Síntesis

La Iglesia de Nuestro Señor de la Buena Muerte en Río de los Sauces, Departamento Calamuchita, Córdoba (Argentina) es el nombre actual (sin que podamos definir cuándo fue la fecha del cambio) del original Señor de la Agonía y que fue hecha construir por Leonarda A. de Gigena y con acceso público en 1875. Sus hijas Ana y Néstora, a partir de ese año, la reconstruyeron atento que se encontraba en estado ruinoso. En 1884 volvió a abrir sus puertas a los devotos con la fisonomía que ha llegado a nuestros días. El Obispo Fray Reginaldo Toro concede el derecho de Patronazgo de la Capilla del Señor de la Agonía a las hermanas Gigena en 1892. Las tierras donde se eleva el templo pertenecieron a la Estancia de San Lorenzo de Licsin que fue propiedad de los encomenderos descendientes de Gerónimo Luis de Cabrera y recién, a fines del siglo XIX, después de una larga sucesión de propietarios, pasó a la familia Gigena.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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La Página Web "Capillas y Templos" está registrada en la DNDA (Ver detalle)

 

 

NUESTRO SEÑOR DE LA BUENA MUERTE

 

“Imo y Exmo. Sr. Obispo Diocesano:

Ana, Néstora vecinas de esta ciudad y con domicilio legal en la calle 27 de abril 141 ante I.E.J. con el debido respeto esponemos:

Que el lugar denominado Río de los Sauces existe una Iglesia Pública dedicada al Señor de la Agonía, la cual fue construida a espensas de la finada Da. Leonarda A. De Gigena nuestra Señora Madre y dada al servicio público por la autoridad Diocesana  del año 1875.

Algunos años después amenazando ruina y previo reconocimiento pericial, se juzgó necesario redificarla nuevamente , como lo que en efecto con nuestros propios bienes y una vez terminada la obra se hizo de nuevo bendecir con la licencia expresa del ordinario, el año 1884.

La actual paramentación de la mencionada Iglesia en su mejor y máxima parte ha sido costeada por nuestros propis recursos, si bien debemos darlas que … hecho hemos hecho una verdadera donación, no obstante de ser nuestra intención que siempre exclusivamente sirva para el ejercicio del culto religioso en la misma iglesia.

 

 

Ahora bien aunque tanto nuestra Señora Madre como nosotras después desu fallecimiento hayamos sido consideradas como Patronas de la referida Iglesia como por derecho nos correspondía no habiendo renunciado a él, sin embargo no habido de esto un reconocimiento oficial por parte de la autoridad  eclesiástica ni los derechos perrogativas del patronato han sido bien definidas y determinadas.

En virtud de todo lo cual y creyéndolo así conveniente al V.E. J. respetuosamente rogamos:

Que previo al trámite correspondiente se digne declararnos Patronas de la Iglesia mencionada, ordenando en consecuencia seamos reconocidas por tales y que se nos espida el correspondiente título; es gracia de: Ana Gigena – Néstora Gigena.

A fin de responder a la petición, el Obispo requirió información al Cura Párroco Padre. Alejo Torres y al arquitecto Anselmo Quinteros, responsable de la obra mencionada. Ambos afirmaron que la misma fue solventada por las hermanas Gigena.

El 31 de agosto de 1892, el arq. Quinteros le manifestaba al Obispo: “Debo hacer presente a S. I. que si las recurrentes no hubiesen atendido con la vigencia que lo hicieron a la reedificación de la capilla, ésta no hubiese durado en pie seis meses más [en] desplomarse, tal era su estado cuando me encargué de reedificarla”.

 

Video - Año 2011

 

Los trabajos, que en esa oportunidad se efectuaron, fueron los siguientes:

Se reemplazó el techo porque amenazaba ruina y se sustituyó la bóveda.

Se retiraron parte de los muros que se encontraban averiados o se habían desplomado. Se levantaron nuevamente reforzándolos con contrafuertes, a fin de transmitir las cargas transversales a la cimentación.

Se hizo el coro de bóveda y tres altares  nuevos.

Se colocaron ventanas en los costados del templo, sobre la cornisa superior del lado norte. También se efectuó imposta corrida, que antes no tenía.

Se realizó todo el revoque interior y gran parte del exterior   

Se reformaron las torres, dándole una forma moderna y poniéndoles nuevas cruces  en sus cupulines.     

Como se ve, según la descripción del Arq. Quinteros, la intervención fue muy importante y la capilla tenía aspecto de obra nueva. Es la que hoy podemos observar.

