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NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED o CAPILLA DE MERCEDES

 

 

El guante perdido por la bailarina dama de blanco (*)

La Plata, es agosto de mediados de los '70.

El frío y el sueño castigan las ganas de tener los ojos abiertos. El ñato once doce es verde botella, algo golpeado, ruidoso, larga humo negro cuando acelera y chilla con olor agrio cuando frena. Correrlo quita el frío; pero, hacerlo mientras se fuma es un desafío que orilla la estupidez y deja sin aire.

No lleva más que unos pocos segundos sentarse en los últimos asientos del avejentado micro y dormirse mientras la colilla del cigarrillo cae al suelo sin que haya fuerza que logre mantenerla entre los dedos.

Misterios del cerebro pero, unas cuadras antes de llegar, uno siempre se despierta. Todos los días igual, en el mismo lugar.

La fábrica metalúrgica te traga en la oscuridad del muy temprano. Solo unos minutos para cambiarte en el vestuario, saludar algún compañero, cruzar frases de ocasión y luego, sin más, nueve horas de rutina.

Esta vez, el día iba a ser distinto y empezó con un:

- ¿Te enteraste, flaco, lo que pasó en Elsieland?

Sabía bien lo que era el boliche Elsieland de Quilmes. Tenía claro que no iba cualquiera; de hecho, ninguno de nosotros había podido conocerlo por dentro. El saco y corbata de una época apenas anterior, el sport elegante de estos días, el valor de la entrada, el costo del viaje desde La Plata hacían que fuese una categoría a la que no podíamos acceder. Sabía algo más: que la música y las luces eran únicas e incomparables, que las chicas entraban gratis y eran las más lindas de toda la zona sur del Gran Buenos Aires. En fin, todo éso conocía de Elsieland; lo que no sabía, era lo que había pasado.

- Hace quince días. ¿Seguro que no lo sabés? Todo el mundo está hablando de éso. ¡No puedo creer que no lo sepas!

Más que interés me empezó a hacer ruido la bronca de ser el único nabo que, por lo visto, ignoraba lo que ya conocían todos.

- Un flaco fue a bailar hace dos semanas y se levantó una mina de aquellas, preciosa, única. La pendeja parecía de 15. ¡Raro para el lugar! ¿No te parece? Pero bueno, por ahí tenía más. Tal vez por lo del vestido blanco onda quinceañera. Cara de nena, rubia, hermosa, una muñequita. En concreto, se bailaron todo, móvido, lento. ¡Todo! El flaco no podía creer lo que estaba ganando. En un momento, tipo 2 de la mañana, la piba le dice que se tiene que ir, que vive en Ezpeleta. El pibe le ofrece acompañarla, se toman un bondi y bajan en la Estación de Quilmes donde deciden tomar un café. Están en éso cuando a la mina se le cae la taza manchándole el vestido que limpia, como puede, con servilletas de papel. Se toman el 219 hasta unas cuadras antes del cementerio de Ezpeleta donde bajan y caminan hasta la puerta de la casa, ahí franelean un poco, se besan, se despiden y acuerdan encontrarse al siguiente sábado ... ¿me seguís?

No tan solo lo seguía; por el contrario, me estaba interesando cada vez más en saber en que terminaba el relato.

- Una semana después el flaco va a la casa a buscarla, lo atiende el padre quien lo mira y escucha sin decir palabra. El momento se cortaba con una yilé. ¿Sabés por qué? ¡Es de no creer! Porque la mina, veinte años atrás, el día que había cumplido los quince, en plena fiesta, se había muerto. ¿Entendés lo que te digo? Estaba muerta, re morida. El pibe insiste con la cara, la ropa, los gestos, como hablaba ... todo coincidía, no podía ser otra. Te la hago corta, al otro día se fueron al cementerio, a dos o tres cuadras de la casa, abrieron el jonca y ¿sabés con lo que se encuentran? Con ella como si se hubiese muerto hace diez minutos, todo igual; salvo un solo detalle: una mancha marrón en el vestido. ¡El café! ¿Te das cuenta? El flaco se va hacia la puerta y por el espanto empieza a golpear la puerta, la golpea, la golpea, se vuelve loco y la golpea y no para de golpearla ... más y más.

TOC, TOC, TOC.

- ¡Señor, señor, despierte señor! - repite una voz desde algún lugar.

