Home
Objetivos
Busqueda
Busqueda por Nombre
Busqueda por Localidad
Mapas
Las Capillas y el Arte
Fiestas
Biografias
Patrimonio
Glosario
Contacto

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NUESTRA SEÑORA DE MONSERRAT

 

Click para ampliar

Click para ampliar

 

Los años previos

Para un conocimiento específico referido a la historia de la Estancia de Caroya recomendamos hacer click aquí.

 

La Ley 817 de Inmigración y Colonización - Ley Avellaneda

A principios de la década del '70 del siglo XIX se procede a tender la línea férrea que uniría Córdoba con Tucumán; luego de varios años de trabajo, ésta quedará habilitada durante el último trimestre de 1876. La Estancia de Caroya y Jesús María serán eslabones de dicha red.

La tradición asegura que durante una de las visitas a las obras de construcción de dicha red el entonces Presidente Nicolás Avellaneda, reunido con partidarios políticos y familiares en la zona de Sinsacate, es motivado para que impulse una ley nacional que fomente la inmigración selectiva y con ellos, la colonización del país en general y de esas extensas y despoblabas tierras cordobesas, en particular.

El proyecto firmado por el Presidente de la Nación y por su Ministro del Interior Simón de Iriondo es presentado, el 4 de agosto de 1875, por el Diputado Alcobendas en la Cámara de Diputados. Durante la sesión de dicho día y presidida por el Dr. Benjamín de la Vega, se resuelve enviarlo para su tratamiento a la Comisión de Legislación.

 

Nicolás Avellaneda y Simón de Iriondo

 

Alejandro Fernández en su pormenorizado trabajo "La ley argentina de inmigración de 1876 y su contexto histórico" refiere que la legislación buscaba evitar los errores del pasado cuando la aceptación espontánea de extranjeros significaba que se "... invierten sumas considerables sin examen, sin calificación, sin averiguar siquiera si el inmigrante ha de ser un poblador útil, que con su trabajo aumente la producción del país y contribuya al fomento de la riqueza pública". En la presentación ante la Cámara se asegura que el proyecto "... previene este mal, pues sin incluir la inmigración espontánea se procura elegirla buscándola en el norte de Europa y otros países del Sud donde es tan fácil encontrarla en condiciones más adecuadas que aseguren para nosotros los resultados buscados". Fernández en su investigación concluye que el objetivo se lograría a partir de concretas y específicas acciones del Estado: "... el adelanto de pasajes marítimos a las familias dispuestas a instalarse como agricultores en las colonias, la donación gratuita de tierra o venta a largos plazos, el traslado gratuito desde el puerto de desembarco hasta el lugar elegido y el adelanto por un año de víveres, semillas, útiles y animales de labor y de cría". Si bien no existía proscripción explícita se alentó determinados orígenes, "... especialmente la llegada de los provenientes del norte de Europa, subvencionando para ello a determinadas líneas de vapores". En el paper se deja claro que la nueva ley preveía la intervención del "... Departamento General de Inmigración en la selección y traslado de agricultores ... la mensura y el loteo consiguientes le corresponderían a la futura Oficina de Tierras y Colonias ... y la gestión sucesiva de cada emprendimiento quedaría en manos de un Comisario Administrador designado por el Poder Ejecutivo ... la totalidad del gasto se financiaría mediante emisión de títulos de deuda pública".

Originariamente, se preveían utilizar tierras de carácter nacionales; sin embargo, de resultas del tratamiento se habilitó a las Provincias o particulares que, dispuestos a ofrecer tierras propias, puedan sumarse con su oferta territorial recibiendo, en este caso, ayuda del Estado Nacional.

El proyecto de ley encontraba un contexto favorable ya que las alianzas políticas del Presidente Avellaneda auspiciaban su tratamiento favorable, de hecho la oposición representada por el ex Gobernador y actual Senador por Santa Fe, Nicasio Oroño, había perdido el poder de su Provincia al ser desplazado en una maniobra ejecutada por Mariano Cabal quien tomaría el cargo de nuevo Gobernador con el auspicio y apoyo del Ministro del Interior Simón de Iriondo. Por otra parte y en lo que se refiere al contexto externo, la legislación coincidía con decisiones similares llevadas adelante por Brasil y Uruguay; además, contaba con el vital aporte de los editoriales de los influyentes diarios "La Tribuna" que adhería al espíritu de selección de los inmigrantes y "La República" que aseguraba que era la ley más importante de la presidencia de Avellaneda ya que se "... acababa el tiempo de la inmigración que llegaba al país atraída por una prensa halagadora y por unos agentes inescrupulosos y que, a falta de otra alternativa, terminaban radicándose en las ciudades ocupándose en la construcción de casas o líneas de tranvías".

La oposición al proyecto, como puede descontarse, fue encabezada por el Senador Oroño quien, rechazando su espíritu centrado en el intervencionismo estatal, propiciaba continuar con la inmigración espontánea con la salvedad que, a diferencia del pasado, ésta debía ser seleccionada y fomentada desde la inversión privada local o por venta de terrenos estatales a los inmigrantes dispuestos a adquirirlas. La idea de Oroño incluía direccionar hacia el norte del país a los españoles, italianos y franceses convocados y privilegiar la llegada de colonos de la Europa anglosajona para que ocupen territorios del sur argentino.

En lo que respecta a las tierras que se destinarían a la creación de la Colonia que nos ocupa en este espacio, es muy interesante el debate que se produce sobre los mismos al momento de definirlos como Nacionales o Provinciales (recordemos que la Estancia de Caroya integraba el patrimonio de la Universidad Provincial de Córdoba cuya nacionalización fue decidida en 1856, veinte años antes del tratamiento de la Ley de Inmigración). Tras arduas discusiones, se impone la posición oficial de considerar  de propiedad Nacional a los terrenos circundantes a la Casona y que, disponer de ellos, no significaba una injerencia en la autonomía provincial ni afectación de la Constitución cordobesa; a los interesados en profundizar en el tema, los invitamos a acceder al Debate Completo de la Ley.

Finalmente, la Ley 817 de "Inmigración y Colonización" es aprobada en la Cámara de Diputados en la Tercera Sesión de Prórroga del 6 de octubre de 1876.

 

Acceda al texto completo del Debate

Alejandro Fernández en su trabajo "La ley argentina de inmigración de 1876 y su contexto histórico" concluye que la norma, "... con la supresión del artículo 17 que disponía la devolución del importe del pasaje entre los destinos de Argentina y Estados Unidos desde el puerto de procedencia, ... confirma las obligaciones del Estado argentino respecto del alojamiento, manutención y traslado al interior de los inmigrantes, las de las compañías navieras en cuanto a las condiciones de seguridad e higiene de los barcos, las funciones del Departamento General de Inmigración y las de los agentes radicados en Europa. El derecho a los pasajes transatlánticos o a los anticipos sobre su costo quedaba acotado a los agricultores contratados para las colonias de la República (es decir que no se lo suprimía por completo), al igual que acontecía con los víveres, herramientas y animales durante los primeros tiempos de instalación, la Oficina de Tierras y Colonias tendría a su cargo la subdivisión y mensura de las tierras aptas para colonizar y el Departamento de Inmigración enviaría las familias seleccionadas. Sin excluir la inmigración espontánea, la Ley dejaba un margen considerable a la intervención estatal. Los agentes del gobierno buscarían y seleccionarían a los candidatos en sus países de origen, luego éstos serían trasladados por compañías de navegación supervisadas y en parte subsidiadas, a su arribo los inmigrantes serían alojados, mantenidos y trasladados hasta los lugares en donde estarían preparadas las tierras para ser trabajadas y, según cumpliesen las condiciones estipuladas, para que las recibiesen en donación o las adquiriesen a un precio módico".

 

En marzo de 1878, con los colonos ya ubicados en la Estancia y apelando a la falta de claridad del artículo 13 de la Ley de creación de Colonia Caroya, se procede a detener la mensura de los terrenos con el objeto que el Congreso fije pautas bien definidas respecto a la potencial inclusión de la prospera superficie sembrada de terrenos circundantes al casco de la misma.  Esto da lugar a un intercambio de notas entre Carlos Bouquet, Ministro de Hacienda de la Provincia de Córdoba, y Bernardo de Irigoyen en su carácter de Ministro del Interior de la Nación; que luego, se continuó con el nuevo Ministro Saturnino Laspiur quien asumió en abril de ese año. La Provincia propone que se retenga la mayoría de las 300 a 400 cuadras ricas y cultivadas propias de la Estancia con el argumento de destinarlas a la construcción de una Quinta Agronómica y una Cabaña Modelo a ser aprovechada por los estudiantes del Colegio Monserrat así como también, la posibilidad de la ampliación de Jesús María. [Acceda a las mismas haciendo click aquí]

La propuesta avalada por el Senado pasa a la Cámara de Diputados quien la trata en su sesión n°23 del 3 de julio de 1878. En la discusión afloran distintas argumentaciones, por ejemplo: lo indebido de entregar tierras productivas, ya sembradas, de alto valor (unos 2000$) y segura renta a los colonos a cambio de un exiguo pago (100$ en dos o tres años) para devenir en propietarios de las mismas generando, en la práctica, una sustancial pérdida económica para el erario público; que el espíritu de la ley madre estaba pensado para que los colonos, con su esfuerzo, reconvirtieran en fértiles aquellos territorios menos promisorios, por ejemplo aquellos limitados de riego; que aún las tierras de las zonas menos beneficiadas podían, con voluntad, ser muy aptas para viñedos, mora, actividad pastoril con jagüeles o producción de leña destinada al ferrocarril sin necesidad de ceder a la entrega de los mejores terrenos. En contraposición se sostenía que era inviable un proyecto colonizador si se reducía a entregar solo las tierras improductivas y secas lo que, destruía automáticamente el sentido de la ley misma y haría inviable, de modo inmediato, cualquier asentamiento poblacional. De resultas de la discusión parlamentaria se concluyó en ratificar la propuesta que venía del Senado que, si bien aceptaba la reserva de un área que tendría como centro la Estancia, procedía a limitarla fijándole una superficie que no debía exceder las 100 hectáreas.

 

Acceda al debate completo ingresando aquí

 

Mientras en Argentina se alentaba la inmigración, en Italia se trataba de evitarla. Lorenzo Prencipe y Matteo Sanfilippo en su trabajo "Per una storia dell'Emigrazione Italiana: Prospettiva Nazionale e Regionale" describen los distintos intentos de proyectos de ley que fueron llevados adelante para desalentar o impedir el proceso emigratorio atento que el mismo se había convertido en un excelente negocio para las compañías de navegación, las agencias de reclutamiento, las empresas aseguradoras y las sociedades que promovían la colonización en distintos destinos del mundo. Los autores refieren al respecto, que "... el 10 de marzo de 1876 los Ministros Finali (Agricultura), Cantelli (Interior) y Vigliani (Justicia) presentan un proyecto de ley que propone la instauración de una licencia para ejercitar la profesión de agente, el depósito de una caución, la posibilidad que el Gobierno impida la inscripción de emigrantes hacia determinados países, penas para los agentes clandestinos y para quienes suministren información falsa a los migrantes; el proyecto no llega a tratarse. El 22 de noviembre de 1877, el Ministro del Interior Nicotera presenta un proyecto asociado a la Seguridad Pública obligando a los agentes a estar inscriptos con una licencia. Al año siguiente, el 6 de junio de 1878, Marco Minghetti y Luigi Luzzatti sugieren superar las normas policiales y proponen instituir un Oficio sobre emigración a través del Ministerio de Agricultura, Industria y Comercio. También esta vez la Legislatura hará caer el proyecto. Vuelve a ser presentado en la siguiente Legislatura incluyendo, esta vez, el nombramiento de un Inspector y de un Oficio de vigilancia sobre la emigración y la publicación de un resumen anual de las condiciones de los emigrados. El proyecto también cae al final de las sesiones parlamentarias". [Acceda a este proyecto que es publicado por "Giornale di Udine" en su edición del martes 11 de junio de 1878]

Deberán pasar varios años para que otro proyecto sea llevado a discusión, será el 15 de diciembre de 1887 cuando Francesco Crispi diseña e impulsa una nueva ley. Según Prencipe y Sanfilippo reitera similares contenidos que los anteriores: "... obligación de una licencia para los agentes, pago de una caución, penas para las actividades clandestinas y otros abusos".

 

En marzo de 1888 ingresa un contraproyecto basado en "... la libertad de emigrar y de hacer emigrar". Este vuelco en el razonamiento es respaldado por el Obispo Giovanni Battista Scalabrini de Piacenza quien, con una carta abierta, critica las bases policíacas de los proyectos basados en "... la voluntad de la aristocracia agraria preocupada por la pérdida de mano de obra". El razonamiento del Obispo se puede sintetizar en que "... el Estado debería limitar los costos de la partida ocasionados por los agentes de emigración, evitar la emigración a sitios peligrosos o privados de reales posibilidades laborales ... protección para los emigrantes no solo previo a la partida sino que, también, después de su llegada a destino, mediante patronatos para tal fin, instituyendo escuelas y hospitales en el extranjero, aumentando el número de cámaras de comercio fuera de Italia".

Beato Giovanni Battista Scalabrini (Obispo reconocido por Pío XII como "Padre de los Emigrantes")

 

La ley aprobada finalmente en diciembre de 1888 termina teniendo carácter policial sin hacerse eco de los deseos de Scalabrini. Los años siguientes es sometida a diversas modificaciones hasta que, en enero de 1901, el espíritu de varias ideas del Obispo se observan incorporadas en la nueva legislación: "... el nombramiento de un inspector de emigración en los puertos; la institución en el exterior de una oficina de protección, información y asesoramiento laboral; la nominación de inspectores viajantes para informar al Gobierno sobre la situación de los emigrados; la eliminación de agentes y sub agentes de emigración; la institución de ayuda en los puertos para tutelar a los migrantes". Para esta última función se incorpora la creación del Comissariatto Generale dell'Emigrazione (CGE).

Del mismo pormenorizado trabajo de Prencipe y Sanfilippo podemos extraer interesantes datos que son elocuentes en relación al proceso emigratorio italiano. Según el estudio de los investigadores "... entre 1876 y la Primera Guerra Mundial (1914) los emigrados son alrededor de 14 millones. En los primeros diez años de este período (1876-1886) la mayoría recala en otros países de Europa y luego de 1886 el porcentaje mayor busca destino en América. La primera zona preferida fue la de Sud América hacia donde se dirige el 23% del total. Esta cifra, de por sí relevante, se vuelve más significativa si se piensa que los dos únicos destinos más elegidos eran Brasil con un 36% del total y Argentina recepcionando un 54%". A pesar que las posteriores crisis latinoamericanas desalientan este destino privilegiando, en su lugar, los países de América del Norte, sorprende saber que hacia 1905 solo en la Ciudad de Buenos Aires estaban ya radicados unos 250 mil italianos y que se acercan a los veinte millones los que eligieron nuestro país computando la totalidad de los siglos XIX y XX.

 

Año Destino N° de Emigrantes
1876 Argentina 3461
1877 Argentina 5733
1878 Argentina 8645
1879 Argentina 13197
1880 Argentina 12003
1881 Argentina 15899
1882 Argentina 22997
1887 Argentina 52383
1888 Argentina 64223
1889 Argentina 69008

 

Del mismo estudio extraemos la siguiente tabla que refleja el número real de emigrados de la Región Friuli - Veneto Giulia hacia distintos destinos fuera de Italia durante el período 1876- 1884.

 

"Los emigrantes" - Angiolo Tomassi (detalle)

Año Región de Origen N° de Emigrantes
1876 Friuli - VG 17871
1877 Friuli - VG 17400
1878 Friuli - VG 18407
1879 Friuli - VG 16988
1880 Friuli - VG 17800
1881 Friuli - VG 19951
1882 Friuli - VG 20816
1883 Friuli - VG 27839
1884 Friuli - VG 28540

 

 

Ley sobre colonización de la estancia "Caroya", Córdoba

 

 

La demarcación de las tierras

Marta Núñez en su libro "Colonia Caroya, cien años de historia" consigna que "... el 16 de octubre de 1877 el Consejo de Obras Públicas comisionó al Agrimensor Estanislao Rojas para realizar la mensura judicial. Mas Rojas no pudo efectuar la operación judicial y por la repartición respectiva se le dio orden de hacerla extrajudicialmente ajustándose al trazado de la futura Colonia, dentro de los límites aceptados y reconocidos por los linderos que eran, por el norte, la línea divisoria con 'La Florida' propiedad de Vicente Agüero prolongada con su intersección con la línea del Ferrocarril a Tucumán; por el poniente la línea del Ferrocarril hasta el encuentro con la línea este-oeste de los señores Piedras propietarios y poseedores de la Estancia 'La Guardia' y la línea norte-sud de los propietarios citados anteriormente pudiendo extender la Colonia hacia el sud-este, que es hacia donde corren los campos de Caroya. El Agrimensor trazó los lotes regulares desde el 1 al 36 dejando sin trazar los lotes irregulares que resultaban sobre la Estancia 'La Guardia' y 'La Florida' en previsión de los perjuicios que podía ocasionar pues estas propiedades no se destinaron".

 

 

Los lotes y su mensura se definirán respetando las pautas contenidas, de una manera clara y específica, en los sucesivos artículos que conforman la Ley sobre colonización de la estancia "Caroya" expuesta más arriba con la única salvedad del artículo 13 que, por su formulación, obligará a una debida interpretación posterior.

El Comisario de la Colonia Emilio Achaval en su informe anual correspondiente a 1878 y que eleva en enero de 1879 al Comisario General de Inmigración Don Juan Dillon da cuenta que "... pocos datos se tenían sobre el estado y la naturaleza de las tierras, incierta su deslimitación, aún más incierta la riqueza de aguas para riego; y sobre todo nada se sabía sobre cuales de dichos terrenos convendría destinar a colonia agrícola. Además, el Gobierno de la Provincia de Córdoba, avanzaba todavía pretensiones sobre la propiedad o a lo menos sobre derecho de conservar parte de las tierras o verlas destinadas a algún fin de interés provincial más inmediato. Así fue que la Comisaría General al comunicarme mi nombramiento de Comisario me encargaba, ante todo, de ayudar al perito agrimensor que ya se encontraba sobre el sitio en la delineación de los terrenos, como también de los estudios de las aguas para riego. Yo por mi parte me cercioraba de las verdaderas intenciones del Gobierno Provincial. Más el primer trabajo no podía proceder con toda la exactitud necesaria, por no ser resuelta todavía la cuestión de ubicación de la Colonia; y el segundo hacía preciso el estudio y obras de personas del arte, y la previa resolución de unas cuestiones, desde tiempo existente, sobre propiedad de unos terrenos limítrofes, ricamente provistos de agua". [Acceda al Informe de Achaval completo]

Es así que durante marzo, Guillermo White en su carácter de administrador de la Colonia realizó una serie de estudios concluyendo hacia abril que, para la primera distribución, se destinarían los terrenos que, irrigados por el río Carnero, se extendían hacia el este de la Casona de Caroya a partir de las vías del ferrocarril en dirección a Tronco Pozo; mientras que se preservaba, para la Estancia, tierras ubicadas hacia el oeste.

 

 

Emilio Achaval, en su recapitulación anual concluye más adelante, que "... la Colonia de Caroya presenta la forma siguiente: A - Un triángulo rectángulo, cuyo vértice mira al noroeste y tiene sobrepuesto un apéndice de tres lotes en forma de rectángulo y el Colegio encima. B - Un rectángulo sobre el centro de la hipotenusa del triángulo. El F. C. del Norte corta el triángulo muy cerca del vértice por una extensión de tres kilómetros dejando tres lotes hacia el Colegio. La distancia del Colegio hasta el último lote trazado es de 9 kilómetros, la de un cabo al otro de la hipotenusa mide 11 kilómetros. Los lotes trazados son en número de 203, de 25 hectáreas cada uno, con las cuatro resacadas del Colegio por ley del 3 de julio de 1878 [acceda al debate parlamentario de este tema] forman una superficie de 5075 hectáreas".

En el informe de Emilio Achaval, se presenta un cuadro donde se explica la distribución de los terrenos bajo el siguiente criterio: "... de los 203 lotes trazados, 133 están concedidos a los colonos, 7 están ocupados por los antiguos arrendatarios o moradores hijos del país, 4 del Colegio y 59 quedan por concederse. Todos los lotes están en las mismas excelentes condiciones por respecto a la clase de terreno, pero hay alguna diferencia por respecto al trabajo de roturación y la falta de riego. La mayor parte han sido o son montes más o menos espesos y en perfecta llanura, con declive de este a oeste, unos pocos están atravesados por pequeñas elevaciones o por barrancas, sin que estos accidentes presenten dificultades al cultivo". [Acceda al Informe de Achaval completo]

Dentro de "Colonia Caroya, cien años de historia", Marta Núñez se extiende con que el mismo Agrimensor Estanislao Rojas será el que proceda "... al ensanche de la Colonia Caroya y a deslindar las 100 hectáreas mandadas a reservar alrededor de la Casona. Los trabajos de deslinde se iniciaron el 6 de noviembre de 1878". Esta ampliación conocida como "Ensanche de Rojas" suma fracciones desde los originales 1 a 36 hasta el número 50.