 

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El Padre Torres manifiesta que encontraba inconvenientes para el uso de útiles y paramentos por ser propiedad de las Señoras Gigena, quienes vivían a treinta cuadras de la Iglesia y pasaban gran parte del año en la ciudad de Córdoba.

El Sr. Obispo, Fray Reginaldo Toro, concede el derecho de Patronazgo de la Capilla Señor de la Agonía, a las hermanas peticionantes, el 15 de octubre de 1892.

Desde los primeros tiempos ése era el nombre de la Capilla. Numerosos documentos lo atestiguan: asientos bautismales, actas de matrimonios, de defunciones, diversa correspondencia y autos existentes en el archivo del Arzobispado de Córdoba. Por ejemplo, el Acta Nº 954 - 1796, dice : “En la Capilla del Señor de la Agonía del Río de los Sauces de este Curato de Calamuchita a quinse de agosto de mil setecientos nobenta y seys años el teniente de Cura Mtro. Don Juan Francisco Chrisman  sepultó con rito de entierro menor…”.

En respuesta al Obispo Fray Zenón Bustos, en el año 1924, el Párroco Padre Gerardo Centurión, le respondía que el titular de la Iglesia de Río de los Sauces es el “SEÑOR DE LA AGONÍA”.  

Nuestro Señor de la Buena Muerte, es el nombre actual de esta Iglesia sin poder determinarse en qué momento y por qué causa se ha producido el cambio de nombre.

 

 

La Capilla, hoy:

Dentro de la traza urbana de este pueblo, la ubicación de la iglesia que coincide con la que tuviera la primera capilla en el siglo XVIII, es expectante. Al frente y en sus laterales, espacios verdes contribuyen a jerarquizar la obra.

 

 

 

El conjunto está resuelto dentro de las características de la arquitectura historicista del siglo XIX y es de escala monumental.

Dice al Arq. Omar Demarchi, “... que es posible relacionarla con otras iglesias de la zona, como en La Cruz, San Agustín y Amboy, donde pueden encontrarse elementos similares en el espacio, estructura, uso de materiales, lenguajes y detalles ornamentales; pensamos que  un mismo autor o equipo, pueden haber participado con ideas o mano de obra en la edificación en las iglesias, o que la primera en construirse se haya constituido en modelo para las demás.”    

Está conformada por una nave única, rectangular de 21,80 m de largo por 6,20 m de ancho. A los pies posee nártex sobre el cual se desarrolla el coro alto.

 

 

La cubierta está resuelta con bóveda cuya generatriz es un arco ojival, asentada en una impronta muy volada. Sobre ésta, cinco lunetos de cada lado, muy marcados, con las correspondientes ventanas ritman la bóveda.

 

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Se capta buena iluminación natural por las cuatro ventanas con dinteles ojivales que están orientadas al norte. Las del lado sur, que tienen las aberturas colocadas han sido cegadas por la orientación.

 

 

En correspondencia con las pilastras adosadas a los gruesos muros de mampostería de ladrillo y mármol, están levemente marcados los arcos fajones de refuerzos de la bóveda.

En el tramo central una grácil linterna que, apoyada en la cubierta y con cuatro ventanas ojivales, corona en un cupulín rematado con una cruz de hierro forjado.

 

 

Los muros laterales tienen un metro de espesor y debe considerarse además la presencia de los contrafuertes, en correspondencia con las pilastras interiores, las que tiene basa y capitel, este resuelto con motivos vegetales.   

En el segundo tramo, a derecha, una puerta de madera de dos hojas con dintel de arco rebajado, comunica la nave con el espacio verde lateral norte. A la izquierda un espacio similar puede haber contenido una puerta, la cual ha sido segada generando un nicho de 0,72 m de profundidad.

 

 

En el tercer tramo, que es central, a derecha, esta la capilla con la  Virgen del Carmen, de vestir. A la izquierda en otra capilla un altar menor. Ambas comunicadas con la nave con un vano con arco de medio punto.

En el quinto tramo “... se desarrolla el presbiterio con una profundidad de 4,65 m.  En él, se encuentra el retablo mayor de mampostería de ladrillos revocados y el altar, sagrario y templete para exposición del santísimo, en mármol de Carrara, conteniendo imágenes, antiguas tallas en madera policromada y de pasta. Podemos mencionar el grupo del Calvario, siendo su titular  el Señor de la Agonía junto a la imagen de la Virgen y de San Juan formando la escena. A la izquierda en su hornacina ojival, San Roque, de mediana estatura, como vice patrono.

