotidianeidad de la dura vida en la zona; en su libro, reproduce que los lugareños le cuentan que "... los indios suelen cabalgar haciendo círculos muy cerca de la zanja, profiriendo fuertes gritos y ruidos a modo de desafío mientras dibujan cientos de trucos sobre sus caballos. Estos animales son considerados lo mejor de las pampas, los crían y cuidan mejor que los gauchos, nunca montan a las yeguas que destinan solo para la cría o como alimento de sus amos salvajes a quienes acompañan en las largas expediciones de merodeo. Con esta estrategia, los indios sorprenden a los cristianos tanto por la velocidad de sus movimientos sino, además, por no sufrir hambre durante las extensas travesías. Los fuertes conservan aún algunos restos deteriorados de los pertrechos y muebles de la época de los españoles, algún cañón pequeño vetusto y doblado que, de intentar utilizarlo, convertiría en víctima al mismo artillero. La precariedad de las defensas hace que los indios, por menor que sea su número y con solo apelar a la sorpresa nocturna, logran con facilidad su objetivo destruyendo una aldea entera y su población, matando a todos sin hacer distinción entre ancianos y niños; solo los más pequeños y las mujeres se convierten en cautivos; capturan caballos y ganado y tras de sí, dejan un páramo incendiado. Los gauchos cuentan historias horribles y atroces respecto a estos ataques cuyas secuelas se evidencian con solo observar las chozas convertidas en negras ruinas. Dentro de este mundo salvaje, los gauchos no evidenciaban diferencia alguna en su proceder degollando cuellos con la misma perversidad. En una cabaña llamada Candelaria vi a dos niños indios que habían sido tomados cautivos cuando sus padres y toda la tribu que los acompañaba habían sido masacrados. Los críos, uno de los cuales tendría unos siete años, habían sido tomados como propios, se los veía totalmente desnudos, con piel cobriza, estómagos hinchados como sapos, piernas cortas y chuecas, cabeza redonda, bocas anchas en exceso, pelo grueso de una negritud que competía en intensidad con el negro de sus ojos; decididamente, eran muy feos, nunca había visto dos monstruos tan horribles".

Hacia 1824, camino a Chile, el futuro Papa Pìo IX transita estos caminos. El relato de este viaje lleno de viscisitudes se editó en Roma en 1827 bajo el título "Storia delle Missioni Apostoliche dello Stato del Chile. Colla descrizione del viaggio dal vecchio al nuovo mondo fatto dall´autore". Del original del mismo extraemos unos párrafos donde se consigna que, luego de haber dejado atrás la Crociada (así consignado refiriéndose a Cruz Alta) "... el terreno continúa siendo gredoso y no mejora hasta las cercanías de la siguiente Posta que se llama Cabeza de Tigre por un tigre que fue ultimado y se mantuvo lo que en lengua española se dice 'cabeza' expuesta durante largo tiempo. Esta es una buena Posta que cuenta con un pequeño cañón para su defensa el que puede ser girado en todos los sentidos. Aquí comienza a costearse el Río Tercero que es bastante grande. Las orillas de este río son arcillosas y rojizas [en el original usa el término 'cardellinoso' asociable al pájaro 'cardellino'] y, después de las del Paraná son las primeras que se presentan cubiertas de conjuntos de árboles a modo de bosquecitos los que se cuentan en pequeñísimo número".

 

 

Desde Francia, a fines de 1825, parten dos embarcaciones que atracarán en Chile, se trata de la Fragata La Thetis y la Corbeta L'Esperánce. Un grupo de su tripulación inician, el 26 de enero de 1826, un largo camino con destino final en Buenos Aires cruzando la cordillera por el Paso del Río Blanco. A mediados de febrero arriban a la Posta de Cabeza de Tigre. El relato de la travesía es asumido por el Teniente de Navío de La Thetis Conde Edmond de la Touanne con la tutela y autorización del Capitán de Navío Barón de Bougainville. La obra será publicada en París, varios años después, en 1837 bajo el título "Itinéraire Valparaiso et de Santiago de Chile a Buenos Aires para les Andes et les Pampas". El cuadro donde se refleja el detalle del itinerario recorrido, en el espacio reservado al tramo desde Punta del Agua hasta Arroyo de en Medio, se deja constancia que "... Cabeza del Tigre [así consignado en el original] es una Posta rodeada por un foso y empalizada de cactus".

 

 

Mapa de John Arrowsmith - 1834

 

La Armada de Estados Unidos organiza una expedición astronómica que recorre, durante 1852 y 1853, dos veces el camino que une Buenos Aires con Chile. El Teniente James Melville Gilliss, responsable del proyecto, recopila toda la información acumulada que incluye y la vuelca en una obra que se publica en 1855 bajo el título "The U. S. Naval Astronomical Expedition to the Southern Hemisphere during the years 1849 to 1852". La travesía de 1852 consistió en realizar el viaje de oeste a este; la etapa por el interior del territorio cordobés, la hacen acompañando al Río Cuarto, el Saladillo, el Río Tercero y el Carcarañá. De dicho texto extraemos que "... Saladillo está situada cerca de la unión de los ríos Tercero y Cuarto; este último es mucho más pequeño en este punto que en el sitio donde lo habíamos cruzado anteriormente. Cerca de la Punta del Sauce se extiende formando lagunas y pantanos y una gran parte de su agua se evapora o se absorbe en el suelo. Lo que llega al Tercero está impregnado de sal hasta el punto de ser inútil para el riego o la bebida. El Tercero es una corriente más considerable. Se vacía en el Paraná, y solo en estaciones muy secas es demasiado salado como para usar. Cruzamos el Río Cuarto donde tenía quince yardas de ancho, dos pies de profundidad, y tenía una corriente de aproximadamente dos millas por hora, y de allí avanzamos junto a la orilla sur del Tercero, sobre la pampa, hasta la casa de Posta de La Cabeza del Tigre, donde nos detuvimos para la siesta. A mitad de camino pasamos una Posta llamada Esquina de Lovaton. La Cabeza del Tigre está mejor fortificada que la mayoría de las postas que habíamos conocido. Está rodeada por dos cercos y un seto de cactus intermedio, con otro seto de cactus y una zanja que rodean a la totalidad. Además de la posta, hay una o dos cabañas fuera de las fortificaciones. El clima es muy opresivo. Termómetro 93°F [unos 34°C] en el lugar más fresco. Este día, por primera vez, me vi obligado a usar la autoridad con el arriero que argumentó que sus animales sufrían en sus cascos por el calor del suelo, atento a lo cual sugirió detenerse para la siesta en un sitio del camino donde no había refugio ni leña con la cual cocinar nuestra cena. Todo ésto, aún cuando la posta estaba a la vista, a no más de una legua y media. Frente a esta situación me vi obligado a amenazarlo con no pagarle el precio estipulado a su llegada a Rosario. El secreto del asunto era que el hombre era exageradamente avaro, por lo cual invariablemente prefería acampar lejos de las postas con la intención de evitar la obligación de tener que pagar".

 

 

Diego Barros Arana

El pedagogo liberal chileno Diego Barros Arana, considerado en su país como el más importante intelectual e historiador del siglo XIX, era en 1858 el Director del diario La Actualidad; desde el mismo realizaba una fuerte y enfervorizada oposición al gobierno de Manuel Montt; éste, con el objetivo de acallarlo, inicia una persecución sobre su persona que obliga al escritor a buscar refugio al otro lado de la cordillera en el exilio argentino. Los últimos días de diciembre de aquel año inicia el largo viaje con destino a Rosario donde, por entonces, vivía su hermana mayor. En una libreta de apuntes fue volcando apostillas de dicho periplo; de la misma rescatamos que "... el 14 de enero de 1859 pasamos por los pueblitos de San Jerónimo o Fraile Muerto y el Saladillo de Rui Díaz y alojamos en la Posta de Cabeza de Tigre. El 15, salimos a las dos de la mañana y pasamos por las últimas postas cada una de las cuales tienen un recuerdo histórico. Todas tienen una especie de fortificación porque están rodeadas de fosos y quiscos que crecen con mucha rapidez para defensas contra los indios".

