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La Página Web "Capillas y Templos" está registrada en la DNDA (Ver detalle)

 

 

CAPILLA DE LA ESTANCIA DE CAROYA

 

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Foto de Tato Maffini

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"... A la Oración, recogidos tras las añosas rejas perfumadas de jazmines, la luna empezaba a platear la tertulia del patio con rasguidos de guitarra y entonadas voces provincianas.

Ya recogidos en los claustros previa oración en la Capilla presidida por la Fundadora, una talla de la Virgen Negra de Monserrat, se solían oír los pasos seguros del padre Ignacio, breviario en mano, cumpliendo ya en las postrimerías de la jornada con sus rezos, que la tarea del campo le había impedido realizar.

Casa de Caroya, de muros cargados de años y de historia, tal vez, en tu fecunda vida, varias veces centenaria, no habían reeditado un capítulo más fresco y espontáneo que aquel en que fuiste solaz de bachilleres, 'Casa de la Troya' de alegre y desbordada 'Juvenilla' ...”.

Evocación sentida del Arquitecto Rodolfo Gallardo, que mucho tuvo que ver con la puesta en valor de este monumento que hoy podemos contemplar; el cual registra antecedentes importantes.

 

 

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Las estancias jesuíticas ... ¿por qué y para qué?

 

Desde 1597 en adelante, los gobernadores del Río de la Plata intentaron reglamentar las relaciones entre los encomenderos y los indios, incluidos en las encomiendas. Redujeron el trabajo  de los nativos a cuatro días por semana  y el servicio personal de los mitayos a dos meses por año. Además, debían hacerse cargo de la educación  de los indios.

Con las ordenanzas del oidor Francisco de Alfaro de 1611, las Provincias del Río de la Plata y las actividades de los jesuitas entraron en una nueva etapa con respecto al régimen de encomiendas.

Estando en España el Padre Diego de Torres Bollo, S.J., recibe del General Superior de la Compañía Claudio Acquaviva, el nombramiento de provincial de la recientemente creada provincia jesuítica denominada Paraguay.

Dice C. A. Crouzeilles que, a poco tiempo de fundada la provincia y de disponer que la ciudad de Córdoba fuera el lugar de residencia del Padre Provincial, se va a tornar imperiosa la necesidad de adquirir un establecimiento rural con el cual sostener el recientemente creado colegio de estudios superiores.

Establecido para la formación de religiosos de la Compañía y de algunos alumnos que, externos a la Orden quisieran completar su formación académica de nivel superior, la fundación del Colegio Máximo marcó un hito fundamental en la Orden y de la ciudad.

En ese momento, el único colegio que la Orden poseía y se encontraba en Santiago de Chile, recibe una donación de cierto número de indios que prestaba servicio personal; del tipo de las encomiendas, prohibidas por la Corona en 1601, y reprobadas por el general de la Orden, quien había advertido al Padre Torres que no debía admitir el servicio personal de los indios en ningún establecimiento de los jesuitas. Por todo ello, en 1608, ordenó la liberación de sus obligaciones a los indios del colegio, no obstante los reparos de los jesuitas de Santiago. Un año después, se aplicaron idénticas medidas en los establecimientos de Santiago del Estero y Córdoba, en los que se hacia uso del servicio personal.

Los jesuitas demostraron su firme intención de oponerse a esta forma de servicio en cualquier circunstancia, lo que, naturalmente, provocó la violenta  animosidad de los encomenderos. La decisión de Torres de hacer cumplir las ordenanzas expuso a los setenta jesuitas de la provincia a graves riesgos: en esa época, dependían casi exclusivamente de la generosidad y la voluntad de los colonizadores, las cuales experimentaron  un rápido y brusco descenso.

Esta situación, sumada a que las limosnas, eran muy magras actualizó el problema de la Orden, de contar con una base económica permanente y segura para los establecimientos jesuitas.

El padre Joaquín Gracia, S.J. asegura que la otra fuente de pobreza y necesidad, tenía su origen  en la muerte del Obispo Trejo, quien en vida no pudo dar lo prometido por que no lo tenía y a la hora de su muerte, el capital quedó tan menguado que se redujo a la cuarta parte de lo esperado.

Las circunstancias relatadas llevaron al Padre Provincial de la Compañía, Diego de Torres Bollo a concretar la fundación, en 1610, de una estancia con la cual asegurar la independencia de criterio de los religiosos y abastecer regularmente al Colegio de Córdoba, puesto que, como lo expresaba en su tercera carta del 5 de abril de 1611, ".... todos se sustentan de limosna y es Dios tan padre de esta casa, que donde no se podían sustentar cómodamente quatro se sustentan treinta y cinco, y esto en tiempo que se les ha predicado contra el servicio personal". A la fecha no se dispone de información sobre su denominación, ubicación y destino.

Se considera a 1616, como el año de inicio de la expansión de los establecimientos rurales de la Compañía. En las cartas Anuas de los años 1618 y 1619 quedan plasmadas la función y especialización de las dos primeras: "... lo temporal de este colegio, ha tenido estos dos años muy grande aumento el principal es haberse acavado de entablar las dos haciendas la una de toda suerte de ganados bacas, obejas, yeguas y capras [sic], en gran cantidad en Caroya; y la otra, de la viña y sementeras de trigo y maíz, de Jesús María. Para estas haciendas se an comprado ocho esclavos de nuevo y se ha hecho una casa en Caroya".

Las Cartas Anuas de esos años relatan las necesidades de los establecimientos jesuitas de Córdoba. El Padre Oñate en 1617,  relatando al P. General el estado de la Provincia en el año anterior, le dice: “ … en este Colegio que es el principal de la provincia,   estaba junto al Noviciado y Seminario de Estudio; y así de ordinario residían en los nuestros sesenta y cuatro  __el cual número se volverá a ampliar con los que vienen de España__... pero después que se apartó el Noviciado han residido en él este año cuarenta y seis … los cuales han experimentado una … providencia de Dios… en el sustento corporal, pues sin tener este Colegio rentas ni limosnas así por ser la tierra muy pobre, como también por tenernos poco afecto los españoles, por causa de defender a los indios… con todo, la divina providencia los ha sustentado… y les deja algunas ocasiones de ejercitar la pobreza en muchas cosas… por la penuria que hay… y más en Córdoba”.

La urgente necesidad de poner en funcionamiento un establecimiento de producción agropecuaria se ve reflejada en dos cartas que el propio Padre General, en 1621, le dirige al Hermano Juan Pérez Córdoba y al Padre Juan de Viana, rector del Colegio Máximo .En la primera de las misivas recuerda que "... el noviciado a estado tan pobre [y] que a tenido neçessidad de toda la charidad que con ela usado ese Colegio [de Córdoba] acudiéndole con la carne pan y velas que avia menester"; agrega luego, "... será el Señor servido de que tenga presto estançia  aparte donde tenga si ganado".

En la segunda carta dirigida al Padre Viana, rector del Colegio Máximo, le señalaba "... el Padre Provincial me a escrito que procurará que [el Noviciado] tenga presto su estançia aparte donde pueda tener su ganado".

Los Superiores, en poco tiempo y ante esta situación económica y el crecimiento del número de estudiantes y novicios, recurrieron a la formación de establecimientos rurales para contribuir al mantenimiento de sus  obras educacionales.

Este proceso de expansión se inició durante el período del sucesor de Torres Bollo. Con la llegada del nuevo Provincial de la Orden el padre Pedro de Oñate, en 1616, se abre un ciclo en el cual el patrimonio temporal del Colegio de Córdoba "... se ha augmentado con una hacienda que se procura entablar 6 leguas de la ciudad ..." y agrega que, al año siguiente "... otra muy buena hemos comprado que tiene viña y sementeras y destas dos haciendas esperamos en gran parte el fácil sustento del Collegio".

Afirma Crouzelles en su trabajo "Las Estancias Jesuíticas del Colegio Máximo de Córdoba", que la jurisdicción de Córdoba a principios del siglo XVII se inserta plenamente en el mercado interno colonial y se integra fuertemente a la economía minera del Alto Perú. Hacia 1630, se conformó "... como una región especializada en la cría e invernada de mulas y otros ganados principalmente a abastecer la demanda de los centros mineros altoperuanos".

La estancia se plegó al comercio de ganado mular, aunque en la Carta Anua del período 1637-1639 se señala que el Colegio de Córdoba pasa "... por cierta estreches en lo temporal [y que desde hace varios años] no progresa en su fortuna". Después de enumerar una serie de causas que motivan la crisis que se padecía, señala que una forma de amortizar la situación es "... vender cada año en el Perú 4800 cabezas de ganado para sacar así una venta de 2000 pesos".