 

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Sobre el altar, en el muro del testero, se destaca una ventana cuadrifolia, con doce vidrios repartidos de color amarillo que otorga una calidez al ambiente.

 

 

Del presbiterio se ha retirado el comulgatorio que está realizado en hierro forjado, y actualmente se encuentra depositado en el coro alto.  A la derecha, una puerta comunica con la sacristía  que tiene 8,60 m de largo por 4,65 m de ancho. En este recinto, una puerta de madera lo conecta con el exterior, la plazoleta lateral norte. Otra puerta permite el ingreso a la casa parroquial contigua. La iluminación natural está provista por una ventana en el lado oeste.

El conjunto está protegido por una cubierta a dos aguas de chapa de zinc pintada color rojo. En el caso de la nave la pendiente está marcada por la curvatura ojival de la bóveda; sobre sacristía y casa parroquial los techos también son a  dos aguas y más bajos que el anterior.

El piso de la nave es de mosaicos calcáreos, negros y blancos, colocados en damero, en diagonal, con guarda perimetral.

 

 

La fachada principal está orientada al este. Si bien la composición es de carácter vertical, donde se encuentran las dos torres esbeltas y en el cuerpo central el ingreso, ventana coral y tímpano, se puede analizar en tres estratos horizontales.

 

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En el de la base se destaca el ingreso al pórtico, que se desarrolla entre las torres y se materializa con tres vanos sustentados por las pilastras adosadas a las torres y dos columnas de sección octogonal. Los vanos culminan con arco ojival enmarcado  dejando entre ellos dos, albanegas de tres lados curvos por el enmarcado.

 

 

En el pórtico, bajo el coro alto, coexisten arcos de medio punto, ojival y carpanel con bóvedas de cañón cruzado, todo en un pequeño espacio remarcando el carácter ecléctico de la obra.

 

 

Las torres que inician desde el suelo, tienen tres tramos, separados entre sí por cornisas; cada uno de ellos está enmarcado con una banda de engrosamiento de revoque  y tono más subido.

En el estrato medio en el eje vertical de simetría, se destaca la ventana  coral de dintel apuntado, con arquivolta, flanqueada por dos pilastras de sección circular.

 

 

En los extremos: el segundo tramo de las torres, ambas fuera del ancho ocupado por la nave.

En el estrato superior, el tímpano contorneado por bordes  importantes, tiene su plano triangular rehundido y con una figura moldeada de diseño cuatribolado, con un 1882 dibujado en su interior como probable recuerdo de la finalización de obras de restauración.

 

 

Sobre el tímpano hay tres pináculos, el del centro remata en cruz de hierro forjado. Detrás de este conjunto un acroterio liso tiene la misión de ocultar el perfil de la cubierta.

 

 

En el último tramo de las torres, tiene un vano por lado, también ojival, siendo la torre norte la que aloja el campanario.

 

 

Culminan con cúpula nervada asentada en tambor octogonal. Ambas rematan en cruces forjadas en hierro.

Sobre la fachada lateral orientada al norte, se hacen visibles los seis paños verticales, con la presencia de la escalera que conduce al coro alto y al campanario, los cinco contrafuertes en correspondencia con las pilastras interiores, las cuatro ventanas ojivales y horizontalmente el acroterio que oculta la cubierta de chapa.

 

 

Un importante pretil de mampostería con pilares de sección cuadrada con cornisa y remate con jarrón con tapa y rejas de hierro forjado, se extiende frente a las fachadas laterales y frontal. A diferencia de lo ocurrido en numerosos templos, que con un falso criterio de modernidad han sido retirados; en éste, mantiene una fuerte presencia en la composición del conjunto.

 

 

Las tierras:

Se debe al capitán  Lorenzo Suarez de Figueroa, en 1573, “el descubrimiento del río quarto y sus provincias de chocanchavara …”. En la ruta de la expedición estaba Licsin (Río de los Sauces).

En esa comarca, la estancia San Lorenzo de Licsin, fue propiedad de los encomenderos descendientes de Don Jerónimo Luis de Cabrera. Hoy se denomina “Estancia Los Cocos”.