 

 

En concreto y según las palabras volcadas por Emilio Achaval en su informe anual correspondiente a 1878, "... a la Colonia quedaron asignados los mejores terrenos de la Estancia de Caroya, sea por respecto a la naturaleza, como por respecto a la facilidad y abundancia del trigo y a la proximidad del ferrocarril de la estación de Jesús María, habiéndose abandonado la idea de trazarla a dos o tres leguas de distancia y seguida la opinión respectivamente manifestada por mi, así como las justas insistencias de los primeros colonos". [Acceda al Informe de Achaval completo]

El 19 de junio de 1882, con las firmas de Julio Argentino Roca en su carácter de Presidente de la Nación y su Ministro del Interior, Bernardo de Irigoyen se dispone una Resolución por la cual se efectúa la concesión de cien hectáreas de tierras en la estancia Caroya a la Municipalidad de Jesús María. [Acceda al respectivo documento]

Luego, en 1883 y atento que había colonos que se iban instalando más allá de los predios ya definidos, se procedió a una nueva incorporación de más superficie hasta el lote número 60. Según Marta Núñez, en este último caso la tarea se encomendó al Agrimensor Félix Sarría para lo cual "... el 27 de febrero de 1883, el Ministro del Interior Bernardo de Irigoyen se dirigió al Gobernador de Córdoba Dr. Marcos Juárez Celman enviándole las instrucciones formuladas por la Oficina Central de Tierras y Colonias".

El Padre Pedro Grenón en su trabajo "Biografía de Ignacio Duarte Quiróz y su obra" bajo el título "Intervención de Baigorry" asegura que, "... aunque no conste en expediente alguno, es un hecho la intervención que ha tenido Alfredo Baigorry delineador General del Departamento de Obras Públicas, pues existe en la Municipalidad de Caroya un plano conocido con su nombre ... y el cual ha servido para expedir los títulos ... es el único que armoniza el replanteo conciliando los títulos, los hechos y las mensuras practicadas por Rojas y Sarría. Este plano consiste en la subdivisión de lotes de 25 hectáreas separadas por calles de 12,5 m de ancho en la Colonia Vieja".

El 11 de octubre de 1887, el ahora Presidente de la República, Miguel Angel Juárez Celman firma, conjuntamente con su Ministro del Interior Eduardo Wilde, la Ley 2009 autorizando el remate de tierras fiscales de la Estancia Caroya. La individualización y medidas de los lotes puestos en subasta serán consignados en un posterior Decreto de fecha 7 de noviembre que llevará la firma del mismo Presidente y del Director del Departamento de Instrucción Pública Filemón Posse atento que los recursos obtenidos debían ser utilizados en la construcción de Escuelas Normales y la refacción del Colegio Nacional en la Ciudad de Córdoba. [Acceda al respectivo documento]

Una década después, un Decreto de fecha 24 de marzo de 1897 comisiona a Pío León para que entregue las escrituras de propiedad a los colonos que han cumplimentado con todas las obligaciones convenidas; y luego, el 19 de julio de 1897, un nuevo Decreto nombra al Ingeniero Poncio López Saubinet para que efectúe el replanteo de la Colonia bajo la normativa definida por la Oficina Nacional de Geodesia. Estos dos Decretos llevarán la firma del Presidente José Evaristo Uriburu. [Acceda al respectivo documento]

 

Presidentes J. A. Roca, M. A. Juárez Celman y J. E. Uriburu

 

La llegada de los inmigrantes

Víctor J. Braidot en su libro "Avellaneda nel tempo" explica que los motivos que propiciaron la masiva inmigración desde la zona friulana de Italia, de modo fundamental, se sustentaban en "... razones sociales ya que todo el territorio friulano estaba en manos de pocos y grandes terratenientes bajo cuyo control trabajaban las familias de los pueblos en pequeñas fracciones de tierra, con instrumentos muy precarios y pagando impuestos elevados. No había inversiones ni transformaciones. Faltaban escuelas y posibilidades de aprender nuevas técnicas ... el pueblo vivía con una economía muy reducida, casi unicamente de subsistencia ... otra de las razones era la falta de alimentos ... todo el territorio friulano vivía solo gracias a dos sectores: la cría de gusanos de seda y los viñedos; ... estos sectores entraron en crisis ya que la seda comenzó a importarse desde oriente o reemplazada por hilados más resistentes y los viñedos se tornaron improductivos por falta de inversión y actualización de una actividad basada, de modo exclusivo, en el trabajo artesanal". El autor encuentra también razones en el naciente proceso promovido por la Revolución Industrial que alentó la emigración desde los campos hacia centros industriales donde la mano de obra era fuertemente convocada generando que los campesinos con sus básicos oficios se reconvirtieran en obreros con nuevas tecnologías y especializaciones.

En los últimos meses de 1877, distintos vapores postales parten de Génova. Se trataba de los navíos Sud América, Europa y Nord América que, ofreciendo salidas cada 1° de mes y un descuento del 40% en el precio del pasaje, soltaban amarras del puerto italiano en dirección a Buenos Aires donde atracarían, si las condiciones eran propicias, luego de casi un mes o más de dura navegación. Las escalas previstas incluían Gibraltar, Cádiz, San Vicente, Río de Janeiro y Montevideo. La empresa era la "Sociedad de Navegación Giovanni Battista Lavarello & Co." que, por la época, brindaba el servicio en buques mayoritariamente de madera a vapor y vela con una centena de comodidades asignadas a primera y segunda, mientras que la más numerosa tercera clase de unas 800 plazas tendría garantizado, según la publicidad, de un servicio diario de vino, pan y carne fresca. Esta compañía, con el tiempo, sería el origen de la futura y prestigiosa "La Veloce".

El escritor Edmundo De Amicis, que supo ser pasajero del Nord América cruzando el inmenso mar hacia Buenos Aires, dejará en su libro "Sull'Oceano" una acabada descripción tanto del viaje como del "gran aluvión migratorio" como eligió llamarlo. Según su inspirada pluma una multitud de miserables lucían "... rostros y ropas de todas partes de Italia, robustos trabajadores de ojos tristes, viejos andrajosos y sucios, mujeres embarazadas, muchachas alegres, muchachones achispados, villanos en mangas de camisa ... como la mayor parte habían pasado una o dos noches al aire libre, amontonados como perros en las calles de Génova, no podían tenerse en pie, postrados por el sueño y el cansancio. Obreros, campesinos, mujeres con niños de pecho, chicuelos que tenían todavía sobre el pecho la chapa de metal del asilo donde habían transcurrido su infancia ... sacos y valijas de todas clases en la mano o sobre la cabeza; fardos de mantas y colchones a la espalda y apretado entre los labios el billete con el número de su litera".

 

Afiche de convocatoria y a la izquierda, las publicidades de la Empresa Naviera donde la fecha corresponde a la escala en Cádiz (4 días después de la partida de Génova). El sello es el usado por la Compañía para sus envíos postales.

 

Piróscafo Nord América

Publicidad en el diario "Satana" publicado en Buenos Aires y escrito en italiano

 

Algo más de una década antes, durante 1866, los ejércitos peninsulares concretan el desplazamiento de los austríacos de buena parte del norte italiano; propiciándose la incorporación de esta zona al Reino de Italia bajo la conducción del Rey Vittorio Emanuele II. Udine es liberada el 26 de julio de ese año integrándose el Friuli occidental a Italia (el Friuli oriental permanecerá bajo control austríaco hasta el fin de la Primer Guerra Mundial cuando también será incorporado al Reino italiano). A poco de estos hechos se abren en la Ciudad del "Biel Cjs´cjel" ("Hermoso Castillo" en dialecto friulano), medios de comunicación con diversos contenidos ideológicas. El 1° de setiembre nace "Giornale di Udine" que, gestado por Pacifico Valussi, se definía como "Político - Cotidiano"; luego, "Político - Comercial - Literario" y varios años después, tomaba el nombre de "Giornale di Udine e del Veneto Orientale - Organo speciale della Camera di Commercio".

Durante los últimos días de diciembre de 1877 y los primeros días de 1878, motivados por el tema emigración que, fuertemente, conmovía la vida cotidiana del norte italiano se entabla un cruce entre la línea editorial de dicho diario y el Cónsul argentino en Génova, Vincenzo Picasso.

El jornal se extendía en criticar y adjetivar a los agentes que, en Italia, auspiciaban en nombre del Gobierno argentino la convocatoria de potenciales emigrantes. Los describía como estafadores y engañadores; insistía que la reciente ley argentina de inmigración era un compendio de generalidades donde no se daba certeza sobre el destino y trato a dar a los cooptados descriptos como campesinos ingenuos e ignorantes. En sus líneas fomentaba el temor a lo desconocido, a la presencia de indios en el lejano país meridional así como al trato esclavista del proceso propiciado. Exigía que el Gobierno de Argentina transparente sus actos sincerando sus intenciones y al Gobierno de Italia que se haga cargo de tutelar y controlar de modo de reducir daños y afectaciones sobre los connacionales. Los editoriales aseguraban que respetaban en un todo el derecho a la libertad de emigrar entrando en contradicción cuando, en paralelo a estas manifestaciones, tendían a demonizar el destino para evitar la emigración. Una carta del Cónsul argentino es publicada el martes 8 de enero de 1878 recibiendo, por parte del diario y al día siguiente, una respuesta en el mismo duro tenor de las notas precedentes.

 

Invitamos a quienes deseen acceder a la totalidad de este material, que ingresen aquí

 

Son interesantes estos textos del "Giornale di Udine" si además razonamos que, en simultaneo con los mismos, el 27 de diciembre de 1877 el navío Sud América llegaba al puerto de Buenos Aires con 700 emigrantes mayoritariamente friulanos y otro buque se encontraba en plena navegación para tocar tierras argentinas el 14 de enero de 1878. Según Javier Grossutti en sus trabajos de investigación, de estos dos contingentes un número muy significativo de ellos son derivados "... a la recientemente creada Colonia Nacional Presidente Avellaneda en el norte de la Provincia de Santa Fe, mientras que las restantes familias se quedaron en el Hotel de los Inmigrantes de Buenos Aires hasta el 12 de marzo, fecha en la que fueron finalmente trasladados a Colonia Caroya en la Provincia de Córdoba". Un pequeño grupo de los llegados en noviembre de 1877 ya habían sido derivados a "Estrella de Italia", muy próxima a Reconquista y por ende, vecinos de Presidente Avellaneda.

Aquí es menester mencionar que según Victor J. Braidot autor de "Avellaneda nel tempo", esta colonia nace un año después, con un contingente de friulanos provenientes de Gorizia (por entonces bajo dominio austríaco) que se asientan en enero de 1879. Dando fe a este trabajo debemos concluir que los emigrantes de enero de 1878 referenciados por Grossutti fueron enviados a esa zona del norte santafesino más no a lo que será Colonia Presidente Avellaneda. Hacemos esta mención ya que un grupo de ellos solicitará sumarse a Colonia Caroya en julio de 1878 y será, también, la historiadora Marta Nuñez quien se sumará, en su trabajo, a definirlos como provenientes de Avellaneda.

Marta Núñez en su libro "Colonia Caroya, cien años de historia" asegura que quienes arribaron aquel 14 de enero habían sufrido "... un viaje no solo lento, sino lleno de dificultades, lo que lo hizo pesado e incómodo", y que los nuevos inmigrantes "... ascendían a 458 personas entre hombres, mujeres y niños, en su totalidad friulanos. Cabe destacar que durante el viaje nacieron once niños".

Juan Dillon en su carácter de Comisario General de Inmigración recordará que los que llegaban eran "... muchas familias agricultoras, que habían pagado su pasaje y traían algunos útiles de agricultura y mucho equipaje lo que denotaba pertenecer a una clase medianamente acomodada, es decir, que no eran de los que en su país se consideran destituídos de recursos".

Imaginemos a los emigrantes aún sobre los barcos que los transportan observando que, a pocos kilómetros, se yergue la misteriosa y quizás temida ciudad de Buenos Aires. En el puerto, hay quienes viendo seres humanos sobre las cubiertas de los navíos logran escindirse de esa imagen y construir conclusiones y planes económicos que, razonados dentro del contexto de ese año, no hacen más que cruzar 140 años de nuestra historia que, aún recurrente, continúa sin resolverse. Contenido en "Memoria de la Comisaría General de Inmigración - Año 1878", el Comisario General de Inmigración Juan Dillon le escribe, en abril de 1879, al Ministro del Interior Saturnino Laspiur valorando la llegada de los contingentes durante 1878 como "... otra faz del progreso de la República quedando además evidenciado por las diversas industrias que se han planteado, en competencia con los productos extranjeros, muchos de los cuales han quedado excluídos del mercado. Siendo lo más notable que no hace muchos años que mandábamos nuestro oro, para comprar en el exterior el trigo y las harinas necesarias para el consumo, mientras que ahora mandamos el sobrante de nuestro maíz y trigo en busca del oro extranjero, que a su vez servirá para dar más vuelo a nuestras industrias". El argumento es tan sensato y simple que sorprende e incomoda como, recorridas ya dos décadas del siglo XXI, la sociedad argentina continúa sin saldar un dilema tan básico.

 

Juan Dillon, Saturnino Laspiur y portada de la

"Memoria de la Comisaría General de Inmigración - Año 1878"

 

El pragmático informe económico de Dillon continúa asegurando que siendo 35876 los inmigrantes llegados al país, "... puede decirse que se han aumentado la riqueza pública en 35 millones de pesos fuertes". ¿Cómo hizo el funcionario para llegar a tal conclusión monetaria sobre cual sería el valor material de cada viajero? La lectura de su texto brinda la respuesta, según el mismo "... un hombre esclavo vale 500 pesos fuertes en el Brasil o Cuba y el hacendado los paga porque, ese capital le rinde, sin contar el procreo, cuando menos un 20%. La crianza y educación de un hombre libre, costeada por otro país, bien vale para el que lo recibe, los mil pesos fuertes, siendo la producción del hombre libre, mucho mayor que la del esclavo y reemplazando la Nación, por los beneficios, al hacendado cubano o brasilero". A este rédito el informe suma la recaudación por los impuestos gravados por Nación, Provincias y Municipios sobre cada ciudadano y que, aplicado al número de arribados significa un total de "... 413512 pesos fuertes, suma inmensamente mayor que la que se ha gastado en su introducción y protección, sin contar que la seguirán pagando todos los años con el aumento consiguiente a la multiplicación".

Al llegar a las proximidades del puerto argentino y por falta de rada para amarre, el piróscafo debía esperar que naves de menor calado procedieran a desembarcar a los viajeros. Poco menos que el 50% de los pasajeros fueron puestos en tierra a costa del Estado Nacional por un valor de 502 pesos fuertes por cada uno. El Comisario General de Inmigración frente al dinero que insumía esta actividad para el peculio público elevaba a sus superiores la necesidad que "... si el Estado tuviese la necesidad de tener en el puerto, uno o dos vapores tripulados como tuvo por mucho tiempo el "Resguardo" y el "Vigilante", sería por demás económico emplearlos en el desembarco pues no habría más gastos que el carbón; pero si los vapores han de comprarse expresamente para el servicio, no haría cuenta, mientras la inmigración que arribe no alcance a 50 mil por año". Este número en pocos años sería superado de modo holgado.

Una vez en tierra los emigrados eran llevados al Asilo de Inmigrantes a un costo que el Comisario Dillon eleva a "... 311 pesos fuertes por individuo. no apareciendo mayor economía a consecuencia de la suba de los artículos de provisión causado por la depreciación de la moneda de curso legal"; y además agrega que "... el gran número de familias que han llegado sin destino fijo han provocado una permanencia en el Asilo de más días que los de costumbre".

 

Cuadro de los individuos alojados a lo largo de todo el año 1878

"Memoria de la Comisaría General de Inmigración - Año 1878"

 

Del material incluído en la "Memoria de la Comisaría General de Inmigración - Año 1878", rescatamos que "... Italia da el contingente más considerable a la Emigración que se dirige a la América del Sur. Génova, puede decirse que es el único puerto de embarco". Argentina, en lo que respecta a la distribución del total de viajeros, ocupa distante el primer lugar con respecto a otras opciones sudamericanas. A lo largo de 1878, nuestro país es elegido por un 66% más de italianos que los llegados en 1877 cuando el número había sido de 11692.

 

 

El 70% de los italianos ingresados en el año pudieron ser clasificados de acuerdo a su profesión tal como se consigna en la tabla de la derecha.

 

El Asilo de Inmigrantes, donde estaba previsto alojar a los recién llegados, se había convertido con el aumento sistemático del número de viajeros en un problema complejo e irresuelto ante el costo que significaba su reemplazo por un ámbito edilicio de mayor envergadura. El hacinamiento potenciaba la multiplicación de enfermedades contagiosas que, de perderse su adecuado control, significaría un caos de impredecibles consecuencias. El Comisario Dillon en su pormenorizado informe anual consigna que "... los límites de este establecimiento son estrechos para el número de inmigrantes que llega y lo será cada vez más ... esta necesidad ha sido sentida desde mucho tiempo atrás y se asignó en el presupuesto de los años 1873 y 1874 una partida mensual para ejecutarla; se levantaron planos y la obra se sacó a licitación pero no se llevó a cabo por la escasez de recursos".

Marcelo Huernos en su trabajo dedicado a "Asilos y hoteles para inmigrantes en la Argentina (1812-1953)" da cuenta que desde el año 1857 se venía alquilando el edificio cuyo frente daba a calle Corrientes n°8 en vecindades de la actual 25 de mayo identificándoselo ya como Asilo de Inmigrantes. El mismo abrió sus puertas a un contingente de suizos en agosto de aquel año; según el investigador, dado que "... sus condiciones dejaban bastante que desear se inician tareas para adecuar el edificio que podía albergar a 200 hombres y 100 mujeres". Con el paso de los años, en el edificio los inmigrantes aumentaban en número y hacinamiento superando largamente, hacia 1859, los quinientos viajeros alojados.  La Comisión de Inmigración que ya tenía más de 30 años de existencia, impulsa la construcción de un edificio de mayor envergadura "... que debería ser monumental, más grandioso que el del Banco Provincial; no por su lujo exterior sino por el de sus comodidades, adaptabilidad, recursos, mecanismos, organización y sistema ... debería ser construído con los adelantos del arte ... que contribuya a desarrollar el pensamiento que entraña el axioma 'gobernar es poblar'"; en 1873, con tal fin, "... se aprueba una ley que permite escriturar un terreno en Suipacha y la actual Carlos Pellegrini para la construcción de un Hotel"; en 1874, Guillermo Wilcken en su carácter de titular de la Comisión, reclama por la dilación en la iniciación de las obras y lo seguirá haciendo por mucho tiempo.

Será a principios de ese año que la saturación y la proliferación de enfermedades provocó la decisión municipal, a través de la Comisión de Obras de Salubridad, de cerrar el Asilo; en su reemplazo se montaron estructuras precarias de madera y carpas en la zona de Palermo las que, prontamente, fueron invadidas por la epidemia de cólera. Un nuevo translado lleva a los viajeros a la Quinta Bollini que, por no contar con suficiente estructura de cocina, obligaba a que solo pudiese ser utilizada para dormir mientras que el almuerzo y cena se servía en los terrenos de Palermo. Este constante flujo provocó que la contaminación se descontrolase forzando el cierre tanto de la Quinta como los espacios de Palermo y la distribución de los contingentes hacia otros alojamientos, a los destinos finales previstos en el interior, a un nuevo espacio montado en la actual Plaza San Martín e incluso, nuevamente a calle Corrientes.

Hacia 1881 se habilita como alojamiento las instalaciones de "La Rotonda" que era un edificio sobre la calle Cerrito y la costa que, con anterioridad, había sido utilizado como stand para la Exposición Industrial y Artística Italiana. El mismo fue reacondicionado ubicando, se supone, los dormitorios en el octógono mientras que la cocina, comedor, administración y sanitarios se encontraban en las sucesivas ampliaciones que, en conjunto, permitió albergar hasta 2500 personas. Este alojamiento, junto con otras opciones como una propiedad alquilada en el actual barrio de Caballito, otra en la vecina localidad de San Fernando o el edificio del Panorama que el Ingeniero Stavelius remodeló en 1888 como Hotel de Inmigrantes, se mantendrán activos hasta 1911 en que son reemplazados por el nuevo edificio que, con desembarcadero propio, construído por los italianos Mosca y Udina y finalizado por Kronfuss, perdura hasta nuestros días devenido en Museo.

En síntesis, los inmigrantes llegados a principios de 1878 debieron, con seguridad, haber padecido esa etapa entre 1874 y 1881 donde, la incertidumbre, las deficientes condiciones ofrecidas en el Asilo y en los distintos alojamientos, la improvisación, la burocracia, la falta de presupuesto y las enfermedades, eran factores dominantes.