A Caroya, para el Colegio-Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat, se sumaron Jesús María y Alta Gracia para sustento del Colegio Máximo y Universidad; Santa Catalina  para el Colegio-Noviciado y San Ignacio de los Ejercicios o Calamuchita, para el mantenimiento de la práctica de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio.

 

Mapa de las Estancias Jesuíticas

"La Estancia Jesuítica de Caroya" - J. Piana (2004) - Arq. Luis Córsico

 

Comenta el Padre Dreidemi (Ver Biografía): "... Pero aunque el fin principal fue ese, sin embargo, como apóstoles que eran y evangelizadores, no pudieron los jesuitas descuidar  este aspecto de su obra. Cada estancia fue un centro de irradiación espiritual y de cultura. El Padre y el Hermano estanciero, con sus ayudantes fueron los conquistadores, para el Evangelio de Cristo, de aquellas tribus de indios que ellos recibieron inmediatamente de los encomenderos reales junto con los campos, en donación, merced o compra. Y allí bullía un mando nuevo. Estos centros rurales se convirtieron poco a poco en  grandes colmenares, donde no solo se escucha el batir del yunque o el murmurar de los batanes, o de las piedras de molino, sino también el de las oraciones y cánticos piadosos.  El indio aprendió con los jesuitas a vivir su vida de hombre, no de fiera: se civilizó, en el verdadero sentido de la palabra. Y aprendió a leer y a escribir; y aprendió las artes rurales y las más variadas disciplinas humanas".

 

Estancia Caroya, la primera

 

Es Caroya o Caroyapa el primero de los establecimientos rurales que la Orden compró, en 1616, en la actual Provincia de Córdoba, parte integrante de la otrora Provincia Jesuítica del Paraguay.

Según las investigaciones del Lic. Alejandro Moyano Aliaga y del Profesor Luis Q. Calvimonte, el primitivo casco, estuvo ubicado a 15 km al este del actual, en la proximidades del pueblo ESQUINA. Aún se conservan las ruinas de la antigua Capilla. Allí construyeron acequias para el regadío de la huerta, jagüeles para dar de beber a los animales, en especial,  las mulas que se criaban para vender al Alto Perú, Allí se construyeron casas, veranearon los bachilleres del Monserrat. Allí pasó sus últimos días el Dr. Ignacio Duarte y Quirós.

 

Recreación histórica de la Estancia de Caroya en tiempos del Dr. Duarte y Quirós, junto a los colegiales del Monserrat durante la época de vacaciones. La descripción de las construcciones y paisaje está basado en aportes documentales.

Realización a tinta del Arq. Omar Demarchi del año 2001 (dibujo tomado de "Historia de la Estancia de Caroya" de  L. Q. Calvimonte y A. Moyano Aliaga)

Recreación histórica de las ruinas de la primitiva CAPILLA DE CAROYA, conocida desde principios del siglo XIX, como "Capilla Vieja o Caroya Viejo", realizado por el Arq. Omar Demarchi. Relevamiento practicado el 12 de junio de 1999, cerca de la población de Esquina,  por el Prof. Luis Q. Calvimonte y el Lic. Alejandro Moyano Aliaga (dibujo tomado de "Historia de la Estancia de Caroya" de  L. Q. Calvimonte y A. Moyano Aliaga)

Relevamiento de las ruinas de la llamada "CAPILLA VIEJA DE CAROYA", por Luis Q. Calvimonte y Alejandro Moyano Aliaga, quienes fueron acompañados por don Jose Ángel Garay, vecino de la población de Esquina. Dibujo del Arq. Omar Demarchi

 

Cuando el padre Diego de Torres en diciembre de 1616, después de comprar los derechos sobre las tierras de Caroya, toma posesión; en el documento del acto se puede leer "... y el dicho padre rector; en nombre del dicho Colegio, la recibió y la aprehendió y tomó real y actualmente y tomándole la mano le pasé por dicha tierra, asiento y estancia y arrancó hierbas y en ella hizo cortar árboles y entró en las casas y abrió y cerró las puertas de ellas".

Es en 1661, cuando el Dr. Ignacio Duarte y Quirós compra al Colegio de la Compañía de Jesús, representada por el Padre Francisco Ximenez, la estancia de Caroya con todo lo clavado y plantado, por valor de dos mil pesos. La escritura de traslación está fechada el 2 de agosto de ese año.

El 6 de Julio de 1682, el Obispo fray Nicolás de Ulloa, al dirigirse al rey de España, le expresa el buen concepto que de él tiene, describiéndolo como "... sujeto ya de edad, muy capaz y entendido, ejemplar sacerdote, muy recogido y tanto que rara vez parece en la ciudad, retirado a una estancia donde es de gran conveniencia , por que allí sirve para administrar a todos los vecinos los santos sacramentos; dice misa y predícales, y últimamente es el Abraham de aquel Manbre (sic), hospedador de todos los peregrinos, especialmente de los sacerdotes y religiosos. Tiene allí con qué pasar, no aspira a más que hacer el consuelo y dar pasto espiritual a todos los de aquella comarca en una CAPILLA que tiene muy devota y muy frecuentada".

Después de 26 años como propietario "... el Doctor Ignacio Duarte y Quirós, sacerdote docto y ejemplar Comisario de la Santa Cruzada", ante escribano dona sus bienes muebles y raíces, entre los que se encuentran "... una estancia llamada Caroya, nueve leguas de esta ciudad, con las tierras contenidas en los títulos y mercedes de dichas tierras, las cuales dijo tener entregadas a los suso dichos reverendos padres con todo lo en ella edificado, poblado y plantado de ganados mayores y menores".

Con ese motivo, el 24 de junio de 1687 el gobernador don Tomás Félix de Argandoña ordena hacer el inventario y tasación de los bienes del donante Dr. Ignacio Duarte y Quirós para la fundación y sostén del Real Colegio Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat.

"Una estancia llamada Caroya, que linda por la parte del sur con las estancias y sus tierras que están sobre el río de Córdoba, y por la del norte con las de Cabinda, y por el oriente con la estancia y tierras de Francisco Quintero rio debajo de Córdoba, y por el poniente con tierras de Guanusacate del capitán don Antonio de Burgos; que tendrá de longitud ocho leguas y de latitud siete leguas poco más o menos ... con dos lagunas grandes que se llenan de sus manantiales permanentes, con sus tajamares y dos acequias con que muele un molino y la otra con que se riegan las chacras, habiéndose unido para dicho efecto con la que muele el dicho molino; chacras que cogen mucha capacidad de tierras de pan llevar que riegan dichas dos acequias y alcanza dicha agua hasta dos leguas de dicha población, donde hace lagunas donde beben los ganados; y las dichas chacras estan cercadas de zanja profunda, donde se pueden sembrar doscientas y setenta fanegas de sementera de trigo todo debajo de riego y zanja. Un molino que muele fanega por hora poco más o menos, con su cárcabo canal y parte de la acequia lavadero y tendedero, todo de cal y canto y ladrillos y la casa con cimientos de cal y piedra. Una huerta de arboleda grande de diversas frutas y legumbres, zanjada por cerco con una despensa de ladrillo, cal y teja, con su puerta y llave dentro de la misma huerta para encerrar la fruta. Un perchel de adobes y horcones y barazón gruesa de quebracho cubierto de teja, con dos puertas grandes fornidas con sus llaves que caben de quinientas a seiscientas fanegas de trigo. Una capilla de cal y piedra del cerro, y ladrillo a medio levantar las paredes con dos puertas de arquería de cal y ladrillo, que tiene de largo sesenta y tres pies de a tercia y ancho veinte; y sacristía acimentada de cal y piedra que se le sigue a un lado de ella. Cinco piezas de vivienda nuevos que miran al oriente con paredes de adobes y horcones de algarrobo embebidos con techumbre de maderas muy curiosamente obradas, con corredores al oriente y poniente bien enmaderados, con pilares y solares de algarrobo labrados y gruesos con sus puertas; todo de teja y todo enlucido de cal, así dichas piezas como corredores. Otras diez piezas de viviendas y oficinas de teja, horcones de algarrobo y adobes, de maderas gruesas nuevos que circulan las cinco piezas principales y hacen patio de adentro de oficinas, que todos los dichos edificios de teja en la forma dicha tiene más de treinta mil tejas".

Esto es lo que en mensuras posteriores se conoce como "Estancia Vieja" y luego como "Capilla Vieja" o "Caroya Vieja".