 

Durante los años '60 del siglo XIX se inician y consolidan las redes ferroviarias en Córdoba; este proceso genera un radical cambio de la fisonomía poblacional de la provincia. Carolina Peralta en su trabajo "La gran mutación - La urbanización del siglo XIX: 1810-1914" concluye que " ... antes de la llegada del ferrocarril más del 70% de la población, se concentraba en los departamentos Norte, Oeste, Capital y Centro de la Provincia producto del coloniaje. Después del arribo del ferrocarril los departamentos del sur y este se incorporan, y la situación se invierte, más del 70% de la población se distribuye en la zona opuesta produciéndose una completa inversión demográfica, donde solo la capital conserva su peso porcentual".

Veinte años antes, en 1840 el Gobernador de la Provincia Don Manuel López había impulsado un censo donde se consignó un registro pormenorizado de los datos personales de los habitantes así como su ubicación definida como departamento, partido, estancia, lugar o chacra. En algunos casos los censistas agregaron los datos de ocupación y la propiedad de ganado. Con ese cúmulo de información se construyó un mapa de la provincia que utiliza Carolina Peralta como sustento de sus conclusiones en el trabajo anteriormente mencionado.

 

Mapa de 1840 incluído en el Anuario Estadístico - Edición Bicentenario 2016 donde se observa una mayor concentración de población en el norte, oeste, capital y centro de la provincia previa a la llegada del ferrocarril y que se invertirá luego del avance de la red férrea (la línea diagonal es una inclusión de nuestra autoría)

 

Todo ese enorme espacio territorial vecino al Carcarañá lucía con bosques que no necesitaban ser talados, por ejemplo, para alimentar hornos de ladrillos ya que la escasa población apelaba a la construcción con la técnica del adobe; por otra parte, el sustento de los pocos habitantes se cubría con pequeñas huertas y una ganadería basada en animales cimarrones (equinos y vacunos) que, dejados por los españoles, se reproducían libremente sin esfuerzo alguno. En esta etapa según María del Carmen Corigliano en su trabajo "Ecología histórica de la subcuenca del Río Carcarañá" se incorporan álamos, manzanos, higueras, nogales y durazneros en las estancias, las postas y los pequeños poblados.

La posterior ampliación de fronteras desplazando a las comunidades indígenas hacia el sur impulsan la ganadería que se vuelve controlada y pastoril privilegiando los colonos criollos el ganado bovino mientras que las estancias administradas por ingleses se dedican a lo ovino. María del Carmen Corigliano amplía que, en lo previo a la llegada del ferrocarril y una vez consolidado el mismo "... existía una incipiente agricultura precapitalista, en especial en la zona del Tercero. En 1868 en [toda la zona aledaña a] Fraile Muerto se cambia la ganadería por la agricultura. Esto constituyó un avance significativo del trigo, si se tiene en cuenta que en las postas, hasta esa época, se comía carne y algunas verduras pero no había pan". La misma autora afirma en su trabajo que se impulsa un proceso de desmonte con el objeto de liberar espacio para destinarlo a la agricultura eliminándose "... algarrobos, chañares, espinillos, molles", se tala el ñandubay para utilizarlo en postes de alambrados y finalmente, se aprovechan los distintos tipos de maderas en la nueva red férrea fabricando con ellos "... traviesas, vagones y calzadas ... importándose de Inglaterra todo lo que era de hierro".

Este proceso significó un notable movimiento de migración interna desde el nordoeste de la provincia hacia el sudeste, como así también desde la vecina provincia de Santa Fe donde el aumento del valor de sus campos obligaba a la búsqueda de precios más económicos en Córdoba y por último, debe sumarse el auspicio de la llegada de inmigración extranjera. En conclusión, la explosiva modificación demográfica generada en el sudeste cordobés propició que, con rapidez, crecieran las minúsculas comunidades preexistentes y, en paralelo, nacieran nuevos pueblos.

 

Mapa de Echenique de 1866 incorporado en la investigación de Juan D. Delius: "Reseña acerca de los campos que circundan la antigua estancia Monte Molina, Saladillo, Córdoba"  - Obsérvese la individualización del Fuerte de Barreras (entre las Postas de Cabeza de Tigre y Lobaton) y el espacio reservado para el tendido férreo

 

 

Pueblo Sauberán - Estación Los Surgentes

 

Antonela Ramponi Reschini en su trabajo dedicado a Sanford y Los Molinos (ubicadas en la zona de lo que era la Posta de Los Desmochados en la provincia de Santa Fe) bajo el título "Déficit identitario" da cuenta que, tras la conquista del desierto "... en la zona de Sanford y Los Molinos, tres grandes estancieros eran propietarios de la totalidad de las extensiones de tierras: Domingo Leguizamón, Manuel Pesoa y la Sociedad entre Sauberán [hermanos Carlos y Pedro] y Pedro Capdevielle [cuñado de los Sauberán]". Según la autora, estos últimos, "... arribados de su Francia natal en 1884, constituyeron en 1889 la sociedad 'Sauberán y Cia.' que se amplió en 1895 con la incorporación de Don Juan Bazet [en algunos casos se lo identifica como Basset] llamándose 'Sauberán y Capdevielle', dedicada principalmente al comercio de granos y explotación agrícola". La sociedad en muy pocos años y de resultas de numerosas compras, conforma un significativo patrimonio territorial en las provincias de Santa Fe y su vecina, Córdoba.

Carlos Sauberán

 

Marta Nuñez en su libro "Trascurso histórico de Los Surgentes" vuelca una descripción de Carlos Sauberán basándose en "... un órgano periodístico de la época". Según dicha particular versión, el empresario francés "... era un caballero, como amigo y principalmente como protector más decidido de sus numerosos subalternos. Don Carlos, afectuosa denominación con que se le trataba en el vastísimo círculo de sus relaciones, no era como podría suponerse un hombre orgulloso, dado su cuantiosa fortuna. Francés de origen, con inteligencia poco común, y hábitos sencillos, discurría siempre con la bonhomía de su carácter franco y expansivo y convincente y eficaz cuando terciaba en un debate de esos tan comunes en sociedad. A su iniciativa se debió el desarrollo que se dio en la región a la siembra del maíz, y los que dudaron de su éxito, cuando Sauberán dedico sus campos a ese cultivo fueron los primeros en reconocer que su previsión salvo del desastre agrícola a los que recargaban sus campos de trigo y lino solamente. Generoso y desprendido, como buen francés, es de los que figuraban siempre en primera fila en todo lo que refería a iniciativas en Villa Casilda y es tradición de su casa de comercio, que los que permanecieron en ella durante algunos años labraron allí su bienestar, proporcionalmente al caudal de competencia que aportaron".

Muchos años después, en 1932, el Sacerdote Juan Carole que sería el responsable de la Parroquia de Los Surgentes desde su primer fundación opinaría de un modo muy diverso. Hilda Augusta Schiavoni, en su trabajo integrado al "Civitatis Mariae", rescata palabras del Párroco donde clasifica a Carlos Sauberán como "... una persona carente de sentimientos religiosos".

