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Federico Aseloni

1889 -1953

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INMACULADA CONCEPCION

Una historia de emigrantes a fines del siglo XIX

El presente relato es ficcional (*)

 

 

Fue el último en subir al carro.

Su esposa, sus dos cuñadas menores, su anciana madre y dos de sus tres hijos lo observaban desparramados entre bolsas de desteñida tela y valijas de cartón.

Demoró un largo tiempo, quería llevarse un pedazo de las montañas que se dibujaban a su espalda, el aire que envolvía la plaza del pueblo, la frescura del agua que manaba en la fuente, el pañuelo negro que vestía de tiempos idos la cabeza de la arrugada comadre que, llorosa, espiaba la escena desde el cercano balcón.

Poco cabía en su equipaje frente a lo tanto que deseaba juntar; no importaba si era para recordar más tarde o para olvidar definitivamente.

Era una colección de desteñidas fotos que mezclaban recuerdos y dolores; un primer hijo muerto al nacer; la tierra que, cada mañana, estallaba entre sus dedos cuando doblegaba su alma en campo ajeno; los labios partidos de humillación y frío; el silencio que muerde odio; la impotencia del hambre y el castigo frente al huevo robado; antiguas batallas del pasado y futuras juradas guerras que despedazaban vidas llevando y trayendo las fronteras, las religiones y los idiomas; epidemia que hizo huérfanas a su esposa y sus dos hermanas; su padre de tumba ausente muerto por rebelarse ante tanta injusticia cuando él, apenas era un niño.

Apretó a su pequeño hijo entre sus brazos, pidió por su familia a San Vigilio, bajó la vista, acomodó el pie en el pescante y con suave impulso se hizo lugar entre los suyos.

"Andiamo" - fue lo único que le nació decir y se obligó a no volver la vista atrás mientras el carro, cansina y penosamente, iniciaba su marcha hacia Trento donde esperaba un tren y una nueva y misteriosa historia de vida.

A medida que se alejaban, su pueblo se iba disolviendo entre verdes y montañas, guardando entre sus pliegues rocosos las muy lejanas historias de bravías luchas de austríacos contra la República de Venecia y los sordos lamentos de cada moribundo de las más recientes invasiones napoleónicas.

 

Batalla entre Trento y la

República de Venecia - 1487

Invasión napoleónica - 1796

(Composición fotográfica)

 

De los ecos de aquellos riscos y de las turbulentas aguas del Adige fluían, angustiosos, los gritos de las estériles batallas de tantos que, como él, gastaron años apostando a sobrevivir.

Horas después y frente a su vista, Trento emergía como una gran ciudad; lucía imponente asombrando con su nítida estética tirolesa. Sería la primera y la última vez que la vería.

En aquellos años de fines del siglo XIX, muchos campesinos y artesanos del Trentino en general habían tomado la decisión de abandonar su tierra en busca de nuevos horizontes.

En el anden de la estación se iban reconociendo, algunos buscaban juntarse y cuidarse, otros se desconfiaban, compartían y se negaban agua y pan, la mejor solidaridad  se mezclaba con la peor humana miseria, todo se volvía desdibujado y sombrío dentro de aquella densa bruma que la locomotora desparramada mientras pedía a gritos que le suelten los frenos para, también, irse definitivamente de aquel lugar.

Un par de días les llevó llegar al puerto del Havre, los corazones se les inundaron de temor frente a la amorfa y gigantesca masa de gente que deambulaba sin aparente lógica alguna; cada grupo familiar con sus equipajes se fundía y solidificaba en un solo cuerpo; los pasajes de la Compagnie des Chargeurs Reunis y los pasaportes resistían a no morir estrangulados por los callosos dedos de manos transpiradas y temblorosas.

Con algo de organización y nada de paciencia se separaron a las mujeres con sus hijos de los hombres, las largas filas así formadas atravesaron los controles para asomar finalmente al muelle donde sendas largas planchadas los invitaba a subir al vapor.

En ese momento comprendió que ya no había retorno; pensó que quizás el futuro le daría una oportunidad de volver a besar su tierra. Fue tan solo por un instante pero ese pensamiento fue lo suficiente fuerte para ya no pensar más en nada.

Mientras subía alcanzó a ver, en inmensas letras, el nombre del buque dibujado en la proa del navío; al levantar la vista lo impresionó la chimenea con intensas estrellas moradas pintadas sobre fondo blanco. Es todo lo que vio antes de sumergirse en las fauces del barco. Bajó y siguió bajando, escalera tras escalera, hasta encontrarse con largas y oscuras barracas atestadas de camas marineras apiladas de a tres.

El primer atardecer a bordo lo encontró en cubierta fumando un cigarrillo armado con meticuloso cuidado, muchos como él se apretaban contra las barandas y se dejaban herir por el aire frío mientras se teñían de un rojo sol que se desparramaba, indolente, en el horizonte.