El Real Colegio Convictorio puesto bajo la advocación de Nuestra Señora de Monserrat, aprobadas sus Constituciones comenzó a funcionar en agosto de 1687, en la que fuera la casa familiar de Duarte y Quirós en Córdoba. No obstante, la donación, Duarte Quirós sigue viviendo en la Estancia hasta su fallecimiento acaecido el 2 de febrero de 1703.

Por ahora, no se conocen los motivos que indujeron a los jesuitas a mudarse a la actual posición, que era en ese momento la Estancia de San José de Chavascate, surgida a posteriori de la extinción del antiguo pueblo de indios.

Se estima que alrededor de 1723 y sobre las bases del casco de la mencionada estancia, comenzó la construcción de la que hoy conocemos como "Casa de Caroya".

Con respecto a Caroya, en las Cartas Annuas de 1720-1730, puede leerse: "... y otro Hno. cuida de la estancia de Caroya, donde vive un padre Capellán estanciero. Crecieron, pues, mucho los intereses temporales, porque el presbítero Antonio Velez, legó al morir en 1722, una respetable estancia, con un molino muy oportuno. De igual modo don Juan Crespín, noble español, donó en 1725 al Convictorio todas sus rentas, entre las cuales se encontraban 43 esclavos muy útiles para el cultivo de la estancia. Así pues se levanta rápidamente el edificio de cal y ladrillo, desde sus cimientos y está medio concluido".

Otro documento menciona el traslado, aunque sin apuntar las razones, que lo motivó. Se trata del memorial del Padre Provincial Jerónimo Herrán en su visita a la Estancia de Caroya, el 9 de septiembre de 1733: "1. Para que la vacas no se acaben de alzar, en grave daño del Convictorio, hará el Padre rector cuanto antes, las providencias necesarias en la forma que me tiene comunicado; siendo también necesario que ponga otro capataz más hábil y que no se deje rancho alguno en el Pueblo Viejo, si no que se pongan todos en el paraje del Pozo Largo, para que con esto, no habiendo más aguadas, las vacas se puedan sujetar a rodeo. 2. Hace reconocido bastante en las quejas, y así se pondrá especial cuidado en ellas, añadiendo otro muchacho más en las majadas, pues uno solo no basta. 3. Supuesto que así las chacras, como el puesto de los ganados están cerca de la estancia, se encarga al Hermano estanciero, que reconozca personalmente, como lo hace la gente. 4. Siendo tan necesario para decencia, que se acabe la casa, de suerte que haya clausura en ella; en acabando de cubrirse la bóveda  de la sala de la esquina del Convictorio, enviará al Padre Rector los albañiles y otra gente que allá no fuere necesario a la ESTANCIA, para que en ella prosiga la obra, hasta que siquiera haya una decente clausura. 5. Para que el Hermano estanciero pueda, si se ofrece comprar alguna madera u otras cosas que fueran necesarias. 6. Ante toda cosa, procurará el Padre Rector de visitar la estancia, informarse como se doctrina y enseña a la gente a rezar, así de chica como de grandes, pues de estos en especial, me han asegurado que algunos no saben la doctrina Cristina".

 

La evolución de la Estancia

 

Tres épocas definidas marcaron la existencia de la estancia: la jesuítica de los primeros tiempos, la colonial de la época de la independización y la de los inmigrantes friulanos.

 

 

La Casa Grande, abierta al este, mirando la salida del sol, con habitaciones corridas comunicadas entre si, frente a galerías en torno a un patio central al estilo musulmán. El ala sur, incluía comedor, refectorio, cocina y despensa.

 

 

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“La sabiduría de esta arquitectura está en la adaptación acertada al ambiente climático del lugar, que permite una vida casi a la intemperie durante largas horas del día y el recogimiento se hace al atardecer cumpliendo con la jornada solar del trabajo. El destino de las habitaciones cubrían las necesidades del hombre, descansar, alimentarse, recrearse”.

Cotidianamente las labores se desarrollaban fuera de la casa: el molino el granero, el secadero, la huerta, el pesebre, la herrería, el tajamar.

 

 

 

 

La Capilla, desarrollo del Oratorio

 

Se ubica en el ángulo sur este de la casa. Tiene acceso independiente desde el exterior, a través de un atrio de 10,60 m de largo por 4,65 m de ancho, enmarcado por un muro de piedra a la vista con juntas alisadas. Una escalera de cuatro escalones, salva la diferencia de nivel entre atrio y nave. Este acceso permitió su uso a los feligreses que no pertenecían a la casa hasta finales del siglo XIX cuando se erigió la Parroquia Nuestra Señora de Monserrat de la novel Colonia Caroya.

 

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La capilla dedicada a la Virgen Negra de Monserrat, es de una nave  rectangular de 17,50 m de largo por 4,80 m de ancho. Sus paredes conformadas por piedras a la vista de alrededor de 0,83 m de espesor, soportan una techumbre cuya estructura esta compuesta por once cabreadas, alfajías y cabios de madera dura con bovedillas a la vista.

La cubierta es de tejas musleras, igual que el resto de la casa a excepción de los miradores del ala norte.

 

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Una escalera interior, muy simple, da acceso al coro alto, construido con vigas y solado de madera dura y ventana coral rectangular. La profundidad del coro es de 3,50 m y  el ancho,  es el de la nave.

En la pared norte una pequeña ventana, próxima a la escalera del coro, permite el único ingreso de luz natural.

 

 

 

Del lado de la epístola, una puerta la comunica con la sacristía de 4,45 m por 5,15 m, para luego conectarse con la galería del patio. Desde la sacristía, también  hay acceso a la galería frontal.

Los pisos,  que no son originales, son de ladrillones de 25 cm por 25 cm, colocados en forma diagonal.

"Las campanas son voz de esperanza, voz de consuelo, voz de amor. Son como las trompetas de Dios, que atraviesan los tupidos bosques y dominan  sobre todo ruido humano".  Esta frase del escritor francés, Louis Veuillot, parece haber quedado aquí, en el olvido. Espadaña, torres para las campanas, nada de ellas. Siempre estuvieron presentes en las obras de los jesuitas, aquí no disponemos información al respecto.

En 1735, las Cartas Anuas relatan que: "... a la casa de campo de Caroya se ha añadido otra mitad y se ha cerrado con tapia de adobes su huerta de árboles frutales, con una viña, la cual ya rinde lo suficiente para el Colegio". Con el agregado de estas habitaciones, se cierra el patio, conformando la edificación más antigua, que es la que describe el Gobernador Argandoña en su tasación de 1687.

 

 

1814-1816 – Primera fábrica de armas blancas

 

"... Es una vergüenza, es un desdoro que los oficiales de este Ejército ni los Sargentos tengan un espadachín, una espada o un sable, porque no hay donde comprarlas.

Y es indispensable que V.E. se sirva ordenar que a la mayor brevedad se me remitan 200 de estas armas, para que se cumpla esta falta, que yo cuidaré que se le descuente a los Oficiales el valor de las que reciban".

Manuel Belgrano al Gobierno Provisional de las Provincias Unidas.

Campo Santo, 5 de mayo de 1812.  

 

 

Con el advenimiento de la Revolución de Mayo cambia el orden jurídico y las funciones de la propiedad.

Con la firme determinación de proveer armas, pólvora y cartuchería a los ejércitos de la independencia, los primeros gobiernos patrios tomaron las medidas necesarias para conseguir el objetivo.

El 27 de diciembre de 1813 el Director Supremo de las Provincias Unidas del río de la Plata Gervasio Posadas (1757-1833), solicitó al coronel don Manuel Rivera (1764-1824), se ocupe de la instalación de una fábrica de armas blancas en Córdoba.

El mismo Rivera sugiere la estancia de Caroya, por la existencia en ella de edificios donde albergarla, así como la abundancia de agua para el funcionamiento de maquinaria y templados.

Se notifica al gobernador intendente de la Provincia de Córdoba, don Francisco Javier de Viana (1764-1820), después ministro de Guerra del Director Posadas "para que contribuya en lo que este a su alcance con el operativo de traslación, interesándose en sus progresos y adelantos".

A más de dos siglos de su existencia, la casa debió adaptarse a su nuevo destino. En 1814 se agregó el primer piso del ala norte con camino de ronda y torre de observación. Se instalaron precariamente los hornos de fundición y una gran pileta adosada al ala oeste servía para templar los aceros de las espadas.

En este segundo destino queda marcada una nueva etapa estilística, ya que se descarta la inspiración de modelos "godos", reemplazándolas por las formas que asociativamente respondían a modelos liberales, que encuentran en el neoclasicismo su adecuada expresión.