Juan D. Delius en su minucioso trabajo titulado "Reseña acerca de los campos que circundan la antigua estancia Monte Molina, Saladillo, Córdoba", incluye un mapa de Warner de 1903 que es relevante para esta reseña ya que en el mismo, a pocos años de iniciarse el loteo de la zona, no figura aún el nombre de Sauberán. Como se puede observar, los terrenos están identificados como de propiedad de N. Casas (por Nazario Casas) e incluyen lo que en el Mapa de Echenique aparece como Fuerte de Barreras (hacia principios del siglo XIX, el mismo ya era una ruina) y su correlato posterior como Campo de Barreras. Para los primeros años del siglo XX las propiedades habían sido heredadas por los hijos ya que, según Deluis, "... Nazario Casas había fallecido en un duelo en 1890".

 

 

Mapa Warner 1903

 

En el trabajo de Delius se consigna que en 1908 todas estas tierras que incluían la identificación de Colonia Los Surgentes (nombre atribuído a Nazario Casas en 1888) ya eran propiedad de la Sociedad que conformaban Sauberán, Capdevielle y Bazet. La adquisición a los herederos del total de estas propiedades es una progresiva secuencia de compras iniciadas en 1903.

 

Mapa Peralta 1905 donde la Estancia "Las Cañas" figura con el nombre de Sauberán como propietario

 

El 4 de noviembre de 1911 "Sauberán y Capdevielle" pone en marcha un loteo y venta de terrenos de su propiedad que será la simiente de la nueva comunidad. La publicidad aseguraba que "... el Pueblo 'Carlos Sauberán' Colonia y Estación 'Los Surgentes Línea Rosario - Casilda - Cruz - Los Surgentes y Córdoba' se está formando con los auspicios de su inmenso porvenir, por su situación privilegiada, sus aguas riquísimas a los 10 m y a 80 m los surgentes, rodeado de extensas colonias, cuyos productos, por el puente proyectado y su gran camino, tendrán acceso a la Estación 'Los Surgentes' por ser el punto más próximo de embarque. El trazado del Pueblo 'Carlos Sauberán' está hecho de acuerdo a las exigencias modernas, plaza, avenida y calles amplias, lotes muy bien ideados para casas de negocios o veraniegas, por su proximidad (2 km) al Río Tercero o Carcarañá, se obtiene arena a 1$ el metro y los ladrillos a bajo precio en los hornos existentes".

En los planos que diseñaban el pueblo ya se preveía, con claridad, la ubicación de la futura iglesia.

 

Archivo Arquidiocesano de Córdoba - AAC - Cajas de Parroquias - Los Surgentes - Carpeta 5, Folios 13

 

En el Archivo Histórico de la Provincia de Córdoba en sus Series Notariales 1, 2, 3 y 4 correspondientes al período 1882-1925 encontramos dentro del Catálogo de Planos realizado por el Licenciado Eduardo Gould que, a Folios 484 y 485 del 10 de mayo de 1914 y refrendado por el Escribano Adscripto Valentiniano Peralta, se incorporan los planos del Pueblo Carlos Sauberán - Estación Los Surgentes (correspondiente al Departamento Marcos Juárez, Pedanía Cruz Alta), identificando como "Partes" a Carlos Sauberán vecino de Casilda (Provincia de Santa Fe). En el apartado titulado como "Asunto" la ficha consigna lo siguiente: "Pueblo Carlos Sauberán - Estación Los Surgentes: Plano del pueblo Sauberán ubicado al Sur de la estación de Los Surgentes, ramal Casilda a Dalmacio Vélez, FF.CC. Central Argentino. La avenida Liniers divide a la población de Norte a Sur y, en la parte central, se hallaba la plaza San Carlos. En la manzana 29, se había reservado un lote para iglesia; en la 25, uno para comisaría; en la 36, otro para "colegios"; en la 37, otro para Municipalidad; en la 38, otro para juzgado y registro civil; y en la 47, otro para hospital. En uno de los esquineros del plano, se halla dibujado el pueblo y las "quintas" las cuales se extendían tanto al sur de la población como cruzando las vías. Observaciones: El pueblo se hallaba ubicado en una parte del campo conocido como "Los Surgentes", ubicado al Sur del río Tercero-Carcarañá; y, además, aparecen delineados la estación, el galpón de carga, el molino y un tanque de agua e incluso sendas máquinas a vapor tirando vagones".

 

El mismo Carlos Sauberán cederá en 1914 otros lotes de su propiedad para la radicación del cementerio de Los Surgentes a unos kilómetros hacia el oeste del pueblo en cercanías del Monte de los Papagayos donde, poco más de un siglo antes, había sido fusilado Liniers.

A la derecha, imagen actual del mismo.

 

La Parroquia

 

Hilda Augusta Schiavoni consigna en su trabajo de recopilación histórica integrado al "Civitatis Mariae - Historia de la Diócesis de Villa María" que "... el Presbítero Antonio Trías presentó los planos de la Iglesia el 5 de abril de 1915 ante el Ilustrísimo y Reverendísimo Sr. Arzobispo de Córdoba Dr. Fray Zenón Bustos y Ferreira". La carta en cuestión expresa que "... tiene el honor de proponer a la aprobación ... el plano de la Iglesia que se proyecta levantar en el Pueblo Carlos Sauberán, Estación Los Surgentes, si es de su conformidad". (Acceda al documento original haciendo CLICK AQUI).

Conjuntamente con dicha carta el Presbítero Antonio Trías envía otra carta al Monseñor Eduardo Ferreyra, Secretario del Obispado de Córdoba donde le menciona el envío de los planos de la Iglesia que se aspira construir en Los Surgentes para lo cual, "... ruégole apure su aprobación pues queremos empezar la obra cuanto antes". Lo curioso de este otro texto es que Trías dedica buena parte de su contenido a tomar posición sobre una grave denuncia expuesta en "Patria degli italiani", publicación destinada a la colonia italiana, referida a un caso de abuso que involucraba a un sacerdote de la zona y una niña de 12 años. (Acceda al documento original haciendo CLICK AQUI). Los dos documentos anteriores corresponden al Archivo Arquidiocesano de Córdoba - AAC - Cajas de Parroquias - Los Surgentes - Carpeta 5, Folios 10 y 11.

En relación a este periódico, Mariana Baravalle en "La prensa y la inmigración en la Biblioteca Nacional Argentina" consigna que "... el diario 'La Patria degli Italiani' nace, en octubre de 1893, en reemplazo de 'La Patria' siendo cercano a la tradición republicana. Defendía el anticlericalismo, la preservación de la italianidad, la libertad de trabajo, el comercio y la emigración. Una o dos veces por semana publicaba los nombres de los barcos llegados al puerto de Buenos Aires con la respectiva lista de pasajeros".

Según Schiavoni en "Civitatis Mariae", unos meses después, "... el 3 de julio de 1915, el Sr. Sauberán escribió al Obispo diciendo que tal como le había prometido le adjuntaba un plano del pueblo. En el mismo hacía figurar un terreno de 60 por 65 metros destinado para la Iglesia del Pueblo ya escriturado al Gobierno de la Provincia de Córdoba, para lo cual se comprometía en dejar una calle de 10 metros de ancho para que el terreno del templo fuera totalmente independiente del lindero a 'cuatro calles'".

En 1916 y con solo tres años de labor, la iglesia estaba concluída siendo por ese tiempo, Fray Zenón Bustos, el Obispo provincial y el Cura Párroco Don Antonio Trías que, asignado a Cruz Alta, asumía autoridad sobre la parroquia del Pueblo Sauberán.

 

Obispo de Córdoba Fray Zenón Bustos y firma del Cura Párroco Antonio Trías de Cruz Alta

 

En agosto de ese mismo año 1916 encontramos al padre Antonio Trías navegando de España rumbo a Buenos Aires a bordo del Vapor Correo Infanta Isabel de Borbón. Una carta escrita por el Padre Félix Barañera da cuenta que el 20 de dicho mes se oficia una ceremonia que, relatada con lujo de detalles, da cuenta del bautizo de unos sesenta niños en medio del Océano Atlántico por parte de Antonio Trías "... cura de Cruz Alta, Diócesis de Córdoba (Argentina), sirviéndole el Sr. Capellán de Presbítero Asistente, mientras el sexteto ejecutaba escogidas piezas de Gounod y de Wagner". Continúa el autor de la misiva asegurando que "... nunca la marcha real española me pareció tan majestuosa como aquella mañana, al escucharla tan lejos de la patria, cuando se alzaba la Hostia Santa entre el azul del mar y el azul del cielo".