 

Asilo de Corrientes n°8 (1855-1879) - La Rotonda (1881-1910) y Hotel de los Inmigrantes (1911-1953)

 

De la "Memoria de la Comisaría General de Inmigración - Año 1878" rescatamos que Justiniano A. Ledesma, en su carácter de responsable de la salud de los viajeros, emite una síntesis de su trabajo de los últimos doce meses. De dicho informe podemos extraer una tabla donde se consigna, en detalle, las afecciones tratadas. Acompaña dicha estadística una nota fechada 1° de junio de 1878 donde el Dr. Ledesma refiere que "... resulta a la vista de estos cuadros el aumento notable de enfermos, que se ha operado una vez que han empezado nuevamente esas expediciones numerosas de familias, ésto es desde diciembre último y que han continuado recrudeciendo de enero hasta mayo". El texto advierte de modo preocupante sobre lo reducido del ámbito de alojamiento previsto en el Asilo y las inevitables condiciones de hacinamiento que se suman a las ya padecidas durante el largo viaje que fomentan la "... propagación de enfermedades epidémicas". En lo específico, consigna que "... así ha sucedido con la expedición de los ruso-alemanes llegados aquí en el mes de enero y de los italianos que llegaron simultaneamente en este mismo mes". De hecho, según el informe, 31 italianos fueron tratados durante dicho mes por diversas afecciones y que un total de ocho que fueron hospitalizados, terminaron falleciendo.  Un segundo informe, fechado 1° de mayo de 1879, pone de manifiesto la preocupación frente al sarampión aclarándose que se procedió a la vacunación de todos los niños que nunca habían recibido dicha protección y que "... muchos han salido en estado que sus fístulas puedan ser utilizadas en las colonias y campañas donde se dirijían, multiplicando los beneficios de la reproducción". Respecto a los adultos aclara que "... tienen una repulsión invencible frente a la revacunación". Un tema recurrente en ambas notas es la necesidad de la ampliación del Asilo de Inmigrantes o la construcción de un espacio nuevo de mayor capacidad ocupacional. Invitamos al interesado a acceder a este material que abarca el período de mayo de 1877 a mayo de 1879.

 

Acceda al informe completo

 

Hacia fines de enero de 1878, en Italia, la edición correspondiente al lunes y martes 28 y 29 del diario editado en Udine "Il cittadino italiano" bajo el título "Cosas de casa - Emigración" consignaba que "... ayer, otro grupo de pobres ilusos deambulaba por nuestra ciudad a la espera de la hora de partida del tren. Eran alrededor de otros 200 de nuestros campesinos que, habiendo vendido sus tierras y ocluído en el corazón el natural sentimiento de amor hacia el propio terruño, emigran hacia América con la esperanza de conseguir soñadas riquezas y jornadas de trabajo menos pesadas. Hombres, mujeres, niños, con sus equipajes, con el poco dinero obtenido de los objetos y tierras vendidos, se aventuran hacia lo desconocido. Es un gran castigo y un deshonor para la Nación que, a centenares y centenares de sus campesinos, se los abandone sin siquiera una lágrima. ¿Qué sea éste el fruto del amor a Italia inspirado por ciertos patriotas?

 

 

Durante el tiempo que los inmigrantes, ansiosos, esperaban en Buenos Aires el momento a ser derivados a su destino; en Italia y a principios de febrero de 1878, las autoridades de la entonces Provincia de Treviso impulsa una encuesta; la Comisión creada con tal fin comparte la iniciativa con el "Giornale di Udine" que, adhiriendo a la idea y a través de sus páginas, aconseja reproducir la compulsa en todos los pueblos regidos desde Udine. El relevamiento de información incorpora 30 preguntas con contenido diverso; el cuestionario visibiliza y desnuda la ignorancia de los dirigentes y hacendados frente a un grave problema que los aqueja y del que, no solamente, desconocen su magnitud sino que, además, no logran interpretar las razones que lo provocan; su ceguera histórica los hacen negar la realidad sin comprenderla, lo que les impide enfrentar la situación y resolverla de modo idóneo.

Acceda a dicho material original y traducción

Tal vez si hubiesen abierto los oídos a lo que, en las campiñas friulanas, las madres le hacían recitar a sus hijos cada noche; con mayor facilidad, hubieran accedido a las respuestas sin necesidad de encuesta alguna:

Paternoster, quit squit

e son trê dîs ch’a no lu ai dit

e se mê mari no mi da pan

no lu dîs nancje doman.

 

Mientras en Udine se desenvolvían estos hechos y en Buenos Aires los inmigrantes esperaban que se resuelva su destino definitivo; a nivel nacional, el 4 de febrero, se dicta un decreto del Poder Ejecutivo según el cual se designa al Señor Emilio Achaval como Comisario de la Colonia próxima a nacer en las tierras de la Estancia de Caroya.

Será el mismo Achaval el que, en su informe anual, dará cuenta de lo complejo que resultaban esos días dado que "... no teniendo ni los terrenos para entregárselos, ni útiles, ni animales, ni casas, ni nada de los que los pudiera poner en la verdadera condición de los colonos, solicité la entrega del edificio del Colegio que fue hecha por el Dr. Don Filemón Posse". La idea es utilizar el edificio acondicionándolo con fines de alojamiento provisorio y temporal. [Acceda al Informe de Achaval completo]

Volvamos a Italia, la Asociación Agraria Friulana (fundada en 1846 por un grupo de acaudalados propietarios de la Región) era administrada por un Comité presidido por el Conde Gherardo Freschi y entre sus miembros se destacaba el Doctor en Leyes Gabriele Luigi Pecile (1826-1902) el que, nacido en Fagnana, se convertiría en dueño de vastas haciendas tanto en su ciudad natal donde las hereda como al oeste del Río Tagliamento, en la cercana San Giorgio della Richinvelda, donde las adquiere. A ese poder económico le sumó el político como Senador del Reino de Italia y, dentro de la Región, como Sindaco de Udine de 1878 a 1883 y brevemente, de 1899 a 1900; mientras que en el período intermedio, 1884-1889, en la misma función en Fagnana. En la actividad agrícola, fue un avanzado para la época propiciando la evolución de la tecnología productiva vitivinícola a la que sumó, luego, a su hijo Domenico graduado como Agrónomo y Sindaco de Udine tras la gestión de su padre.

 

Primer arado motorizado en la Azienda de G. Luigi Pecile en San Giorgio della Richinvelda (principios del siglo XX) ("Antologia d´immagini" - Rino Secco) y distintas vistas de la casa principal de la Azienda (1998)

 

Logo de la "Associazione Agraria Friulana" usado bajo el reinado del Rey de Italia, Vittorio Emanuele II

 

El hacendado, al igual que sus colegas de la época, estaba muy preocupado por el proceso emigratorio que dejaba las tierras sin mano de obra capacitada, de alto rendimiento y bajo costo. Desde su posición como Sindaco y como miembro de la Asociación Agraria Friulana buscó respuestas a dicho proceso tratando de evitarlo. Con ese objeto, fue el redactor de las "Crónicas de la Emigración" que se publicaban en el Boletín que la organización difundía periódicamente. En dichos relatos se describía las graves consecuencias que este proceso provocaba a la Región; intentando, además, desalentar la partida de los colonos a partir de resaltar los riesgos a engaños que corrían los viajeros, tanto de ser manipulados por los Gestores/Agentes que la Ley Avellaneda ubicaba en Europa para difundir el contenido de la legislación, los beneficios que incluía y la selección de los emigrantes; como en describir las duras condiciones económicas a vivir en los destinos elegidos (Argentina en particular), que la renta prometida era falsa y que lo único certero era un final de pobreza y miseria en tierras improductivas y áridas.

El sábado 9 de marzo de 1878 el diario "Giornale di Udine" publicaba un muy pequeño apartado dentro de sus cuatro páginas en formato sábana; el mismo, con toda seguridad, no debió pasar desapercibido para los lectores de la publicación. El texto consignaba: "Emigrantes que desearían ser repatriados de la Argentina y que no lo logran facilmente; después de haber consumido lo poco que tenían, escriben a sus familias, en busca de los medios para el regreso. En verdad, si fuese posible obtener el retorno gratuito a alguno de estos pobres desgraciados sería más útil que las circulares del Ministerio para poder iluminar a aquellos que creen en encontrar su fortuna en América".

 

 

El comienzo y los primeros años de la Colonia

La Colonia San Martín, inmediatamente Colonia Caroya, si bien fue creada por ley especial del 29 de julio de 1876 debió esperar un año y medio para convertirse en realidad.

Los primeros días de marzo de 1878, el diario "El Progreso" de Argentina difundía que el Gerente de Inmigración Gualberto Escalera y Zubiría consignaba "... que marchan a ésa doscientos noventa y cinco con destino a Caroya. De éstos, doscientos trece individuos son mayores de edad y ochenta y dos son menores de diez años". El funcionario se refiere a los que, luego de permanecer un extenso período en el Hotel de los Inmigrantes y habiéndose descartado utilizar carretas para el viaje, parten el 12 de marzo de 1878 hacia la Estancia Caroya en la Provincia de Córdoba en el recientemente inaugurado ferrocarril Gran Central .

Massimo Dall'Agnola y Anna Bevilacqua en su trabajo "La presencia italiana en Argentina: Historia y características del fenómeno migratorio" definen que "... la mayor parte son procedentes del Friuli - Veneto Giulia (Udine, Trieste, Gorizia y Pordenone) y otros del Véneto (Vicenza, Treviso y Belluno)". Según los autores los colonos "... se encontraban como en un planeta desconocido ... en una tierra en la que todos sus conocimientos tradicionales resultaban inútiles ... en la que al norte se encontraban las tierras cálidas y al sur el frío y la esterilidad ... que las estaciones estaban invertidas ... que las distancias eran enormes, muy lejos del horizonte de los campanarios de las campiñas vénetas". Los investigadores resaltan la sorpresa frente a una dieta alimentaria con un significativo testimonio: "... habíamos visto en Buenos Aires una abundancia de cosas y de alimentos que desde hacía mucho tiempo escaseaban en Italia".

El Comisario de la Colonia, Emilio Achaval, en su informe anual consigna que, previo a la próxima llegada de los colonos, se ocupó de agregarle a la Casona de Caroya "... algunas provisorias construcciones absolutamente necesarias no tan solo por la insuficiencia, como por el estado pésimo y anti higiénico en que se encontraba este antiguo edificio. Con la debida autorización y después de muchas diligencias y dificultades, contraté también con un proveedor la suministración de los víveres". [Acceda al Informe de Achaval completo] 

El largo viaje tuvo complicaciones con siete familias que debieron permanecer en Rosario por presentar síntomas compatibles con viruela. Las mismas, una vez recuperadas, se sumarían a la Colonia hacia mediados de abril; en este caso, transportadas en carretas.

Volviendo al primigenio contingente, Elena Valle en su libro "Y ellos consiguieron el agua" reconstruye que el mismo, "... utilizando el nuevo tendido ferroviario, arribó el 15 de marzo del mismo año y su primer albergue fue la Casona de Caroya (como se la comenzó a llamar)".

El diario "Eco de Córdoba" informaba al día siguiente que "... los trescientos colonos que poblarán la Colonia San Martín en Caroya llegaron anoche. Todos ellos vienen muy contentos y más lo estarán una vez que lleguen a su destino y vean la excelente calidad de los terrenos que van a ocupar y labrar para arrancarle el secreto de la prosperidad”. Por su parte, el diario "El Progreso" abundará en más detalles: “La estación del tren en el Ferrocarril Central estaba concurridísima, pues se había esparcido la noticia de la llegada de estas familias y la curiosidad atrajo una gran reunión de personas de todas las clases, siendo la primera vez que llegan en tan grande número los inmigrantes a Córdoba. Una abundante comida aguardaba a los inmigrantes que bajaban del tren sin haber tomado alimento durante el viaje desde Rosario a Córdoba y desde las seis de la mañana hasta las nueve de la noche. En espacioso salón de más de trescientas varas de largo, se habían preparado las mesas para la comida". Como complemento, el periódico daba cuenta que "... desde ayer a la mañana, está en el Colegio de Caroya un empleado preparando la recepción de las familias en la colonia”.

Mural en la Parroquia de Ntra. Sra. de Monserrat que reproduce la llegada de los inmigrantes - 15/03/1878

 

Marta Nuñez en su significativa tarea de reconstrucción histórica sobre Colonia Caroya, recupera un relato medular para el momento del arribo de los emigrantes. El texto corresponde a escritos del Cura Párroco de Río Ceballos Ambrosio Ramos quien, con periodicidad, prestaba servicios en la Capilla de Caroya y recordaba que, estando ubicado en "... una de las galerías de la Casona, los vi desfilar en trajes de labrador y con algunos instrumentos de agricultura en las manos. Al pasar al interior del establecimiento y en momentos que pasaba por mis inmediaciones no dejé de columbrar algunas acciones que me hicieron volver la esperanza de que pertenecían al gremio de nuestra sacrosanta religión".

Recorriendo las páginas de "La casa de Caroya, predilecta de la historia", obra de Rodolfo Gallardo, nos encontramos que el arquitecto reproduce la expectativa generada al momento del arribo contenida en "Y ellos forjaron un pueblo" de Efrain Bischoff. El texto, con un estilo idealizante, costumbrista, poético y religioso refleja "... el resquemor de los nativos ante estos invasores pacíficos, cuya lengua, indumentaria y costumbres, los convertía en extraños intrusos y la alegría y distensión cuando el Padre Ambrosio Ramos comprobó su calidad de católicos con lo que se abría la primera esperanza de un diálogo, que un siglo de permanencia no ha desmentido. Cargados de bultos traían en sus manos, como dioses mitológicos, los atributos caracterizadores de su propia circunstancia. Mientras en férreas espaldas sostenían la mochila que sintetizaba el hogar y sus magras pertenencias, la diestra en alto empuñaba el instrumento de labranza; era el trabajo fecundo y decidido, ávido de arrancar a los terrones de la tierra el grano y la vid como en bíblica estampa. Al lado, la mujer, unida en el amor al hombre que soñaba en prado labrantíos, acunaba en brazos al hijo, rubio como las espigas promisorias, tostada ya también en promisores anticipos, con los soles de América". Continúa, más adelante con que "... acamparon bajo la galería, algunas madres con hijos de corta edad entraron en las habitaciones, algunos hombres solos prefirieron la fresca intemperie. Casi todos acomodadas sus pertenencias desfilan por la Capilla con fervorosa unción".

Volviendo al informe anual redactado por Emilio Achaval, el mismo Comisario de la Colonia da cuenta que "... procedí a recibir a las primeras familias que en número de 62 llegaron el 15 de marzo y que yo mismo acompañé desde Córdoba en medio de generales manifestaciones de satisfacción y alegría. Los alojé lo mejor que pude, proveí a la curación inmediata de los enfermos, llevé cuantos de los hombres que quisieron visitar la tierra y les proporcioné cuanto les fuera necesario para la vida". Los lugareños no fueron muy sociables con los inmigrantes; de hecho, Achaval abunda sobre la mala bienvenida lamentando que "... la envidia e intereses bastardos habían intentado hacer la peor atmósfera a estos hijos de la vieja Europa que llegan a nuestras playas con tan poderosa cantidad de industria y buena voluntad". Frente a esa situación y atento las demoras en la demarcación de los lotes, el Comisario procedió a ocupar a "... todos los hombres hábiles en preparar las herramientas y materiales de carpintería para la construcción de las casas, el arreglo de acequias y apertura de calles". Continúa exaltando como la población sin distinción de sexo ni edad se habían abocado, "... con actividad febril, a toda clase de trabajos, preparándose hasta los muebles y enceres de labranza". [Acceda al Informe de Achaval completo]

Elena Valle asegura en su libro "Y ellos consiguieron el agua" que "... varias y múltiples fueron las peripecias que debieron sufrir los inmigrantes. Sumado al descontento y desconfianza de la gente del lugar, las dificultades sobre la entrega de los terrenos y los primeros asentamientos, surgió un tema fundamental el suministro del agua".

En síntesis, será este grupo de colonos, el germen fundacional de la Colonia San Martín que, a poco, cambiará su nombre por el de Colonia Caroya.

 

Casona de Caroya y Olla Popular de hierro provista por el ferrocarril y usada por los primeros colonos (Fotos cedidas por el Ing. Oderzo Beinat, Mendoza para el Istituto dell´Emigrazione Friulana - R. Appi y O. Burelli) (Archivo fotográfico "Friuli nel Mondo")

 

Volviendo a las "Crónicas de la Emigración" incorporadas en el "Boletín de la Asociación Agraria Friulana" y redactadas por Gabriele Pecile extraemos una tabla que, a fines de abril de 1878, refleja la cantidad de emigrados de la zona del Friuli - Veneto Giulia a lo largo de 1877 y los primeros meses de 1878.

 

Gabriele Luigi Pecile

 

De una de esas crónicas, firmadas por Gabriele L. Pecile e incorporadas en el Boletín de 1878, rescatamos una tabla donde se da cuenta de la cantidad de pasaportes emitidos en la Región a lo largo de 1877 y hasta el 24 de abril de 1878 comparándolo con el de las personas emigradas; el texto que la acompaña asegura que "... los datos son aproximados. Adviértase además que al principio muchos partían sin pasaporte, encontrando el modo en Génova de acceder a una carta cualquiera, con el solo objetivo de obtener el embarque; ésto involucraría al 10%; por otra parte, algunos de los que tienen pasaporte, permanecen todavía en la patria".

Dicha tabla y el texto que la acompaña expone, de modo transparente, la deficiente información que disponían y que, brindada por las Autoridades de la Seguridad Pública de distintas ciudades de la Región sobre los pasaportes entregados, analizaba tres períodos en particular: el año 1877, del 1° de enero al 8 de febrero de 1878 y del 9 de febrero al 24 de abril de 1878.

El gráfico muestra la notable diferencia entre la cantidad de documentos y el número de personas emigradas; además, como el corto período del 1° de enero al 8 de febrero es el de mayor número de registros en comparación con todo el año 1977 mientras que en el siguiente trimestre (febrero/abril de 1878) los números registran un descenso, circunstancia que el Dr. Pecile atribuye a que en Argentina comienza el período de frío lo que, a su juicio, desalentó a los viajeros.

Es razonable y factible que, dentro de esta tabla, estén contabilizados algunos de los viajeros que ya estaban en la Estancia Caroya imaginando e ilusionados por un destino de vida distinto.

 

En paralelo, durante esos días de abril y en su informe anual, el Comisario de la Colonia Emilio Achaval recuerda que "... habiéndose anunciado el inminente arribo de nuevas familias, y una que otra llegando casi semanalmente, me encontré en la necesidad de agregar nuevas construcciones y dividir los corredores con telas, reduciéndolos a cámaras. Recibí y alojé esta remesa no menos fuerte que la primera y como a ésta la ocupé en los trabajos preparatorios hasta que finalizado el trazamiento de un número suficiente de lotes, se hizo el sorteo de ellos y se fueron los colonos a ocuparlos desde mediados de mayo a todo el mes de junio. De esa manera y en ese tiempo se colocaron en 96 lotes, 145 familias con una población de 720 personas ... las concesiones no bajan de un medio lote, ni pasan de un lote de 25 hectáreas por familia. Al hacer estas concesiones se tomó en consideración el número, estado, sexo y edad de los miembros de cada familia". [Acceda al Informe de Achaval completo]

Según Rodolfo Gallardo, en su trabajo "La casa de Caroya, predilecta de la historia", el mes de mayo se inicia con felices noticias; será Angela quien, el día 2, se convertirá en el primer nacimiento en la joven Colonia; el día 5, será el turno de Juan Bautista y José; hijos de otros dos matrimonios. Sobre este punto recomendamos acceder al material generado por Marta Núñez en su sesudo trabajo "Colonia Caroya, cien años de historia" donde se consigna un largo listado de todos los nacimientos producidos en el año comprendido entre la llegada de los colonos y el 15 de marzo de 1879; así como también, el detalle de los casamientos contraídos y los fallecimientos sufridos.

Mientras tanto en Udine y distintas ciudades del norte de Italia, miembros de su propia comunidad propiciaban nuevas prestaciones para la emigración abriendo puertas que facilitaban la partida a potenciales interesados; los avisos publicitarios inundaban las páginas de los mismos diarios cuya línea editorial no comulgaba con el proceso. Los siguientes son ejemplos difundidos durante mayo de 1878 en el "Giornale di Udine".

 

"Agencia Marítima para alquileres, comisiones, tránsito, transporte de mercancías y pasajeros por tierra y mar hacia todos los puertos del mediterráneo, América, India, China y Australia. Legalmente autorizada por el real Gobierno con decreto Prefectorial del 1 de abril de 1878 para la firma Giacomo Modesti. Udine, Vía Aquileja n°90".

"Casa General de Envíos Marítimos. Autorizada por el Real Gobierno. Envío de pasajeros, mercaderías y valores a distintos destinos. A. G. Barbieri. Verona, Plaza Independencia n°12, primer piso. Partidas periódicas para la República Argentina  bajo la Dirección del Comisariado General Argentino de Colonización. Partidas para Brasil, América Central, Antillas, Nueva York, San Francisco, Canadá, Australia y otros destinos".