Como expresa el arq. Rodolfo Gallardo "... las molduras de las aberturas de la torre, la torre misma emergiendo sobre la chatura de los techos coloniales tiene ya otro espíritu progresista tal vez el mismo que llevó a sustituir los viejos pisos o usarlos de contrapiso para embaldosarlos arriba, o bajar con tensos lienzos blancos la altura de las habitaciones ocultando el maderamen que la restauración ha reivindicado".

Es en esta época, primeros días de junio, cuando el general Jose Francisco de San Martin, de retorno de su misión al comando del Ejército del Norte, por el "camino de los santiagueños" descansa en Caroya; una de las últimas etapas de su viaje con destino a la estancia de su amigo Eduardo Pérez Bulnes, en Saldán.

Se dará comienzo a la producción de sables previo aprovisionamiento de materiales y herramientas procedentes de Córdoba y Tucumán. Se procedió al nombramiento de capellán, mayordomo y escribiente más una importante dotación de operarios, tales como: majadores, amoladores, bronceros, braceros, carpinteros, albañiles, plateros, talabarteros, etc. A fin de custodiar instalaciones y despachos se destacó un piquete de soldados.

El 13 de marzo de 1815, el director Rivera solicita al gobernador la suma de 3.000 pesos a fin de poder dar comienzo a la producción, llegando el director a comprometer fondos propios en desempeño de sus funciones.

El 13 de julio se remiten, bajo custodia, al gobernador José Javier Díaz, 40 sables de un total de 300 solicitados.

Trece días después, Manuel Rivera, le comunica que entrega a don Francisco de Paula Pérez, la espada sable que se ordenó fabricar para el General José Rondeau (1775-1844), jefe de la tercera Expedición al Alto Perú. En la misma oportunidad le comunica que ha entregado al rector del Colegio Monserrat, Dr. Tomás Aguirre (1812-1815), ocasionalmente en viaje a Córdoba, la espada sable con sus correspondientes vainas y guarniciones doradas que se le encargó para el Gral. José Gervasio Artigas (1764-1850) y otra en obsequio para su persona.

Comenta el arq. Gallardo, que "... el Cnel. Díaz queda satisfecho, no solo porque es hombre fino y paladea de ante mano el gusto del obsequio al líder oriental, por el que además podrá comprobar el grado de perfección de la industria cordobesa, sino que recibe otra espada igual para su uso personal, con lo que el Colegio Monserrat y la Fabrica de Armas se ganan la buena disposición del Gobernador Propietario".

Con un empréstito forzoso sobre el comercio cordobés se logró recaudar 19.000 pesos, que le permitió a la fábrica sobrellevar los primeros gastos de fabricación e instalación. Desde su inicio, y a través de su corto período de existencia (1814-1816), la fábrica sufrió serias carencias a causa de la escasez de fondos del erario público provincial y nacional.

En el período de funcionamiento la gobernación de Córdoba pasará sucesivamente de Francisco Javier de Viana (1813-1814) a Francisco Ortiz de Ocampo (1814-1815) y luego José Javier Díaz (1815-1816).

Dentro de una economía muy ajustada y en plena producción, el 20 de enero de 1816, el ministro de Guerra, a través de su director interino Ignacio Álvarez Thomas (1787-1857) le ordena a Rivera, suspender todo trabajo, levantar inventario, materia prima, armas terminadas y en curso de producción y conducir, a la postre, instrumentos, máquinas y demás enseres a Buenos Aires. Parte del acero existente fue sacado a remate o dado en pago por orden del Directorio, a fin de satisfacer deudas y salarios atrasados.

Este era el fin de la Fábrica de Armas Blancas en la estancia de Caroya; de aquí en más, todas las armas se fabricarían en Buenos Aires.

El estado había contraído una deuda con el Colegio Monserrat por la suma de 1.794 pesos. En 1819, al asumir como rector el Dr. José María Bedoya hace el correspondiente reclamo, proponiendo que se vendan los esclavizados que quedaron en la estancia y no prestan funciones en la desactivada fábrica de armas.

En total eran 11, menores de 30 años, aptos para trabajar como peones y habían sido comprados en Buenos Aires por 250 pesos cada uno. Después de varias negociaciones, los esclavizados quedaron para el Colegio con un sueldo de un peso semanal.

Cuando habían transcurrido cuatro años del cierre de la fábrica de armas, descansó en la estancia el general Manuel Belgrano, camino a Buenos Aires donde va a fallecer cuatro meses después. Se conoce la carta que escribió el 19 de marzo de 1820, al vecino cordobés Carlos del Signo, agradeciendo la donación de 400 pesos que le permitieron seguir viaje a su destino final. En la capilla doméstica de la Casa de Caroya, ante la Virgen de Monserrat, acompañado por el padre franciscano José Villegas, su confesor y capellán del ejército, habrá rezado sentidas oraciones por el destino de su amada Patria.

El 20 de marzo pudo continuar su viaje, un día antes que la Asamblea Constituyente provincial designara Gobernador y Capitán General de la Provincia de Córdoba, al coronel Juan Bautista Bustos. (1797-1830).

 

Estancia Caroya, la de los inmigrantes friulanos

 

"... Cargados de bultos traían en sus manos, como dioses mitológicos, los atributos característicos de su propia circunstancia. Mientras en férreas espaldas sostenían la mochila que sintetizaba el hogar y sus magras pertenencias, la diestra en alto empuñaba en instrumento de labranza: era el trabajo fecundo y decidido, ávido de arrancar a los terrones de la tierra el grano y la vid como en bíblica estampa. Al lado, la mujer, unida en el amor al hombre que soñaba en prados labrantíos, acunaba en brazos al hijo, rubio como las espigas promisorias, tostada ya también en promisores anticipos, con los soles de América. Llegaban a la estancia como llegaron los estudiantes, como llegaron los hombres de la Independencia, siempre atrás de una esperanza".

En "La Casa de Caroya, Predilecta de la Historia" de Rodolfo Gallardo.

 

El Dr. Nicolás Avellaneda, (1837-1885) quinto presidente después de Caseros, ex alumno del Monserrat y por ende, en su etapa de "reyuno", residente veraniego de la estancia; fue un gran impulsor de la Colonización y el 15 de marzo de 1878, la Estancia se transforma en alojamiento transitorio acogiendo a los recién llegados nuevos colonos.

Para acceder a un detalle específico y pormenorizado del derrotero vivido durante el proceso de colonización de la Colonia San Martín que, a poco, se reconvierte en Colonia Caroya, haga click aquí.

A medida que se asignaban las parcelas en la Colonia y se construían sus viviendas los colonos comenzaron a abandonar este destino provisorio.

Durante el fraccionamiento de las tierras el casco de la Estancia, quedó dentro del Lote Nº 1, compuesto por cuatro parcelas de 25 ha cada una, totalizando 100 ha. El Gobierno Nacional tenía proyectado hacer una fundación agrícola creando una escuela de ese rubro. Solo quedó el proyecto procediéndose a su remate años después.  

Mientras las construcciones de la Casa de Caroya iban entrando en un largo período de decadencia, la vieja capilla de Monserrat, siguió prestando servicio religioso a la comunidad, en plena etapa de formación. 

Quedaron archivos de inventarios de esa época que aportan algunos datos de interés.

Inventario de 1878: "... la capilla del Colegio de Caroya es pequeña, con murallas de piedra y cal y techo de tijeras, cubierto de tejas ... Imágenes: Una imagen de Nuestra Señora de Monserrat, regularmente adornada, en un nicho del retablo que es todo de madera, con un sagrario. Una imagen de Santa Teresa. Otra de Nuestra Señora del Rosario de bulto, colocada en un nicho, en el vestíbulo de la sacristía. Una imagen de bulto del Rey Mago Baltasar. Un cáliz, un porta viático, una corona de la Virgen del Rosario, todo de plata. Ornamentos completos para los servicios religiosos y sus respectivos armarios para su guarda".

Inventario de 1891: "... la capilla es la misma que perteneciera al antiguo Colegio de Caroya. Una imagen de Nuestra Señora de Monserrat, sentada en una peña o monte artificial, con corona y diadema de plata, y en la mano una asiena pequeña de plata. Una imagen de Santa Teresa de bulto, tallada de madera 'muy vieja', de tres cuartos de alto"-

En 1898 el casco de la estancia, dentro del Lote Nº 1 de Colonia Caroya, es rematado y comprado por Benigno Acosta, quien entiende que la compra incluye la capilla con su sacristía.  En honor a su esposa y a su hija cambia el nombre de la heredad por "Las Mercedes", topónimo que se extenderá hasta 1964 cuando la Provincia, por decreto Nº 1390 Serie “B”, expropia la Casa de Caroya y un predio de 10 ha.