A partir de 1923 y durante tres años se oficiaron continuos reclamos epistolares reclamando la autonomía de la Parroquia del Pueblo Sauberán y luego Los Surgentes por fuera de la dependencia de Cruz Alta. El Sacerdote Gerardo Nis, recién asumido, era el que, por entonces rechazaba frente a diversos interlocutores y con distintos argumentos la solicitud de los habitantes del naciente pueblo. Sus argumentos mutaban de proponer "... enviar un sacerdote ayudante a la Parroquia de Cruz Alta para poder servir en las 15 leguas del Decanato y atender mejor a los pueblos que la formaban sin desatender a Cruz Alta cuyo movimiento iba en aumento ..." o atribuir a solo "... dos señores los que instaban a los colonos y población sobre la necesidad de hacer de Los Surgentes una Parroquia engañándolos movidos por intereses particulares". Una de esas personas a quienes Nis acusaba de impulsor de la propuesta no era otro que Carlos Sauberán.

 

Para noviembre de 1924 existe una carta que, firmada por Luis Carignano, es dirigida al Reverendo Vicente Alvarez donde el firmante funda su reiterada solicitud en el hecho que el mismo pueblo había asumido una particular animosidad hacia el anterior Parroco Trías de resultas de su negativa a aceptar la nueva Parroquia; por tanto, la comunidad de Pueblo Sauberán había tomado la decisión de desistir concurrir a los oficios en la vecina Cruz Alta. El texto incluye una dura amenaza: "... el pueblo se negará a pagar la subvención y dar la correspondiente limosna al Vicario Conservador ...", agregando estar dispuestos a celebrar "... las misas y funerales en otros pueblos". Es interesante esta carta porque en la parte superior izquierda, de modo manuscrito, queda asentado un texto duro y escueto: "No se concede".

(Archivo Arquidiocesano de Córdoba - AAC - Cajas de Parroquias - Los Surgentes - Carpeta 5, Folio12)

Acceda a la carta, haciendo CLICK AQUI

 

Son varias las cartas de Carlos Sauberán que Schiavoni rescata en su trabajo "Civitatis Mariae", una de ellas es la del 15 de diciembre de 1924 donde el fundador del pueblo reconoce "... ser consciente de haber herido intereses ...", recuerda "... haber donado un terreno de abundantes dimensiones ..." y evaluó "... contar con los fondos necesarios que ya alcanzaban los 70000$". Otra de las misivas es de marzo de 1925 donde Sauberán promete a Monseñor José Luque "... contribuir con dinero y su esposa con un altar principal, obligándose a hacerse cargo del enrejado y de los portones de hierro".

El 11 de agosto de 1925, el Poder Ejecutivo representado por el Presidente Dr. Marcelo Torcuato de Alvear y su Ministro del Interior Dr. Angel Gallardo remite al Congreso de la Nación la documentación relevada a lo largo de un año en respuesta al pedido que el Poder Legislativo, con fecha 30 de julio de 1924, había solicitado requiriendo la información detallada de las "... asociaciones, congregaciones, corporaciones u órdenes religiosas existentes en el territorio de la República". Dentro del voluminoso material nacional se incluye, con fecha 4 de setiembre de 1924, la respuesta del Vicario General José A. Luque referida a la Provincia de Córdoba; en la misma, se ven consignados los nombres de los sacerdotes Gerardo Nis (argentino) y Juan G. Carole (francés). La Cámara de Diputados, en su Sesión Ordinaria del 21 de agosto de 1925 procede al tratamiento de dicho material. (Acceda a dicho material haciendo CLICK AQUI).

Hasta los habitantes de Juárez Celman se sumaron al pedido con nuevos argumentos; la solicitud, del 21 de febrero de 1926, estaba firmada por un número interesante de vecinos.

Acceda a la misma, haciendo CLICK AQUI. (Archivo Arquidiocesano de Córdoba - AAC - Cajas de Parroquias - Los Surgentes - Carpeta 5, Folio 13 Y 14)

 

El 8 de mayo de 1926 finalmente es creado el Curato de San Carlos Borromeo escindiéndolo de Marcos Juárez, Cruz Alta y Leones.

El 8 de junio de 1926 se realiza una nueva modificación fijando los límites definitivos del nuevo Curato de San Carlos Borromeo referenciado en el Pueblo Sauberán - Los Surgentes. El documento lleva la firma del Vicario Capitular Juan A. Taborda en su carácter de Pro Secretario. Será Juan Gustavo Carole, nacido en Francia en 1881 y radicado en el país con su familia desde muy jóven, quien se hará cargo de la nueva Parroquia a partir del 16 de junio de aquel año.

(Archivo Arquidiocesano de Córdoba - AAC - Cajas de Parroquias - Los Surgentes - Carpeta 5, Folio 17)

San Carlos Borromeo

Acceda al documento, haciendo CLICK AQUI

 

Hilda Augusta Schiavoni recupera, en su investigación incorporada en "Civitatis Mariae - Historia de la Diócesis de Villa María", los detalles de la celebración efectuada ese 16 de junio. Según su relato el sacerdote Juan Gustavo Carole al hacerse cargo del nuevo Curato describe ante los feligreses congregados "... su regocijo y su responsabilidad, enumera su obligación ante los fieles y menciona a personajes bíblicos y santos emitiendo en latín eclesiástico palabras por éstos proferidas; usó vocativos frente al Obispo, agradeció su presencia y solicitó su bendición".

 

Presb. Juan G. Carole

 

El diario cordobés "Los Principios" reconstruye los sucesos del día consignando que "... Los Surgentes, ha sido honrado con la visita, del ilustrísimo señor obispo doctor Luque, visita que ha provocado diversos actos celebrados en honor de su Señoría; y teniendo en cuenta que el fin de su presencia era elevar esta capilla a sede parroquial, su visita fue por demás grata. El Obispo llegó a la población el día 15 de junio; recorriendo luego el pueblo a pie a lo largo del bulevar Liniers, en compañía de casi todos los habitantes de Los Surgentes, entre acordes de marchas triunfales, estampidos de bombas, toque de campanas del Templo y expresiones de alegría de los feligreses. Las calles, edificios públicos, comercios y casas de familias se habían embanderado profusamente para la ocasión. Al entrar el Obispo y su comitiva al Templo la niña Elda Bertello pronunció, según el cronista, un discurso ofreciendo al prelado una artística canasta de rosas. Ya dentro del recinto de la nueva Parroquia, el R.P. Juan G. Carole dio la bienvenida al Obispo y a continuación se impartió la bendición episcopal a todos los presentes en el templo y fuera de él. La Comisión de Señoras y Señoritas surgentinas, presidida por María Esther Medina presentaron sus saludos al Obispo entregando una ofrenda floral".

En su trabajo, Hilda Augusta Schiavoni, da un detalle del interior de la iglesia; una cuidada ornamentación que los ojos de los fieles que ocuparon "... los 25 bancos", llevarían por siempre en su memoria; más aún, como consecuencia del aciago destino que, en poco tiempo, convertiría en recuerdo la novel parroquia.