Los golpes contra la ventanilla del vidrio del auto me despiertan mal, muy mal. Me había detenido a dormir una siesta a la sombra de un viejo molle al costado del camino que, agotado de tierra, me llevaba de Villa Ascasubi a Pampayasta. Un desaprensivo almuerzo en Río Tercero y el calor habían sido la peor combinación para arruinar un sereno dormir donde a mi cabeza se le ocurrió rescatar recuerdos de hace 40 años y convertirlos, sin permiso alguno, en sueños malos.

- Señor, señor - repite la voz desde afuera.

Bajo la ventanilla y frente a mis ojos una jovencita me mira con ojos celestes, profundos, absorbentes, pícaros, alegres. La sonrisa me envuelve. Los cabellos dorados juegan en el aire gambeteando la brisa. Toda era delicada, femenina, suave. Toda era serena y dulce. Atino a murmurar algo así como "¿que necesitás?".

- Que me acerque a Pampayasta; perdí un guante y creo que ha sido allá. Es muy importante para mi y necesito recuperarlo. Ha de haber quedado en el boliche de Severo Andrada a la entrada de Pampayasta Norte.

Acepto sin, todavía, haberme terminado de despertar. Tal vez por éso es que accedo. ¡Quizás, por éso!

Se sienta a mi lado y por unos minutos no cruzamos palabra alguna. Le digo si sabe cebar mate y me dice que sí, que le gustaría. Con habilidad toma el equipo que está detrás de su asiento y comienza con la tarea. Lo hace bien, espumosos, sabrosos. Con el mate se rompe el hielo, empezamos a hablar: de nuestras cosas, historias, sueños, proyectos. Por momentos es una niña, luego la veo grande, muy mayor; a veces de 20 y a veces de 40. No sé por qué la veo de tantas formas distintas.

Empieza a reirse, me contagia. Nos reímos. La risa se multiplica, rebota, entra y sale del auto. ¡Nunca me había reído tanto!.

Tal vez por la risa no veo un pozo y no puedo evitar el barquinazo. El mate vuela por el aire y cae sobre ella y su vestido. Freno y trato de ayudarla a limpiarse; es inevitable, la mancha verde no sale y se confunde con otra que, descubro, es marrón y otra más que es color rosa vino.

Ella se ríe otra vez; me tiento y comienzo a reir junto a ella.

Ya llegamos a Pampayasta y al almacén de Severo Andrada, la dejo y acuerdo encontrarme a la vuelta una vez que termine de relevar fotográficamente la Capilla de Nuestra Señora de la Merced.

- Te espero acá - me dijo.

Pongo primera, acelero, me hundo de nuevo en el camino polvoriento y pienso: "saco las fotos lo más rápido que pueda y vuelvo para estar junto a ella".

 

Aldo H. Campana

 

(*) El anterior es un relato ficcional inspirado en la tradicional leyenda fantástica que, con distintos tintes costumbristas, es originaria de casi todos los países del mundo; en la adaptación que, a mediados de la década de los '70, trasladaba los hechos a la zona sur del Gran Buenos Aires; en los clásicos que, en años anteriores, ubicaban la escena en el Cementerio de la Recoleta de Buenos Aires tal el caso de "La dama de blanco" y por último, en el cuento "El guante de encaje" de María Teresa Andruetto que incorpora, en su versión, a Capilla Garzón y Pampayasta. Aconsejamos acceder a estos materiales para que, luego de su lectura, se pueda tener una mejor comprensión del texto con el que hemos iniciado este trabajo y, de modo particular, descubrir la razón de los tres colores de mancha en el vestido de la protagonista.

 

Sobre las tierras, los naturales, los conquistadores:

Atento que en el espacio dedicado a la Capilla de San José de Pampayasta Norte nos hemos extendido con amplitud sobre esta temática, aconsejamos visitar dichos textos para encontrarse con el respectivo material evitando así, tener que reiterarlo aquí.

Independientemente de lo cual juzgamos interesante dedicarle un tiempo al proceso de arraigo de las comunidades a lo largo del Río Tercero y las vicisitudes que enfrentaron durante el extenso proceso.