Durante las siguientes décadas del siglo XX, la Casona de Caroya entró en un oscuro período de abandono; al ser ocupada por familias humildes que la depredaron fuertemente.

 

 

 

De las mercedes, compras, donaciones y desmembramiento de tierras

 

11/09/1574

(merced)

Las tierras donde se formará la estancia de Caroya fueron dadas en merced por el gobernador Don Lorenzo Suarez de Figueroa  al capitán Bartolomé Jaimes, vecino cofundador de Córdoba, pudiéndose leer en la terminología de la época: "... una cañada de tierras que está a cinco leguas poco más o menos de esta ciudad en la travesía, desde los pueblos despoblados de Pedro Díez de Cortes, hacia las sabanas y tierra adentro hacia Guanusacate, que es hacia el norte, en la cañada están dos jagüeles, que la merced se hace desde dichos dos jagüeles la cañada arriba, diez fanegas de tierras de maíz y otras diez hacia abajo, la cual cañada se dice y llama Caroyapa y Istinocora y por otro nombre Ischapa Aupa".

30/10/1575

(merced)

Un vecino de los notables, Juan de las Casas, cofundador de Córdoba, obtiene una merced dada por el teniente de gobernador Juan de Burgos, que abarca "... todas las tierras, chacaras y aguadas que poseía y poseyó por suyas en el valle de Chavascate y su comarca y circuito el cacique don Hernando Anime, señor que fue del dicho valle como cacique principal, que fue que habrá que murió diez días poco más o menos que por su fin y muerte quedaron vacos por no haber legítimos herederos .... Y se entienda que la dicha merced ha de ser desde el camino viejo de Santiago que pasa junto a Chavascate río arriba y río abajo así de una parte como de la otra, todo lo que le pertenecía al dicho don Hernando Anime, no metiéndose a tomar las tierras de los demás indios del dicho pueblo de Chavascate". Esta merced es el origen de "... la legua de Casas".

07/11/1596

(dote)

Juan Maldonado casado con Lucía Gonzalez, hija de Bartolomé Jaimes recibe de éste, la estancia por valor de 200 pesos, como parte de dote. Juan y Lucía la venden a Diego Funes y su esposa Inés Gonzalez Jaimes, quienes a su vez, la entregan en dote a su hija Doña Isabel de Funes al contraer enlace con Luis de Ribera, Escribano de Cabildo de la Ciudad de La Rioja. El matrimonio se radica en la estancia .Al fallecer Don Luis su viuda contrae enlace con el capitán Damián Pérez de Villarreal.  Un astuto maestro sastre, llamado Pedro Fernández Bandurreira, solicitó prestado el campo a Luis de Ribera para guardar hacienda. Al fallecer éste, tras algunas maniobras jurídicas y algunas mejoras introducidas, logra la confirmación de la tenencia por parte del gobernador Don Luis de Quiñones Osorio. 

08/01/1616

(pleito)

Doña Isabel de Funes,  con su nuevo marido Perez de Villarreal, propietarios ausentes, inician el pleito para la recuperación de tierras. Ante lo incierto del resultado de un juicio deciden vender la estancia. El hermano y apoderado de ella, Cristóbal de Funes, interesa para la compra, al padre Diego de Torres, rector del Colegio de la Compañía de Jesús.

16/11/1616

(compra)

Después de muchas tratativas, el padre Torres que estaba buscando tierras para el Colegio, las compra, en 200 pesos, con pleito incluido.

01/12/1616

(pleito transado)

Una vez que el Padre Torres tomó posesión de las tierras se dedicó a solucionar el problema con Fernández Bandurreira. Transó el pleito pagando 250 pesos "... por las mejoras y labrado y edificado y plantado y corrales".

08/12/1616

(posesión de la estancia)

Con la intervención de la autoridad de Justicia, Juan Bautista Daniel, da la posesión al Padre Torres en presencia de varios  testigos. Quiere decir entonces que, el Colegio Máximo, es propietario de una regular extensión de campo por 450 $, importe de lo vendido por Funes y los derechos vendidos por Bandurreira.

02/01/1617

(merced ampliatoria)

A petición del padre Torres, el gobernador Don Luis Quiñones de Osorio,otorgó en merced todas las tierras vacas que había alrededor de la estancia de Caroya "... ansí de largo como de ancho y contorno hasta lindar con tierras de las estancias de Juan Bautista [Daniel], y de Gaspar de Quevedo y general don Alonso de la Cámara, y Diego de las Casas y Alonso de Coria Bohorquez, y hasta lindar con tierras que pertenecen a los herederos de María Mejía y doña Isabel de Deza, y así mismo haga dicha merced al dicho Colegio de dos leguas de tierra en ancho en la parte dicha que corran desde la dicha estancia que compraron referida hacia la dicha ciudad de Córdoba y en lo demás hasta lindar con las tierras y estancias referidas".

10/12/1624

(solicitud de posesión)

El rector del Colegio, Padre Marcial de Lorenzana , pidió posesión de estas tierras, con manifiesta demora. Cuatro días después, el Hermano Juan Díaz, procurador del Colegio se hizo cargo.

02/08/1661

(venta)

"El Padre Francisco Ximénez  rector del Colegio de la Compañía de Jesús, vende al señor doctor Ignacio Duarte y Quirós, comisario de la Santa Cruzada, la estancia de Caroya que era de este Colegio, nueve leguas de esta dicha ciudad, poco más o menos, y le vende las tierras que tuviere y le perteneciere a dicha estancia conforme a los títulos que se le han de entregar que lindan por una parte con tierras de Cabinda, que es de doña Isabel de la Cámara, viuda de Juan Bautista Daniel; y por la otra, con tierras de la estancia de Jesús María, las cuales  le vende libre de todo censo y tributo especial ni general en precio y cuantía de dos mil pesos de a ocho reales cada uno que por ellos le ha dado y pagado en reales de contado de que se da por contento pagado y entregado a su voluntad y por no parecer la paga de presente renunció las leyes del entrega prueba y pago nom numerata pecunia como en ella se contiene y confiesa que la dicha estancia y tierras con lo en ella edificado y labrado no vale más de los dichos dos mil pesos. Córdoba, 2 de agosto de mil seiscientos sesenta y uno". Hay varias firmas. 

24/06/1687

(donación)

El gobernador don Tomás Felix de Argandoña, en esa fecha designa al capitán  Francisco López del Barco y al capitán Ignacio de Ledesma, para realizar el inventario de los bienes que el Dr. Ignacio Duarte y Quirós dona para la fundación y sostén del Real Colegio Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat: "La estancia de CAROYA, linda por el sur, con las estancias que están sobre el Río de Córdoba. Por el norte con las tierras de Cabinda de Francisco Quinteros, Río Primero debajo de Córdoba; al oeste con tierras de Guanusacate, del capitán don Antonio Celis de Burgos Quiroga. La estancia tendrá una longitud de ocho leguas, y de latitud siete leguas más o menos". Continua con la descripción de todo lo clavado y plantado, y finaliza: "... Todo lo cual, habiéndolo tasado por menor y cosas aquí referidas, sacamos la cuenta que tienen un valor, y valen 12.000 pesos".

10/05/1700

(merced)

Al comenzar el siglo XVIII, el gobernador don Juan de Zamudio, concede en merced al maestre de campo don José García de Miranda, las tierras que habían pertenecido a los extinguidos  indios de Chavascate. Habían pertenecido a Juán de las Casas y en segunda vida, a su hijo el Capitán Antonio de las Casas fallecido el 13 de enero de 1613. Eran dos leguas a todos los vientos más las tierras sobrantes a sus alrededores. La estancia fue nombrada con el de su santo patrono: san José. [Actual asentamiento de la Casa de Caroya]

Año 1709

(merced - compra)

El gobernador don Esteban de Urizar y Arespacochaga adjudica al Real Colegio Convictorio de Monserrat una merced de tierras: "... las tierras que fueron de indios de Chavascate en el río de Casas, de la otra parte del río hacia la banda del Norte y Estancia de Jesús María, una legua de largo y media de ancho, desde el camino real y pasaje de las carretas ... y todas las sobras de tierras que hubiese vacas, hasta confinar con Caroya ... de tal suerte que quedan unidas y agregadas a la dicha estancia". En el mismo año, el Colegio compra parte de las tierras que lindan con Guanusacate.