 

Desde su llegada al país, los inmigrantes recurrían de modo permanente al intercambio epistolar con la lejana familia que permanecían en los pequeños y sufridos pueblos de origen. Algunas cartas incluían pesimismo, tristeza, sufrimiento; otras, esperanza y optimismo.

 

Acceda a una muestra de dichas notas publicadas entre abril y junio de 1878

Asegurando que respetaban la libertad de emigrar y que lo único que los motivaba era evitar los engaños, el "Giornale di Udine" publicaba misivas que eran seleccionadas y dirigidas a los connacionales interesados en partir. Las menos, incluían auspiciosas noticias desde la lejanía; mientras que la mayoría, lograban causar preocupación hasta al más osado de los aventureros ya que se describían hambrunas, enfermedades varias como fiebre amarilla y cólera, esclavitud, castigos corporales, humillaciones, tierras áridas e improductivas, calores y fríos insoportables, falta de techo, miseria, desamparo, robo y vejación de mujeres e hijos en manos de los indios; con este fin, no hacían diferencia alguna entre diversos destinos dentro de Argentina o bien con Brasil, Uruguay, países centro americanos y la misma Nueva York.

Sus páginas, además, sumaban notas del "Patronato de los Agricultores friulanos emigrantes hacia la América meridional" que dependía de la "Asociación Agraria Friulana" donde, tal como ya hemos expresado, transparentaban la ignorancia de sus miembros para entender las reales motivaciones de la situación imperante lo que devenía en una clara incapacidad para encontrar una adecuada respuesta.

 

Por su parte, el Boletín de la "Associazione Agraria Friulana" publicado en 1878, también volcaba en sus páginas algunas misivas que, según su propio juicio evaluador, se definían y difundían como veraces.

Dentro de dicho marco editorial, el Boletín aseguraba en julio de 1878 que "... se fossero state vere tutte le cose dette in quelle lettere, noi avremmo potuto additare sicuramente ai nostri emigranti la colonia Caroya come l'albergo della Fortuna". ["Si fuesen ciertas todas las cosas dichas en esas cartas, con seguridad nosotros le hubiésemos definido a nuestros emigrantes que la colonia Caroya es como el hotel de la Fortuna"]

Acceda al texto completo

 

Estas son misivas publicadas en el Boletín con una introducción rubricada, como en todos los casos, por G. Luigi Pecile.

 

Carta del 12/07/1878

Acceda a la misma y su traducción

Mención de carta de mediados de 1878

Acceda a la misma y su traducción

 

Es válido aclarar que dentro del trabajo "Colonia Caroya, cien años de historia" realizado por Marta Núñez no se encuentran los apellidos Della Negra y Zanini; como ocurre con otros mencionados en las notas de "Crónica de la Emigración", la ausencia puede significar que dicho listado sea incompleto, que las cartas no sean auténticas, que se atribuyan a Caroya cuando el origen era otro o que se haya hecho una mala lectura de la firma al volcar las misivas en el Boletín.

Mientras ésto se publicaba en Italia; en Córdoba, la Comunidad seguía creciendo con la llegada, a mediados de julio, de un nuevo contingente que pidió dejar su primer destino en el norte de Santa Fe y ser transladada a Caroya. Lo hicieron en vapor hasta Rosario a cargo del Estado y de allí, debía ser por sus propios medios, sin embargo y ante la falta de recursos, se hizo cargo la Municipalidad rosarina alquilando carretas.

Con el objeto de respaldar su posición, el "Boletín de la Asociación Agraria Friulana" apelaba a publicar largas notas aparecidas en el diario "L´Operaio Italiano" que, "... fundado por obreros de la colectividad y costeado por contribuciones personales", se publicó en Buenos Aires entre los años 1873 y 1898. Del mismo, extraemos un pequeño párrafo aparecido el 26 de julio de 1878 en su versión original en italiano y su traducción:

 

"Nell' Operaio Italiano del venerdì pubblicammo una corrispondenza di un nostro egregio connazionale, che conchiudeva con queste parole:

'Mettete sull'avviso i nostri connazionali coloni, i quali vedano di non andar là (a Caroya) o di non rimanerci, che dopo essere bensicuri di avere i terreni buoni, tenendo presente che senza irrigazione non vi è terreno che valga, nè in Caroya, nè nel maggior resto della provincia, a compensare le fatiche e le speranze del colono'. Noi pubblicammo quella corrispondenza, perchè ci veniva da persona competente e retta, che non aveva nè ha interesse di sorta per adulterare i fatti, ma solo per fare un servicio proposito".

 

"En el Operaio Italiano del pasado viernes publicamos una correspondencia de un nuestro respetable connacional que concluía con estas palabras:

'Pongan sobre aviso a nuestros colonos connacionales, vean la posibilidad de no ir allá (a Caroya) o de no permanecer, que además estén bien seguros de disponer de buenas tierras teniendo presente que, sin irrigación, no existe terreno que valga, ni en Caroya ni en la mayor parte del resto de la provincia que pueda compensar las fatigas y las esperanzas del colono'. Publicamos esta correspondencia porque venía de una persona competente y recta, que no tenía ningún interés para adulterar los hechos, su único propósito es brindar un servicio". [Acceda al texto completo]

 

Durante buena parte de aquellos primeros cinco meses en la Colonia, a más de la construcción de casas, huertos y cercos, la población estuvo ocupada en una ingente y difícil tarea: el desmonte. Emilio Achaval, en su informe, describía al espacio como "... monte escabroso, una selva oscura e interminable. Duro trabajo el del desmonte de estos bosques vírgenes y los sudores que ha costado, bien valen el precio de la tierra, así ésta será amada recompensa a sus humildes e incansables conquistadores". Para esos primigenios tiempos, otro de los objetivos fue el de encarar tareas para mejorar la irrigación de las tierras abiertas a la producción; según el Comisario de la Colonia, con tal fin y mientras se esperaba la llegada de ingenieros idóneos, se propició "... abrir una nueva derivación del Río Carnero y reformar unos canales consiguiendo construir estas obras tan urgentes, por medio de los mismos colonos y con un gasto de ninguna consideración". [Acceda al Informe de Achaval completo]

 

Mural en la Parroquia de Ntra. Sra. de Monserrat que reproduce los primeros trabajos en la Colonia

 

En este punto, un párrafo significativo merece el papel desempeñado por las mujeres emigrantes a quienes Ludovico Inciso di Camerana en su libro "Argentina, gli italiani e l'Italia, un altro destino" las define como "... las grandes olvidadas". Al respecto, Erica Innocenzi en su Tesis "L'immigrazione Italiana in Argentina, una narrazione al femminile" considera que en el proceso emigratorio se tiende "... a concentrar la atención sobre todo en los hombres y las mujeres semejan sombras borrosas. Resulta usual que la imagen de la mujer campesina italiana en la época emigratoria se la identifique como la que, en religioso silencio, espera el regreso del marido; una mujer pasiva como contraposición al hombre activo". Continúa la autora asegurando que las cosas son literalmente distintas una vez cruzado el océano ya que "... mientras en las listas de embarque todas figuraban como 'amas de casa' ... la realidad es que, luego, el trabajo difería de lo declarado ... en todos los casos se ocupaban de las tareas de la casa, del trabajo en el campo y de todo otro tipo de tareas lo que en conjunto, con seguridad, ayudó a la supervivencia de sus familias".

La "Associone Agraria Friulana", mientras tanto, exponía en sus páginas otra fuente de información; en este caso, el diario "La Patria" que, publicado en Buenos Aires entre 1877 y 1893, con línea opuesta a "L´Operaio" y escrito en italiano, tiraba "... 11000 ejemplares", según Mariana Baravalle de la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional Argentina. De este medio, el Boletín extrajo y difundió un artículo del 24 de agosto de 1878:

 

"Le notizie sfavorevoli sono dette bugie stampate da un individuo allontanato da quella colonia come perturbatore dell' ordine, sedicente incaricato italiano per l'ispezione delle colonie argentine".

 

"Las noticias desfavorables son definidas como mentiras declaradas por un individuo alejado de esta colonia como perturbador del orden, el que se autodenominaba comisionado para la inspección de las colonias argentinas".

 

Con fecha 2 de setiembre de 1878 y con la firma del Presidente de la República Nicolás Avellaneda y su Ministro del Interior Laspiur se emite un Decreto nombrando una Comisión Administrativa para la Estancia y Colonia de Caroya. La misma será un triunvirato donde el Comisario Emilio Achaval estará acompañado por el Rector del Colegio Nacional de Córdoba Filemón Posse y Cándido Novillo.

 

 

Otros contingentes se sumaron en setiembre y en diciembre. Marta Núñez en su trabajo "Colonia Caroya, cien años de historia" consigna que "... a fines de setiembre y en diciembre de 1878 se destinó otros grupos de inmigrantes y enero de 1879 llegó a la Colonia otro contingente de 40 grupos familiares más".

El balance anual volcado en la "Memoria de la Comisaría General de Inmigración - Año 1878" brinda una pormenorizada síntesis de las tareas y concreciones producidas a lo largo de ese año de duro trabajo. Según el mismo, "... se han desmontado 99580 hectáreas de montes, se han construído 148 casas aseadas y cómodas, cabado 3625 metros de zanjas y 217622 metros de cerco de rama, han construído un nuevo canal del Río Carnero del largo de 1900 metros y dos metros de ancho, para lo que hubo necesidad de remover más de 8000 metros cúbicos de tierra, han escavado dos acequias de un metro de ancho y 1400 metros de largo, con un movimiento de más de 3000 metros cúbicos de tierra, han ensanchado y reformado la vieja acequia del Colegio y la de la Cañada [Chañares] lo que ocasionó un movimiento de más de 150 metros cúbicos de tierra".

El informe pronosticaba un futuro venturoso e inmediato como merecido premio por tanto esfuerzo, salvo que la naturaleza castigara tales sacrificios de un modo injusto; los indeseados presagios se cumplieron de la mano de la sequía y principalmente, de la langosta.

Trigo, maíz, hortalizas, poroto, alfalfa, tabaco, viñas y frutales (principalmente: manzanos, perales, higueras, membrillos, moras y duraznos); el Comisario de la Colonia dirá que "... todo ésto ha desaparecido bajo el diente roedor del terrible insecto". A la precariedad de esos días se suma la llegada de nuevos grupos en diciembre y principios del nuevo año; Emiliano Achaval al describir el momento, expone las circunstancias complejas que se producen dentro del funcionamiento de la comunidad. Según su informe, relata "... lo que sucedió con las últimas familias llegadas aquí el 29 de diciembre y el 5 de enero, en número de veintinueve. Los jefes habían firmado un compromiso en Buenos Aires declarando que irían a la Colonia "Caroya" con ninguna otra ventaja que la de la concesión de las tierras ... y que tenían suficientes recursos para mantenerse y proveerse de los útiles y los animales. Pero al llegar aquí y ver que sus paisanos y parientes no estaban en condiciones de ayudarlos por los daños que le ha ocasionado la langosta, pensaron ... les admitiesen a la anticipación de víveres y animales de labranza". Ante la negativa del Comisario General atento que para fines de enero de 1879 se había dado por terminada la provisión estatal de víveres, es el mismo Achaval que se ocupa de asignarles tareas y conseguirles alimentos apelando a la solidaridad. [Acceda al Informe de Achaval completo]      

Fernando J. Remedi en su trabajo "Los alcances del crecimiento económico, pobreza y alimento escaso en la Argentina agroexportadora" reconstruye la dura situación de los colonos durante 1879. Utilizando publicaciones de "El Eco de Córdoba", el historiador consigna que los inmigrantes "... experimentaron serios problemas para garantizar la supervivencia, porque la suspensión en 1879 del racionamiento entregado por el Estado coincidió con una pésima cosecha, como lo señalaban en un petitorio dirigido al Gobernador de la Provincia: '... hemos quedado o muy pronto vamos a quedar sin los recursos más indispensables para vivir, por la sequía, la langosta y recién la lluvia nos han privado toda cosecha que tan halagüeña se había presentado desde un principio'". El autor continúa rescatando que la situación logró, de algún modo, remediarse "... gracias al concurso de vecinos de Jesús María y la zona que, convocados por el Comisario, aportaron harina de maíz, que éste distribuía entre los afectados por la dramática situación; el problema era la incertidumbre sobre el futuro inmediato, cómo iban a continuar atendiendo sus exigencias vitales hasta la cosecha siguiente".

Las difíciles circunstancias deben ser enfrentadas por las familias que ya alcanzan el número de 180 habitando en 143 viviendas. Por esos días, los últimos colonos que llegaron vivían de un modo precario o compartiendo techo ya que aún no disponen de recursos para construir su propio hábitat.

Febrero de 1879 no terminaría del mejor de los modos para el Comisario Achaval. Según lo consignado por "El Eco de Córdoba" del 1° de marzo, bajo el título "La sublevación de colonos en Caroya", el día anterior algunos vecinos habían robado y carneado una vaca. Los supuestos tres responsables son detenidos por la policía lo que desencadena una reacción de la comunidad que, armada, procede a liberarlos; este hecho es respondido con fuerzas militares montadas que, durante la tarde, son movilizadas desde Córdoba. El ferrocarril y sus autoridades alientan una respuesta rápida y ejecutiva del ejército, a quienes ofrecen y sirven trasladar en un vagón especial.

Con el correr de los días, los hechos se van acercando a la verdad con significativos cambios sobre el relato inicial que se verán reflejados en las sucesivas notas publicadas por "El Eco de Córdoba". De hecho, el 2 de marzo, el diario da cuenta que "... la fuerza nacional fue sobre colonos anoche donde encontró una pequeña resistencia, resultando de los colonos uno muerto, un herido y ocho presos". Luego de este detalle anterior el mismo diario insiste con la "sublevación" y en un texto más extenso basado en opiniones transmitidas "... por personas muy respetables ... y serias" asevera que los colonos tenían "... poco conato por el trabajo, que muchos pasaban el tiempo en el ocio, que no había sementeras y los bailes poco decentes eran frecuentes" y que si bien lamentaba la víctima acaecida entendía que la respuesta de la autoridad era lógica e inevitable frente al robo producido y la sublevación armada para liberar a los ladrones; el artículo finaliza aspirando a que la pacificación lograda permitiese tener un marco para que los colonos recapaciten y que la Comisaría de la Colonia, encuentre soluciones a las necesidades alimenticias de la comunidad dado que "... un hombre y su familia no pueden mantenerse con aire; precisa comer ... y si a un colono no se lo alimenta ni se le fomenta en el trabajo, el desorden tiene que manifestarse, ya por el robo, ya por el atropello, ya por el asesinato".

El 4 de marzo el diario se preocupa por "... el principio de la disolución de la Colonia", atento que los colonos "... están dispersados y que tiene la Comisión arrestados más de veinte". El artículo insta a las autoridades nacionales a que conforme una comisión de respetables para que se apersonen en la Colonia evitando la disolución del proyecto colonizador atento al costo que había significado.

El suceso tomó tal relevancia al punto que obligó al Gobierno Nacional a expedirse a través de un Decreto rubricado por el Presidente de la República con fecha 4 de marzo de 1879:

 

 

El 5 de marzo el diario rectifica la información de los días precedentes reemplazando en sus títulos la palabra "sublevación" por "Sucesos en la Colonia Caroya". Ahora, el relato sustentado en "... personas fidedignas" (que, por lo que se describe, no parecen ser las mismas "... respetables y serias" consultadas los días previos) vira radicalmente: "... en un lote se han encontrado huesos de un animal carneado y un hijo del país, Arregui, que se titula celador, de su cuenta y riesgo ha armado tres o cuatro hombres asaltando varias casas de Colonos y tomando presos a tres o cuatro que él considera autores del robo presunto de un animal cuyos huesos, según él, debieron ser los que se encontraron en el lote". Los "... estrangeros" son llevados a un supuesto subcomisario Batalla quien los estaquea y "... Arregui se fue satisfecho de sus odios y mal instinto". El texto describe que los "... estrangeros" son explotados por los hijos del país como el caso de Arregui quien frente a la pérdida de un animal, por ser baqueano y conocedor, se ofrece por un dinero a buscarlo; el caso es que, aprovechándose de la ignorancia de los colonos, es él mismo quien roba y esconde el animal para luego cobrar para encontrarlo. Frente a esta situación un grupo de la Comunidad se dirige a Jesús María para pedir la liberación de los injustos apresados y el arresto de Arregui; persuadidos por referentes de la Ciudad y con la promesa que el problema sería resuelto, regresan a la Colonia. En ese tiempo, por temor a un levantamiento, se convoca al ejército a Córdoba el que, bajo el mando del Comisario Rodríguez, se convierte "... en una soldadesca desenfrenada y ansiosa de sangre de gringo ... que era preciso degollar a todos los colonos". Continúa el escalofriante relato asegurando que "... estaba todo tranquilo ... cuando llegadas las fuerzas de noche a una de las primeras casas ... la de Don Angel Prezaco ... principió la carnicería". El dueño de casa atinó a esconderse bajo la cama donde le dispararon tres veces, una le rozó la sien, otra le arrancó dedos de la mano y la última lo hirió "... en el costado derecho". Angel logra huir mientras las tropas ya habían matado "... un pobre estrangero, cuya esposa e hijos se encuentran en Italia ... solo restaba saquear y robar ... dinero, ropa, jabón, cama y el vino ... que daban al soldado valor para cortar la cabeza de algún gringo ... y se han ido a Jesús María a vender vestidos, alhajas y otros objetos". [Acceda al artículo completo]

En días siguiente "El Eco de Córdoba" abunda en escalofriantes detalles que incluyen hasta el posible azotado de las mujeres y la cierta multiplicación de los engrilllados.

El 11 de marzo se publica la "Protesta de la Colonia Italiana" que expresa: "Los italianos abajo firmados, residentes en la ciudad de Córdoba; justa y sumamente indignados por la pésima y criminal conducta observada por la fuerza pública que al mando de un Comisario Rodríguez (alias El Pollo) ha invadido de noche la Colonia Caroya, ha matado y herido gravemente dos inermes y laboriosos agricultores y ha saqueado varias casas despojándolas de comestibles y de todo otro objeto que en ellas hallaron. Protestan con toda conciencia y energía y publicamente piden a las autoridades competentes la libertad de los encadenados y el castigo severo e inmediato de aquellos individuos que deshonrando el Ejército, la Policía y la República Argentina y con el pretexto de ceder un tumulto no existente, sembraron el desorden y la tristeza en una activísima y pacífica Colonia de hábiles agricultores y cometieron acciones que llenan de dolor en todos los ánimos recto, justos e inspirados a sentimientos de benevolencia en fraternalidad, humanidad".

Al otro lado del Atlántico, el 28 de abril de 1879, la Associazione Agraria Friulana, en su Boletín y con la usual firma de G. L. Pecile, publica un articulo en una de sus usuales "Crónica de la Emigración" para lo cual se respalda en un texto del 12 de marzo del "Operario Italiano" (diario editado en Buenos Aires y escrito en italiano); de dicha crónica extraemos el presente contenido que, asociado a lo acontecido el pasado 28 de febrero, no le faltan asesinatos por la espalda, saqueos y violaciones. Si bien, con otro sesgo y otros intereses, vale reconocer que el relato está más cercano a la verdad de aquello publicado por "El Eco de Córdoba", el 1° de marzo.

 

Acceda a la traducción del texto resaltado

 

En paralelo, frente a los hechos tal como se habían planteado y para descomprimir dándole solución a otras potenciales problemáticas, Achaval inicia inmediatas gestiones con proveedores particulares de modo de propiciar un acuerdo conveniente con los colonos que les garantice acceso a la alimentación. [Acceda al Informe de Achaval completo].

Aunque precaria, una mejor solución llega recién a mediados del año 1879 cuando, según recupera Marta Núñez en su libro "Colonia Caroya, cien años de historia", "... el 21 de julio se autoriza al Poder Ejecutivo para invertir de las Rentas Generales de la Provincia hasta la suma de mil pesos fuertes en el sostén de las familias de la Colonia Nacional de Caroya, que se encontraban en la imposibilidad de continuar en ella por habérseles retirado los víveres que les adelantaba el Gobierno Nacional".

Si bien el clima seguía sin aportar la mejor de las benevolencias; el año 1880 tuvo un balance un tanto más promisorio. La población había aumentado significativamente con un número de habitantes que superaban el millar y medio donde dos tercios de ellos eran adultos (55% de hombres y 45%, mujeres). El tercio restante correspondía a menores de 15 años de los cuales, la mitad eran nacidos en Argentina. El desarrollo habitacional ya contaba con una cantidad de viviendas de distinta calidad que se contaban próximas a las trescientas. La producción privilegiada fue la del trigo y el maíz alcanzándose significativos rindes de unas 480 toneladas en el primer caso y unas 1700, en el segundo. Se insistió con la siembra de porotos, tabaco, hortalizas, alfalfa, viñedos y frutales. La hacienda ocupó también su espacio, no solo se privilegiaron los animales para consumo (como los de corral y vacas) sino que se multiplicaron aquellos dedicados al trabajo, como bueyes y caballos.