En general y por las obvias razones sustentadas en que la historia está escrita por los que ganan los relatos sobre esa etapa se tiñen de grandilocuentes adjetivaciones a favor de los nuevos hacendados; por su parte, edulcoradas palabras saturadas de exacerbado misticismo rodean al proceso evangelizador impuesto por la fuerza de la espada y el miedo a los naturales del lugar. Bajo estas pautas, el relato solo deja espacio a despiadadas descripciones de los aborígenes asociándolos con la maldad, la violencia, la ignorancia, la crueldad, la vagancia, el pecado y por ende y sobre todo: la herejía.

Una vez iniciada la distribución de las tierras a través de las Mercedes, la zona del Río Tercero en su largo proceso de afianzamiento poblacional sufrió un penoso período de inestabilidad producto de la puja por el espacio y sus frutos entre los apropiadores y los naturales del lugar.

Las escaramuzas eran frecuentas; algunas por demás cruentas. La diferencia sustancial de recursos bélicos a favor de los nuevos colonos se compensaron, durante un tiempo relativamente extenso, con la diferencia del número poblacional de los naturales. Los precarios fuertes para oficiar de cierta seguridad a los primeros y contados aventureros asentados no eran lo suficientemente aptos para resistir las embestidas de los malones. Lo complejo de la aún poco explorada y gigantesca geografía también hacía que el aporte de abastecimiento fuese, como mínimo, pobre a malo. Estas vías de suministros que recorrían la traza del los Ríos Paraná, Carcarañá y Ctalamochita, la más de las veces, eran interceptadas en el camino y concluían en la pérdida de vidas y mercancías; en este aspecto, el conocimiento del terreno jugó a favor de los aborígenes.

Otro factor al que debe darse un especial espacio es a la pelea que los dos bandos en pugna debían librar contra las enfermedades y pestes, algunas de las cuales diezmaban las poblaciones sin distinción de origen con pasmosa velocidad.

El Presbítero Pablo Cabrera en "Tiempos y campos heroicos" contiene una muy interesante recopilación de documentos que nos permiten, a partir de extraer pinceladas históricas elegidas de modo aleatorio, reconstruir las vivencias de los nuevos sujetos a lo largo del proceso de su radicación mientras que, en paralelo, avanzaba el desplazamiento, la eliminación o la forzosa integración de las sociedades originarias.

 

La ruta desde el norte hasta el Fuerte Gaboto en caso de hacerse por agua debía encararse ''... con mucho riesgo de la gente y hacienda, según declaraba en 1585 un conocedor práctico de dicha ruta y de sus dificultades, respecto de perderse en el dicho río por efectos de las grandes tormentas que en él hay."

Pablo Cabrera - "Tiempos y campos heroicos"

(Archivo de Tribunales de Córdoba)

Por mayo de 1604, disponen las autoridades de Buenos Aires, que se someta al cacique Bagual y a sus indios que, después de haber abandonado el lugar en que estaban reducidos, puesto fuego a su iglesia, desoído la voz del doctrinante y asesinado a varios españoles invitaron, en fin, a los indios de servicio, mansos o domésticos, para que sacudieran también el yugo del gobierno español.

Pablo Cabrera - "Tiempos y campos heroicos"

(Registro Estadístico de Buenos Aires, tomo II, año 1860, pág. 27)

El 17 de mayo de 1610 el gobernador del Tucumán Quiñones de Osorio, le escribía al rey: ''Ha salido (del Peso) ... con mucho gasto de su hacienda a correr las Pampas, tierra adentro, con más de setenta hombres de pelea, a hacer castigos de los indios de guerra por delitos graves que habían cometido en el camino de Buenos Aires, donde mataron nueve españoles y les robaron más de treinta mil pesos (oro) y así mismo haber muerto los dichos indios a Baltasar González, vecino de Córdoba".

Pablo Cabrera - "Tiempos y campos heroicos"

(Archivo de Tribunales de Córdoba)

El Licenciado don Francisco de Alfaro, investido Visitador manifiesta en enero de 1612: ''... en cuanto a los indios del dicho distrito de Córdoba que caen en las Pampas de Buenos Aires, los cuales no han tenido pueblo asentado y son la gente más sin orden que en esta gobernación hay; y que han hecho mucho daño a los pasajeros que van al dicho puerto, se han de procurar atraer asentándolos en los Ríos Segundo y Tercero, procurando tengan manera de reducción.