05/07/1722

(herencia)

García  Miranda, entrega las  tierras Chavascate a su hija Josefa. Al fallecer ésta (27/10/1731), soltera y sin dejar descendencia, la hereda su hermana.

07/03/1732

(venta)

 

La religiosa del Monasterio de Santa Catalina de Siena, llamada en religión, sor Ignacia de Cristo, vende la estancia de San José de Chavascate al padre Francisco Javier de León, Procurador del Real Colegio Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat: "... una suerte de tierras cuyo centro principal es el pueblo de indios que fue llamado Chavascate, de esta banda del río que llaman  de Casas, con todas las tierras que le pertenecen, por la suma de 125 pesos". Al integrarse estas tierras con las de Caroya formaron una superficie de alrededor de 60 leguas cuadradas; unas 139860 hectáreas.

12/07/1767

(expulsión)

Con la ejecución del decreto de expulsión de la Compañía de Jesús, comenzó la decadencia y posterior desmembramiento de la Estancia de Caroya, al igual que todos los bienes de la Orden. La Junta de Temporalidades se hace cargo de la administración de los bienes confiscados. La Estancia perteneciente al Real Colegio Convictorio de Monserrat, por ser un bien que estaba bajo la protección de la Corona española, quedó desafectado bajo la administración y dirección de la orden franciscana de la ciudad de Córdoba.

26/06/1786

(Decreto)

El Marqués de Sobre Monte dictó un decreto por el cual dispuso que, a partir de la fecha indicada, no existen tierras realengas desde el Río Primero hasta Caroya ya que todas pertenecen al Colegio de Monserrat; razón por la cual, no se atenderá ningún pedido de tierras en esa región.

1795

(primer parcelamiento)

El Rector del Colegio Fray Pedro José Sullivan se dirige al Gobernador Intendente Marqués de Sobre Monte, a modo de denuncia, que Mauricia Ludueña se encuentra "agregada a la estancia" residiendo en el paraje "El Garabillo" aduciendo que tiene permiso de los Rectores anteriores. Estas tierras pertenecen, sin duda alguna, a la Estancia Caroya; pero, la señora Ludueña pretende quedarse en el lugar ya que sostiene que son realengas. Sobre Monte ordena mensurar los campos para iniciar el trámite. El expediente quedará inconcluso.

03/07/1797

(desalojo)

Sobre Monte ordena al Juez Pedáneo Juan Sarmiento que proceda a desalojar a Doña Benita Pajón si es que no puede acreditar de modo documental que es poseedora de las tierras de "Posito de las Vacas" que pertenece a la Estancia Caroya. Escudándose en numerosos fundamentos pero sin poder demostrar con títulos sus derechos, en 1820, el juicio seguía sin poder resolverse.

01/12/1800

(Cédula Real)

Por Cédula Real del Rey Carlos IV de España se dispuso la fundación de la "Real Universidad de San Carlos y de Nuestra Señora de Monserrat". Cesa la administración franciscana de la Estancia de Caroya, pasando el gobierno al Clero Secular. Después de varias disputas se puso en vigencia en 1808; siendo el último administrador de la Estancia, en este período, el Rector del Colegio el R. P. Pantaleón García (1802-1807). La Real Cédula es refrendada por el Virrey del Río de la Plata, Santiago de Liniers el 19/11/1807.

Año 1820

Después de la "Revolución de Arequito" y posterior asunción del Coronel Juan Bautista Bustos como Gobernador de la Provincia de Córdoba, la Universidad y el Colegio Monserrat con su Estancia de Caroya pasaron a depender del Gobierno Provincial. En esta etapa, conocida como "período provincial (1820-1854)", fue la época donde se vendieron gran cantidad de tierras pertenecientes a la Estancia de Caroya dando origen a otras estancias de menor superficie.

20/04/1826

(ventas)

El rector del Colegio Monserrat Dr. José María Bedoya vendió al José Sarmiento un campo con una extensión de una legua de sur a norte por media legua de este a oeste. La zona de "Las Chacras" terminó siendo una importante extensión de tierras vendidas a diversas familias: Avendaño, Vázquez, Ramírez, Ludueña, Leiva, Sarmiento y Montenegro.

Año 1827

El Dr. José M. Bedoya eleva un documento al Gobernador Juan Bautista Bustos sobre el estado deprimido en que se encuentra la Estancia y que, ante la imposibilidad de ser atendida de modo conveniente por parte de los Rectores, propone que se designe un administrador y luego que, la misma, sea vendida.

Año 1847

Las Autoridades de la Universidad y de la Provincia coinciden en señalar que la Estancia es muy poco productiva. El Rector Ramírez de Arellano señala que "... cuatro leguas es suficiente para la hacienda del Colegio y que ... los terrenos que están fuera del mencionado plano están de más, las tierras sobrantes son incultas y que solo ofrecen un corto pago por parte de algunos arrendatarios que son pocos y pobres".

29/05/1854

(traspaso)

En el mes de marzo, el ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública de la Confederación, Santiago Derqui (1809-1867), visitó la Universidad y el Colegio Monserrat. Después de un profundo análisis, decide solicitar a la Asamblea cordobesa que estas instituciones pasen a la órbita nacional; propuesta que es aceptada. Gobernaba Córdoba Alejo Carmen Gúzman (1815-1884). El Decreto de traspaso fue firmado por el Vicepresidente de la Confederación Salvador María del Carril (1798-1883) en ausencia de Justo José de Urquiza (1801-1870). La Estancia de Caroya pasó a ser nacional.

Año 1878

(colonización y asignación de tierras en torno a la Casa de Caroya)

Para mayor información acerca del proceso de colonización y la reserva de tierras asignadas al Casco de la Estancia de Caroya remitirse al espacio dedicado a la creada Colonia San Martín que deviene, al poco tiempo, en Colonia Caroya.

15/07/1890

(escritura)

El lote N°1 con una superficie de 100 ha conteniendo el casco de la Estancia es comprado en remate público por Don Ramón Ignacio Olmos, quien recibió escritura de manos del Ministro del Interior Dr. Salustiano de Zavalía. Cinco años después se lo vende a los señores Gotardo Realini y Federico Tessi.

14/02/1898

(venta)

Quienes, ante el escribano don Ramón E. Brandan, vendieron el lote a don Benigno Acosta, con todo lo clavado y plantado, por la suma de 20.000 pesos. Cambia el nombre de la estancia por "Las Mercedes". Benigno Acosta, acaudalado y prestigioso vecino de la Ciudad de Córdoba de la cual fue Intendente, se casó con Mercedes Font con quien tuvieron una hija llamada Mercedes Acosta Font, la que contrajo matrimonio con el Dr. Pastor Achával.

Año 1937

(testamento)

Al fallecer Benigno Acosta (1819), su esposa y su hija, queda como único heredero el Dr. Achával quien, en ese año, testa todos sus bienes. Entre ellos, Caroya a favor de su madre Doña Amelia Deheza de Achával y a su hermana, Doña Rita Achával de Martínez.

Año 1964

(expropiación)

El Gobierno de la Provincia de Córdoba por Decreto N°1390 Serie "B" de 1964, expropió 10 ha con el casco de la Estancia de Caroya. Se recupera el nombre de la misma. De aquellas 140000 ha, tan solo diez representan el paso de casi 400 años de historia.

 

 

 

 

 

Video - Año 2007

 

 

 

 

Dr. IGNACIO DUARTE Y QUIRÓS (1618-1703)

 

Ignacio Duarte Quirós, nacido en Córdoba, entre 1618 y 1620. Por la Universidad de Córdoba, es maestro de Artes y Doctor en Teología; se ordenó Sacerdote del Clero de Córdoba en 1650 y es Fundador y Dotador del Colegio Convictorio de Monserrat que comenzó a funcionar en el actual Colegio de la Terciarias Carmelitas o Huérfanas y luego trasladado a su actual ubicación. 

Es hijo del mercader portugués Simón Duarte y de María Holadilla de Quirós, hija de portugueses. Tenía tres hermanos: María, Gertrudis y Luis.

Dice la Dra. Marcela Alejandra Suarez que "... es poco lo que se conoce de su vida, pero todos coinciden en que era sencillo, humilde, muy piadoso y caritativo. No ocupó cargo político ni religioso de categoría ni fue profesor en la Universidad como hubiera podido esperarse de su condición de doctor".