Según la investigadora "... diez candelabros de tres luces.." iluminaban el conjunto permitiendo apreciar que "... el Altar Mayor, donado por Carlos Sauberán [también es el aportante de la Pila Bautismal de mármol blanco], era de estilo gótico, de cinco metros de alto y exhibía las imágenes de San Carlos Borromeo al centro flanqueado por el Sagrado Corazón y la Inmaculada Concepción". Un Altar Lateral incluía "... la imagen de San Antonio". Otro Altar, considerado provisorio, lucía "... un grande y artístico Cristo y las imágenes a tamaño natural de la Dolorosa y San José". El conjunto se completaba con un "... armonio, un Vía Crucis, un púlpito, dos confesionarios y una campana en la sacristía ya que la iglesia no tenia torre". Otras imágenes que, posteriormente, se fueron sumando dentro del ámbito recoleto son: "... San Juan Bautista, Nuestra Señora de la Guardia, San Lorenzo y un Niño de Praga".

La vida del nuevo edificio estaba ya signada; desde lo edilicio adolecía de profundas falencias constructivas. De hecho, eran permanentes las advertencias sobre la fragilidad que incluían hasta la posibilidad del derrumbe. Fundamentalmente las filtraciones hacían dudar sobre la estabilidad y durabilidad de la obra obligando a pensar, de modo recurrente, distintos planes de restauración que a lo único que conducían era a multiplicar gastos sin que se accediera a soluciones definitivas que brindaran sensación de seguridad hacia el futuro.

Schiavoni reconstruye el esfuerzo económico realizado por Carole y numerosos fieles para financiar el proceso de restauración realizado por el constructor Marchesi de Cruz Alta. Según el estudio incorporado en "Civitatis Mariae", se procedió a "... revocar todo el lado sur por dentro y por fuera con cal, pórtland y cerecita. Además se innovó al pintar el interior de la Capilla y se refaccionó también el frente". Las tareas se concluyeron hacia fines de 1927 con un costo total de "... 3500$, de los cuales 2000$ fueron donados por Carlos Sauberán y el resto con la dádiva de vecinos y colonos".

Un mes después, en esas renovadas condiciones, llegó el ciclón de la fatídica noche del 17 de enero de 1928; el mismo año que, unos días antes, había comenzado con un fenómeno similar que había arrasado a Pilar y General Rodríguez en la Provincia de Buenos Aires; el mismo trágico año que se cerraría, en noviembre, con otro meteoro que castigaría gravemente a Villa María y Villa Nueva en Córdoba.

 

La tragedia del 17 de enero de 1928

 

A las 23 horas de aquel día se desencadena un ciclón que arrasa Los Surgentes y destruye la Iglesia San Carlos Borromeo. Tan solo unos pocos minutos duró el fenómeno; suficiente tiempo para condenar a escombros el esfuerzo de varios años de la naciente comunidad asentada sobre la vieja Posta Cabeza de Tigre.

Noticia aparecida en el Diario Los Principios del 18 de enero de 1828,

al día siguiente de producido el ciclón

 

Diario Los Principios (26/01/1928)

 

"Los Surgentes, 24 de enero de 1928. ¡Nuestra pluma tiembla y se estremece al escribir estas líneas! La amada Iglesia Parroquial no existe más. ¡Ha caído barrida por el furioso vendaval. De ella no ha quedado más que el frente y el fondo para que viendo su extensión pueda el ánimo así medir mejor la inmensidad del desastre!

¡Escombros que llegan al alma! ¡Ruinas que despedazan el corazón!

¡Cuántas horas amables hemos pasado en su interior! ¡Cuántas veces nuestro espíritu acongojado ha encontrado al pie de sus altares ánimo y valor! ¡Cuántas veces nuestro corazón sintiéndose flaquear en la ruda e ininterrumpida lucha y labor parroquial, postrábase humildemente a los pies de Jesús Sacramentado recuperándose sus energías y fortaleciéndose con nuevo vigor!

¡Oh mi predilecta iglesia! ¡Cuánto te he amado! ¡Cuántos sacrificios no he realizado por hacerte hermosa y bella! ¡Cuántas vigilias y cuidados me has robado para mantenerte siempre joven y esbelta; ¡y ahora, solo veo en ti, ruinas, escombros, desolación!

Eran las 23 horas del martes 17 del presente mes. Un calor sofocante y aplastador quitaba a los ánimos todo descanso y todo reposo al cuerpo; y ni la más pequeña brisa movía las livianas hojas de los árboles. De pronto, se levanta del sud una grisácea nube, la que a medida que avanza va cambiando de color. Y del gris pasa al azulado oscuro y de éste al amarillo débil para tornarse rapidamente en un verde eléctrico. Cuando subitamente déjase ver del todo rojo, y el vendaval, se desencadena. Al colocarse la nube con vertiginosa rapidez sobre Los Surgentes, cambia su rojo color para convertirse en un negro profundo y la lluvia comienza con precipitación a caer. El vendaval acrece su fuerza cada vez más y más hasta llegar a ser un huracán ciclópeo imposible de imaginar la mente humana. La población queda a oscuras por cortarse los cables eléctricos. Se oye el chasquido de los zincs que vertiginosamente vuelan por los aires. Los techos son con calidad infantil arrancados de su lugar, y arrojados a gran distancia. Y así, en medio de la lluvia que ferozmente se precipita, de la absoluta obscuridad que reina, del huracán que con horrorosa majestad muestra su poder, óyose un estrépido ensordecedor algo que derrumbándose pesadamente azota el suelo. ¡Oh cielo santo! ¡La iglesia parroquial ya no existe más!

Dos minutos duró el furor de la naturaleza. ¡Cuán miserable y débil es el hombre ante su poder y su ira!

Y pocas horas después, levántase el sol radiante, fuerte y hermoso como siempre. Parecía que su luz era más clara, más nítidos sus rayos, más enérgico su poder.

¡Qué irrisión! ¡No alumbraba más que escombros y ruinas! Altares destrozados se ven en confuso montón; imágenes cortadas, rotas, diseminadas en trozos; el impresionante Santo Cristo tendido largo a largo con los brazos desmesuradamente extendidos proclamando su reino de dolor. Sobre un montón de hierros, que antes fuera una artística gótica ventana, se veía hermosamente serena y maravillosamente intacta la imagen amada de Nuestra Señora de la Guardia, la que a pesar de su tamaño y peso fue hallada cual si ella allí descansada y tranquilamente se hubiese colocado. Siguiendo en la búsqueda, de pronto se ve una pequeña e infantil carita: era el Niño de Praga. Se mueve un enorme block de ladrillos, retírase una pesada viga de hierro y como riéndose, con los bracitos en alto bendiciendo déjase ver su preciosa imagen. Sano, intacto. Ni uno de sus diminutos dedos. Nada falta. Todo está. ¡Oh, prodigioso Niño de Praga! ¡Ahora los niños te amarán más! ¿Qué habrá sido de la artísticamente bella imagen del protector y patrono San Carlos?

Por ninguna parte se la ve. Se la buscó con insistencia encontrándosela debajo del destruído altar mayor. Leves y pequeñas rasgaduras, apenas si dan señales de haber sido despedida de su alto sitial de honor. Las campanas, arrancadas con violencia de sus sólidos pilares, cayendo sobre el techo de la sacristía le hicieron grandes aberturas rompiendo sus fuertes tirantes.

El sagrado y hermoso púlpito a cien metros de su lugar veíase completamente destrozado. La bella Pila Bautismal de soberbio e inmaculado mármol, dejaba ver desparramado sus pedazos. Todo lo demás: bancos, confesionarios, armonium, candelabros, via-crucis, cuadros, repisas, floreros de artístico cristal, todo sepultado bajo las paredes muertas. ¡Qué desolación! ¡Qué ruina!

¡Pero, aún vive la esperanza! Queda aún la fe de todos los buenos habitantes de este pueblo y colonia. La buena voluntad, fuerte y enérgica de los fieles para iniciar la construcción de la nueva Casa de Dios, la que se levantará más fuerte, más bella si cabe, más hermosa aún. Nadie se negará a contribuir con su óbolo, demostrando así que es más fuerte la energía del alma cristiana que el poder destructor de la naturaleza.