Pablo Cabrera - "Tiempos y campos heroicos"

(Correspondencia de Buenos Aires con los Reyes, Edición Levillier)

Por esa misma época, José de Quevedo ... haciendo a su turno la relación de sus servicios, decía a Su Majestad: ''Siendo yo mancebo, en la rebelión de los indios pampas que mataron a Baltasar González, salimos al castigo de ellos, siendo como son los más belicosos indios que se conocen en estas provincias."

Pablo Cabrera - "Tiempos y campos heroicos"

(Archivo de Tribunales de Córdoba)

Para 1617, un intento de reducción será conocido como ''Reducción de San Antonio", igualmente de indios pampas, erigida por Alonso Díaz Caballero, en el establecimiento de campo de que era poseedor en Pampallacta, a la margen del Tercero, empadronada, el propio año de 1617 por Meneses, con anterioridad a las del Cuarto Río. En el acta correspondiente hácese notar que el cacique Quepetien, en nombre suyo y de los otros bárbaros allí asentados, solicitó del Visitador que se los mantuviese en aquel sitio. Pero éstos, algunos hacía seis años que estaban reducidos en aquel paraje. Dos de éllos habían sido visitados allí por el propio Alfaro. En lo que concierne a Yucat o Lacla, magnífico establecimiento, sito, según la documentación que me sirve de guía a cuatro leguas del anterior, río abajo, de propiedad de Juan Dávila y Zárate, encomendero de indios pampas, la reducción de éstos hallábase, para la fecha indicada en un estado todavía rudimental.

Pablo Cabrera - "Tiempos y campos heroicos"

(Archivo de Tribunales de Córdoba)

En los primeros meses de 1623, un hijo del difunto Alonso de Salvatierra, sucumbía a manos de los salvajes de la Pampa. Regresaba también como su infortunado padre, de la capital bonaerense a la "del Valle de Quisquisacate trayendo pliegos y cartas de importancia del dicho puerto."

Pablo Cabrera - "Tiempos y campos heroicos"

(Archivo Municipal de Córdoba)

En 1645, los infieles pampas, alzados en armas contra los españoles, infestan los caminos tendidos desde la jurisdicción ríoplatense a la de Córdoba ... quienes obligan al general Cristóbal de Garay, a efectuar dicho viaje en aquellos días, asistido de una nutrida escolta, bajo cuya salvaguarda marchó conjuntamente una tropa de carretas que iba rumbo a Santiago del Estero.

Pablo Cabrera - "Tiempos y campos heroicos"

(Crónicas de Fray Diego de Córdoba Salinas)

A mediados de 1662, Juan López Fiusa querellóse ante el Superior, de que gozando como él disfrutaba por concesión de las autoridades españolas, de la exclusiva para efectuar vaquerías en las Pampas, algunos convecinos suyos, terratenientes como él, "habían, con poco temor de Dios" y sin la anuencia suya, aventurándose a vaquear, una y más veces, en la expresada región. Y para comprobar la verdad y justicia de su reclamo, labrose, de acuerdo con la voluntad del magistrado, una información en el paraje del Fraile Muerto (actual Bell Ville).

Pablo Cabrera - "Tiempos y campos heroicos"

(Archivo de Tribunales de Córdoba)

En 1676, un religioso de la Merced, que viajaba, de Buenos Aires a Mendoza, al amparo de una tropa de carretas, en momentos que habíase adelantado a la caravana, le salieron al paso los indios en solicitud del vino de misa o de mesa de que iría provisto; pero el fraile se los rehusó, quizá en vista de lo peligroso que eran aquellos bárbaros en estado de beodez. Le costo caro al cura la repulsa. Los indios le maltrataron inhumanamente y apoderándose de su persona, si para llevarle cautivo, si para sacrificarle, no lo sabríamos resolver. La intervención oportuna de los troperos, llegados en aquellos instantes, fue para el afligido sacerdote una tabla de salvación.

Pablo Cabrera - "Tiempos y campos heroicos"

Por abril de 1678, el gobernador de Buenos Aires don Andrés de Robles, informaba a S. Majestad que los indios del mencionado distrito "venían a la siega y a las faenas de la matanza de ganados para el cuerambre, pagándoseles los jornales a que se ajustaban". Y añadía, "que sin tales peones, ambas cosas hubieran sido imposibles; pero (por desgracia) volvían ellos a la vida vagabunda."