A través del humo de su cigarrillo vio que en medio de aquel rojo intenso, acurrucado, asomaba un sueño; en ese instante se sintió aliviado y en paz.

(*) Como decíamos al principio, el relato anterior es totalmente ficcional. Sirva el mismo tan solo como homenaje a tanto emigrante, sin distinción de nacionalidad, ideología o religión, que debieron abandonar con profundo dolor sus pueblos en busca de una nueva esperanza de vida en nuestras tierras.

 

Nova Trento

 

Bandera y Escudo de Nova Trento

 

Era octubre de 1875 y hacía tan solo dos años que el San Martín había sido botado por la Forges & Chantiers de la Méditerranée. Con sus más de 2200 toneladas era uno más de los que, para la Compagnie des Chargeurs Reunis, cumplía con la ruta a Río de Janeiro. Era uno más que traía emigrantes europeos a las tierras sudamericanas.

La falta de interés comercial que ofrecían Buenos Aires y Montevideo así como las pésimas condiciones de navegabilidad del Río de la Plata no tentaron a la Empresa a continuar viaje hacia el sur hasta varios años después. De hecho el San Martín, que fue uno de los que ampliarían su ruta, tendrá un triste final ya que zozobrará en 1889, atrapado por la niebla, en las marrones aguas de nuestro Río de la Plata frente a Montevideo.

La llegada a Brasil de dicho navío se concreta a principios de enero de 1876. Pocos son los días que los trentinos embarcados en el mismo permanecen en Río de Janeiro para dirigirse luego hacia el sur en busca del Estado de Santa Catarina donde otros coterráneos, venidos unos pocos años antes, habían logrado asentarse.

El soñado paraíso de bienaventuranza se disuelve doloroso frente a una realidad donde el clima húmedo y agobiante, los insectos, las enfermedades y las durísimas condiciones laborales los ponen a prueba una vez más. Las explotaciones forestales, el café y la caña de azúcar pasan a darle forma a su cotidianeidad.

La comunidad se aglutina, toma fortaleza y adquiere identidad bajo el nombre de Nova Trento en clara síntesis de portugués y nostalgia.

Los meses y los años transcurren; nuevos trentinos se suman a la comunidad que, al tiempo que crece en número,  comienza a dividirse entre dos posturas antagónicas. Una fracción, finalmente, decide buscar un nuevo destino, más al sur, en Argentina.

 

Colonia Tirolesa

Los años de trabajo les permite contar con un pequeño respaldo económico que los ayuda a financiar este nuevo desarraigo.

En 1889, luego de cruzar monótonas e interminables llanuras sin horizontes, encuentran su lugar en la zona de Jesús María, Totoral y Colonia Caroya donde una importante colonia friulana se iba consolidando desde hacía algo más de una década.

La Estancia La Virginia propiedad de Don Baldomo Llerena será una, entre varias, en la que se integrarán como trabajadores.

Hacia 1891, una fracción de 500 hectáreas correspondiente a Colonia Caroya son puestas en venta por Don Tristán Almada y adquiridas por los trentinos. Con esta decisión cobra vida la Colonia Tirolesa.

La fracción se ubica hacia el sur de Colonia Caroya y en camino hacia Córdoba Capital.

Las tierras fértiles y el clima favorable hacen fructífero y promisorio el trabajo agrario, la cría de animales, los frutales y los viñedos. Los vinos, embutidos, dulces, encurtidos y quesos adquirían otra vez los sabores y aromas de las montañas, los valles y los ríos de aquel lejano Trento Tirolés.

Cada atardecer, la bravura del Adige, la imagen invencible de Castel Pietra y el gótico Duomo de Trento parecen dibujarse sobre el cielo; no es sencillo verlos, pero una cosa es cierta: con seguridad ahí están.

 

Los primeros colonos

De aquellos primeros fundadores de Colonia Tirolesa extraemos de la Revista La Colonial el detalle de la conformación de una de esas familias: "El Patriarca del grupo Francisco Conci casado con María Aztegher y sus hijos: Adamo casado con Viudita Voltolini; Abraham casado con Giovanna Cecato; Isaac casado con Virginia Battisti; José casado con Olivia Maman; Joaquín casado con Dominga Boni (ver foto inferior); Basilio casado con Anunciata Cecato; Enrique casado con Celinda Martinelli; Romano, soltero; Francisca casada con Francisco Cecato (ver foto inferior); Romana casada con Pedro Monasterolo; además de ellos, dos hijas del matrimonio Conci-Aztheger, Eva y María Luisa, mueren en Italia".