El 19 de octubre de 1645 se acordó la carta de emancipación paterna, en los siguientes términos:

 

"Estando mis padres ante el Capitán Esteban Loyola, Alcalde, e Ignacio presente dijeron que el dicho maestro Ignacio Duarte y Quirós, su hijo, que es de edad de más de 25 años, ha estado y esta debajo del Poderío paternal y maternal de ellos.

Y porque es capaz y suficiente para ser libre de la patria potestad y emancipación y tiene voluntad de lo mancipar.

Y para hacerlo lo han comunicado con el dicho su hijo el cual lo consiente y se lo ruega y pide a los dichos sus padres.

Por lo tanto, en aquella vía y forma que haya lugar en derecho otorgan que emancipan al dicho Maestro Ignacio Duarte Quirós y le apartan y quitan poder.

Y en señal de ello ambos padre y madre le toman por la mano, y le dejaron y apartaron de sí; y le dieron por libre y quito desde luego para siempre del poder que sobre él y sus bienes tiene.

Y le dieron poder y facultad para que, por su persona los administre y rija y gobierne y que él pueda parecer en juicio y hacer contratos y cuasi contratos y defenderse de todas y cualquiera persona.

Y el dicho Ignacio Duarte Quirós, que esta presente, aceptó la escritura de emancipación; y puesto con una rodilla en el suelo, dijo que agradece los derechos a los dichos sus padres la dicha emancipación y les besó a cada uno la mano.

Y todos pidieron al Señor Alcalde Ordinario que interponga su autoridad y decreto judicial en esta escritura, para su validación y firmeza.

Y lo otorgaron, siendo testigos, Lucas Loyola y Juan B. Rojo, Aguacil Menor y Diego Albarracín".

[A. de T.; E1, P1, 50, 1645-6, Folio 221]

 

Heredero de una gran fortuna que su padre había forjado como comerciante, supo administrarla con mucha prolijidad.

Fue en la VII Congregación celebrada en Córdoba, en 1645, cuando el padre Juan Pastor recomendó la creación de un convictorio en la ciudad, para lo cual se solicito la autorización del padre general en Roma. Expresaba el padre Pastor: "... y así el entablarle algún Colegio Convictorio en la ciudad de Córdoba importaría para todo y para promover nuestros estudios en aquella Ciudad y Colegio en que tenemos universidad, y para que se entable importará la aprobación de Vuestra Paternidad ...".

El 8 de agosto de 1646, el padre Vicente Caraffa, general de la Compañía, había autorizado la fundación de un colegio convictorio en la región. Escribió: "El Padre Provincial haga una buena, y numerosa Consulta cerca del postulado que se representa de formar en la ciudad de Córdoba un Colegio de convictores en la forma que se propone, y como no se descubra inconveniente, se apruebe, por mi parte doy licencia para que se disponga".

Este es el primer documento referido al Monserrat; que no se pudo concretar por falta de recursos.

El 2 de agosto de 1661, se firma la escritura traslativa de dominio de la estancia de Caroya representada por el padre Francisco Ximenes rector del Colegio de la Compañía, en favor del Dr. Ignacio Duarte Quirós. Éste la administrará a lo largo de casi tres décadas

Probablemente, su asiduo contacto con los jesuitas, llevó al padre Diego Altamirano a sugerirle que tan cuantiosa masa de bienes, sea destinada con un fin altruista. Como Córdoba era sede del Colegio Máximo y la Universidad, se necesitaba alojar al alumnado que habitaba en casas particulares.

La idea fue cristalizada, en 1687, de la mano del Dr. Duarte con la fundación del Colegio Convictorio Nuestra Señora de Monserrat.     

Fue el padre Diego Altamirano, procurador general de la Compañía, quien se encargó de gestionar ante la Corona, la autorización para fundar el colegio convictorio. El 15 de junio de 1685, por cédula real, que suscribió el monarca y puso bajo su patronato al colegio a crearse.

Una vez llegado el documento a Córdoba el Dr. Duarte hace entrega de sus bienes.

El 8 de julio de 1687   se firma la escritura de donación de Duarte Quirós en favor de la Compañía de Jesús "... e hizo donación pura y perfecta e invariable que el derecho llama entre vivos al Colegio de la Compañía de esta ciudad de Córdoba y en su nombre al P. Tomás Dombidas, su Provincial actual, para efecto de fundar dicho colegio seminario, de los bienes siguientes: "... una estancia llamada Caroya, nueve leguas de la ciudad con las tierras contenidas en los títulos ...".

El 1 de agosto de 1687, en presencia del gobernador de Tucumán, don Félix de Argandoña, se aprobaron las Constituciones del Colegio, fecha que se determinó como la fundación del Real Colegio Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat. 

El Padre Grenón señala que el antiguo convictorio: "... era un mero internado u hotel disciplinado. En el vivían, comían, dormían y estudiaban [los alumnos externos quienes] ... para recibir lecciones salían mañana y tarde del convictorio, atravesaban la calle, pasaban por el pretil de la Compañía, donde estaba la universidad y entraban en ella a oír las lecciones, dos o tres horas y luego volvían al convictorio ...".

Durante el período jesuítico, estaba ubicado en la antigua casa paterna de los Duarte Quirós, (actual calle Caseros) que el presbítero donará a los jesuitas conjuntamente con la estancia Caroya.

El Dr. Ignacio Duarte Quirós falleció, en la estancia de Caroya, el día 2 de febrero de 1703. Tiempo antes, con su testamento, ratificó todas las donaciones hechas a la Compañía. Esta, cumpliendo su voluntad, sepultó su cuerpo en la capilla del Colegio, donde permaneció hasta 1772, siendo trasladado a la cripta de la Compañía, donde permanece hasta la fecha.

En 1766, año de la creación del Virreinato del Río de la Plata, en Córdoba se editó el primer libro impreso en territorio argentino que, titulado "Laudiationes quinque" ("Cinco oraciones laudatorias") y en homenaje al Dr. Duarte Quirós, fue escrito por el Padre Manuel Peramás.

El autor dice en su libro:

 

"... a veces Duarte moraba en el campo para poder dedicarse más libremente sin interrupciones y durante más tiempo a Dios a las cosas divinas, pero cuando se avecinaba algún día consagrado a la Virgen, volvía a la ciudad para demostrar con el ejemplo a todos con qué ceremonias religiosas, con qué piedad estos días debían ser celebrados. Así pues, pasaba en el Templo gran parte del día hasta el mediodía mismo, ocupado en las alabanzas a la Virgen. Después, lleno de inspiración, volvía e invitaba a algunos clérigos para que celebraran a la Virgen junto a él y lo acompañaran en las mesas no solo alegres sino muy moderadas. Además, cuando estaba en la ciudad, todos los sábados porque estos días se hallan consagrados a la Virgen, él en persona servía los alimentos a los alumnos del colegio sentados en el comedor. La piedad y satisfacción de Duarte los volvía mucho más agradables para quienes los comían ...".

 

Escudo del Dr. Duarte Quiroz (izquierda), Estatua y Escudo en el Colegio Monserrat (centro y derecha)

 

Datos complementarios

 

Lea ese papel ...

En su Diario del Destierro, el Padre José Manuel Peramás S.J., para el día 15 de julio de 1767, acota en el párrafo correspondiente: “Llega el P. Briones y el H. Sanz”.

31.- Hoy 15 llegaron los de Caroya, hacienda perteneciente al Convictorio, el P. Martín Briones y Ho. Cristóbal Sanz. Este al intimarle el orden se quedó tan sereno, que le preguntó quién era el que le hacía tal favor: respondió el oficial, que el Rey : entonces añadió el H. Desde aquí tendré á su Majestad presente para encomendarle á Dios por el beneficio que me ha hecho; pues hace más de un año que estaba pretendiendo con mis superiores que me sacaran de aquí y nunca lo había conseguido. Venga V. M. y lea ese papel á un P. que ha llegado hoy. Aludía el H. a la pesada carga que tenía sobre sí, que era tratar con negros, que sólo el que la experimenta sabe cuan pesada es. El sujeto que había llegado era el P. Briones el cual como estaba durmiendo, pues era la una de la noche, asustado dijo: Señor, esto va de veras? A estos dos sujetos pasaron a Jesús María, hacienda del Colegio.