La capilla de San Lorenzo, de la cual no se tiene mayor documentación, es muy probable que haya pertenecido a la primitiva estancia de los Cabrera, aquella que naciera en base a la merced otorgada al hijo del fundador de Córdoba, Gonzalo Martel de Cabrera. De su matrimonio con su prima,  María de Garay, hija del fundador de Buenos Aires,  nace Jerónimo Luis de Cabrera y Garay, quien con el paso del tiempo heredará, entre otras propiedades, la estancia de San Lorenzo a principios del siglo XVII.

El 14 de diciembre de 1633, su Majestad el Rey de España, le concede una ampliación a sus tierras consistente en la Estancia Los Sauces  San Lorenzo de Licsin; “… y como cosa suya, arrancó muchas yerbas y las esparció por el aire y mudó de un lado a otro muchas piedras en señal de posesión…”

La propiedad continúa a nombre del general  Jerónimo Luis de Cabrera III, quien se  casa con Antonia Carabajal y Velasco.

La hija, María Rosa de Cabrera y Velasco que se casa con Juan de Echenique y Echenique,  en 1689 recibe la estancia de San Lorenzo y la de San Bartolo de la Sierra, inclusive los parajes de La Tapia y Piedra Blanca con una hipoteca y una capellanía.

A causa de crecientes deudas e hipotecas, la gran extensión de tierras de los Cabrera, paulatinamente, se va desmembrando, por parcelamiento y ventas a distintos propietarios.  Da. María Francisca Carranza es compradora de la Estancia de San Lorenzo.  

El capitán Antonio de Sossa Monsalve, se la compra en 1763. Era hijo de Da. Josefa Arias de Cabrera y Jerónimo Sossa. Se casó con María Ana Fernández.

Un año después, nacía Juan Tomás Gigena y Díaz de la Torre, que con el paso del tiempo,  sería terrateniente en la zona de Río de los Sauces. Se casó con Da. María de la Candelaria Nis, hija de Bernardo Nis y Da. María Isabel Arias Cabrera.

De sus once hijos, Feliz Rosa Gigena y Nis se casó con Leonarda Albarracín (los restos mortales de ambos descansan en la Iglesia de Río de los Sauces), procrearon seis hijos. El primogénito, nacido en 1834, fue  Braulio Gigena y Albarracín.   

A fines del siglo XIX, la propiedad de Braulio Gigena y hermanas, la estancia Los Cocos,  antiguamente Los Sauces de San Lorenzo Licsin, tenía una superficie de 18136 ha.

Río de los Sauces en la actualidad

 

Acerca de su antecesora.

Capilla “Señor de la Agonía”

En aquellos tiempos de la colonización, la fe católica ocupaba un lugar primordial en el estilo de vida de los moradores de la región. Numerosos acontecimientos así lo atestiguan.

El Capitán Antonio de Sosa y Monsalve que era vecino de la ciudad de Córdoba con residencia temporaria en Río de los Sauces, dejaba escrito en su testamento:

“… 5 – Declaro que es mi voluntad, si lo hallasen por conveniente mis albaceas que se erija una capilla en este paraje de mi propia residencia , para colocar en ella la Santísima Efigie de mi redentor Jesús y que esto se costee del quinto de mis bienes.

6 – Es mi voluntad que a mi cuñado, el Rvdo. Padre Maestro Fray Julián Fernández de la Orden mercedaria, se le den mis albaceas, el quinto de mis cuarenta pesos en plata corriente.”

El hijo del capitán, Miguel Jerónimo de Sossa  Fernández, es el ejecutor de la obra. Estaba casado con Melchora  Josepha Zarco, hermana del capitán Domingo Zarco fundador del pueblo de Reducción, en 1795. ( lo hizo con el nombre de Jesús María).

Por tradición oral más que por documentación fehaciente, se dice que este capitán,  había adquirido una imagen del Santo Señor de la Buena Muerte para ser donada a los misioneros de Reducción y otra,  de menores dimensiones, para Río de los Sauces denominada “Señor de la Agonía”. Hay quienes agregan a estas imágenes,  la de la Virgen del Rosario de Tegua.

No ha sido posible determinar fecha de construcción de la capilla, teniendo como referencia, la voluntad de ejecución manifestada por el capitán Antonio de Sossa y Monsalve, en 1771.   

Otra referencia está dada, en 1785, cuando queda registrado en la Capilla del Señor de la Agonía, el casamiento de María del Rosario Arias de Cabrera y Cáceres con Don José Urbano de Echenique y de las Casas.

De 1795 existe un documento en el Archivo del Arzobispado de Córdoba, referido a la fundación de la Capilla de los Sauces en el Curato de Calamuchita (Legajo 35-17).