La vista en Dios, la energía en la voluntad, el entusiasmo en el corazón ... y un nuevo templo, una hermosa iglesia coronará los esfuerzos de todos los habitantes de Los Surgentes. ¡Sursum corda! ¡Arriba los corazones! ¡Nada de desmayos; nada de debilidades, nada de quejumbrosas frases que fatigan el espíritu! Unión, constancia, buena voluntad; y los fieles, con santo orgullo podrán decir a los viajeros: aquí un furioso huracán derrumbó nuestro templo. Mirad ese que gallardamente se levanta, nuevo, flamante, hermoso. Lo hemos construído nosotros. ¡Sursum corda! ¡Arriba los corazones!

 

 

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Tras los primeros días de total desasosiego, las consecuencias inmediatas que el hecho provocó incluyó desde el negar buena parte de la deuda contraída con el constructor; la convocatoria a una nueva comisión que estuviese dispuesta a iniciar la construcción de un nuevo templo; la muy baja predisposición de la comunidad a aportar nuevos recursos para el proyecto; el organizar un ahorro a partir de la venta de todo aquello que pudiese ser recuperado y vendible; el alquiler, hacia mediados de mayo, de un local donde se trasladó el altar mayor restaurado y uno nuevo dedicado a Santa Teresita de modo de poder continuar con la actividad religiosa. En este caso, según lo consignado por Schiavoni en su trabajo incorporado en "Civitatis Mariae", el salón elegido estaba en "... la esquina oeste de la Plaza San Carlos, tenía veinte metros por once y pertenecía al Sr. Domingo Galiano".

Siendo Juan Carole el lógico convocante, las primeras reuniones se realizaron a partir de febrero de 1928; solo unas pocas semanas habían pasado tras la infausta noche. La centralidad de esos encuentros, como era de esperar, no solo incluían al Sacerdote sino que, también, a Carlos Sauberán; ambos como Presidentes Honorarios de la nueva Comisión gestada con un único objetivo, reconstruir la iglesia del pueblo.

Durante el invierno de 1929 y con la obra ya plasmada en un plano, se tomó la decisión de buscar un presupuesto para su construcción; el proceso licitatorio se puso en marcha. Según Schiavoni, en su investigación incluída en el "Civitatis Mariae", el proyecto "... de estilo colonial, se trazó con la torre al costado, ventanas de rejas, techo de tejas españolas, la puerta de entrada a un lado del frente. En el costado sud se ideó una galería de pilares coloniales conducente al coro".

Una larga colección de intrigas, tiranteces y malversaciones que involucraban a Juan Carole, Carlos Sauberan, la Comisión Pro Templo, la Municipalidad, su Consejo Deliberante e incluso a los administradores del dinero; pusieron, a lo largo de dos años, en crisis la realización de la nueva Iglesia. Aconsejamos remitirnos a la puntillosa descripción de los hechos que se sucedieron durante ese período al "Civitatis Mariae - Historia de la Diócesis de Villa María - Los Surgentes, San Carlos Borromeo" donde Hilda Augusta Schiavoni los expone de un modo elocuente.

 

De nuestra parte diremos que finalmente, a mediados de junio de 1931, se inician los trabajos que concluyen hacia octubre de dicho año con un costo final que rondaron los venticinco mil pesos. Será el 4 de noviembre de 1931 el día elegido para la bendición de la nueva casa religiosa. Además del Párroco Juan Carole estaban presentes, como oficiantes de la ceremonia, el francés Obispo de Córdoba Monseñor Fermín Emilio Laffite (foto a la derecha) y numerosos sacerdotes de las localidades vecinas.

Según Schiavoni en su trabajo, la misa fue interpretada "... por 25 voces acompañadas por armonio de ocho registros Hiuhel de origen alemán, dos violines y un saxofón".

   

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Su arquitectura

 

Durante años, la arquitectura religiosa en el país se había movido entre modelos academicistas, góticos y románicos, que tenían infinidad de variantes e influencias. A ello se había agregado en la época de la construcción de este templo, la idea del neocolonial, buscando imitar lo realizado en tiempos de la colonia pensando que era una forma de recuperar las raíces autóctonas. Los diseñadores entendían que seguir esos lineamientos era lo que correspondía a la función “templo”, como había modelos para otras funciones: los museos debían parecerse a lo griego, las casas urbanas a lo francés, las de veraneo a lo pintoresco y las estaciones de ferrocarril a las construcciones inglesas.

Ubicada sobre la calle Carlos Souberan 375 y frente a la plaza San Carlos, declarada Monumento Histórico Provincial como parte integrante del "Centro Cívico de Los Surgentes" según la ley Nº 9778 del 21 de abril de 2010, el Ingeniero Roberto Menvielle, proyectista del templo, optó por hacerlo en un estilo típicamente neocolonial hispánico. El constructor Ángel Curti de Rosario, ganador de la licitación, estuvo cargo de la construcción, empleando ocho meses para la ejecución de la primera etapa; faltando torre, galería sur y sacristía.

 

 

El imafronte orientado al oeste, ostenta el clásico frente blanco con todas las salientes pintadas color amarillo ocre. Está compuesto por dos cuerpos bien definidos, el que corresponde a la nave y el de la torre campanario adosada del lado de la epístola.

En el eje de simetría del primero, un portal de madera de dos hojas batientes con seis tableros, termina en arco de medio punto y esta bordeado por una moldura en sus jambas y dintel.

Forma un conjunto de gran presencia en la composición, exornado por pilastras, a cada lado, las que sostienen un arquitrabe pronunciado, sobre el cual se desarrolla un tímpano en arco rebajado. Toda la portada en color amarillo terracota se destaca sobre el plano blanco de los muros de fachada.

En el centro del hastial, que culmina en una grácil cornisa curvilínea, está la ventana coral en forma de cuadrifolio con moldura de borde, vidrios repartidos y rejas.

 

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Cercano a los laterales del cuerpo principal se colocaron sendas pilastras con basa y capitel, éste último a la altura del comienzo de la cubierta de la nave. Todo el conjunto descansa sobre un zócalo, también, color terracota.

La torre campanario, de sección cuadrada, se desarrolla en tres estratos, con pilastras de borde. En el centro del primero y el segundo tramo, tienen una ventana vertical con reja de hierro que termina en arco rebajado con moldura de borde y decoración bajo alfeizar. Ambos espacios se utilizan como depósitos de elementos de culto de la iglesia.

El tercer tramo, de menor sección, tiene las pilastras peraltadas y curvas, simulando contrafuertes, que terminan en una cornisa de igual factura a la de los otros tramos. Cuatro vanos terminados en arco de medio punto permiten el paso del sonido de las dos campanas, una de 120 kg y la otra de 430 kg.

Culmina el conjunto con un cupulín revestido con azulejos en cuadrillé y la cruz de hierro forjado.

 

 

La fachada norte está ritmada por seis pilastras que generan cinco espacios de los cuales cuatro son iguales y el de los pies, de mayor ancho. Todos están asentados en un zócalo similar al de la fachada principal. Cada uno de los cuatro tramos iguales, tiene una abertura simulada, vertical, con dintel en arco rebajado y reja. En la parte superior una ventana de menor dimensión, permite una excelente iluminación al templo. El cierre de este rectángulo horizontal, está dado por la colectora de aguas del techo del templo.

La fachada sur, interna, esta formada por una galería de 15m de largo por 3,20 de ancho, con gruesas columnas circulares que sostienen un techo con una sola agua, cubierto de tejas.  