 

Restauración del Patrimonio

En el trabajo del arquitecto Carlos Page, “ La conservación del patrimonio jesuítico en Córdoba”, comenta que el arquitecto Mario Buschiazzo (1902-1970), en 1941, mientras realizaba obras de restauración en la estancia de Jesús María, informaba al Dr. Ricardo Levene ((1885-1959) a cargo de la Comisión Nacional de Monumentos, Museos y Lugares Históricos,-hoy Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos - con respecto a Caroya: "El estado actual del edificio es sumamente deficiente. Prácticamente está abandonado, pues sólo lo habitan unos peones, que mal pueden cuidar tan vasta construcción. Hasta no hace muchos años era residencia veraniega de la señora Rita Achával de Martínez, pero luego fue abandonada, cayendo paulatinamente en ruinas".

 En 1898 la estancia es comprada en remate público por Benigno Acosta, quien en honor a su esposa e hija le cambia el nombre por "Estancia Las Mercedes". En 1947 la estancia es vendida a una sociedad integrada por los señores Umberto Astinga, Antonio y Santiago Baluó y Luis Perotti, quienes le proponen a la Comisión Nacional, donarle el casco y una superficie de terreno colindante, a cambio de que el estado se haga cargo de la restauración y mantenimiento. La propuesta escondía un gran emprendimiento inmobiliario de aquella época, que pretendía tener al casco de la estancia jesuítica como atractivo principal del loteo. No se llegó a concretar.

En julio de 1946 es reemplazado, en la Comisión Nacional, el Dr. Levene por Benjamín Villegas Basavilvazo quien solicitó opinión al padre Oscar Dreidemíe (1903-1969) y al arquitecto Carlos L. Onetto (1909-2005) para que emitan sus opiniones respecto del estado general de las construcciones y cuál podría ser la superficie de tierras con que debería contar. Lo solicitado se cumplimentó con el agregado de la mensura de las tierras y el presupuesto de la puesta en valor del casco y adyacencias que ascendía a la suma de 150000$.

Varios años después, en 1964 y mientras el edificio continuaba su franco camino al deterioro, el Gobierno Provincial a cargo de Justo Paz Molina (1902-1969), expropia 10 hectáreas.

Al año siguiente, se encarga el proyecto de restauración a las arquitectas Alicia B. de Madoeri y Maria Elena Foglia, quienes presentaron un meduloso trabajo denominado “Memoria descriptiva y criterio general de la restauración” a la Comisión Honoraria Asesora de Protección de los Valores Artísticos y Arquitectónicos que presidía el arquitecto Jaime Guillermo Roca (1899-1970).

La repartición cambia de nombre en 1969 denominándose Dirección de Historia, Letras y Ciencias, a cargo del arquitecto Rodolfo Gallardo (1930-1993) quien continuó con la recuperación de distintas áreas de la Casa de Caroya.

 

Monumento Histórico Nacional

Por decreto Nº 90.732 del 14 de mayo de 1941, decláranse Monumento Histórico Nacional diversos inmuebles, algunos del dominio provincial y otros pertenecientes a la Iglesia y a particulares en la Provincia de Córdoba. Entre ellos, "... la Estancia Caroya, en Jesús María, edificada en el siglo XVII, primera fábrica de armas de la Nación", tal lo expresado por la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos.

 

Patrimonio Histórico Provincial

La  Provincia de Córdoba, por Decreto Nº058 del 29 de enero de 2000, la incluyó en el listado de Bienes Históricos Culturales con Declaración Protectora Provincial (Ley de Protección de Patrimonio Cultural Provincial N°5543).

 

Patrimonio Mundial

La declaración oficial de la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad (hoy Patrimonio Mundial) se realizó desde Cairns, Australia, durante la 24º Sesión del Comité del Patrimonio Mundial, el 29 de noviembre de 2000.

Los lugares elegidos pasaron la aprobación del bureau técnico formado por 23 especialistas, quienes tuvieron que decidir entre 81 propuestas de todo el Mundo.

El antiguo complejo de la Manzana Jesuítica, junto con cinco de las estancias homónimas está comprendido en la declaración.

 

Dijo el Arquitecto Rodolfo Gallardo:

 

"... por eso al entrar en la Casa Grande de Caroya, sentimos las voces que nos dicen que fue predilecta de la historia apasionante de un país en movimiento. Y si el bachiller del Monserrat que jugaba a Hacer vino en las ingenuas bacanales de la serranía, se sorprendió debatiendo entre los mismos muros la estrategia guerrera de la liberación política nacional, y luego en la paz abrió sus puertas 'a todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar su suelo' en tarea civilizadora, no es otro habitante que la Patria misma, cumpliendo en el devenir del tiempo, un camino ascendente, y la Estancia de Caroya, recinto donde ha querido siempre, durante cuatro siglos, hospedarse la Historia".

 

 

Datos complementarios:

Ubicación

30º 59’ 48”  latitud sur

64º 06’ 00”  longitud oeste

 

 

 

Fuentes de consulta:

  • BUSCCHIAZZO, Mario J. - Estancias Jesuíticas de Córdoba - Ed. Bond Hermanos, Buenos Aires, 1969

  • CALVIMONTE, Luis Q. y MOYANO ALIAGA, Alejandro - El antiguo Camino Real al Perú en el Norte de Córdoba – Ediciones El Copista, Córdoba, 1996.

  • CALVIMONTE, Luis Q. y MOYANO ALIAGA, Alejandro - Historia de la Estancia de Caroya – Junta Provincial de Historia de Córdoba, Córdoba, 2003.

  • CROUZEILLES, Carlos Alberto, Las estancias jesuíticas del Colegio Máximo de Córdoba (Siglo XVII) - Cuadernos de Historia. Serie economía y sociedad n°13/14 - Revista del Area de Historia del Centro de Investigaciones María Saleme de Burnichón. FFyH - UNC - 2015

  • DREIDEMIE, Oscar  J. S.J. – Los establecimientos rurales de los Jesuitas en los siglos XVII y XVIII - Ciencia y Fe – Año XII, Nº 46. Colegio Máximo de San José. San Miguel, Buenos Aires, 1956.

  • GRENON, Pedro S.J. – Apuntes para la biografía del Doctor Duarte Quirós y su obra.

  • GRENON, Pedro S.J. - Familia y escudo del Pbro. Ignacio Duarte Quirós, fundador del Colegio de Monserrat. Revista de la UNC Año 29, n°5-6. Julio y Agosto de 1942.

  • FURLONG CARDIFF, Guillermo, S.J. - Arquitectos Argentinos durante la dominación hispánica - Editorial Huarpes SA - Buenos Aires, 1945.

  • GALLARDO Rodolfo, (Ver Biografía) compilación de sus escritos – La Arquitectura en Córdoba y su Historia -  Editorial Nuevo Siglo. Córdoba, 1995.

  • GALLARDO Rodolfo, (Ver Biografía) La Casa de Caroya, Predilecta de la Historia – Revista Nº 8 – Junta Provincial de Historia de Córdoba , Córdoba, 1978.

  • GONZALEZ WARCALDE,  Luis – Por la ruta de la historia  -  Edición del autor. Jesús María, 1971.

  • GRACIA, Joaquín, S. J. - Los Jesuitas en Córdoba – Editorial Universitaria Católica Córdoba. EDUCC – Córdoba, 2006.

  • KRONFUSS, Juan - Arquitectura Colonial en la Argentina -  Editorial A. Biffignandi - Córdoba.

  • MIGNELLI, José Luis - Las fábricas de armas blancas durante la guerra de la Independencia ¿Fue la espada de Artigas forjada en Caroya? - defensanacional.foroactivo.com

  • MÖRNER, Magnus – Actividades Políticas y Económicas de los Jesuitas en el Río de la Plata – Ediciones Libertador- Buenos Aires, 2008.

  • PAGE, Carlos A. - La conservación del Patrimonio Jesuítico en Córdoba. Un siglo de labor entre la reconstrucción y la búsqueda de autenticidad - CONICET

  • PERAMAS, José Manuel, S.J. - Diario del destierro - Colección Jesuítas - Editorial Universidad Nacional de Córdoba - Córdoba, 2008.

  • PERAMAS, José Manuel, S.J. - Las cinco laudatorias - Revista de la Biblioteca Nacional Tomo I, n°2 - Buenos Aires, 1937

  • PIANA, Josefina - La Estancia Jesuítica de Caroya, Historia de la Propiedad (Siglos XVI-XIX) - Agencia Córdoba Cultura, Subgerencia de Patrimonio Cultural. Serie Investigaciones n°1 - Córdoba, 2004.

  • PIANA, Jesefina, et al. - Las Estancias Jesuíticas de Caroya y Jesús María. La documentación histórica y las construcciones originales visibles como sustento para las investigaciones arqueológicas - Revista del Centro de Estudios de Arqueología Histórica - Año III, Vol. 3 - 2014.

 

 

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