En 1803 el patrón de la Capilla era Don Miguel Jerónimo de Sossa y es su yerno, Don Marcos Molina, quien se dirige al Obispo el 2 de abril de aquel año manifestándole el grado de precariedad y peligrosidad del edificio bajo los siguientes términos: “… la referida capilla se halla en la actualidad cerrada por disposición del Párroco Pdre. Pedro José de Haedo, cura y vicario de Calamuchita … a causa de haver padecido algún deterioro y amenazar ruina … por lo que el numeroso gentío se ve imposibilitado de asistir a los santos oficios…”.  Propone que se autorice a celebrar misa en la sacristía “… que es pieza decente y capaz de suplir el defecto de la capilla”.  

En notas sucesivas se pone de manifiesto la rivalidad existente entre el Sr. Marcos Molina y el Padre Haedo referidas al estado de la iglesia. El cura párroco le expresaba al Obispo: “… habilitar la iglesia es tentar a Dios que no hace milagros al arbitrio de los desidiosos, que todo esto se puede practicar bellamente en la capilla de San Antonio del Cano igualmente distante de la residencia del teniente … [considera] arriesgadísimo efecto de que se celebren en ella el Santo sacrificio de la misa y demás sagradas funciones …”.

Con fecha el 3 de junio, el Obispo autoriza para que, una vez blanqueada y aseada la sacristía de la Capilla de los Sauces, sirva para celebrar el santo sacrificio de la Misa, “… para que no se prive a los fieles de las inmediaciones de ese beneficio, que el Párroco o el ayudante digan misa en ella por el tiempo de seis meses en cuyo término Don Marcos  Molina  repare enteramente la capilla …”.

En 1875, se deja constancia que en el lugar denominado Río de los Sauces existe una Iglesia Publica dedicada al Señor de la Agonía la cual fue construida a expensas de Da. Leonarda A. de Gigena y dada al servicio público por la autoridad Diocesana.  

En 1884, una vez reedificada,  “… se hizo bendecir nuevamente con licencia expresa del ordinario …”, y quedó en servicio público.  

A lo largo del tiempo se efectuaron numerosas reparaciones, pero llegó el momento en que las serias deficiencias de la vieja capilla requerían una seria intervención.

Le cupo a la familia Gigena, de gran solvencia económica, social y política, la ímproba tarea de reedificar la capilla del “Señor de la Agonía”. Estos trabajos concluyen a fines de 1892.

 

De los Curatos:

Departamentos, partidos o curatos eran divisiones políticas con fines religiosos, que una vez instalada la evangelización se crearon para dar una mejor organización en lo que respecta a la atención espiritual y al adoctrinamiento de los habitantes de una región.

 

Año 1607

Se crea le Curato de Dos Ríos. Comprendía: Río Segundo, Río Cuarto, Río Tercero y Anejos Calamuchita.

Año 1672

Se crea el Curato de Río Tercero y Anejos, siendo su primer Párroco el Padre Francisco Benegas.

Año 1731

Se crea el Curato de Río Cuarto , allí residía el Párroco.

Año 1749

Se crea el Curato de Calamuchita, a cargo del Dr. Noriega, estableciéndose la sede en Soconcho. 

Año 1784

El Dr. Vicente Peñaloza se hace cargo del Curato de Calamuchita.

12/11/1869

Se constituye el Curato de Río de los Sauces, con sede en Río de los Sauces.

“Nos el Dr. José Vicente Ramírez de Arellano, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obispo de Córdoba, … no pudiendo el Curato de Calamuchita ser convenientemente atendido por un solo párroco, por su gran extensión; consultado el bien espiritual de los fieles de este Curato, hemos tenido a bien dividirlo, y lo hacemos, debiendo servir como línea divisoria el Río Grande. El Curato que por esta división queda a la parte sud de dicho río, se denominará Curato del Río de los Sauces, cuya Parroquia deberá fijarse en el lugar de este nombre antiguo de Calamuchita el que queda a la parte norte, cuya Parroquia será en Santa Rosa; deberá nombrase un nuevo Párroco para el Curato del Río de los Sauces, quedando el antiguo archivo del Curato a cargo del Cura de Calamuchita.

Dado en nuestro palacio episcopal de Córdoba, a doce días del mes de noviembre del año 1869.

José Vicente, Obispo de Córdoba. Por mandato de S.S.I.

Néstor Escalante, pro-secretario interino.