El templo tiene una nave rectangular de 30 m de largo por una anchura de 10,50 m. Su techo es a dos aguas con cabreadas y cubierta de tejas españolas El presbiterio es de planta semi hexagonal con techo piramidal a una sola agua, recubierto con tejas españolas.

Los muros laterales de la nave tienen superpuestas anchas pilastras, entre las cuales se general las capillas. La imposta queda ritmada en tramos horizontales en los capiteles de pilastras y en arco rebajado en las capillas.

En la capilla del tercer tramo del muro norte, bajo un altar que exhibe con centralidad un Cristo Crucificado de importante tamaño, se encuentra una urna de cristal con el Cristo Yacente; todo fue recuperado de la primera iglesia, al igual que el confesionario del tramo siguiente.

El muro de cabecera, que limita el presbiterio, continúa la imposta sobre la banda resuelta en arco escarzano.

El altar, post conciliar, es de una simplicidad subyugante. La mesa es acompañada por dos hornacinas en los muros del ábside. Del lado de la epístola contiene la imagen del santo patrono San Carlos Borromeo y del lado del evangelio las imágenes de San José con el Niño y la Inmaculada Concepción. Todas provienen de los primeros tiempos del templo.  

En la nave, distribuidas en las distintas capillas se conservan las imágenes inventariadas en 1943, siendo las más significativas: el Sagrado Corazón, la Virgen de la Guardia, Santa Teresita, San Antonio de Padua, María Auxiliadora y la Virgen de la Merced.

 

 

 

 

Video - Año 2018

 

 

Vieja postal de Los Surgentes

 

Estación de Los Surgentes (fuera de servicio)

 

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Anuario Guía del Diario "Córdoba" - Balance de gestión municipal del Intendente Quartiero Vaccarini (1940)

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Catalina y Juan José - 1810 (*)

"Hagamos un alto; total, cualquier lugar es malo para morir" (Padura, Leonardo)

 

Catalina Vargas sigue sintiéndose sola; pero no inmóvil ni muda. Tras la polvareda que la diligencia deja mientras se aleja, la mujer corre y grita. Nadie la ve, nadie la oye. El peso de las monedas guardadas bajo su falda y la impotencia, la agotan rápido.

Todo es inútil, bañada en transpiración y lágrimas vuelve al envejecido molle donde se había sentado mientras esperaba que repararan la rueda rota del carruaje, regresa a ese mismo lugar desde donde vio como subían cada uno de los pasajeros para reiniciar la marcha. Todos, menos ella. Todos junto a Lucrecia, su hermana muerta.

¿Muerta?

Lejos de Buenos Aires, más lejos aún de Córdoba; Catalina está abandonada en ninguna parte, tratando de retener sueños de una vida rodeada del lujo virreinal que, ahora y en un instante, se le escurren en el ya inaudible y lejano sonido de cascos.

Un carancho se posó a unos metros; se cruzaron las miradas, ambas teñidas de sangre. Se midieron hasta que Catalina tomó una piedra cercana y se la arrojó. El pajarraco levantó vuelo para, tan solo, alejarse por unos pocos metros; desde una rama segura, amenazante, la siguió estudiando.

Catalina cerró los ojos, sintió que se adormecía; el carancho bajó del árbol y caminó hacia ella. Deshechas sus faldas, las monedas quedaron desparramadas sobre la tierra.

Pasó el tiempo; poco o tal vez, mucho. Muy poco o quizás, muchísimo.

Hay un ahora, un tiempo presente en el que algo parece ser distinto; hay sonidos que se escuchan a lo lejos: galopes, relinchos, gritos que se aproximan.

Cincuenta húsares desprolijos y sucios se detienen en el lugar. Los caballos resoplan agobiados y, agradecidos, buscan reparo bajo la sombra de algunos algarrobos viejos.

Catalina observa a los recién llegados; sus labios se despiertan, resquebrajados y llagados, en algo parecido a una sonrisa. Quien parecía conducir al grupo, desmonta y se le aproxima sorprendido, desconcertado. ¡Cómo no estarlo frente al hallazgo de una mujer sola en el medio de tanta pampa vacía!

– ¿Qué hace aquí? – preguntó el hombre.

– ¡Espero! Joaquín y su familia me esperan; con seguridad ustedes son los que, por mandato de él, han venido a buscarme, ¿verdad? – la mujer habló fría, distante; los vasallos del Virrey no merecían, de una dama como ella, un trato mejor o distinto.

– ¿De qué Joaquín me habla, Señora?

– Del Virrey del Pino, ¿de quién otro?

– ¿Del Virrey del Pino? Señora, ha de estar usted confundida. Joaquín del Pino hace varios años que ya no es Virrey; en realidad, ya no hay Virreyes.

Al hombre le pareció que los ojos de la mujer se extraviaban frente a sus palabras. Pensó que, tal vez, el hecho de haber quedado sola entre tanto abandono la hacía desvariar. Sin embargo Catalina, recuperando la compostura frente al insolente, inquirió enérgica.

– ¿Cómo osa usted desconocer a los Virreyes?

– No soy yo, Señora. Somos nosotros, es el pueblo todo quien lo ha resuelto. Seguramente usted sabrá que, luego de las invasiones, las cosas han empezado a ser diferentes. Los sucesos de los últimos meses, coincidirá conmigo, no son otra cosa que el inicio de una nueva historia para estas tierras.

– ¡Por favor! No trate de engañarme, no se de qué invasiones y de qué nueva historia me habla. Yo lo que necesito es que usted cumpla con las órdenes del Virrey y me lleve a Buenos Aires. Hace ya mucho que me están esperando por lo que no es justo que los del Pino sigan preocupados por mi.

– Lo lamento Señora, no puedo satisfacer lo que usted me pide. Hemos sido enviados a Córdoba por mandato de la Revolución y debo dar cumplimiento a esas órdenes estrictas. Lo único que puedo ofrecerle es escoltarla hasta una posta segura; quizás le convenga Esquina de la Guardia o Cabeza de Tigre.

– ¿Invasiones? ¿Revolución? ¿Posta segura? Pero, ¿con quién se cree que está hablando? Me ocuparé de hacérselo saber al Virrey y usted pagará las consecuencias de estas ofensas.

El hombre optó por el silencio, giró y le dio la espalda a la mujer. Pensativo, regresó lento hacia su grupo que, peleándole al frío de aquel agosto de 1810, tomaban mate sentados alrededor de un pequeño fuego.

– ¿Seguimos, Juan José?

– Amigo Domingo, tomémonos unos momentos más; cuando caiga la tarde, reiniciaremos la marcha. Entre indios, bandidos y contra revolucionarios, todo el camino será demasiado peligroso; estemos atentos, no sea cosa que terminemos siendo huesos abandonados como los de la infeliz que está junto al molle.

 

Fernando Fader - “Diligencia cruzando el arenal”

Oleo sobre tela (1908)

 

(*) De modo irreverente, en el texto ficcional anterior, juego a darle continuidad al cuento que, escrito por Manuel Mujica Lainez, llevaba por título "La galera - 1803".

Aldo Campana

 

 

DATOS COMPLEMENTARIOS

Posta Cabeza de Tigre / Los Surgentes, un sitio para tres tragedias

 

El fusilamiento de Liniers

Mariano Moreno, al despedir a Juan José Castelli, le recomienda: “Vaya usted doctor, que como los revolucionarios franceses han dicho alguna vez, cuando lo exige la salvación de la patria, debe sacrificarse sin reparo hasta el ser más querido”. La orden se cumple en proximidades de la Posta de Cabeza de Tigre, Liniers es fusilado en el Monte de Los Papagayos el 26 de agosto de 1810.