Marta Lauret de Copetti, en su libro "Gringos de la Colonia", reproduce una entrevista a Héctor Visintín. El colono, nieto de un emigrado de Cormons, recuerda las tareas de su abuelo como uno más de los fundadores de la Colonia; según el relato "... el nono trabajaba dividiendo los campos grandes que había por aquí, como el de Cándido Novillo [miembro del  triunvirato de Administración creado en setiembre de 1879] que estaba para el sur. Los dividían haciendo unas zanjas de dos metros de profundidad por dos metros de ancho. En vez de poner alambrados, los dividían así para que los animales no pasen. Para que no pierda tiempo mi nona le llevaba la comida haciendo unos cuatro kilómetros caminando. Fue un sacrificio insuperable el que hicieron para poder pagar las tierras que el gobierno les vendió. Uno de los hermanos de mi nono era dueño donde está la Capilla del Rosario en Tronco Pozo. El levantó la capilla y rezaba el rosario todas las tardes".

En 1883, luego de un año de trabajo y sobre un reducido espacio de tierra cedido por Blas Peschiutta, se bendijo la pequeña construcción religiosa abriendo sus puertas a la comunidad. Este oratorio, bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario, funcionaba con el único fin de generar un espacio donde se pudiese rezar diariamente el rosario; el resto de las actividades religiosas se continuaban oficiando en la iglesia de la Casona de Caroya.

 

Nuestra Señora del Rosario - Tronco Pozo

 

A fines de julio de 1883 y a través de un Decreto emitido por el Gobernador Gregorio Gavier se configura un marco legal pensado para fijar una imprescindible organización a la distribución de aguas para riego. En lo que se refiere a esta temática, este será el primer paso regulatorio dado seriamente. A través de esta norma, una Comisión es mandada constituir con la específica responsabilidad de asegurar la adecuada y equitativa provisión del vital recurso. Elena Valle en su libro "Y ellos consiguieron el agua" recupera el Inciso C del Artículo 1° donde se consigna "... repartir el agua de los canales que proveen a la Colonia, en modo uniforme para las varias partes de la misma".

Los últimos meses de 1886 serán un momento que amerita ser profundizado aparte de un modo más específico y detallado atento a las significancias que, para la Colonia, implicó la epidemia de cólera de diciembre de ese año.

A partir del final del ataque de la enfermedad se gestan algunos hitos relevantes para la comunidad: en junio de 1887 logran la autonomía independizándose de Jesús María e instalando su propio gobierno municipal; en 1890 abre sus puertas la primera escuela municipal y en abril de 1898, la creación del Curato de Colonia Caroya.

 

Durante este mismo año, se gesta otra referencia religiosa; se trata del pequeño oratorio dedicado a San Roque que fue levantado, según Marta Núñez, "... por Omobono Morandini sobre el lote 12 propiedad de Antonio Taca". El mismo, de líneas sencillas, luce frente a la misma Avenida San Martín bajo el cobijo de la sombra de los centenarios plátanos.

 

 

Durante su segunda presidencia, el 30 de julio de 1900, Julio Argentino Roca eleva un proyecto de Ley para eximir a los habitantes de las distintas colonias gestadas a partir de la aplicación de la Ley Avellaneda de los montos adeudados en carácter de subsidios económicos recibidos al momento de afincarse. Las razones que sustentaban tal decisión residían en que, transcurridos más de 20 años, muchos de los morosos habían muerto, vuelto a su patria, trasladados a otros destinos difíciles de rastrear o simplemente, no disponían de capacidad de pago. El monto a condonar alcanzaba la nada despreciable cifra de 142.316,78 $. Además de Caroya, las Colonias beneficiadas eran: Sampacho, Villa Libertad, Santa Ana, Conesa, Resistencia, Avellaneda y General Alvear. [Acceda al respectivo documento]

Juan Bautista Copetti había nacido en Gemona (Provincia de Udine) en 1857; con su madre viuda y su esposa llegaron a Caroya en 1880. En 1883 producto de una larga sequía en la Colonia viaja hacia el norte de Argentina en busca de trabajo en la construcción de la nueva red ferroviaria para regresar, al joven pueblo, durante el segundo semestre de aquel mismo año para no volver a irse. Marta Copetti de Lauret en su libro "Gringos de la Colonia II" reproduce fragmentos del diario de vida escrito por su ancestro; del mismo rescatamos que Juan Bautista relata que "... volví a la Colonia, estoy instalado aquí y espero morir aquí, hemos pasado días de mucha sequía, también días de intensa lluvia, cerca se encuentra la iglesia, el cementerio, cuatro escuelas, la Municipalidad, Comisaría, Juez de Paz, que hace veinte años no estaban, nada de todo ésto existía y se espera siempre de andar mejor, por lo menos este año hay un buen nacimiento de uva, poco trigo. Es 25 de octubre de 1900".

Juan Bautista, en su escrito, tenía razón; Miguel Bravo Tedín, en su trabajo "Colonias entre dos siglos desde el periodismo", rescata una publicación periodística cordobesa del 9 de marzo de 1901 según la cual, luego de un largo período signado por meses de angustiante seca, ataque de langostas y daños ocasionados por el granizo, "... llegan informes muy halagüeños referentes a la cosecha de vino en la Colonia Caroya. Aunque aún no se ha terminado la elaboración puede hacerse ya un cálculo seguro, el cual según nuestros informes no bajará de 25.000 bordalesas. Este espléndido resultado no había sido previsto por los mismos colonos los cuales ahora se ven bastante apurados por la falta de los envases necesarios. Es el primer año que aquella colonia produce tanto vino debido también a que es la primera vez que no ha sido destruída la uva por la langosta, mangas de piedra, la seca, etc. el producto ha resultado de excelente calidad y a pesar de ser recién fabricado ya se exporta para varios puntos de la República. Los precios son por demás baratos. El vino frambuesa recién sacado de los toneles se vende a 10 centavos el litro 18 y 20 el vino blanco bueno y a 25 el litro de vino tinto superior de uva francesa. De manera que la producción de este año ha superado en mucho a la de los anteriores en que la mayor cosecha dio 5.000 bordalesas”.

A esta altura temporal corresponde describir cómo es la estética del espacio territorial luego de poco más de dos décadas de trabajo, tanto en lo natural como en lo social, productivo y edilicio; Noemí Goytia, Alejandro Romanutti y Lidia Samar en 1997 realizaron una investigación que, con el título "Los italianos en la Provincia de Córdoba" e incorporada en "Arquitectura y urbanística de origen italiano en Argentina", definen como los colonos lograron modificar el "... denso bosque autóctono ... en un 'paisaje cultural' unido profundamente a un sentir y a una cultura ancestral de la que emergen distintos elementos que lo transforman en algo particular que remite al paisaje del norte de Italia". En el mismo sentido, Mariana Patricia Acevedo en su trabajo "La dimensión normativa de la memoria colectiva" concluye que "... lo que los friulanos hicieron fue reproducir, desde lo edilicio, hasta sus costumbres cotidianas, la vida tal como era en aquellos pueblos friulanos de los cuales provenían".

Si pensamos que los inmigrantes friulanos venían de una zona y una historia particularmente influenciada por estructuras organizadas bajo longevas pautas feudales donde quedaban establecidas, de un modo rígido, tanto las formas como los modos de vida; podemos comprender como la razonable respuesta fue la actitud cooperativa. Casi de modo particular, Colonia Caroya respondió como comunidad integral solidaria a diferencia de otras experiencias en distintas localizaciones del país donde, aún siendo también italianos, los procesos tuvieron sesgos un tanto más individualistas. Beatriz R. Solveira en "Inmigración y cooperación en una comunidad de origen friulano. Colonia Caroya 1878-1978" hace pie en esta característica particular donde resalta el comer de una olla común o la construcción compartida de las típicas viviendas friulanas. Según su texto "... la solidaridad y colaboración entre las familias vecinas fue constante, se ayudaban unas a otras prestándose incluso días de trabajo, y si bien las rivalidades no estuvieron ausentes, ni bien la necesidad colectiva o personal de los vecinos se hacía sentir, automaticamente esa competencia desaparecía ... la práctica más común consistía en la unión entre dos o más familias para realizar algún objetivo que una sola no estaba en condiciones de alcanzar, en tanto que los motivos podían ser la compra de maquinarias, herramientas y otros útiles empleados en sus tareas cotidianas, aportando cada familia una suma de dinero de acuerdo a los servicios que tales elementos de trabajo les prestaba ... es decir en todas las actividades se encontraba la forma de aplicar un sencillo pero verdadero y eficaz sistema cooperativo". 

El recién iniciado siglo XX y su posterior XXI exhibirán formas, líneas, colores, brillos y sombras propios que, las manos de distintos pintores llevarán, con estilos propios y diversos, al lienzo de la historia. Esos cuadros mostrarán el devenir de la Colonia con dependencia en los vaivenes políticos y económicos, tanto locales como nacionales. Serán esa sucesión de imágenes las que confluirán, compaginadas, en una película donde el mítico relato histórico fundacional, construído y basado en la rígida y monolítica transmisión oral, no sufrirá alteración alguna con el discurrir del tiempo.

 

Nora L. Prevedello en su investigación que lleva por título "Identidad étnica de la comunidad caroyense de origen friulano" sustenta que "... el mito de los orígenes se actualiza, proyectándose en el presente y orientándose al futuro, como una forma de memoria ancestral que hunde sus raíces en la historia en común. En este ámbito se construyen los mitos cohesionantes, mitos que no son ficciones alegóricas de construcción individual y asumidas como reales por el grupo, sino trozos históricos de la realidad, idealizados por la distancia temporal con rasgos que los enaltecen y que el grupo caracteriza como valores distintivos. Se trata de una suerte de mega proyección en la que se destacan los signos diacríticos enfatizados en un producto ejemplar, cuya nitidez y fuerza aglutinante se enriquecen con el tiempo gracias a un proceso de reproducción a la cual el mito es sometido por generaciones sucesivas".

 

La epidemia de cólera (1886-1887)

 

Recorte del diario "El Eco de Córdoba" del 12 de marzo de 1879: "El cólera: El cólera tiene alarmada a la Europa. Se adoptan todo género de precauciones. La Austria, Hungría y Alemania se han puesto en guardia y han adoptado medidas como la 'siguiente': Enviar médicos a los países infestados para estudiar los caracteres, la marcha a la extensión de la epidemia".

 

Con el antecedente de la situación de los años previos en Europa, entendemos conveniente y en carácter de introducción, iniciar con una frase de 1887 del Médico Higienista y Profesor José María Ramos Mejía quien dirigía la Asistencia Pública de Buenos Aires a la que hacía cuatro años que había creado y organizado: "... terminada definitivamente la organización política del país por la creación de este Municipio en la Capital de la República ... se puede decir que no queda otra cosa pendiente que pueda oscurecer ese cuadro de adelantos y bienestar, que el justo temor de una epidemia ... y por eso digo, con profunda convicción, que la salud pública es la cuestión del día y quizá el único problema pendiente porque su perturbación sería un formidable estorbo para nuestro progreso y una ruina para nuestras riquezas".

Las sucesivas y diversas epidemias que fueron padecidas por nuestro país durante la segunda mitad del siglo XIX incorpora, en su macabro listado, la recientemente ocurrida de cólera que, a partir de los últimos meses de 1886 y el inicio de 1887, atacó con virulencia la ciudad de Buenos Aires para luego expandirse hacia el interior castigando con dureza numerosas provincias; siendo Tucumán, la más afectada.

En 1881, años antes de los conceptos de Ramos Mejía, el médico José Eduardo Wilde reflexionaba en sus escritos que Buenos Aires, en paralelo a su fuerte desarrollo poblacional, nuevas redes ferroviarias y tranviarias, bancos y hasta teatros líricos, convivía con "... calles inundables ... pantanos tapados con basura ... depósitos de inmundicias, verdaderos focos de infección que producían, en verano, un olor insoportable y atraían millares de moscas las que, luego, invadían las casas cercanas". 

Varios años después, en 1895 y por la pluma de Emilio Coni en una pequeña publicación, se puede tener una sucinta y cabal descripción de lo que seguía siendo la Capital de la Nación, simplemente "... un lugar malsano, donde las enfermedades contagiosas habían adquirido derecho de ciudadanía ... una ciudad desprovista de sistemas de evacuación de inmundicias y con una distribución de agua absolutamente insuficiente a las necesidades de su población".

Tras estos conceptos, tal vez sería válido concluir que, a pesar de los sucesivos y diversos procesos epidémicos vividos a lo largo de los últimos 50 años del siglo XIX, nada había cambiado; por el contrario, y si bien la crudeza de la realidad que se vivía y que los textos anteriores remitían a la verdad, sí se puede asegurar que durante esos largos años se fue propiciando una evolución obligada que, prohijada por un fuerte desarrollo del conocimiento y el entendimiento de las enfermedades a nivel mundial y local, devino en una mejor comprensión del significado del aislamiento social y de la importancia de la conjunción sanidad e higiene, la incorporación comprometida de las universidades (Buenos Aires y Córdoba), la multiplicación de profesionales de la salud con idónea especialización en bacteriología, microbiología y sus novedosos cánones, la creación de organismos, instituciones, hospitales y lazaretos o casas de aislamiento pensados y asociados con una salud con visión preventiva, social y pública (por ejemplo el Departamento Nacional de Higiene dirigido por el Dr. Antonio Pardo y fundado, en 1880, por la Junta Provisoria de Higiene conformada un año antes bajo la órbita de la Marina o el caso de la Asistencia Pública dependiente la la Comuna de Buenos Aires creada en 1883 bajo la administración del Dr. José María Ramos Mejía u otras similares dependientes de las distintas gobernaciones), la protocolización de diversas estrategias sanitarias que incluía el control de navíos previos al desembarco y su potencial puesta en cuarentena; así como también, el complejo reemplazo de la búsqueda de la anacrónica sanación mística o teológica por la respuesta científica (debe considerarse, por ejemplo, que el dogma religioso no permitía la cremación y que las procesiones iban en contra del distanciamiento social preventivo).

 

  

Drs. José María Ramos Mejía y Pedro Antonio Pardo

Viñeta irónica de Ramos Mejía publicada en el Almanaque "Don Quijote" (1888)

 

Como más adecuada síntesis Adrián Carbonetti, en su trabajo de investigación "Medicalización y cólera en Córdoba a fines del siglo XIX. Las epidemias de 1867-68 y 1886-87", concluye en clasificar los conflictos y tensiones que venían desde la mitad del siglo en cuatro niveles: "... entre el protomédico y otros agentes estatales; entre el Estado y la Iglesia; entre el Estado y los médicos; y entre los médicos y la Iglesia".

Durante este período, los tiempos históricos fluían cambiantes tanto en la razón y modo del inicio de las epidemias como en su forma de difusión mutando de aquellas que eran focales a las del tipo expansivo como el caso del cólera en 1886 que, en este espacio, nos ocupa. Tres motivos eran los centrales: el enorme proceso inmigratorio, el avance en calidad y velocidad de los medios de transporte tanto de personas como de mercancías y por último, los intereses políticos, económicos, científicos y religiosos puestos en feroz pugna.

En cuanto a este último factor en particular, los grandes intereses asociados a un país que, por esos años, afianzaba su riqueza en la estrategia agro exportadora, llegaban a propiciar el ocultamiento de cualquier información sobre las enfermedades para evitar el consabido perjuicio económico que les provocaría un intento de detención de las actividades de producción y comercialización de mercancías a partir de la aplicación de políticas de cuarentenas, aislamientos preventivos o cierres de accesos interprovinciales; además, se llegó a extremos de paranoia como sospechar que las epidemias eran perversas herramientas propiciadas por alguna jurisdicción para afectar a otras, buscando beneficiar la propia actividad económica a partir de destruir la competencia e incluso se llegó al absurdo cuando algunos sectores sociales veían a la enfermedad como necesaria y útil (en un espantoso remedo de la filosofía sarmientina de "civilización o barbarie") para limpiar o deshacerse de aquella población considerada ignorante, sucia, haragana o viciosa.

Volvamos al año 1886, en los primeros días de octubre de ese año se detecta un enfermo de cólera en la zona del barrio de la Boca en Buenos Aires. La enfermedad, cuya primera manifestación en el país fue en 1867/1868, atacaba por segunda vez. El afectado es un inmigrante recién llegado en uno de los tantos navíos que traían pobres que, huyendo de la miseria europea, procuraban una vida mejor.

Del trabajo de tesis de Adriana Alvarez rescatamos unos párrafos del diario La Nación de aquellos días donde el cronista asegura que "... no somos alarmistas, pero señalamos a la Boca como un foco de infección que es menester destruir a todo trance ... ¡La Boca no tiene desagües ni agua que beber y su población se ingurgita sus propios desperdicios!

La historia, sin embargo, tiende a considerar el caso del inmigrante del Barrio de La Boca como un hecho aislado y privilegia hacer foco en otra circunstancia a la que identificará como gestora del nuevo brote epidémico que castigará al país hasta fines de enero de 1887: se trata del caso Perseo.

María Teresa Fuster, en su trabajo "El Perseo, el barco maldito", reconstruye el viaje del Piróscafo Perseo de la Compañía "Navegazione Generale Italiana Societá Riunite Florio & Rubattino" y da cuenta que "... la mañana del 11 de octubre de 1886 el Perseo, proveniente de Génova y con sus 4.150 toneladas, atracó en el Puerto de las Catalinas en Buenos Aires trayendo 1.387 pasajeros y 119 tripulantes. La mayoría del pasaje viajaba en tercera clase en condiciones de travesía sumamente precarias e indignas".

 

Aviso publicado en el diario "Giornale di Udine e del Veneto Orientale" - 10/09/1886 (Udine-Italia)

 

Piróscafo "Perseo"

 

Según Fuster en su investigación, el Perseo partió el 15 de setiembre de 1886 del Puerto de Génova, Italia (en reemplazo del programado Sirio tal lo publicitado en el "Giornale di Udine e del Veneto Orientale" del 10/09/1886) y contaba, según el informe elaborado por el Dr. Pedro Antonio Pardo "... con una patente limpia certificada por los controles de España, Portugal, Brasil, Estado Oriental y Argentina". En contradicción a ésto y tal como consta en el mismo trabajo, "... el navío arribó a Montevideo el 9 de octubre donde la Junta de Sanidad Oriental decidió con tino imponerle cuarentena ya que a bordo hubo ocho defunciones reconocidas por las autoridades, de las cuales cuatro eran sospechadas de cólera". Días después, el 12 de octubre, el Perseo amarra frente a las costas argentinas sin que se le imponga ninguna cuarentena; del paper de Fuster extraemos que el mismo Dr. Pardo "... argumentaba que ... la defunción había tenido lugar el 2 de octubre y mediaban, por consiguiente, diez días sin novedad a bordo del buque".

 

Viñeta irónica de Pedro Antonio Pardo publicada en el Almanaque "Don Quijote" (1888)

 

Cuando semanas después, al informarse de los primeros decesos producidos en el Hospital San Roque y analizadas las fechas de las mismas, vemos una definitiva coincidencia con el día de la llegada del Perseo.

Ese día 12 de octubre tenía, además, un carácter particular para la República, era el último del mandato presidencial de Julio Argentino Roca y, con los usuales fraudes electorales de la época, el primero de Miguel Angel Juárez Celman.

 

Julio Argentino Roca y Miguel Angel Juárez Celman según la sátira del Almanaque "Don Quijote" (1887)

 

El nuevo Mandatario, si bien pertenecía al mismo Partido Autonomista Nacional que Roca, lideraba una facción diferente en delicado equilibrio tanto con el ex presidente como con cada uno de otros significativos referentes del PAN distribuídos en cada una de las gobernaciones y hacia las comunidades bajo control municipal; algunos de estos dirigentes podían fungir como aliados mientras que otros, se ubicaban y procedían desde las antípodas de las decisiones superiores. La represión era la herramienta a la que se apelaba para mantener un cierto estado de orden y alineamiento; de hecho, frente a una situación crítica como la de una epidemia, esta metodología cobró los estilos propios de cada jurisdicción asumiendo diversidades de acuerdo a quien le era aplicada y demás está decir, a que clase o posición política pertenecía el reprimido.

Una vez multiplicada en la Boca y expandida desde los sectores más marginales hacia buena parte de la Ciudad de Buenos Aires, el cólera comenzó a dispersarse hacia el resto del país. En la Capital dejó un tendal de dos mil muertos y, de modo aproximado, unos 500 en la Provincia de Buenos Aires. El ferrocarril y las vías fluviales se ocuparon de expandir la enfermedad.

Las empresas privadas, propietarias de los medios de transporte, rechazaron cualquier decisión de impedir su circulación. Si bien algunas provincias intentaron propiciar prohibiciones de dicho tránsito dentro de sus jurisdicciones, el Estado Nacional inclinó la balanza a favor de esos sectores de poder.

Adriana Carlina Alvarez Cardozo, en su trabajo "La aparición del cólera en Buenos Aires, Argentina - 1865/1996", asegura que el "... vapor Orión que partió del puerto de Buenos Aires hacia la costa de Rosario, y aparentemente trasladó el cólera a ese puerto que causó mil víctimas en 1886 y 155 al año siguiente sobre una población de 50.000 habitantes". El resto de Santa Fe y la Mesopotamia se vieron afectadas de inmediato sufriendo un número estimado de unos quinientos en el interior de la provincia santafecina y alrededor de trescientos en Entre Ríos y otros tantos en Corrientes y el Territorio Nacional del Chaco.