01/01/1874

Es creado el Curato de la Cruz por el Ilmo. Señor Obispo Fray Reginaldo Toro. Sus límites eran:  “… por el norte el mismo Dpto. Calamuchita o sea el Curato de San Agustín y cuya divisoria es el Río Grande. Por el nordeste el Dpto. 3º Arriba, parroquia de Villa Ascasubi, por el este y sud, el Dpto. Río Cuarto, parroquia de San José de Tegua  y por el oeste la Sierra Grande; una parte de la Pcia. de San Luis y otra con el Dpto. de San Javier.”

10/04/1883

Fray Juan Cipriano Ticera y Capdevila, de la Orden de Menores Observantes del P.S. Francisco, por la gracia de Dios y de la S. Sede Apostólica, Obispo de Córdoba en la República Argentina, expresa: “Por tanto en uso de nuestro derecho y jurisdicción hemos venido en resolver lo siguiente:

Art. 1º queda subsistente la división hecha del Antiguo Curato de Calamuchita en dos curatos y vicarías independientes: a saber, la de Río de los Sauces y de Santa Rosa de Calamuchita, con sus límites que tenían antes de las subdivisiones de éste último, hecho por auto de diez de abril de mil ochocientos ochenta y tres.”

15/04/1908

A pesar de que desde 1869 la sede parroquial del Curato era Río de los Sauces, la residencia efectiva de los párrocos era en el pueblo de La Cruz, por su ubicación geográfica respecto de las otras capillas  y por varias otras razones. Por tanto, de acuerdo al auto de la visita canónica del Obispo de Córdoba Fr. Zenón Bustos y Ferreyra, la Iglesia “Nuestra Señora de las Mercedes” de la Cruz pasó a ser cabeza del Curato POR HECHO Y DERECHO.

En esa fecha el curato está limitado: AL SUR: Aº El Cano (separa el Dpto. Calamuchita y el Dto. Río Cuarto); AL ESTE: El carril de los chilenos; AL NORTE: Río Grande (los separa del curato de Santa Rosa de Calamuchita); AL OESTE: La Cumbre (Sierras de Comechingones, límite con San Luis.)

El curato estaba compuesto por cinco iglesias: Parroquia de Río de los Sauces “Señor de la Agonía”, “Nuestra Señora de la Merced de La Cruz, Nuestra Señora del Milagro ubicada en El Quebracho, Los Cóndores y “San Antonio” de El Cano. El archivo parroquial se estableció en La Cruz.

04/02/1924

El Padre Gerardo Centurión redactaba una memoria que decía : “... si hay otras Iglesias y Capillas en esta Parroquia y pertenecen al Cura Párroco que las atiende. Una es la Iglesia de Río de los Sauces, que queda situada a la parte sud de esta Parroquia y a ocho leguas de distancia. La Capilla de El Quebracho que está situada a la parte norte de la Parroquia y a tres leguas, y por último la Capilla de El Cano que se está reconstruyendo y queda al sud de la Iglesia de Río de los Sauces y a diez leguas de la Iglesia parroquial …”

 

 

Datos complementarios:

Por Ordenanza de 1997, la capilla fue declarada MONUMENTO HISTÓRICO DE INTERÉS MUNICIPAL.

Las Fiestas Patronales se celebran los 3 de mayo en honor al Señor de la Buena Muerte y los 16 de agosto al Vice-Patrono San Roque.

UBICACION:

Se encuentra a 730 msnm

Latitud : 32º 1’ 41” S

Longitud : 64º 35’ 11” O

 

 

 

Fuentes de consulta:

 

  • BARRIONUEVO IMPOSTI, Víctor -  Historia de Río Cuarto. Gráfica Hornos, S.A. Buenos Aires, 1988.

  • BRINDAS DE BOARINI, Lucia - Capilla “Señor de la Agonía” de Río de los Sauces. Civitatis Mariae. Historia de la Diócesis de Villa María. Galeón Editorial. Córdoba, Noviembre de 2008.

  • BUSTOS ARGAÑARAZ, Prudencio - Historia familiar de los GIGENA SANTISTEBAN, Ediciones Educor, Córdoba, 1996.

  • CARBONARI, María Rosa - BAGGINI, Iván, Población y familias en la región de Río Cuarto. Fines del siglo XVII – UNRC

  • A Beatriz Muñoz, nuestro reconocimiento por las atenciones recibidas. 

  • Agradecemos el aporte del Pbro. Arq. Sergio Raúl Fernández, coordinador general de la obra Civitatis Mariae, Historia de la Diócesis de Villa María.

 

 

 

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