 

 

El robo del Acta de la Independencia

"De hecho, Grimau debió realizar la travesía a Buenos Aires sin custodia y el sable que portaba estaba quebrado, le faltaba parte de la hoja. Durante la escala que hizo en la ciudad de Córdoba, tomó contacto con el gobernador de la provincia, el artiguista José Javier Díaz, quien le cedió un soldado para que lo acompañara en calidad de custodio. Grimau aceptó de inmediato ya que el camino, sobre todo en Santa Fe, se tornaba peligroso y con su medio sable daba ventaja. Sin embargo, la custodia dejaba mucho que desear. El acompañante ni siquiera tenía un cuchillo.

Cuando ya circulaban por el sur de Córdoba, Grimau y su inútil compañero se toparon con 'el inglés Joice' o 'el inglés García', soldado de Artigas a quien acompañaban dos hombres más. El inglés había viajado a Córdoba y a Santa Fe a cumplir una misión encomendada por el caudillo: boicotear el Congreso. A Grimau estos viajeros le resultaron sospechosos. 'Desde ese momento intenté adelantar mis marchas, por la desconfianza que naturalmente me causó el traje y modales de dichos individuos, pero la falta de cabalgaduras me demoró mi salida', contaría luego el oficial.

No tuvo más remedio que viajar con esos tres sujetos que le seguían el rastro. 'Inmediatos ya a la Posta de Cabeza de Tigre, divisamos un carruaje en el que iba el señor diputado Del Corro y un doctor Molina, con cuyo motivo creí oportunidad de desprenderme de tal compañía y pretexté alcanzar a aquellos señores'.

***

El Chasqui de la Patria se alejó del grupo a distancia prudente, bajó del caballo y se dirigió a unos yuyales para resolver necesidades fisiológicas. En ese complicado instante le pusieron un trabuco en la espalda, además de amenazarlo con un facón y lo obligaron a entregar los papeles que transportaba. El inglés y sus secuaces huyeron con las actas sustraídas"

Fragmento de "Historias de corceles y de acero (de 1810 a 1824)" de Daniel Balmaceda

 

 

La masacre de Los Surgentes

Durante la madrugada del 17 de octubre de 1976, miembros policiales del Servicio de Informaciones de la Jefatura de Policía de Rosario, trasladan a siete detenidos a quienes fusilan en un camino rural próximo a Los Surgentes. Los asesinados son: María Cristina Márquez, Cristina Costanzo, Analía Murgiondo, Sergio Abdo Jalil, Eduardo Felipe Laus, Daniel Oscar Barjacoba y José Antonio Oyarzábal.

 

 

 

Ubicación

32º 59’ 07,43”  latitud sur

62º 01’ 15,47”  longitud oeste

 

 

 

 

Fuentes de consulta:

  • Padura, Leonardo: "La transparencia del tiempo" - TusQuets Editores - 2018 (Fragmento).

  • Sourryère de Souillac, José: "Itinerario de Buenos Aires a Córdoba" - 1838.

  • Concolorcorvo: "El lazarillo de ciegos caminantes" - 1773.

  • Helms, Anton Zachariah: "Viaje desde Buenos Aires a Lima por Potosí" - Londres - 1806.

  • Miers, John: "Travels in Chile and La Plata - 1819/1824" - Londres - 1826.

  • Haigh, Samuel: "Sketches of Buenos Aires and Chile" - Londres - 1829.

  • Caldcleugh Beatson, Alexander: "Travels in South America during the years 1819/20/21 - Londres 1825. (1)
  • Mujica Láinez, Manuel: "La galera - 1803" (1936) - Cuento incluído en "Misteriosa Buenos Aires" - Editorial Sudamericana, 1950. (2)
  • Proctor, Robert: "Narraciones del viaje por la Cordillera de los Andes y Residencia en Lima y otras partes del Perú en los años 1823-1824 " - Vaccaro - Buenos Aires - 1920. (3)
(1) (2) (3)
  • García Rodríguez, Angel: "Influencias de las redes de transportes en la historia de los asentamientos humanos en la Argentina" - Facultad de Ciencias Económicas (UBA) - Biblioteca Digital de la Facultad de Ciencias Económicas (UBA) - 1988.

  • Sallusti, Giuseppe: "Storia delle Missioni Apostoliche dello Stato del Chile. Colla descrizione del viaggio dal vecchio al nuovo mondo fatto dall´autore" - Tomo Secondo - Roma, 1827

  • Carole, Juan G., Cura Párroco: "La catrástofe de Los Surgentes" - Diario Los Principios - jueves 26 de enero de 1928.

  • Schiavoni, Hilda Augusta: "Civitatis Mariae - Historia de la Diócesis de Villa María - Los Surgentes, San Carlos Borromeo" - 2006.

  • "Mapa de 1840" - Anuario Estadístico - Edición Bicentenario 2016

  • Gould, Eduardo: "Catálogo de Planos - Archivo Histórico de la Provincia de Córdoba" - Series Notariales 1, 2, 3 y 4 correspondientes al período 1882-1925

  • Nuñez, Marta: "Trascurso histórico de Los Surgentes" - Municipalidad de Los Surgentes - 1992

  • Anales de la Universidad de Chile - Notas de Barros Arana: "Itinerario de viaje en 1859".

  • Magaz, María del Carmen y Sorroche Cuerva, Miguel Angel en su carácter de Director y Co-Director de un equipo de investigadores de la Universidad del Salvador y la Universidad de Granada: "Patrimonio y paisajes culturales en el Camino Real a Buenos Aires".

  • Gilliss, James Melville: "The U. S. Naval Astronomical Expedition to the Southern Hemisphere during the years 1849 to 1852" - Washington - 1855.

  • de Amigorena, José Francisco: "Descripción de los caminos, pueblos, lugares que hay desde la Ciudad de Buenos Ayres a la de Mendoza, en el mismo reino - 6 de febrero de 1787" - Presentación de José Ignacio Avellaneda - Cuadernos de Historia Regional N°11 Vol IV Abril 1988 - Universidad Nacional de Luján (EUDEBA) (Acceda al documento completo)

  • Teniente de Navío de La Thetis Conde Edmond de la Touanne con la autorización del Capitán de Navío Barón de Bougainville: "Itinéraire Valparaiso et de Santiago de Chile a Buenos Aires para les Andes et les Pampas" - París - 1837

  • Corigliano, María del Carmen: "Ecología histórica de la subcuenca del Río Carcarañá" - Departamento de Ciencias Naturales - Universidad de Río Cuarto - Córdoba - 2009

  • Padre Barañera, Félix: Carta al R. P. Provincial Rdo. Ramón Lloberola - 27 de agosto de 1916

  • Diario "Patria degli italiani"

  • Baravalle, Mariana: "La prensa y la inmigración en la Biblioteca Nacional Argentina" - Hemeroteca de la BNA

  • Balmaceda, Daniel: "Historias de corceles y de acero (de 1810 a 1824)" - Editorial Sudamericana - 2017

  • Peralta, Carolina: "La gran mutación - La urbanización del siglo XIX: 1810-1914" - Geografía Urbana de Córdoba - UNC

  • Congreso Nacional - Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados - Año 1925 - Sesión Ordinaria del 21 de agosto de 1925

  • Bose, Walter B. L.: "Córdoba, centro de las comunicaciones postales en las Provincias Unidas del Río de La Plata" - Labor de los Centros de Estudios de la UNLP - 1942

Walter B. L. Bose

  • Cornejo, Atilio: "Apuntes históricos de Salta" - Publicaciones del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta - 1937.

  • Ramponi Reschini, Antonela: "Déficit identitario" - ArtyHum, Revista Digital de Arte y Humanidades - n°32, enero de 2017

  • Delius, Juan D.: "Reseña acerca de los campos que circundan la antigua estancia Monte Molina, Saladillo, Córdoba" - Konstanz, Alemania

 

 

 

 

Centro Cívico que rodea la Plaza San Carlos - Emblemático conjunto arquitectónico neo colonial español de Los Surgentes

 

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