Pablo Cabrera - "Tiempos y campos heroicos"

(Quesada - "Historia")

En 1680 frente al Comisionado Martín de Garayar expusieron distintos testigos, por ejemplo el esclavo de José de Cabrera llamado Miguel manifestó que en "... ocasión de haber salido con su amo a vaquear junto con veinte españoles, "les envistieron doscientos bárbaros armados de lanzas, media lunas que llaman desjarretaderas y bolas de piedra y algunos provistos de algunos provistos de alfanjes." Por su parte Blas de Valladares describe a los naturales como "... gentío pernicioso y muy dañoso, porque nunca se han querido reducir a población ni a vida de hombres, sino que como bárbaros andan vagando." El capitán Juan Robledo de Torres aseguraba que ''... ya dichos indios no se contentaban con robar las caballadas de los que iban a vaquear, sino que mataban a los españoles. Que aunque muchos de esos indios eran bautizados, no observaban ni guardaban ley. Corrían peligro las estancias de Córdoba, especialmente las del Río Cuarto, y Río Tercero."

Pablo Cabrera - "Tiempos y campos heroicos"

(Archivo de Tribunales de Córdoba)

Hacia 1681 le fue asignada a Alonso Díaz Ferreira o Alonso Ferreira de Aguiar una zona de suelo ''en el paraje que llaman la Cruz de Salvatierra [actual Cruz Alta próxima a la frontera de Córdoba con Santa Fe], a sesenta leguas poco más o menos, de la ciudad del Suquía, sobre las márgenes del Río Tercero" ... la zona iba a lindar río abajo con los terrenos de otra merced hecha al interesado ... la cual tenía de superficie, sobre la costa misma de la arteria y a una y otra banda, dos leguas de largo y otras dos de ancho "... dichos terrenos hallábanse ubicados "en el paraje de Carcarañá, la estancia de Juan López Fiusa y la Cabeza del Tigre". López Fiusa era propietario además de las próximas y productivas tierras de Yucat, vecina a los algarrobales de Lacla. Ferreira de Aguiar transfiere (sin ocupar el lugar) a Juan José de León y éste al Pbro. Dr. don Diego Salguero y Cabrera y por fin, a Jacinto Piñero el 25 de febrero de 1690 quien sí se radica en el lugar. Sus vecinos: Manuel Ferreira de Aguiar (Pampayacta), José Martínez de Betancur (Masangano), el ya mencionado López Fiusa (Yucat) y Lorenzo de Lara en su estancia Nuestra Señora de la Limpia Concepción de Fraile Muerto.
Pablo Cabrera - "Tiempos y campos heroicos"

(Archivo de Tribunales de Córdoba)

En 1694 aparece el sarampión y diezma a los españoles y a los naturales, con preferencia a estos últimos a causa de su desaseo habitual, de sus míseras condiciones de alimentación y de vivienda, de su abandono, de sus vicios inveterados y de su abyección. Fue para Córdoba especialmente en su parte sud y sud naciente.

Pablo Cabrera - "Tiempos y campos heroicos"

El 3 de diciembre de 1700 la Corona dicta un dispositivo: "Respóndasele aprobando su celo y la proposición que hace de erección, de iglesias y pueblos en dicho paraje, diciéndole se participa al Gobernador del Tucumán para que ... solicite, acalore y fomente esta plantación de iglesias y pueblos, fundando los precisos y en las partes más convenientes para el fin de la mejor administración Cristiana de aquellos naturales ..." De resultas de ésto, aquellos colonos no confiaron su suerte, su destino a sólo su robusto brazo y a "las bocas de fuego" de los piquetes enviados en auxilio de ellos, sino que vincularon además, con estrechísimo lazo, su presente y su futuro con los intereses y la salvaguarda de su fe; tan convencidos estaban, de lo incontrovertible de aquel dicho conocido de Plutarco: ''es más fácil edificar una ciudad en el aire que establecer un pueblo sin Dios."

Pablo Cabrera - "Tiempos y campos heroicos"

En 1718, la viruela cebose furiosa, implacable, especialmente entre "la gente de color" (los negros) y los indios, y sus estragos hubieran sido incalculables, a no haber llegado a Córdoba en aquellos días ... varios religiosos jesuítas alemanes, que con sus indicaciones médicas, oportunas y acertadas, hicieron frente al mal, pusiéronle coto y le arrebataron un sinnúmero de víctimas, destacándose entre éllos el padre Asperger quien deja registrado que "murieron entonces más de diez y siete mil indios."