A fines de noviembre de 1886 la infección llegó a Córdoba; vanas fueron las decisiones para bloquear el ingreso con controles sanitarios ubicados en Villa María al sur y Quilino al norte cuando el movimiento del ferrocarril tenían libertad absoluta de desplazamiento y transporte tanto de pasajeros como mercancías y correo.

La provincia, siguiendo las nuevas tendencias, había desarrollado numerosos cambios que lograron disminuir el nivel de afectación que había sufrido durante la anterior epidemia de 1867/1868.

Adrián Carbonetti en su estudio que lleva por título "Medicalización y cólera en Córdoba a fines del siglo XIX. Las epidemias de 1867-68 y 1886-87" describe que los primeros cambios en la provincia se inician en 1881 cuando el entonces "... Gobernador Juárez Celman aprovecha la renuncia del protomédico [estructura que mostró su ineficacia operativa durante la epidemia anterior] para derogar esa institución". Justificándose en el desarrollo de la Facultad de Ciencias Médicas dentro del ámbito de la prestigiosa Universidad Nacional de Córdoba decretaba "... la organización del Consejo de Higiene", dependiente de la Municipalidad de la Ciudad e integrada por profesionales nutridos de los novedosos conocimientos de la microbiología bajo la dirección como Presidente del Dr. Luis Rossi.

El autor describe que el nuevo organismo fija una serie de normativas privilegiándolas sobre los sectores y áreas pobres, sin higiene y sanitariamente postergadas; "... los habitantes de esas zonas debían ser trasladados, sin consultarlos ... las condiciones de aseo y habitación de esa población la transformaban en 'clases peligrosas' que debían ser erradicadas de los lugares cercanos a la ciudad y situadas en lugares lo suficientemente lejanos como para que no se contactaran con los habitantes del centro ... lo que generaba una nueva estructura dentro de la traza urbana con ciertas características de ghetto". En este proceso se incluía la quema de inmuebles y bienes generales considerados contaminados así como la incineración de los muertos. Otras medidas recuperadas por Carbonetti en su trabajo estaban dedicadas a las cárceles donde "... el hacinamiento y las condiciones insalubres en las que vivían los reclusos obligaban al desalojo y al traslado a otro establecimiento ... blanqueo a la cal de edificios, cegar las letrinas y hacer nuevas y reducir el número de internos". Continúa el investigador recordando que el organismo, definiendo como de alto riesgo la llegada de viajeros desde el litoral, intentó prohibir "... el ingreso de trenes desde Santa Fe, con la única excepción de aquellos que ingresaran carbón y desinfectantes ... se obligó a la desinfección de los vagones incluso a los que circularan dentro de la provincia ... prohibición de ingreso de correspondencia ... y los pasajeros debían atravesar procedimientos de cuarentena pasando por la observación durante dos días e inspección médica y fumigación de ellos y sus bagajes". En lo operacional, la ciudad "... se dividió en ocho secciones; atendidas, cada una, por médicos académicos acompañados por dos estudiantes de la Facultad de Ciencias Médicas en carácter de practicantes". Según el historiador los tamaños de cada sección definían la discriminación entre clases sociales siendo de menor tamaño las del éjido céntrico y por ende, mejor atendidas; mientras que, las más grandes eran las periféricas y pobres; donde, además, se utilizaban para emplazar los lazaretos destinados al aislamiento de los enfermos. Varias de estas medidas terminaron siendo letra muerta frente a reacciones de los poderes fácticos; éstos son unos pocos ejemplos: los trenes descargaban sus pasajeros antes de llegar a las estaciones eludiendo la desinfección y cuarentena; la recomendación del distanciamiento social preventivo era respondido por la iglesia con masivas procesiones religiosas.

Expandido hacia el interior de la provincia, la enfermedad encontró su pico durante diciembre y los primeros días de enero; decreciendo su afectación hasta desaparecer hacia finales de aquel primer mes de 1887 con un saldo de unos quinientos muertos en la Capital y otro número similar a lo largo del resto del territorio cordobés.

El gobierno tucumano atemorizado frente a la cercana realidad intentó clausurar la provincia con un férreo cordón sanitario en su vínculo con Córdoba que incluía, de modo prioritario, la cuarentena de los viajeros. En un intercambio de telegramas estas decisiones fueron notificadas al Gobierno Nacional quien las asumió como un acto de rebeldía contra el Gobiernos Central y sus decretos que definían a ese tipo de medidas, si bien auto protectivas, como ilegales decisiones de aislacionismo interprovincial. María Cecilia Gargiulo reproduce, en "El cólera: oportunidades de control y resistencias populares. Tucumán 1886-1887", que la drástica respuesta oficial fue el envío de un tren "... que transportaba al Regimiento N°5 de Caballería". El mismo había partido de Rosario con algunos de sus miembros afectados por la enfermedad y con la consigna de enfrentar al Gobernador tucumano que, según lo que Gargiulo extrajo del diario "El Orden" de aquellos días, se había "revelado contra la autoridad nacional por no obedecer a la orden de suprimir las cuarentenas interprovinciales ... el 5° venía en actitud de guerra contra el Gobernador inicuamente calumniado por sus enemigos ... y lleva doscientos cartuchos por hombre que es el mejor desinfectante".

El resultado en Tucumán fue espantoso y dramático con más de dos mil muertos en la capital provincial y un número similar a lo largo del interior tucumano. La epidemia continuó con unos quinientos decesos en Salta disminuyendo su virulencia en Jujuy. Hacia el oeste del país, atravesó San Luis castigando con dureza a Mendoza con casi mil muertos para luego cruzar los Andes e ingresar a Chile.

 

Diario "La Epoca" del 11/11/1886 (Madrid) - Diario "La Epoca" del 12/11/1886 (Madrid)

Diario "La Correspondencia de España" del 17/11/1886 (Madrid)

Diario "La República" del 18/11/1886 (Madrid) - Diario "El Liberal" del 19/01/1887 (Madrid)

 

Aviso de Fernet-Branca como Anticolérico y vermífugo anticolérico - Diario "La Epoca" - 05/03/1886 (Madrid)

 

Aviso de Vino Anticolérico "con óptimo suceso en las epidemias de Nápoles de 1884 y Palermo de 1885"

Diario "Giornale di Udine e del Veneto Orientale" - 20/01/1887 (Udine)

 

A su paso por Córdoba, nuestra Colonia Caroya no fue indemne a la peste; su presencia en la comunidad será concluyente en la construcción de otro eslabón que será clave en su historia. Un modo de sintetizar las vivencias que los colonos tuvieron que enfrentar durante aquellos aciagos días es remitirnos a la entrevista que en 2017, por Radio Comunicar FM 90,7, le realizó Ariel Roggio a Martha Canale autora del libro "Fare l'America" publicado en 2001. La historiadora reproduce los recuerdos y anecdotario que le llegó, transmitido de boca en boca, desde su abuelo Nicolás quien, "... con otros señores, cuando apareció la epidemia del cólera tenía dos ayudantes muy fuertes, tenía un señor Raggiotti que era de Los Chañares que dice que era el más valiente de todos y era el primero en ir cuando alguno no se animaba a entrar. Raggiotti, Luigi Rossi, mi abuelo Nicolás Canale por supuesto y Don Honorio Sanz que ... había venido a vivir por Tronco Pozo por allá por el fondo ... esos cuatro eran sepultureros, ellos sepultaban a los atacados por el cólera. Tenían orden que venían autoridades de Jesús María a controlar a ver apenas se rumoreaba o tenían conocimiento que alguien había muerto se aseguraban ellos que ... los sacaran de la casa porque se propagaba en forma rapidísima y vivían muy poquitos días ... a ellos los iban a sepultar y luego quemaban todo, colchones, la ropa, todo". [Acceda a la entrevista completa a Martha Canale realizada por Ariel Roggio]

Marta Copetti de Lauret en su libro "Gringos de la Colonia II" cuenta que los colonos, "... por las noches, escuchaban el rodar de carros por las polvorientas calles, todos guardaban silencio y se santiguaban, allí estaban transportando un fallecido ... y lo hacían a esas horas para no alarmar más a la atribulada población".

 

Mural en la Parroquia de Ntra. Sra. de Monserrat que reproduce la epidemia de cólera en la Colonia

 

En este momento histórico, toma protagonismo el sacerdote friulano, nacido el 23 de abril de 1822 en Orgnano, José Bonoris quien había llegado recientemente a solicitud de los mismos colonos para que se radique en el lugar en reemplazo del Párroco de Río Ceballos Ambrosio Ramos de nacionalidad española. Silvia Gerosa y Silvia Cattoni en su trabajo común "El imaginario colectivo en un grupo de inmigrantes del noroeste cordobés: Colonia Caroya" reproduce, de manos de un descendiente, una carta escrita por su ancestro que, como testigo presencial, relata que "... todos los que quedaban sanos todavía fueron del Párroco a pedirles que los ayude, a pedirle a Dios tenga misericordia y piedad de ellos y el buen Párroco los animó diciéndoles vengan todos unidos y le hacemos un voto a Nuestra Patrona Santísima Virgen de Monserrat de llevarla en procesión en la primera fiesta suya y así repetir la fiesta procesional todos los años y que ella interceda a Dios que pare el cólera y el día que hicieron el voto, junto con el párroco, había dos enfermos y sanaron al instante y no se enfermaron más ninguno".

Párroco José Bonoris

 

Click para ampliar

Click para ampliar

Mural en la Parroquia de Ntra. Sra. de Monserrat que reproduce el pedido a la Virgen del 26 y 27/01/1887

 

Los razonamientos sustentados en la fe son imposibles de ser discutidos y aún cuando en todo el país la epidemia se extinguió a partir de los primeros días de febrero de 1887 no amerita, en lo más mínimo, la apertura de un debate totalmente innecesario.

En síntesis, el desarrollo de estos acontecimientos se sumará a un ciclo de eslabones sobre los que se construirá el relato histórico fundacional del que ya hemos hablado y que, abarcando desde la partida de Génova y pasando por la lucha contra la naturaleza y la aridez de la tierra, alcanzará la cima épica con el triunfo sobre la epidemia. Se creará, así, una memoria colectiva que es escrita con una significativa carga de epopeya mítica, donde los simbolismos religiosos sustentados en este milagro, encontrarán poderoso anclaje; coronándose, finalmente, con la promesa y construcción de la Parroquia de Nuestra Señora de Monserrat.

 

La Parroquia Nuestra Señora de Monserrat. Su construcción

La configuración que cobra la novel población encuentra una estética edilicia signada por el ladrillo cocido expuesto; la producción de los mismos, de muy buena calidad, se realiza en el lugar y se torna intensiva.

Noemí Goytia, Alejandro Romanutti y Lidia Samar en su ya referenciado trabajo "Los italianos en la Provincia de Córdoba" se refieren a las viviendas que, conservando las tradiciones friulanas, asumen un diseño "... de tipo longitudinal o en forma de 'L'; ... con el tiempo, se les va anexando módulos a medida que crece la familia ... con galerías, techo a dos aguas con tejas musleras ... la fachada [con orientación] a sur, casi ciega, con pequeñas ventanas de una proporción 'a la italiana' ... en uno de sus extremos el 'fogolar' que indica la zona de cocción". Las viviendas eran levantadas en comunión y armonía con las áreas productivas dando rápido acceso a las tierras de labranza, zonas de frutales, a los establos, a sitios de cría de pequeños animales, depósitos de herramientas varias y semillas o al clásico sótano donde se almacenaba el vino, las conservas, dulces y embutidos. Las casas contaban, además, con una nutrida vegetación que las rodeaba y que cumplían tanto para ornamentación como con fines de sombra.

A ese pequeño mundo así diseñado se le eligió un adecuado espacio donde cumplir con la promesa asumida en aquellos aciagos días de la epidemia de cólera. Con el doble padrinazgo de Vicente Agüero y su esposa, el 5 de agosto de 1888, se procede a la colocación de la piedra fundacional; con esta ceremonia, la obra de construcción de la Parroquia dedicada a Nuestra Señora de Monserrat se ponía en marcha.

 

Viejas fotografías que reflejan el momento histórico de la colocación de la piedra fundacional de la Iglesia Parroquial (Fotos cedidas por el Ing. Oderzo Beinat, Mendoza para el Istituto dell´Emigrazione Friulana - R. Appi y O. Burelli) (Archivo fotográfico "Friuli nel Mondo") - 05/08/1888

 

Mural en la Parroquia de Ntra. Sra. de Monserrat que reproduce la colocación de la piedra fundacional

 

Marta Núñez en su meticuloso trabajo "Colonia Caroya, cien años de historia" identifica que el predio elegido estaba ubicado en el centro geográfico de la Comunidad y pertenecía "... originariamente a Angel Pressaco [el mismo de la triste noche del 28 de febrero de 1879]; ... más quien donó el mismo donde se construyó la iglesia fue el colono Antonio Mediotti ... quien lo obtiene permutándoselo a Pressaco por una fracción de terreno de su propiedad de iguales dimensiones ubicado más al este".

Se haya ubicada en Av. San Martín 3720, la mítica avenida de los plátanos, esquina Presbítero Bonoris Sud, sobre el lote XV.

El largo camino a recorrer encuentra su segundo mojón en la oficialización de la Comisión encargada del proyecto. El Obispo de Córdoba Monseñor Fray Reynaldo Toro refrenda un decreto que, con fecha 6 de setiembre de 1888, designa como Presidente de la misma al Presbítero Ambrosio Ramos acompañado por el Presbítero José Bonoris como Vice Presidente, de la Secretaría se ocupará Sebastián Lépore, el manejo económico estará bajo la responsabilidad de José Romanutti y siete vocales completaran la nómina: Nicolás Cadamuro, Antonio Migotti, Santiago Cragnolini, Francisco Patat, Fernando Calligaro, Blas Peschiutta (que, años antes, había donado las tierras para la construcción de la pequeña Capilla de Tronco Pozo) y por último, un personaje central para la obra, Isidoro Tauro. En paralelo, se crea una Sub Comisión que, presidida por el Tesorero José Romanutti, contaba con cinco miembros que asumían la difícil tarea de recaudar fondos para el emprendimiento.

La responsabilidad de la obra recaerá, por decisión del Obispo Toro, en Fernando Calligaro; la Comisión nominará a Isidoro Tauro como su colaborador directo mediante una decisión tomada, según Marta Núñez, "... el 8 de octubre de 1888".

Para conocer más sobre Antonio Isidoro Tauro nos remitimos al trabajo que, realizado por Inés M. Belén Domínguez, lleva por título "El patrimonio histórico documental de la ciudad de Jesús María". De dicho texto extraemos que, con sus padres Giacomo y María Bortolussi, dos hermanos y dos sobrinas, Antonio "... que había estudiado en el Instituto Superior de Albañilería de Oderso ... llegó a la Argentina en 1887 procedente de Meduna di Livenza, provincia de Treviso en Italia ... instalándose en Colonia Caroya". Dedicado a la construcción, desde una empresa que incluyó a sus hijos y a los hermanos Roggio y Rizzi llevó a la práctica numerosos proyectos y obras tanto en Caroya como en Jesús María. Según Inés M. Belén Domínguez en esta ciudad sus manos dejaron sello en "... la Sociedad Italiana, la Iglesia del Colegio del Huerto, el Banco de Córdoba, la Estancia La Florida, El Cortijo y la Capilla del Hospital Vicente Agüero"; con el valor agregado que, "... en estas dos últimas, se desempeñó como constructor del arquitecto Juan Kronfuss". Serán las ideas y creatividad de Tauro las que se ocuparán de darle forma al diseño de los planos de la futura Parroquia.

Las obras se ponen en marcha con la llegada de cargamentos de piedra que, traídas desde las vecinas Sierras Chicas, constituyen el alma que le dará sustento a los cimientos del futuro edificio; la cal, inicialmente, llegaba por ferrocarril desde la capital provincial para luego ser reemplazada por producción local a partir de la construcción de hornos donde procesar la respectiva piedra y así, disminuir costos de modo sustancial. 

 

 

 

Murales en Ntra. Sra. de Monserrat que reproducen la construcción de la Parroquia

 

El Presbiterio, en particular, será obra exclusiva de Calligaro quien, una vez concluído, decorado, inaugurado y bendecido con dos días de fiestas realizadas a lo largo del 14 y 15 de marzo de 1891 y luego de reiteradas divergencias con su colaborador, abandonará el proyecto dejándolo en manos de Tauro.

Marta Núñez sostiene que la disidencia radicó en la altura que debía tener el Presbiterio; según su texto: "... Tauro era de opinión que ... debía alcanzar un metro y medio más que la que le había dado Calligaro quien terminó la construcción según su criterio". Continúa la autora basándose en el "Album de las Bodas de Oro" de la Parroquia donde se consigna que "... este incidente explica la desproporción entre la altura del Presbiterio y el resto de la Iglesia, que afea la estética del conjunto".

Si volvemos al "Album de las Bodas de Oro" rescatado por Marta Núñez en su trabajo vemos que la fiesta convocada con motivo de la inauguración del Presbiterio debió haber tomado dimensiones inusuales para el pueblo ya que no faltaron "... cantor y músicos venidos de Córdoba ... la Banda de Música de Jesús María ... fuegos artificiales ... cocina, vino, mesas y coches". Según la investigadora el Presbiterio, al momento de su inauguración, "... lucía pinturas realizadas por Pío Camuzzo mientras que la bóveda, tanto en lo que respecta a decoración como los mediorelieves, son de la autoría de Pedro Mauro".

 

Click para ampliar

Click para ampliar

 

 

Si bien, a partir de esta ceremonia, las actividades religiosas fueron trasladadas a este nuevo recinto; reemplazándose, así, el hábito de utilizar la Capilla de la Casona de Caroya; las obras continuarían durante varios años hasta la inauguración definitiva de la Parroquia en 1896; de este largo período de trabajo se pueden rescatar tan solo pinceladas aisladas de hechos o circunstancias, algunas de las cuales encuentran sustento en unos pocos documentos mientras que, en su mayoría, son conservadas en recuerdos arraigados en transmisiones y tradiciones orales.

Según Marta Núñez los distintos responsables que tuvo la obra integran una lista que es válido sean recordados: "Antonio Medeotti, Santiago Visintín, Pedro Roya, Francisco Peresotti y Francisco Bornancini". Muchas de las manos ejecutoras, desde oficiales a peones, no necesariamente lo hacían por una renta; eran varios los ejemplos donde el trabajo era entregado al proyecto de modo gratuito o al costo; sumando, además, horas extras a las, de por sí extenuantes, jornadas dedicadas a las tareas rurales cotidianas.

Marta Copetti de Lauret tiene la oportunidad de compartir una conversación con Pedro Tesino (1910-2003) y volcar sus vivencias en el libro "Gringos de la Colonia" de su autoria. De dicho intercambio extraemos unos párrafos donde Don Pedro, nacido en Tronco Pozo, rememora que "... su abuela le traía comida al abuelo cuando él trabajaba en la construcción de la Parroquia y cuando no había tanto trabajo se ponían a cortar ladrillos. En nuestra cortada hay más de 650.000 ladrillos de nuestra tierra sacados en todos esos años, más o menos el 30% de la totalidad. Solo cobraban el costo del material, creo que los mil a 8$ y eran de muy buena calidad porque se los hacía sin guano, solo con pura tierra negra. Los vecinos colaboraban mucho. Los bancos los hizo hacer el padre Francisco Pez. Los mosaicos los pusieron los Roggio de Córdoba y en cuanto a los frescos, me parece que eran italianos y se basaron en fotografías para pintarlos".

Marta Núñez rescata un documento que permite determinar que durante los primeros meses de 1896 se procede al techado del edificio. Según la autora en febrero de ese año se abona "... a Chiessa Hnos. la suma de 1.340,72$ por maderas para el techo de la Iglesia y a la Empresa del Ferrocarril del Norte 337,80$ en concepto de flete por transporte de madera desde Rosario a Jesús María".

 

Mural en Ntra. Sra. de Monserrat que reproduce la inauguración de la Parroquia el 31/05/1896

 

José Bonoris e inauguración de la Iglesia Parroquial - 31/05/1896 (Foto cedida por el Ing. Oderzo Beinat, Mendoza para el Istituto dell´Emigrazione Friulana - R. Appi y O. Burelli) (Archivo fotográfico "Friuli nel Mondo")

 

El 31 de mayo de 1896 se realiza el acto de inauguración de la Parroquia encontrando una pormenorizada crónica en el "Album de las Bodas de Oro de la Parroquia", según la misma "... para intuir los sentimientos que se entrelazaron alborozados en el corazón de aquellos primeros colonos, que en ocho años de trabajo duro y constancia a toda prueba, levantaron el magnífico templo parroquial de Colonia Caroya, penetrar en el alma santa y noble del Presbítero Bonoris, leer en sus ojos velados por lágrimas de profunda felicidad, todo el cúmulo de emociones que embargan su espíritu y, en unión espiritual con ellos, entonar desde lo más profundo de nuestra alma un himno de gracias a Dios, que fijaba su morada entre los muros de ese templo, levantado en el corazón geográfico de Colonia Caroya para irradiar desde él la luz divina de su gracia sobre todos los hogares de la Colonia".