 

Dominga Boni de Conci

1868-1953

 

Francisca Conci y Francisco Cecato, sentados

y acompañados por sus hijos

Felipe González y Honoria L. de González

 

Nos cuenta el Sr. Gustavo Cecato:

"Era una tarde como cualquier otra; los niños jugaban mientras su papá Basilio estaba totalmente abocado a los trabajos del campo y su mamá Anunciata organizaba las tareas de la casa. Aquiles, Herminio y Catalina continuaban jugando sin problemas, sin percibir lo que en instantes ocurriría."

"Es la historia de Anunciata Cecato, casada con Basilio Conci; ella, al ver que una chata con los animales desbocados se acercaba al lugar donde estaban sus hijos y temiendo que corrieran peligro de muerte, dio su vida para salvarlos."

"El dueño de los animales era Romano Conci, hermano de Basilio; el hecho fue totalmente accidental, pero el joven no pudo soportar el dolor y el sentimiento de culpa que le provocó la muerte de su cuñada, por ello decidió alejarse para siempre de su familia."

"Tiempo después, en el lugar de la tragedia, Basilio Conci y Francisco Cecato donaron el terreno para levantar allí una capilla para que Doña Anunciata permaneciera para siempre en la memoria del pueblo."

"La nueva Capilla se levantó con el esfuerzo de toda la población, que colaboró para ver finalizada la obra [en 1907] y venerar allí la imagen de la Virgen de Murillo (La Inmaculada)."

 

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"Con los años, el lugar se convertiría en todo un signo de unidad para los colonos. Se comenzaron a celebrar sus Fiestas Patronales cada 8 de diciembre, fecha en que se concentraba allí una inmensa cantidad de gente, se ofrecía una misa por los conscriptos y los niños tomaban su Primera Comunión; el R. P. Eduardo Masón es uno de los sacerdotes más recordados por la gran cantidad de años que permaneció junto a esta comunidad."

 

 

Datos complementarios:

  • En 1978 y por Decreto Municipal, el Sr. Intendente Druetta  declara Reliquia Histórica a la Capilla Inmaculada Concepción.

  • Las Fiestas Patronales se celebran el 8 de diciembre.

Nova Trento en la actualidad

Hoy en día, Nova Trento (Estado de Santa Catarina) es una importante ciudad de Brasil y sitio emblemático de peregrinación religiosa ya que en dicha comunidad se venera a Santa Paulina del Corazón Agonizante de Jesús que es la primera Santa de Brasil.

La misma había nacido en Vígolo Vattaro (Trento) un 16 de diciembre de 1865. Amabile Lucia Visintainer, tal su nombre de bautismo, es hija del muy pobre matrimonio que conforman Antonio Napoleón Visintainer y Anna Domenica Pianezzer.

A los 9 años, acompañada por sus padres y hermanos,  abandona su tierra y se radica, un 25 de setiembre de 1875, en Nova Trento.

Su dedicación solidaria hacia los enfermos en el pequeño Hospital San Vigilio (de la vecina Vígolo) la lleva años después, junto con otras compañeras (Virginia y Teresa), en convertirse en la iniciadora de la Congregación de las Hermanitas de la Inmaculada Concepción.

En 1895, Amabile deviene en Hermana Paulina del Corazón Agonizante de Jesús. Luego de una vida dedica a los padecientes, su muerte se produce en 1942.

Un 18 de octubre de 1991, Juan Pablo II, la proclama Bienaventurada y el 19 de mayo de 2002, es canonizada por el mismo Papa quien declara la santidad de la Madre Paulina.

 

Historias de amor entre trentinos y friulanos

(relato de vecinos del lugar)

Si se presta debida atención, el viento, susurrando entre las hojas de los viñedos, nos cuenta un bello y dulce relato sobre trentinos y friulanos.

Las dos comunidades disputan, cual original Palio argentino, un juego donde el amor teje y desteje historias, reduce y agranda familias en un ir y venir de sentimientos y emociones que tapizan el camino que los une.

La idea es llevarse al más lindo, el objetivo es enamorar a la más hermosa y ahí van las y los jóvenes cual hábiles cazadores, pertrechados con las mejores armas de seducción y enriquecidos con brillantes y convincentes promesas,  en procura del corazón a conquistar para capturarlo y radicarlo en el otro pueblo.

Las sangres se mezclan.

Las familias tirolesas y friulanas divididas otrora en dos comunidades; hoy, por imperio del amor, se funden una en otra en un juego que suele concluir en la pequeña y centenaria Capilla de la Inmaculada Concepción de Colonia Tirolesa o en Nuestra Señora del Rosario de Colonia Caroya.

 

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Inno al Trentino

(Fragmento)

O puro bianco di cime nevose

soave olezzo di vividi fior

rosseggianti su coste selvose

dolce festa di vaghi color.

 

 

 

 

Fuentes de consulta:

  • Se agradece la colaboración de Gustavo Cecato así como su autorización a utilizar material histórico contenido en la Revista "La Colonial".

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

San Vigilio de Trento

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Rafael Querzola

1872 -1944

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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