Pablo Cabrera - "Tiempos y campos heroicos"

(Archivo de Tribunales de Córdoba y Félix Garzón Maceda - "Medicina en Córdoba")

Hacia 1728/1730 ya se distinguen capillas u oratorios en Pampayacta, Estancia de Rodríguez.

Pablo Cabrera - "Tiempos y campos heroicos"

En el quinquenio 1740/1745 la audacia de las hordas ... había venido intensificándose ... cobró mayores bríos, aspectos inesperados, nuevos, más odiosos, más implacables y desoladores aún. El pillaje, la cautividad o la muerte y el consiguiente pánico de los núcleos rurales de población española, punto de mira ordinario de las depredaciones del indio, a mérito de las ventajas de su situación, de su feracidad y riqueza, fueron causa para que en las épocas indicadas no quedase ya ninguna aldea, casi ningún establecimiento de campo, haciendas, granjas y cortijos, que no hubieran sido arrasados por los bárbaros y visto emigrar a sus dueños, lo mismo a las orillas del río Cuarto que a las márgenes del Tercero, del Segundo y del de Córdoba. Podría, pues, decirse con el poeta: "que hasta sus ruinas habían desaparecido"; sin que se sustrajera al estrago, a la catástrofe general, ni aún el recinto sagrado: el templo, la capilla, la ermita, ante cuyas aras aquellos buenos amigos de Dios, como apellidara Bridaine a las gentes del campo, depositaban, junto con sus preces y devotas acciones de gracias, los frutos primeros de su labor, el opulento racimo, las espigas de oro ... en aquella era de incertidumbres amargas, de peligros siniestros, de rapacidad, de exterminio y de sangre, la Providencia veló porque en uno y otro de los sectores indicados, sud y nordeste, quedaran a salvo ... entre los ríos Primero y Seguno, el histórico santuario de la guarnición del Tío, y a las márgenes del de Nuestra Señora, la heroica, la invulnerable Capilla de Rodríguez, una y otra dedicadas a la Madre de Dios, en el augusto misterio de su Inmaculada Concepción.

Pablo Cabrera - "Tiempos y campos heroicos"

 

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Sobre la Capilla

Circa 1789, el matrimonio español constituído por José Antonio Mayorga Escalante y Ana Rosa Iñigo ven nacer en Mendoza a un hijo a quien llamarán José de la Paz Mayorga. Será él quien, apenas iniciado el siglo XIX y ya casado desde 1815 con Manuela Maldonado, se encontrará ocupando estas tierras bañadas por el Río Ctalamochita.

Afianzados en el lugar el matrimonio gesta seis hijos de los cuales se rescatan los nombres de Justo (nacido en 1825), Segundo, Polonio y José Saturnino (éste será quien dará vida a la Capilla San José).

Según lo que se puede recoger del trabajo realizado por Ilda Susana Ughetto de Giraudo ("Parroquia “Sagrado Corazón de Jesús” Oliva - Civitatis Mariae - La ciudad de María - Historia de la Diócesis de Villa María") se da cuenta que Segundo contrae matrimonio con Griselda o Gricelda Domínguez quien, hacia 1880 y para dar cumplimiento a una promesa, compra "... una imagen de la Virgen de la Merced. Como la imagen no tenía un lugar adecuado, su esposo, ... le obsequió la construcción de un templo."

Será el año 1880, entonces, el considerado como data de fundación.

Una hija del matrimonio de Segundo y Griselda, de nombre Mercedes Mayorga, contraerá nupcias con Pedro Oyarzábal (hijo de Pedro Oyarzábal y W. Ponce, bautizado como tal en 1871), con buen grado de certeza en esta capilla. Existen datos que ubican el hecho un 26 de marzo de 1897; el acto matrimonial fue refrendado por la entonces cabecera radicada en la Inmaculada Concepción de Villa Ascasubi. Ughetto de Giraudo, en su recopilación, suma otro casamiento durante el mismo año: se trata de "... Don José Antonio Mayorga y Doña Manuela Mayorga."

Los apellidos Mayorga y Oyarzábal se multiplican en las distintas ramas de descendientes ocupando espacios relevantes tanto en el naciente mundo social como en el religioso del lugar.