 

Obispo Fray Reginaldo Toro

Dos años después, el 29 de abril de 1898, el Obispo Fray Reginaldo Toro rubrica un Decreto cuyo contenido rescatamos del trabajo "Colonia Caroya, cien años de historia" realizado por Marta Núñez; según el mismo, dado "... el pedido de los vecinos de Colonia Caroya, pidiéndonos que desmembremos del Curato de Colón, la parte de territorio que forma y ocupa la Colonia Caroya y que está perfectamente demarcada y la constituyamos en Curato y Vicaría". Tras cumplir con este proceso legal y a los pocos días, la Parroquia festejó el acontecimiento con la visita del mismo Obispo, el 5 de mayo de 1898.

 

Ultima acta de bautismo firmada por el Cura y Vicario José Bonoris previa a su muerte: "Oresto. El 25 de mayo de 1898 el infrascripto Cura y Vicario del Curato Colonia Caroya Obispado de Córdoba en la Iglesia de Nuestra Señora de Monserrat bautizé solemn a Oresto nacido el día 9 de abril de este año hijo natural de Doña Angela Fenati natural del Reino de Italia y vesina de esta Colonia Caroya. Fueron padrinos Don Matías Caligari y Doña Jacinta Scolati y para que conste lo firmo, Pbro. José Bonoris C. y Vrio." [Los errores de ortografía han sido reproducidos de modo textual]

 

Ultima acta matimonial firmada por el Cura y Vicario José Bonoris previa a su muerte: "Luis Ortolani con Luisa Giacoletti. El día 16 de junio de 1898 yo el infrascripto Cura y Vicario de Nuestra Señora de Monserrat de Caroya Provincia de Córdoba y Obispado de la misma en la Iglesia de Nuestra Señora de Monserrat previas las moniciones canónicas autorizé el Matrimonio de Don Luis Ortolani soltero de 30 años de edad natural del Reino de Italia y domiciliado en la Colonia Caroya de profecion agricultor y hijo legítimo de los finados José Ortolani y Maria Zanelli con Doña Luisa viuda del finado Pedro Gribol de 22 años de edad natural del Reino de Italia y domiciliada en la Colonia Caroya de profecion agricultora y hija legítima de Don José Iacoletti y de Doña Maria Ruciliani. Bendije este Matrimonio y fueron testigos del acto Don Vicente Caligaro y Doña Regina de Gribol y para que conste lo firmo, Pbro. José Bonoris C. y Vrio." [Los errores de ortografía han sido reproducidos de modo textual]

 

Ultima acta de defunción firmada por el Cura y Vicario José Bonoris previa a su muerte: "Ana Astolfo. El día 20 de junio de 1898 como Cura y Vicario de la Colonia Caroya Obispado de Córdoba mandé dar sepultura eclesiástica en el sementerio público al cadaber de Ana Astolfo natural del Reino de Italia de profecion costurera hija legítima del finado Domingo Astolfo muerta de tisis a la edad de 29 años hera casada con Isidoro Tauro. Recibió la Estrema-Unción y la Bendicion Papal y por ser así lo firmo, Pbro. José Bonoris C. y Vrio". [Los errores de ortografía han sido reproducidos de modo textual] [Otro hecho significativo de esta acta es que se refiere a la defunción de la joven esposa de Isidoro Tauro, artífice constructor de la Parroquia]

 

Pocos meses después de estos hechos significativos para la comunidad, el 27 de julio de 1898, el Párroco José Bonoris fallece.

 

Acta de defunción del Párroco y Vicario José Bonoris: "El 27 de julio de 1898 como Cura encargado interinamente de la Parroquia de Nuestra Señora de Monserrat de la Colonia Caroya Provincia y Obispado de Córdoba mandé dar sepultura eclesiástica (+) en el Cementerio público al cadaber del Presbítero José Bonoris natural de Orgnano Provincia de Udine en el Reino de Italia Cura y Vicario Interino de la Colonia De Caroya hijo legítimo de Carlos Bonoris y de Dominga Vinzani. Falleció el día veinte y seis de muerte natural a la edad de 76 años. Recibió el Sacramento de la Penitencia. (+) Con licencia de S. S. Elma. el Obispo Diocesano Reginaldo Toro se le dio sepultura en la Iglesia de Nuestra Señora de Monserrat y por ser así lo firmo,  Pbro. José Ametlla y Planell". [Los errores de ortografía han sido reproducidos de modo textual] [El Sacerdote Jose´Ametlla y Planell había sido Párroco en la Capilla de Salsacate entre los años 1875 y 1877]

 

 

Si bien la obra de la Parroquia había sido formalmente inaugurada, ésto no significa que los trabajos se consideraran concluídos en su totalidad; durante varios años se la continuó embelleciendo tanto en lo interno con nuevos altares y decoración como así también en el exterior del edificio. De hecho, durante la segunda década del siglo XX recién se pudo completar el revoque interior, el embaldosado total y la actualización del Altar Mayor.

 

La Parroquia Nuestra Señora de Monserrat. Su arquitectura

La planta de la iglesia es de tipo basilical con influencia románica, de tres naves, inscriptas en un rectángulo del que sobresalen el ábside facetado del presbiterio y los cuatro altares laterales. Desde el nártex al testero tiene una longitud de 46 m y el ancho de las tres naves es de 26 m. La nave central tiene techo a dos aguas y las laterales a una sola agua, todas cubiertas de tejas coloniales.

 

Planta y Basamento

 

La nave central, ritmada en cinco tramos con gruesas columnas, que tienen aplicadas, en cada cara, una pilastra con basa y capitel jónico, sobre la cual se desarrolla una pronunciada cornisa, está cubierta con bóveda de cañón corrido, cuya generatriz está compuesta por arcos de medio punto. Dado el excelente trabajo de decoración se visualizan como bóvedas de aristas.

 

   

 

En el centro de los espacios entre columnas y en el inicio de la bóveda se ubican las ventanas que, por su posición en plano vertical, generan lunetos profundos entorno a ellas y entre los arcos fajones. Las diez ventanas, de buen tamaño, inundan de luz natural el recinto. La imposta, profusamente decorada y de amplias proporciones, acentúa la perspectiva haciendo de buena base de toda la bóveda. El Arquitecto Hugo Daniel Peschiutta resalta "... el trabajo de pintura mural simulando mármoles ... mientras un riquísimo trabajo de capiteles y cornisas recorre todo el espacio, los cielorrasos simulan bóvedas de aristas, donde se encuentran pintados cielos azulados cubiertos de estrellas"

 

 

El inicio de la nave central, sobre el nártex se encuentra el coro alto con dos pequeñas luceras, Se accede a él, por una angosta escalera ubicada al costado de la nave del lado de la epístola.

 

Click para ampliar

Click para ampliar

 

Las naves laterales se ven coronadas por los altares del Sagrado Corazón y de la Sagrada Familia detrás de los cuales se ubican sendas sacristías. Con diseño y líneas más depuradas, el altar dedicado al Sagrado Corazón resalta por el uso, además del mármol, de una delicada terminación en ónix. El de la Sagrada Familia, con una simplicidad más afín a los altares laterales menores se conforma utilizando mármol y mampostería.

Otra mención significativa es que, sobre estas naves laterales, lucen una sucesión de altares menores cuyas configuraciones son de líneas austeras construídos en mampostería, mármol y en algunos casos, decorados con ónix. Los mismos son dedicados a San Antonio, Santo Cristo, Virgen de Lourdes, Virgen del Valle.

 

Altares Sagrado Corazón y Sagrada Familia

 

El Altar Mayor original es de mampostería con su sagrario y nicho de madera que, en conjunto, se exponen asociados al ábside. Las modificaciones propiciadas luego de las reformas Conciliares de mediados del siglo XX llevaron a que se desplace el altar de mármol y ónix hacia adelante del Presbiterio.

 

 

Un rasgo particular que le da significancia al conjunto es el vasto trabajo de murales que visten el interior de la totalidad del recinto. Ya hemos resaltado la valiosa realización que engalana el Presbiterio; por su parte, Carlos Camilloni es el responsable del proyecto de decoración pictórica que reconstruye la historia de la colonia desde la llegada de los primeros inmigrantes pasando por la epidemia, la promesa, la construcción de la Parroquia y las fiestas patronales en reconocimiento a la ayuda de la Virgen. Toda esta secuencia de murales, realizados en 1948, se exhiben distribuídos en la parte superior de la nave central, en cada tramo, sobre los arcos formeros y bajo la imposta. Estos frescos que, con anterioridad y de modo particular, ya han sido presentados a lo largo de este trabajo, son obra de Ferdinando Ferraris de Alessanfrías.

 

 

El templo está retirado de la línea municipal de la avenida, permitiendo un amplio atrio a modo de plazoleta; el mismo, aún dentro de su austeridad ornamental, tiene una estética visual que rememora la de obras de la región del Friuli, como el Duomo de Santa María Assunta de Gemona o la Chiesa di San Gottardo en Mariano del Friuli.

La fachada de lenguaje renacentista, orientada al nor-noreste, con eje vertical de simetría, se muestra en su conformación por un rectángulo central vertical flanqueado por sendos paños menores, unidos al primero con los clásicos aletones; en este caso, de bordes rectos que enmascaran el hastial de las naves laterales.

El cuerpo central de mayor altura, está flanqueado por dos pilastras lisas que simulan sostener un tímpano de borde superior curvo.

Se ingresa al templo por un portal de doble hoja de madera con tableros facetados, dintel recto y friso superior en arco de medio punto. El conjunto está bordeado por similares almohadillado rústico constituyendo un ingreso significativo por su forma y tamaño dentro del imafronte. Sobre el frontón, en el acrotenio, culmina la composición con la estatua de Jesús de pie, sosteniendo la cruz con el brazo izquierdo e impartiendo la bendición con la mano derecha. Una representación muy similar al Cristo Redentor de los Andes, construído para la misma época.

 

 

En el paño superior de este cuerpo central, en su eje de simetría, una hornacina bordeada y con pechina, aloja, sobre peana, la estatua de Ntra. Sra. de Monserrat con el niño. En los paños laterales se incluyeron hornacinas que exhiben, al izquierda, las estatua de San Antonio de Padua, Vice Patrono de la Parroquia y a la derecha, San Pablo de la Cruz, fundador de la Congregación de la Pasión.

 

Ntra. Sra. de Monserrat, San Antonio de Padua y San Pablo de la Cruz (Fundador de los Padres Pasionistas)

 

Originariamente la fachada principal, lucía ladrillo a la vista. En 1961 se procedió a su revestimiento con revoque simil piedra. En dicha oportunidad, el zócalo con cornisa, se cubrió con piedra de las Sierras Chicas. Las fachadas laterales mantienen el material a la vista, lo que permite observar el prolijo trabajo del ladrillo tanto en el aparejo como en las molduras y cornisas esculpidas. Volumétricamente, sobresalen los altares con tímpano, techados a dos aguas con cubierta de tejas coloniales. Una secundaria presencia destinaron al campanario. La espadaña con dos campanas se encuentra a la altura del comienzo del ábside del presbiterio.

 

 

 

 

 

Video - Año 2019 y 2020

 

 

 

Virgen Nuestra Señora de Monserrat

Concepció Peig en su trabajo "La Virgen de Montserrat y su 'morenez'. Análisis de su resolución plástica y contexto devocional en la edad media" se ocupa de efectuar una pormenorizada descripción de la histórica imagen de la Virgen de Nuestra Señora de Monserrat. Según la investigadora la talla es "... por aproximación entre las últimas décadas del siglo XII y las primeras del siglo XIII y su resolución se vincula con la estética románica avanzada". La descripción volumétrica la define como de "... 92,2 x 39,4 x 29 cm (altura x ancho x profundidad) y pesa 17,1 kg; trabajada originalmente en madera de álamo blanco". Continúa Peig asegurando que, si bien tuvo numerosas intervenciones a lo largo de los siglos, se puede asegurar tras exhaustivos estudios que "... la cabeza, el cuerpo (exceptuando brazos y manos) y el trono", son originales. La talla muestra a la Virgen sentada sosteniendo una esfera en su mano y exponiendo a su hijo con rasgos de Cristo adulto, sin sujetarlo con sus manos.

Es tan cuidado y extenso el trabajo de la investigadora que aconsejamos que quienes estén interesados se remitan al mismo; solo nos detendremos en la razón de la morenez de la imagen tal como ha llegado a nuestros días. Según Peig "... el informe técnico y radiológico de la talla realizado en el año 2001 constató que la policromía original del rostro de la Virgen fue de 'color claro/blanco' con contenido de plomo ... esta policromía o capa de pintura original de la carnación del rostro debió de alterarse con el paso del tiempo ... ennegreciéndose con el ión sulfuro presente en muchos ambientes". A esta alteración, "... suelen sumarse otros factores: acumulación de polvo, suciedad, etc". Quizás, lo curioso y significativo es que lo usual, frente a estas situaciones, era repintar con el color original; por el contrario, en este caso, las sucesivas intervenciones ratificaban e incentivaban la oscuridad del color; de hecho según la investigadora se han detectado capas intermedias de color "... marrón verdoso".

 

 

El Dr. Ignacio Duarte y Quirós se había ordenado sacerdote en 1650 y once años después le había adquirido a los Jesuitas la Estancia y Capilla ubicadas en Caroya Vieja; en 1684 proyecta, sobre un bien propio en la Ciudad de Córdoba, el Convictorio de Monserrat; tres años le insume la tramitación y ejecución de obras que, una vez concretadas, son donadas a favor de la jesuítica Compañía de Jesús conjuntamente con su estancia y capilla en la que permanecerá hasta el momento de su muerte en 1703.

 

Firmas y urna con los restos del Dr. Ignacio Duarte y Quirós - Biografía realizada por Pedro Grenón

 

El Padre Pedro Grenón en su "Biografía de Duarte Quirós y su obra", reproduce la escritura de donación que se concreta ante el Escribano de Su Majestad, Sargento Mayor Francisco de Olea, el 8 de julio de 1687. Lo legado involucra todos los bienes del sacerdote incluyendo "... las casas de su vivienda, calle en medio, con la Iglesia de la Compañía de Jesús ... estancia llamada Caroya con todo lo en ella edificado, poblado y plantado, de ganado mayores y menores ... 28 esclavos entre grandes y chicos, viejos y mozos ... la plata labrada de su uso y servicio ... las alajas de casa [se refiere al mobiliario] ... carroza con aperos y mulas ... la librería [bilbioteca] ... plata labrada y ornamentos de la Iglesia".

Al detenernos en este punto, dentro de un largo y pormenorizado detalle de diversos elementos sacros nos encontramos con la mención de "... una imagen de Nuestra Señora de Monserrat de vara de alto con su corona de plata ... otro lienzo de Nuestra Señora de Monserrat".

Luis Q. Calvimonte en su trabajo "Historia de la Sagrada Imagen 'Fundadora' del Real Colegio Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat de Córdoba" nos traslada al siglo XVII ubicándonos en el predio delimitado por la intersección de las actuales calles Obispo Trejo y Caseros de Córdoba Capital. El autor, basándose en datos aportados por Alejandro Moyano Aliaga, da cuenta que "... en el mismo sitio donde, en la actualidad, está la capilla Santa Teresa de Jesús", se encontraba la capilla primigenia cuya construcción "... la inició el Dr. Ignacio Duarte y Quirós en 1684, siendo bendecida en 1687 y permaneciendo en su estado original hasta 1730". Según lo consignado en la investigación, dicho ámbito "... era de unos 11 m de largo por 5 m de ancho ... con un retablo de madera labrada y policromada ... con tres hornacinas ... en la central se encontraba la imagen de Nuestra Señora de Monserrat".     

Esta imagen, con seguridad, es la que consta en el testamento descripto en detalle en la Biografía elaborada por el Padre Pedro Grenón.

En 1767 son expulsados los Jesuítas y al asumir los Franciscanos responsabilidades sobre los bienes de aquella Orden, propician una serie de decisiones y cambios que involucran el destino de la Virgen que nos ocupa generándose, según Calvimonte en su estudio, una sucesión de confusiones históricas.

Corría el año 1782 cuando, durante el rectorado de Fray Pedro José Parrás, se procede al traslado del Colegio Monserrat al edificio que había funcionado como Colegio Máximo durante la gestión jesuítica; ésta será su nueva y definitiva sede hasta el día de hoy. La propiedad abandonada quedará para uso exclusivo del Colegio de Huérfanas.

Será el Padre Grenón quien, en su biografía de Ignacio Duarte y Quirós, reproduce el texto realizado por Fray Parrás donde cuenta de como se ha procedido con la mudanza que comenzó en 9 de febrero de 1782 con "... repiques en todas las Iglesias por los tres días siguientes a las horas acostumbradas". El escrito detalla lo sucedido a lo largo de los tres días que duró el proceso; especificando que el 11 se trasladó a la Iglesia de la Compañía de Jesús "... la imagen de Nuestra Señora de Monserrat, no la antigua, o la que llamamos fundadora porque ésta, por muy pesada se trasladó anticipadamente y se colocó en el nicho del altar mayor, sino otra que se hizo nueva".

En 1839 regresan los Jesuítas y vuelven a hacerse cargo de sus viejas posesiones; entre ellas la Iglesia de la Compañía de Jesús y el Colegio Monserrat. Según Calvimonte en su investigación describe que un inventario efectuado durante esas actuaciones daba cuenta que en la Iglesia, "... en la parte superior del altar, está la imagen de Nuestra Señora y el Niño en las manos". Dentro de las obligaciones que debían asumir los responsables de la Orden eran las de crear una nueva capilla dentro del Colegio y transferir a la misma "... un cáliz, vinajeras, un crucifijo, una mesa que sirviera de altar ... la imagen de Nuestra Señora de Monserrat".

Una serie de circunstancias demoran la mudanza: la necesidad de reacondicionar la Virgen por el estado en que se encontraba así como garantizarle un futuro y digno espacio, la nueva expulsión de los Jesuítas de Córdoba ocurrida entre 1848 y 1859. De este nuevo período, Calvimonte rescata un Cuadernillo que deviene en un dato sustancial; según el mismo, en la Iglesia, durante el año 1872 "... se sustituye la imagen de la Virgen de Monserrat del altar mayor por la de San Ignacio".

La Capilla termina siendo construída, acondicionada y ornamentada. Durante el período 1864/1875 bajo el Rectorado del Dr. Emiliano Cabanillas toma protagonismo la hermana de éste, Tránsito Cabanillas quien es la fundadora de las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas que se consolida, por aquellos años, en el barrio San Vicente de Córdoba. Una vez fallecido su hermano y atento que el Colegio Monserrat, por Decreto Nacional de 1878, dejaba de ser internado desactivando, por ende, su capilla; la Madre Tránsito decide gestionar la cesión del contenido sacro de la misma.

Volvamos a la investigación de Calvimonte donde consigna que una Hermana colaboradora de la Madre Tránsito vuelca en cuadernos de gestión que su superiora "... fue bien atendida en el Colegio Monserrat, llevándose hasta la estatua de la Santísima Virgen, que era la patrona". Según el mismo estudioso, es el mismo Colegio quien redacta un documento bajo el título "Lista de los objetos pertenecientes a la Capilla del Colegio Nacional de Monserrat, entregados a la Sra. Dra. Tránsito Cabanillas por orden del Sr. Rector", consigna, entre un largo listado de elementos, lo sustancial: "Una imagen de la Virgen Santísima con un nicho grande con vidriera". Todo fue llevado a la Casa Madre de la Congregación y en particular, la Virgen en su nicho es colocada en el "... llamado, Salón Monserrat".

 

Imagen del Libro de Luis Q. Calvimonte y detalle de la Virgen de Nuestra Señora de Monserrat en su nicho

 

A fines de los años '30 del siglo XX, el Sacerdote Pedro Grenón trabajando sobre la biografía del Presbítero Dr. Ignacio Duarte y Quirós, propietario de la Estancia Caroya Vieja y fundador del Real Colegio Convictorio de Monserrat, aseguraba que la "... Efigie de Nuestra Señora llamada en Córdoba desde muy antiguo 'Nuestra Señora de Monserrat', apellidada también 'La Fundadora' es tallada en madera muy pesada y de tamaño natural. Venerábase en el altar mayor de la Compañía, en Córdoba, adonde fuera trasladada en febrero de 1782 cuando pasó el Colegio de Monserrat de su antiguo edificio (hoy Asilo de Huérfanas) al solar actual. Se venera en la Iglesia Parroquial de Caroya Nueva. Había sido cedida por el P. Superior de la Compañía a petición del Excelentísimo Señor Obispo Reginaldo Toro". Así se refería el autor a la imagen presente y honrada en la Parroquia de Colonia Caroya.