 

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Volviendo a la investigación de Ughetto de Giraudo se da cuenta que en "... 1913, este templo 'familiar', se reconoció en el Obispado de Córdoba y se dejó establecida la creación canónica de la Capilla de Mercedes, en la Iglesia de la Compañía de Jesús, trámite realizado por el reverendo cura párroco José Bernard."

José Anselmo Luque (1856-1930), había nacido en Villa del Rosario ordenándose sacerdote en 1881. Su destino sería, a poco de comenzado el siglo XX, el de ser Obispo Auxiliar de Córdoba/Tucumán hasta su muerte. Será él la primera figura eclesial relevante que, por aquellos años, recorrería los espacios de la pequeña capilla, su pequeño bosque circunsdante y el adjunto cementerio.

Desde lo edilicio, la capilla presenta una particularidad que la hace claramente distinta al común que la arquitectura religiosa cordobesa expone en su conjunto. El diseño de la estructura que contiene ambas campanas remite a una estética más asimilable a lo que suele verse en capillas del nordoeste; incluso, el color terracota con el que están pintadas actualmente afianzan esa primera sensación.

 

 

El frente, entre los dos campanarios muestra el diseño de la trinidad que por su diseño y color provoca, desde la distancia, la ilusión óptica de semejar hueco; por sobre éste detalle se ubica una cruz de hierro diseñada por un herrero de hábiles manos.

 

Es evidente que la capilla ha recibido una serie de importantes tareas de refacción algunas de las cuales, con claridad, son recientes. Esto ha permitido que su imagen se muestre en un estado de buena conservación visual lo que no significa que se haya respetado la adecuada preservación histórica; en ese sentido, el uso de cerámicos en la fachada no ha sido una decisión afortunada.

 

 

Por no haber tenido la oportunidad de ingresar al interior de la capilla nos vemos en la necesidad de tener que remitirnos a la excelente descripción textual que Ughetto de Giraudo realiza del mismo en su trabajo contenido en "Civitatis Mariae - La ciudad de María - Historia de la Diócesis de Villa María": "El altar ... es de mármol blanco; sobre el mismo sobresale una inscripción que se lee a lo lejos y dice: 'Yo soy el Pan Vivo bajado del Cielo'. Respecto a la Virgen de la Merced, originaria de la familia Mayorga, la historiadora la ubica en "... la cima del altar", y la describe como "... pequeña, bellísima, tallada en madera, con cuerpo de cruz de palo ...". El texto se extiende en detalles: "... Vestido blanco bordado con piedras, cabello natural oscuro, banda azul y blanca que coronan su cabeza."

Ernestina Oyarzábal, hermana menor de Pedro y cuñada de Mercedes, será quien sume una nueva imagen en este caso de mayor tamaño y confeccionada en yeso. Volviendo al texto de Ughetto de Giraudo nos encontramos que se da cuenta que "en antiguas fotografías esta imagen inicialmente estaba cubierta con hermosas vestiduras de seda blanca que luego le fueron quitadas ... ésta es la imagen que se saca para las procesiones para las Fiestas Patronales."

Volviendo al altar, por debajo de la Virgen nos encontramos con el Calvario que incluye, según lo recopilado en "Civitatis Mariae": "... Jesús crucificado, la Virgen María y San Juan." El conjunto se complementa con "el Niño y el Corazón de Jesús ... adornados de arabescos dorados y ... coronados con las banderas Papal y Argentina."

José de la Paz Mayorga muere, con 79 años, en 1873, mientras que su esposa Manuela deja este mundo en 1881. Sus restos, junto a Segundo Mayorga y su esposa Griselda descansan bajo el piso frente al altar de la capilla.

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Datos complementarios:

Las fiestas patronales se conmemoran del 15 al 24 de setiembre.

 

 

 

Fuentes de consulta:

  • Se agradece la especial colaboración del Sr. Aldo Lubatti

  • Ughetto de Giraudo, Ilda Susana - "Parroquia “Sagrado Corazón de Jesús” Oliva - Civitatis Mariae - La ciudad de María - Historia de la Diócesis de Villa María"

  • Presbítero Pablo Cabrera - "Tiempos y Campos Heroicos" - Revista de la Universidad Nacional de Córdoba - Año 14 - 1/2 y 3/4 - 1927

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