 

Será Luis Q. Calvimonte quien, en un sesudo trabajo de investigación que llevó por título "Historia de la Sagrada Imagen 'Fundadora' del Real Colegio Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat de Córdoba", fundamentará diferencias significativas con este relato. Refiriéndose a la obra, el autor afirma que "... es una bella talla de las llamadas imágenes de bulto, de 1,20 m. Es de madera arcillada y policromada. Su antigüedad es indiscutible y, tal como se sostiene, fue enviada por los jesuítas de Córdoba a solicitud del Obispo Reginaldo Toro"; además, reconoce como atendible la versión que, la misma, se hallaba "... en el Colegio Máximo de la Compañía de Jesús antes de la expulsión [de los jesuítas] en 1767 ... representando a Nuestra Señora de la Paz". Continúa el investigador mencionando que existe otra opinión, en este caso del "... Sacristán [de la Parroquia de Colonia Caroya durante los últimos 50 años] Don Andrés Mario Miranda", quien, según consta en lo transcripto por Calvimonte, la asocia con "... Nuestra Señora de la Rosa".

Sin que ésto implique tomar posición alguna, analicemos las anteriores posibilidades sugeridas.

En el caso que fuese "Nuestra Señora de la Paz" la comparación sería forzada ya que la Virgen debería estar ofreciéndole a su niño una rama de palma o de olivo. Frente a la otra opción del Sacristán, apelando a mucha amplitud de criterio y luego de analizar el mural que viste la parte superior de la nave central previo al ingreso al Presbiterio nos encontraremos con la imagen de la Virgen de Monserrat luciendo varios elementos propios e identitarios de la original catalana (cerros, monasterio, esfera, piña) y dos diferencias llamativas, en particular: el color de la piel y un ramillete de flores del tipo de las Rosas caninas. Respecto a esto último obsérvese que el niño tiene una mano en señal de bendición mientras que con su izquierda, retiene una piña; la virgen, por su parte, con la mano derecha sostiene una esfera representativa del universo mientras que, con su izquierda, exhibe una cruz. La pregunta obligada es: ¿con qué mano sostiene el ramillete?

Mural en la Parroquia de Colonia Caroya reproduciendo una imagen de Nuestra Señora de Monserrat

donde confluyen elementos propios de la catalana como algunos detalles particulares y distintivos

 

Hacemos esta referencia a una supuesta similitud con las Rosas caninas ya que, si ahora nos detenemos en la flor que la talla de la Virgen expone en su mano, también en ella encontraríamos ciertas características afines; de ser así, lo siguiente sería cotejar con el ramillete de este mismo tipo de rosas silvestres que, la sedente "Madonna della Rosa" de Florencia, pone al alcance de la mano de su hijo mientras lo sostiene en sus brazos.

Cuando se desconocen algunas fechas y razones, lo correcto es no apartarse de un rumbo que debe ser recorrido, en todo momento, tan solo como un respetuoso y honesto juego de hipótesis.

Por ejemplo, luego de observar la fotografía publicada en 1953 en "Friuli nel Mondo" donde la flor está ausente en la mano de la imagen venerada, nos ayudaría a encontrar algunas respuestas conociendo, ¿cuándo dicho ornamento fue incorporado y por qué se eligió ese tipo en particular?

 

Rosa canina, detalle actual de la mano de la Virgen, imagen publicada en 1953 en "Friuli nel Mondo"

 

Dejando a un lado estas subjetivas apreciaciones, Calvimonte no tiene dudas cuando concluye que la virgen recibida debió "... ser adecuada para que respondiera a la imagen de Nuestra Señora de Monserrat, pues algo de éso se hizo, ya que se le agregó una silla que sirviese de trono. Es evidente que no es la figura tradicional de la efigie y menos aún puede tratarse de la imagen 'Fundadora' del Colegio Monserrat".

El historiador en su trabajo de investigación asegura que, para la fecha de la llegada de los inmigrantes, "... existía aún la antigua capilla del Colegio [se refiere a la Capilla de la Casona de Caroya], la cual dependía del Curato de Anejos Norte, con sede parroquial en Río Ceballos. La capilla se encontraba muy bien ornamentada, existiendo como imagen titular una pequeña efigie de la Virgen de Monserrat". El autor sustenta su aseveración en inventarios de 1878 incorporados en documentos del Archivo del Arzobispado de Córdoba según los cuales "... la efigie de Nuestra Señora de Monserrat, está regularmente adornada en un nicho, puesta en el mismo retablo, el que es de madera".

Confirmado ésto, queda un importante y significativo misterio a develar: el destino de la imagen a la que, en procesión, fueron los colonos a solicitarle el fin de la epidemia. La Virgen de Monserrat que, como también ha quedado claro, no es aquella de los tiempos de Duarte y Quirós que ya había abandonado esas tierras hacía poco más de un siglo en dirección a Córdoba.

Lo que también es complejo de responder es la razón por la que, iniciados de modo regular aunque precariamente los servicios en la nueva Parroquia durante 1891, la imagen no fue llevada a un ámbito que había sido erigido en su honor en cumplimiento de aquel prometido voto.

En el corto tiempo que va desde la promesa en 1887 hasta la inauguración del Presbiterio en 1891 no constan elementos documentales o escrito alguno que ayuden a aclarar el enigma; más aún, cuando un inventario de ese año 1891, reproducido por Calvimonte en su libro, asegura que existía "... un pequeño templo que es la misma capilla que fue del Colegio Monserrat ... [en el mismo] la efigie es la Patrona Nuestra Señora de Monserrat ... sentada en una peña o monte artificial. Tiene corona y diadema de plata. Un niño en los brazos con una pequeña diadema de plata, y en la mano, una piña, también de plata. Así mismo se detallan otras alhajas y vestidos de fiesta que tenía la Virgen".

En este punto, el historiador, da cuenta que la Estancia junto con las 100 hectáreas oportunamente reservadas habían sido vendidas en 1890 a Ramón Ignacio Olmos quien, es más que entendible, haya asumido como bienes propios tanto la Capilla como su contenido. Según su investigación, luego de una hipoteca impaga, la propiedad fraccionada es rematada y pasa a distintas manos particulares con posteriores nuevas ventas y cambios de titularidades haciendo que la virgen transite un derrotero imposible de reconstruir.  

 

 

Pinceladas históricas

  • El ahorro de los italianos: En paralelo que la epidemia de cólera invadiera Argentina y bajo el título "Los italianos del Plata", un pequeño artículo publicado en el diario "Giornale di Udine e del Veneto Orientale" del 15/12/1886 da cuenta de los ahorros de italianos depositados en el Banco de la Provincia de Buenos Aires. Según el detalle, los naturales de Italia tenían 15.493 cuentas que sumaban depósitos por 61.255.330 francos. La nota resalta que la información refiere a una única Institución de una sola localidad; se exalta el hecho que no se tiene en cuenta el dinero resguardado en otros bancos y ciudades tal el caso, por ejemplo, del Banco de Italia y Río de la Plata. Otra curiosidad que nos ofrece este relevamiento, es que los ingleses con un número muchísimo menor de cuentas (el 8% de las italianas) habían acumulado un capital cercano al 25% de los peninsulares.

  • Un relato irónico: Aún, a mediados de 1886, la epidemia de cólera causaba graves consecuencias en Italia; la enfermedad debía esperar a setiembre para empezar a menguar hasta lograr ser controlada. El Semanario de carácter satírico llamado "Florean dal Palazz", creado, dirigido y escrito en dialecto friulano por Guido Antoniali, ya llevaba cuatro años apareciendo en Udine. Hasta el título de la publicación remite al carácter humorístico del mismo atento que Florean era el modo que los udineses identificaban, en sorna, al Hércules que se elevaba frente al Palacio Comunal. En su número del 10 de junio de 1886, publica un texto irónico que llevó por título "El miedo al cólera".

Acceda al mismo y su respectiva traducción

  • Chino Ermacora visita la Colonia: El periodista, en su carácter de Director Responsable de "Friuli nel Mondo" y tras una larga recorrida por el país visitando distintos Centros de la Comunidad Friulana (Buenos Aires, Eva Perón, Avellaneda, Bahía Blanca, Rosario, Mendoza, etc), llega a Colonia Caroya el 23 de agosto de 1953. Su paso se verá reflejado en una emotiva nota reproducida por la publicación a fines de ese año. Bajo el título "Primavera en Colonia Caroya", el artículo define a la comunidad como "la nueva patria chica de los friulanos"; para luego, extenderse en detalles sobre la recepción que se le hizo donde toda la colonia estuvo presente. La misma, incluyó una visita a la Parroquia de Nuestra Señora de Monserrat, a la Cooperativa La Caroyense, un desfile de "... dos carros con los primeros colonos, el grupo de fundadores: hombres y mujeres, camisas impecables, aros en las orejas, pañuelos de seda negra en las cabezas, corbatas al cuello, cabellos juveniles; todos entre setenta y noventa años" y, con casi 800 asistentes, un almuerzo posterior que incluía variedad de fiambres como entrada, la tradicional "brovada friulana cul muzêt", polenta, pollo, quesos y frutas; todo acompañado por un especial vino típico del lugar.

 

 

 

Datos complementarios:

 

2 de febrero: Fiestas Patronales en honor a Nuestra Señora de Monserrat

Tercer domingo de marzo: Fiesta Nacional de la Sagra de la Uva

13 de junio: Festividad de San Antonio de Padua

 

 

 

 

 

Fuentes de consulta:

  • Núñez, Marta: "Colonia Caroya, cien años de historia" - Córdoba - 1978

  • Secco, Rino: "Antologia d´immagini - Foto d´archivio: San Giorgio della Richinvelda tra l´ottocento e il novecento" - 1985

  • "Album de las Bodas de Oro de la Parroquia"

  • "Friuli nel Mondo": Archivi - Foto Storiche, Argentina, Colonia Caroya

  • "Friuli nel Mondo": Año II, n°7 - Nov/Dic 1953

  • Sistema Bibliotecario di Udine e dell'Hinterland Udinese (sbHu) - "Giornale di Udine" y "Giornale di Udine e del Veneto Orientale" - Diversos números correspondientes a 1877, 1878, 1886 y 1887

  • Sistema Bibliotecario di Udine e dell'Hinterland Udinese (sbHu) - "Il cittadino italiano" - Año I, n°23 - 28 y 29 de enero de 1878

  • Sistema Bibliotecario di Udine e dell'Hinterland Udinese (sbHu) - "Florean dal Palazz" - Año IV, n°17 - 10 de junio de 1886

  • Diario "Satana" - Buenos Aires - 16 de noviembre de 1879 (Biblioteca Nacional Argentina)

  • Diario "El Eco de Córdoba" - distintos números de 1878 y 1879

  • Diario "El Progreso" - 16 de marzo de 1878

  • Diarios "La República" y "La Tribuna" - 1875/1876

  • Boletín de la "Associazione Agraria Friulana" - 1878 y 1879

  • Pecile, Gabriele Luigi - "Crónica de la emigración" - Boletín de la Associazione Agraria Friulana - 1878 y 1879

  • Wener, José Ignacio: "Elenco de publicaciones periódicas italianas de Buenos Aires (1854-1910) - UBA - 2018

  • Baravalle, Mariana: "La prensa y la inmigración en la Biblioteca Nacional Argentina" - Hemeroteca de la BNA

  • Diario "L´Operaio Italiano, Organo degli interessi italiani al Plata. Giornale quotidiano di politica, commercio, industrie, science, belle arti, letteratura, notizie, avvisi" - 1878 y 1879

  • Diario "La Patria/La Patria Italiana, Diario de la mañana político, literario, comercial, noticioso" - 1878

  • Fernández, Alejandro: "La ley argentina de inmigración de 1876 y su contexto histórico" - Universidad Nacional de Luján - 2017

  • Innocenzi, Erica: "L'immigrazione Italiana in Argentina, una narrazione al femminile" - Facoltà di Lettere e Filosofia - Catedra di Letteratura Ispanoamericana, 2013/2014

  • Gallardo, Rodolfo: "La casa de Caroya, predilecta de la historia" - Revista de la Junta Provincial de Historia de Córdoba - n°8 - 1978

  • Bischoff, Efraín U.: "Y ellos forjaron un pueblo: historia de Colonia Caroya" - 1968

  • Valle, Elena: "Y ellos consiguieron el agua" - Nueve Ediciones, Córdoba, 2008

  • Huernos, Marcelo: "Atracción, recepción y hospitalidad. Asilos y hoteles para inmigrantes en la Argentina (1812-1953)" - UNTREF y Muntref - Museo de la Inmigración - Navegar, 2016

  • Grossutti, Javier Pablo: "La emigración del Friuli Venezia Giulia en Argentina y Uruguay" - Universidad de Trieste

  • Braidot, Víctor J.: "Avellaneda nel tempo" - Fondazione Cassa di Risparmio di Gorizia - 2003

  • Grossutti, Javier Pablo: "Mujeres de Friuli (Italia) en el Plata: transformaciones migratorias entre los siglos XIX y XX" - Revista de Demografía Histórica, XXXV, II - 2017

  • Remedi, Fernando J.: "Los alcances del crecimiento económico, pobreza y alimento escaso en la Argentina agroesportadora (Córdoba, fines del siglo XIX e inicios del XX)" - Diálogos - Revista do Departamento de História e do Programa de Pós-Graduação em História, vol.13 n°1 - Universidade Estadual de Maringá - Brasil, 2009

  • Coni, Emilio: "El saneamiento de Buenos Aires" - Folleto, 1895

  • Ramos Mejía, José María: "Memoria de la Intendencia Municipal de la Capital de la República Argentina correspondiente a 1886" - Buenos Aires, 1887

  • Dall'Agnola, Massimo y Bevilacqua, Anna: "La presencia italiana en Argentina: Historia y carcterísticas del fenómeno migratorio" - Universidad de Venecia e Instituto de Investigaciones Históricas y Estratégicas - Venecia - Italia

  • "Registro Nacional de la República Argentina - Año de 1878" - Tomo XVII - Imprenta La Tribuna -Buenos Aires - 1878

  • "Registro Nacional de la República Argentina - Año de 1879" - Tomo XVIII - Imprenta La Tribuna -Buenos Aires - 1879

  • "Digesto de Leyes, Decretos y Resoluciones, relativos a tierras públicas, colonización, inmigración, agricultura y comercio - 1810-1900" -  Ministerio de Agricultura - Compañía Sudamericana de Billetes de Banco, 1901

  • Inciso di Camerana, Ludovico: "Argentina, gli italiani e l'Italia, un altro destino" - Milano - Ispi-Spai - 1988

  • Copetti de Lauret, Marta: "Gringos de la Colonia" - Producción: Asociación Friulana ALEF y Círculo Colonia Caroya y Jesús María - Impresos Silem, 2009

  • Copetti de Lauret, Marta: "Gringos de la Colonia II" - Impresos Silem, 2012

  • Famlity Search

  • De Amicis, Edmundo: "Sull'Oceano" - Milano - 1889 (1)

  • Bravo Tedín, Miguel: "Colonias entre dos siglos desde el periodismo" - 2014 (2)

  • Prencipe, Lorenzo y Sanfilippo, Matteo: "Per una storia dell'Emigrazione Italiana: Prospettiva Nazionale e Regionale" - Museo Nazionale Emigrazione Italiana - Gengami Editore, Italia - 2016 (3)

  • Gerosa, Silvia y Cattoni, Silvia: "El imaginario colectivo en un grupo de inmigrantes del noroeste cordobés: Colonia Caroya" - Presencia e Identitad de los Italianos en Córdoba (Trinidad Blanco de García), 1999 (4)

  • Prevedello, Nora Lilí: "Identidad étnica de la comunidad caroyense de origen friulano" - Presencia e Identitad de los Italianos en Córdoba (Trinidad Blanco de García), 1999 (4)

(1) (2) (3) (4)
  • "Memoria de la Comisaría General de Inmigración - Año 1878" - Imprenta de "La Tribuna" - 1879

  • Achaval, Emilio: "Informe anual del Comisario de la Colonia al Comisario General de Inmigración Don Juan Dillon" - 1879 [ACCEDA AL INFORME COMPLETO]

  • Alvarez, Adriana: "El brazo médico del Estado Argentino. Artesanos de un modelo de ciudadano, de ciudad y de Nación. Buenos Aires 1880- 1920" - Facultad de Humanidades - Maestría en Historia - Universidad Nacional de Mar del Plata, 2016

  • Alvarez Cardozo, Adriana Carlina: "La aparición del cólera en Buenos Aires, Argentina - 1865/1996" - HiSTOReLo  Revista de Historia Regional y Local - Vol. 4 - N°8, 2012

  • Fuster, María Teresa: "El Perseo, el barco maldito - La epidemia de cólera de 1886" - Revista Legado (Archivo General de la Nación) - n°3, 2016

  • Semanario "Don Quijote" - diciembre 1886 y enero 1887 - Proyecto Patrimonio Histórico - Instituto Ravignani - Facultad de Filosofía y Letras - UBA/Conicet

  • Almanaque "Don Quijote" 1887 y 1888 - Biblioteca Nacional Argentina

  • Carbonetti, Adrián: "Medicalización y cólera en Córdoba a fines del siglo XIX. Las epidemias de 1867-68 y 1886-87" - Anuario de Historia Regional y de las Fronteras - Vol. 21 n°2, Universidad Industrial de Santander, Bucaramanga, Colombia, 2016

  • Gargiulo, María Cecilia: "El cólera: oportunidades de control y resistencias populares. Tucumán 1886-1887" - Instituto Superior de Estudios Sociales - Conicet/Universidad Nacional de Tucumán, 2011

  • Diarios: "La Epoca", "La Correspondencia de España", "La República" y "El Liberal" de Madrid, 1886/1887 - Hemeroteca Digital - Biblioteca Nacional de España

  • Domínguez, Inés M. Belén: "El patrimonio histórico documental de la ciudad de Jesús María: potencialidades para la historia regional/local" - Archivos, fuentes e historia en la Provincia de Córdoba (Argentina): patrimonio histórico documental y prácticas historiográficas - Centro de Estudios Históricos "Profesor Carlos S. A. Segreti" - Córdoba, 2016

  • Canale, Martha: "Fare l'America" (2001) - Entrevistada por Ariel Roggio en Radio Comunicar - Colonia Caroya - FM 90.7, 2017

  • Camilloni, Carlos y Ferraris de Alessanfrías, Ferdinando: "Historia de Colonia Caroya" - Murales en la Parroquia de Nuestra Señora de Monserrat

  • Goytia, Noemí; Romanutti, Alejandro y Samar, Lidia (Universidad Nacional de Córdoba, 1997): "Los italianos en la Provincia de Córdoba" - "Arquitectura y urbanística de origen italiano en Argentina - Tutela y valorización de un extraordinario patrimonio cultural" - Compiladores: Ave, Gastone y De Menna Emanuela - Editorial Gangemi - Roma, 2010

  • Acevedo, Mariana Patricia: "La dimensión normativa de la memoria colectiva. La procesión de la Virgen de Monserrat: el compromiso colectivo de continuar la promesa" - X Jornadas sobre alternativas religiosas en América Latina - Sociedad y Religion en el Tercer Milenio - Asociación de Cientistas Sociales de la Religión en el Mercosur, 2000

  • Solveira, Beatriz R.: "Inmigración y cooperación en una comunidad de origen friulano. Colonia Caroya 1878-1978" - Universidad Nacional de Córdoba - Universidad Católica de Córdoba - Conicet - "Miradas desde la Historia social y la Historia intelectual. América Latina en sus culturas: de los procesos independistas a la globalización", 2012

  • Peschiutta, Hugo Daniel: "Colonia Caroya, el espacio, realidad física y mundo simbólico" - Municipalidad de Colonia Caroya, 2005

  • Grenón, Pedro: "Biografía del Dr. Duarte Quirós y su obra" - 1937

  • Calvimonte, Luis Q.: "Historia de la Sagrada Imagen 'Fundadora' del Real Colegio Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat de Córdoba" - Editorial Copiar - Córdoba, 1995

  • Peig, Concepció: "La Virgen de Montserrat y su 'morenez'. Análisis de su resolución plástica y contexto devocional en la edad media" - Universitat Internacional de Catalunya - Barcelona, 2010

 

 

 

ll Home ll Objetivos ll Búsqueda ll por Nombre ll por Localidad ll Mapas ll Patrimonio ll Glosario ll

ll Fiestas ll Las Capillas y el Arte ll Biografías ll

 

La Página Web "Capillas y Templos" es una iniciativa privada sin fines de lucro que no mantiene vinculación alguna

con los distintos templos aquí descriptos como así tampoco con la Iglesia Católica

ni con ningún otro Credo Religioso u Organismo Gubernamental.

 

La Página Web "Capillas y Templos" se encuentra inscripta en la Dirección Nacional del Derecho de Autor, bajo números:

884418 del 26 de octubre de 2010

4985831 del 23 de diciembre de 2011

5077053 del 07 de febrero de 2013

5234137 del 05 de junio de 2015

5339188 del 21 de marzo de 2017 y

6889901 del 31 de enero de 2019

Se prohibe la copia y/o reproducción parcial o total del material contenido en la presente Página

sin la expresa autorización de los autores de la misma.

De modo explícito, no autorizamos ningún tipo de utilización del presente contenido

que signifique fines comerciales y/o rentables.